Buscar en  
  Página principal




  Siglo XXI

  Siglo XX





















  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Carta de Ricardo Flores Magón a Miss Ellen White. ¡Qué hermosos poemas escribe usted, mi buena Ellen!
Leavenworth, Kansas, December 28th, 1920.

Miss Ellen White
New York, N.Y.

My dear comrade:

Have you ever seen a blade of grass all a-trembling under the kisses of the sun, and the whispers of the breeze, and that seems to respond with a quiver to the breath of the flowers and the song of the birds, yet dumb to utter a word of appreciation and thankfulness for the undeserved blessing bestowed upon it? I am that blade of grass -a common mortal sharing the joys reserved to gods, and this is why at the reading of your letters of the 14th and 19th of this month, I could only quiver, full of emotion and gratitude for the undeserved blessings I had been made the object by you, generous, beloved friend.

Your two letters brought me all what sets the lowly blade of grass a-tremble; and here I am, dumb to utter the words which should articulate and give form and colour to this sensation of well-being gliding through my flesh, and this exultation of my soul before the light of your brain, and at the warmth of your heart, and the whispers and the perfumes, and the music of your soul.

I receive light from you, even when knitting your brows you evoke those transitory nights of your soul, from which you cannot succeed in putting out all its stars, for there gleams your inexhaustible humor, while the charm of your youth like "a rosy cloud drifts by..." Thanks, thanks, thanks.

A year ago two of my most beloved friends, Emma Goldman and Alexander Berkman, were put to the sea for the rulers of this country, once the land of the free, and the home of the brave, considered them unfit to spare the joys and the sorrows of the American people, and altogether too free, and too brave to allow them to pitch their tent on the soil which Tradition bestowed to the rebels of the word... That was a moment of anguish, when Emma and Alexander set their feet on the deck of he Bufford: Justice let her arms hang in utter despair; Freedom thought herself to be under the grip of a nightmare; the domicile of the foreign-born cased to be sacred, and on the dead of night he was torn away from the arms of his family, and put in chains; a breath of tragedy and terror poisoned the air; Torquemada grinned, and the bones at Plymouth Rock reddened with shame...

And now, as I remember the outrage, huddled up in a corner of my cell, I ponder, and ponder, and ponder, and ask lo myself: what is the object aimed at by means of those banishments, and incarcerations, and even lynchings of those who cherish an ideal different to that sustained by those in power?

And after thinking and thinking until my head aches. I can find but one answer: to kill the ideal! How far we are from the caveman, and yet how near, too. We can sail the air; we are able to talk each other through spare; we know how to wind up the lightning round a spool, and compel it to work for us; we have even chased the goods away from the heavens, and have suspended from the stars the silvery hammock of our dreams to voluptuously rock into the blue... Yet, our jurisprudence does not differ in essence to that founded on the night of time by a thief at the shout: "this is mine!" All our social and political life, and international relations gravitate around the crime consecrated as principle by the armed hand of the first robber who berthed on Earth...

And so, when through the alchemy of humane suffering and sorrow there springs forth the white flower of a white ideal of justice, the whole social, political and international forces vie with each other to pluck it up, believing, oh, insensates!, that in so doing they allay all danger which might put in jeopardy the sacredness of crime, while they leave alive the grim plant bearer of the divine flower. So it was that Emma and Alexander were delivered to the ocean a year ago, yet humane suffering and sorrow have not discontinued their yielding of white flowers...

How beautiful verse you write, my good Ellen. Even Byron would admire the poetry contained in the few lines you wrote in verse expressing your mood at that particular moment. Could I aspire to a better Christmas present than this flower of your being? Were not the throbs of your heart which gave its cadence to those verses? And the soft flowing of your generous blood through your arteries which lend to those rhythmic lines its melancholy languor? Thanks, divine poetess, for the splendid gift...

Yes, if I ever leave this inferno I will write a drama in English, and I will dedicate it to you.

My cold? It gives me a two or there-weeks' truce, and then charges again with great fury making my life miserable.

1921 is already at our thresholds, and raising his hand to knock at the doors. He is loaded with happiness and sorrows, and I am praying him to leave at your door a huge parcel of happiness to last you the there-hundred-and-sixty-five coming days, and to spare you of his sorrows which he may put on my shoulders, for I have grown used to them...

With love to our Erma and all the comrades, and more love and admiration for you, Ellen, I remain,

Your comrade,

Ricardo Flores Magón

P.S. Please note that "Ricardo" has only one "c".



Leavenworth, Kansas, 28 de diciembre de 1920.

Señorita Ellen White
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:

¿Alguna vez ha observado cómo se estremece una brizna de yerba cuando la besa el sol y la brisa le susurra; cómo parece corresponder al aliento de las flores y al canto de las aves con un sobresalto, incapaz de pronunciar siquiera una palabra de aprecio y gratitud por las inmerecidas bendiciones que la colman? Yo soy esa brizna de yerba, un simple mortal que comparte la dicha reservada a los dioses; y es por ello por lo que, al leer sus cartas del 14 y el 19 de este mes, tan sólo soy capaz de estremecerme, colmado de emoción y de gratitud, por las inmerecidas bendiciones de que usted, generosa y queridísima amiga, me hace objeto.

