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Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Discurso pronunciado por el general Álvaro Obregón con motivo del banquete que ofreció al cuerpo nacional de inválidos, en el Bosque de Chapultepec, el día 3 de diciembre de 1920.
Bosque de Chapultepec, 3 de diciembre de 1920.

Contrariando a mis médicos y con mengua de mi quebrantada salud, he abandonado mi cama para venir a compartir con ustedes este momento para nosotros solemne.

Que sucumban y se mutilen los hombres, por los principios; pero que no se mutilen ni sucumban los principios por los hombres, decía yo en 1917 al Congreso Constituyente de Querétaro, y ahora, con motivo de esta comida, ha venido a mi recuerdo aquella idea expresada a los constituyentes, porque me cabe el honor de encontrarme entre un grupo numeroso y el más representativo de los que se mutilaron en defensa de los principios.

Cuando la Revolución ha triunfado con el último movimiento que dio fin a la también última de nuestras tiranías, establece en nuestro país un Gobierno emanado de la voluntad popular, que ha ejercitado los derechos conquistados por la Revolución; y la representación más genuina de la Revolución, que acaba de terminar, radica a no dudarlo, en los hombres que llevamos en nuestros cuerpos las honrosas huellas que ella misma nos dejara.

En la imposibilidad de reunir en este sitio a todos los mutilados, todas las viudas y a todos los huérfanos que la Revolución dejó en el sacudimiento sangriento de diez años, he querido darme el honor de invitar al Cuerpo Nacional de Inválidos que radica en esta capital, para compartir con él la satisfacción legítima de la victoria que el pueblo ha tenido.

No quiero que sea considerado como un rasgo de vanidad de mi parte, llamar victoria del pueblo al hecho de que haya yo escalado el primer puesto de la Nación.

La victoria popular radica en que mi elección fué el resultado de la voluntad popular.

La victoria mía no puede proclamarse todavía, sino hasta cuando haya cumplido con la misión que el pueblo ha declinado en mí.

De hoy en lo de adelante, ya no será el Cuerpo Nacional de Inválidos el pobre residuo que pesaba, al decir de los próceres, sobre las cajas del tesoro.

De hoy en lo de adelante, el Cuerpo Nacional de Inválidos será el cuerpo representativo del honor militar, representativo del honor y de la dignidad del Ejército Nacional, y como tal, será tratado.

Es preciso que consideremos ya como un orgullo legítimo la mutilación de nuestros cuerpos en defensa de nuestras instituciones nacionales, pues si hemos mutilado nuestros cuerpos, hemos conservado, en cambio, incólume nuestro honor.

Voy a terminar, compañeros, porque mi enfermedad me tiene bastante agotado; voy a terminar protestándoles que mi mayor orgullo será considerarme como el representante del Cuerpo Nacional de Inválidos y de todos los demás compañeros que, por desgracia, están lejos de nosotros y no han podido venir a compartir estos momentos de íntima satisfacción con nosotros.

De hoy en adelante, el Cuerpo Nacional de Inválidos, será el orgullo del Ejército, y si faltare dinero para pago de haberes, no será esta corporación a la que se le mengüen los suyos en beneficio de otras.

Hay también la idea de crear comisiones adecuadas y someter a las Cámaras proyectos de ley, adecuados también, para atender a los centenares de viudas y huérfanos que vagan en la República, sin poder aportar los comprobantes que se requieren para justificar legalmente sus derechos.

El Gobierno que ahora se instala en la República, interpretando el sentimiento más alto de justicia, velará por las viudas y los huérfanos que nos legaran los hombres que fueron al sacrificio; ellos tienen derecho a ser respetados y atendidos por nosotros.

El Gobierno que se inicia tendrá especial cuidado por todos aquellos que se sacrificaron en aras de una Revolución que ha conquistado los derechos de un pueblo; y que abre una nueva vida en el concierto de las naciones civilizadas del mundo.

Mi mayor atención, repito, se encaminará a impartir justicia a todos los mutilados, viudas y huérfanos que resultaron de la Revolución, y mi orgullo personal será llamarme compañero de ustedes.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Primera parte. Discursos de 1915 a 1923. 410 pp. Páginas 315 a 320.