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Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Carta de Ricardo Flores Magón a Miss Ellen White. Sus cartas, mi querida amiga, nunca serán demasiado largas.
Leavenworth, Kansas, October 26th, 1920.


Miss Ellen White
New York, N.Y.

My dear comrade:

At last I am able to correspond to your very dear letter of the 15th of this month, which, as the first one you was so kind as to send me, has been very welcome. Accompanying the letter, I found a rose and a piece of fern. How mindful and good you are.

I read your letter with pleasure, and, to be true, with envy at your being able to use as many papes as you wish, while I have to content myself with my allowance of two pages to pour my soul in.

Your letters can never be too long, my dear friend. What you have to say is so dear, and so witty, and so inspiring; and the way you do it is so graceful, that I cannot get tired of your words. Thus, let that beautiful stream of your thoughts flow on, let it flow forth and reach me that I may steep myself in its charm and beauty, for I need ablutions of this sort to find inspiration. Do not be afraid, then, and let your Castalia flow...

Your hopes are strong, and so are mine. They are not idle hopes, oh, no! The air is fraught with possibilities... History is already writing the last lines of the period which had as its cradle the ruins of the Bastille, and is about to open a new period, whose first chapter will be known by generations to come, as the gropings of human race upon the road of freedom. A revaluation of social values is going on all over the word, and it is evident that what five or ten years ago was of negligible or no value, now is on the ascendancy, or, at least, ascending... The hour is approaching when the banknote and the silver or gold coins will have not the purchasing power that the callosities in a human hand will have. Already the heirs to certain thrones could not sell their rights of primogeniture for the classical plate of lentils...

Within the hard cranium of the slave a spark has begun to gleam, a spark of the divine Promethean fire which the gods of heavens and earth were bent to extinguish, but that in many a proletarian head is already an unquenchable conflagration... We breathe an atmosphere of conflict and unrest; something is brewing in the dark; unheard of rumors float in the air, and from the four corners of the word livid vaporous ascend, and gather in the height in masses of dark clouds which forebode storms; the hour of social liquidation is about to strike; one feels the solemnity of the moment, rather than understand it; our very instincts are warning our reason of the impeding birth of the new historical age.

And I dream, and my dreams give me, dear Ellen, what your advice met to be in, that is, good cheer. How I love these sweet, good, faithful dreams. They never desert me. I hope, and dream, and wait, the attentive ear in the direction of the wind to catch the subtlest rumor the outside world may send in, and listen, now the jading of these striving to being nearer the age-long expected birth, now the groans of the ones who try to perpetuate the conditions from which they derived their happiness and their power. The struggle must be keen, if one may judge so by the heat blowing at this face as though from the mouth of a raging volcano...

And I dream, and see our Earth rocking herself in her orbit, this time proud of being the vehicle of a dignified race in her march around the Sun, under the sympathetic gaze of billions of other suns and other earths... And I lay my hand upon the breast of this our common mother to feel the pulsations of her heart, and know how happy she is at the sight of her redeemed sons, the last Cain being dead. And under the grip of a quasi-religious emotion. I kiss her, I kiss her...

Now, my dear, beloved comrade, I must close this letter. The two pages are already at an end; but before closing my scribble, I beg you to give my love to our beloved Erma, and the other comrades who through you did send me their salutations, regretting not knowing their names, though I imagine them to be beautiful, like Erma, like Ellen...

Hoping to hear from you soon; wishing to feel once more that sweet "whiff of your garden of feelings" -to use your own dear words- I remain in my iron cage as a nostalgic, captive eagle, dreaming, dreaming, dreaming.

Your comrade,


Ricardo Flores Magón



Leavenworth, Kansas, 26 de octubre de 1920.

Señorita Ellen White
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:

Por fin puedo responder a su muy apreciada carta del 15 de este mes, la cual, lo mismo que la primera que tan amablemente me envió, ha sido bienvenida en alto grado. Con su carta, recibí una rosa y una rama de helecho. ¡Qué atenta y bondadosa es usted!

Fue un placer la lectura de sus líneas; a decir verdad, las leí con envidia porque usted puede usar tantas hojas como quiera, mientras que yo tengo que restringirme a mi dotación de dos páginas para verter en ellas mi alma.