Sus dos cartas me trajeron todo lo que hace estremecer a la humilde brizna de yerba; y aquí me tiene, corto de palabras para expresar y dar forma y color a esta sensación de bienestar que inunda mi cuerpo, de exaltación espiritual ante su deslumbrante inteligencia, ante la calidez de su corazón, ante los murmullos y los perfumes y la música de su alma.

Usted me ilumina, incluso cuando arruga el ceño al evocar esas fugaces noches de su espíritu, en la cuales no puede usted impedir que brillen todas sus estrellas; porque hasta en esas circunstancias fulgura su inagotable humor y, como "una rosada nube flota ...", el encanto de su juventud. Gracias, gracias, gracias.

Hace un año, dos de mis amigos más queridos, Emma Goldman y Alexander Berkman, fueron obligados a hacerse a la mar porque los soberanos de este país, (1) antaño patria de los libres y hogar de los valientes, los consideraron indignos de compartir las alegrías y las tristezas del pueblo norteamericano, así como por ser demasiado libres, valientes en demasía, para permitirles plantar sus tiendas en este suelo que la Tradición consagró para los rebeldes del mundo... Fue ése un momento de angustia, cuando Emma y Alexander pusieron pie en la cubierta del Bufford: (2) Justicia dejó caer sus brazos, presa de profunda desesperación; Libertad se creyó en las garras de una pesadilla; la morada del extranjero dejó de ser sagrada y, en lo profundo de la noche, fue arrancado de los brazos de su familia y cargado de cadenas; un tufo de tragedia y terror envenenó el aire; Torquemada gesticulaba, mientras las osamentas de Plymouth Rock (3) enrojecían de vergüenza...

Y, ahora, al recordar la ignominia, encogido en un rincón de mi celda, reflexiono, reflexiono, reflexiono y me pregunto: ¿cuál es el propósito que se persigue por medio de estos destierros y encarcelamientos y hasta linchamientos de quienes anhelan un ideal diferente del de aquellos que detentan el poder? Y después de pensar y pensar, hasta que me duele la cabeza, sólo consigo responderme: ¡matar el ideal! ¡Cuán lejos estamos del hombre de las cavernas y, al mismo tiempo, cuán cerca! Podemos navegar por los aires, podemos conversar unos con otros a través del espacio, sabemos cómo enredar al rayo en torno a una bobina para obligarlo a trabajar para nosotros, incluso hemos expulsado a los dioses de los cielos y hemos podido colgar de las estrellas nuestras argentadas hamacas para mecernos voluptuosamente en el azur... Y, sin embargo, nuestra jurisprudencia no difiere en esencia de la que, en la noche de los tiempos, un ladrón estableció al grito de "¡esto es mío!".

Toda nuestra vida social y política, así como las relaciones internacionales, gravitan alrededor del crimen consagrado como principio por la mano armada del primer forajido que apareció en la Tierra... Y así, cuando gracias a la alquimia del dolor y la tristeza humana, aparece la flor blanca del blanco ideal de justicia, el conjunto de las fuerzas sociales, políticas e internacionales se alían unas con otras para arrancarla, creyendo que al hacerlo -¡oh insensatos!- eliminan todo peligro que pudiera poner en riesgo la sacralidad del crimen, dejando sin embargo en libertad a la inexorable planta portadora de la flor divina. Así fue como Emma y Alexander fueron arrojados al océano hace un año y, pese a ello, el sufrimiento y las tristezas de los hombres no han dejado de producir sus flores blancas...

¡Qué hermosos poemas escribe usted, mi buena Ellen! El propio Byron admiraría lo poético encerrado en esas pocas líneas que usted escribió en verso para expresar su estado de ánimo en ese momento peculiar. ¿Podría yo ambicionar mejor regalo de Navidad que esa flor de su ser? ¿Acaso no fueron los latidos de su corazón los que prestaron cadencia a esos versos? ¿Acaso el fluir tranquilo de su sangre generosa a través de sus arterias no fue quien impregnó de lánguida melancolía al ritmo de esas líneas? Gracias, divina poetisa, por tan espléndido regalo.

Sí, si algún día llego a salir de este infierno, escribiré un drama en inglés y se lo dedicaré a usted.

¿Mi resfriado? Me da una tregua de dos o tres semanas para volver después a la carga con tan grande furor que hace mi vida miserable.

1921 ya está en el umbral, levantando la mano para llamar a las puertas. Está cargado de felicidad y de tristezas, y yo le estoy rogando que a su puerta deje un rico caudal de felicidad que le dure para los trescientos sesenta y cinco días por venir y que la libre de las tristezas que prefiero coloque sobre mis espaldas, puesto que yo estoy acostumbrado a ellas...

Con amor para Erma y para todos los camaradas, con más amor y admiración para usted, me suscribo,

su camarada,

Ricardo Flores Magón

P.S. Le ruego observar que "Ricardo" lleva una sola "c".


(1)   Emma Goldman y Alexander Berkman, las figuras más prominentes del anarquismo en los Estados Unidos, editores de Mother Earth (Nueva York) y The Blast (San Francisco, California), publicaciones que reprodujeron cartas y escritos de RFnt fueron deportados a Rusia el 21 de diciembre de 1919.

(2)   El nombre del buque es Buford.

(3)   Se refiere a colonos ingleses del Mayflower muertos en Plymouth Rock durante su primer invierno en tierra americana.



Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 2 (1919-1922). Compilación, prólogo y notas: Jacinto Herrera Bassols. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000. pp.85-90.