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Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Comunicación de Abelardo L. Rodríguez a Plutarco Elías Calles respecto de las últimas elecciones municipales.
Mexicali, B. C., diciembre 10 de 1920.

Señor general P. Elías Calles

Secretario de Gobernación

México, D. F.

Muy respetable jefe y amigo:

Después de saludarlo respetuosamente y de felicitarlo en mi nombre y en el de los jefes, oficiales y fuerzas que son a mi mando por sus acertadas labores que desarrolló al frente de la Secretaría de Guerra, (Ver Nota 1) me permito tratar a continuación varios asuntos de importancia, los cuales le explicará detalladamente el mayor [José María] Tapia, quien pasa a México con tal objeto.

Las últimas elecciones municipales han venido a demostrar claramente que ha imperado en esta región el elemento reaccionario; se ha propuesto seguir su labor obstruccionista, desoyendo los dictados de la ley y de la voluntad popular.

Debido a que al frente de casi todos los cargos elevados del gobierno civil continúan individuos que en no lejanas épocas prestaron su adhesión a [Esteban] Cantú (Ver Nota 2) y que se negaron a reconocer el Plan de Agua Prieta [abril de 1920], los cuales siguieron al frente de sus puestos debido a la política de conciliación del señor Adolfo de la Huerta, el mencionado grupo obstruccionista cree contar con el apoyo del gobierno civil y del ayuntamiento, este último integrado por elementos contrarios, y que de haber llegado en forma de guerra la columna expedicionaria de mi mando, hubiera sido disuelto inmediatamente.

El director del club que parece apoyan tales individuos, es un profesor Z. Pérez, quien aclamaba a Cantú como su señor en las tribunas y en los periódicos, pronunciando con motivo de su renuncia las apocalípticas frases de: “No te vayas señor, no nos abandones.

Estamos dispuestos a defenderte.

Cuando las hordas invadan este territorio, ¿qué voy a decir a mis discípulos, al contemplar los escombros a que va a quedar reducida la escuela que has fundado?...”

Verdaderamente no comprendo cómo tal partido político puede aparentemente contar con el apoyo de las autoridades civiles, y prefiero creer que la política adoptada por el señor [Manuel] Balarezo [gobernador del distrito norte de Baja California], es debida a debilidad y vacilación.

Como no pretendo tener disgustos con la administración civil, pues comprendo lo inconveniente de dicha actitud, sobre todo en la frontera y especialmente en esta región, quiero hacerle presente que por ningún motivo obraré con apasionamiento y que mis actos estarán siempre regidos por la calma más completa.

Sin embargo, me sería muy doloroso ver que los enemigos de nuestros ideales llegaran a burlarse de nosotros, aprovechando el espíritu de benevolencia y conciliación seguido por el señor De la Huerta.

Usted conoce mejor que nadie mi actuación como revolucionario y los ideales que me guían, y creo inútil manifestarle mi confianza en todos los jefes que están a mis órdenes.

El general Antonio Medina, jefe del sector militar de Ensenada, el coronel [Anselmo] Armenta, actual jefe de la guarnición de esta plaza y los jefes de las guarniciones de Tijuana y Algodones, son todos de reconocidas aptitudes y honradez, que no se han mezclado para nada con las autoridades civiles, y que han levantado con su conducta el buen nombre de sus corporaciones y del ejército nacional.

El señor Balarezo es sin duda un hombre recto y digno, pero que no va algunas veces de acuerdo con los dictados del elemento revolucionario ni con las actuales circunstancias.

He hecho cuanto he podido por lograr un acercamiento entre las autoridades civiles y militares, pero mis esfuerzos han sido inútiles debido a que los elementos predominantes en el gobierno civil, que viven en el extranjero y que dedican sus energías en provecho de otra región extraña a nuestro suelo, se han mostrado refractarios en llegar a un acuerdo.

No quiero que se crea que yo me inclino por ningún partido político. Solamente deseo que se respete la voluntad popular, que se respete la ley y que los individuos que formen en ayuntamiento y que en el próximo periodo electoral tengan en sus manos el destino de este jirón de nuestra patria, no tengan ligas ni pactos con la reacción retrógrada, que parece haber sentado aquí sus reales.

Como prueba de que no persigo ningún fin personalista y de que obro como me dicta mi conciencia, hoy envío una copia de la presente carta al señor ingeniero Balarezo.

Con mis más respetuosos saludos, y deseando que su labor como ministro de Gobernación sea tan acertada como lo fue en Guerra, le reitero con satisfacción mi atenta subordinación y particular aprecio.

A. L. Rodríguez

[Jefe de Operaciones Militares]

Notas:

1. El general Calles ocupó ese cargo durante el interinato presidencial de Adolfo de la Huerta (junio-diciembre de 1920).

2. El anterior gobernador del distrito norte de Baja California, Esteban Cantú, se había negado a reconocer a las nuevas autoridades federales que surgieron con el Plan de Agua Prieta.

Para derrocarlo, el presidente interino Adolfo de la Huerta envió una expedición compuesta por 6 mil soldados, al frente de los cuales quedó el general Rodríguez.

Al final, Cantú entregó el gobierno a Luis M. Salazar el 18 de agosto de 1920.

Rodríguez quedó entonces como jefe de Operaciones Militares.

Fuente:

Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal 1919-1945. Dos tomos. Introducción, selección y notas de Carlos Macías. Coeditores de la presente edición: H. Cámara de Diputados LXI Legislatura, Fondo de Cultura Económica, Instituto Sonorense de Cultura, Miguel Ángel Porrúa (librero-editor) y Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. México. Primera edición, 1991. Segunda edición -no venal-, agosto del 2010. Tomo II. 547 pp. Páginas 212-213.