Sus cartas, mi querida amiga, nunca serán demasiado largas. Lo que usted dice es tan amable, tan agudo, tan estimulante, y la forma en que lo expresa es tan graciosa, que nunca podría hastiarme de sus palabras. Así que deje fluir ese hermoso caudal de sentimientos y pensamientos, déjelo fluir libremente hasta llegar a mí y hacer posible que me sumerja en su encanto y su belleza, pues yo necesito esta clase de abluciones para inspirarme. No tema, pues, y deje correr su Castalia...

Firmes son sus esperanzas; así son las mías. No son vanas esperanzas, ¡oh, no! El aire está impregnado de posibilidades... La Historia ya está escribiendo los últimos renglones de una época cuya cuna fueron las ruinas de la Bastilla, y está a punto de iniciar una nueva era cuyo primer capítulo será conocido, por las generaciones venideras, como el de los primeros pasos titubeantes del género humano por el sendero que conduce a la libertad. En todo el mundo está en marcha una revisión de los valores sociales, y es evidente que aquello que hace cinco o diez años era insignificante o despreciable, en la actualidad está llegando al apogeo o, al menos; aproximándose... Se aproxima el momento en que los billetes de banco y las monedas de plata o de oro dejarán de tener el valor de compra que tendrán los callos de las manos del ser humano. Los herederos de algunos tronos han dejado de poder vender sus derechos de primogenitura por el clásico plato de lentejas...

Dentro del duro cráneo del esclavo ha empezado a brillar una chispa, la chispa del divino fuego prometeico que los dioses de los cielos y de la tierra se han empeñado en extinguir, pero que ha llegado a convertirse en un incendio devorador en muchas cabezas proletarias... Respiramos una atmósfera de conflicto y desasosiego; algo se está gestando en la oscuridad; flotan en el aire insólitos rumores y de los cuatro puntos cardinales del planeta ascienden emanaciones intangibles que van formando en las alturas negras condensaciones de nubes que presagian la tormenta; está a punto de sonar la hora de la aniquilación social; más que entenderla, se siente la solemnidad del momento; son nuestros instintos propiamente dichos los que están advirtiendo a nuestra razón el nacimiento inevitable de la nueva era histórica.

Y yo sueño y mis sueños me proporcionan, querida Ellen, lo que usted me aconseja, es decir, entusiasmo. ¡Y cuánto disfruto de esos placenteros sueños, plenos de fe! Ellos nunca me abandonan. Cultivo mi esperanza y sueño y aguardo, con el oído atento contra el viento para captar hasta el más leve rumor que el mundo de afuera pueda enviarme, y escucho unas veces el jadeo de quienes luchan por precipitar ese advenimiento, por eras esperado; otras, los lamentos de los que se afanan en perpetuar las condiciones que les han proporcionado su felicidad y su poder. La lucha será atroz, a juzgar por el calor que abrasa su faz, semejante al que emana de las fauces de un volcán en erupción...

Y yo sueño y veo a nuestra Tierra meciéndose en su órbita en su marcha alrededor del Sol, orgullosa ahora de ser el vehículo de una raza digna, bajo la mirada sonriente de miles de millones de otros soles y otras Tierras...  Y yo pongo mi mano sobre el pecho de ésta, nuestra madre común, para sentir los latidos de su corazón y saber así cuán feliz es al ver redimidos a sus hijos, tras la muerte del último Caín. Y presa de una emoción casi religiosa, la beso, la beso...

Y ahora, mi querida, queridísima camarada, tengo que concluir esta carta. Han llegado a su fin estas dos páginas; pero antes de terminar mis garabatos, le ruego dé mi amor a nuestra querida Erma y a los demás camaradas que me enviaron saludos por su conducto, lamentando no conocer sus nombres, aunque los imagino tan bellos como Erma, como Ellen...

Esperando pronto saber de usted; con el deseo de sentir una vez más ese dulce "efluvio del jardín de sus sentimientos" -para usar sus amables palabras-, quedo en mi jaula de hierro como un águila nostálgica, cautiva, soñando, soñando, soñando. Su camarada,


Ricardo Flores Magón

 

Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 2 (1919-1922). Compilación, prólogo y notas: Jacinto Herrera Bassols. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000. pp.51-55.