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Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Carta de Ricardo Flores Magón a Miss Ellen White. No hemos llegado a ser el paradigma de lo humano: somos apenas el eslabón entre el mono y el hombre.
Leavenworth, Kansas, November 17th, 1920.

 

 

Miss Ellen White
New York, N.Y.

My dear comrade:

It is with a feeling akin to remorse that I am writing you today. You have written me three letters; one on the 26th of last October, and two more on the 6th, and 7th of this month, respectively, and it is with this two-paged letter that I am able to meet the abundant stream of sweet feelings, and kindly thoughts you did let loose for my gratification and delight...

I fully understand, my dear comrade, your impatience at the slowness with which events drag along: are we so thirsty, and so hungry of what the future has in store for us! But how many are we who feel a real thirst, and a keen hunger of it? Only a few; only those who know that the present state of affairs is not a permanent one, but a single scene of the myriad acts tragedy of life, and that there are more scenes, and more acts yet to be staged. And we are so few, that there are compelled to suffer the boredom of looking, and looking, and looking at the same thing, until our boredom -for boredom is contagious- should infect other people, and arouse in them the same thirst, and the very hunger with which we are afflicted. Then, and only then, the scene will be changed, the swiftness of the change depending on the amount of crusts of bread available to fill the bellies: the smaller the amount the quicker the change.

It is sad to state this, but is the truth. Human dignity, and human pride... Words, words, words, as the Shakespearean character said. It is the stomach that rules today, as powerfully as it did when our ancestors creeped about in the jungle. We are not the man-type yet: we are the link between ape and man. For where is this dignity of which we boast so much? A man or a group of men can keep under his sway millions, and millions of so-called human beings; he can subject them to all imaginable or unimaginable indignities; he can díctate them what to do, and what to do not; he can intermeddle in the prívate and most intimate affairs of the individual; he can even prescribe what to say and what to think... and everybody submits, everybody gladly surrenders his dignity, his honor, his pride, his freedom if he only is allowed to get his allotted portion of crusts... Is not this simply animal?

But the tyrant must be careful so as not to cause the dwindling of the amount of crusts. Crusts and moving pictures show keep nowadays the masses in submission, as effectively as bread and circus placated the sporadic furies of the Roman plebes. Thus, we have to be patient, dear Ellen, and wait for the scene to be changed. We have not to wait very long, as the crusts are dwindling, and dwindling, and dwindling, and in an inverse ratio the number of those afflicted with our thirst, and tormented with our hunger and our yearnings, is growing, growing, growing, and in the presence of this fact, from the depths of my being issues forth a sigh of relief: there is hope!

My dear, beloved comrade, I see with terror that only a few more lines are left, and many are the subjects in your amiable letters which I would like to refer to: your failure to meet comrade Winnie E. Branstetter; your good taste in treating me with the golden lines of Gorky's and Byron's; the gracious slip of writing Vera instead of Erma; the flower, and what it means to those who understand the beautiful..., the "white-collar" yoke weighing upon your neck; John Reed's death.

How could I write you upon all this, and many other points of your beautiful and dear letters, in these two pages? And then, I have so many things to say on my own account about my thoughts, about my dreams, about my feelings, and how my whole being vibrates under their influence, and how my blood races through my arteries spurred by their warmth; but I cannot say all this in two pages, and thus I suffer the double torture of getting my body hurt, if I move too freely within my narrow cage, and my mental wings injured, if I try to spread them beyond the limits of a two-paged letter.

Write me long, long letters; dear Ellen, and as often as you can, and I beg you not to say any more that perhaps I bid you to do so out of politeness. Your letters delight me.

The London Freedom (2) may reach me if sent directly by the publishers. Thanks for the clipping.

My love to Erma, all the comrades, and you, my good friend.


Ricardo Flores Magón


P.S. I need a tooth-brush, and two big, colored handkerchiefs.



Leavenworth, Kansas, 17 de noviembre de 1920.

Señorita Ellen White
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:

Hoy, y con una sensación casi de remordimiento, procedo a escribirle. Usted me ha enviado tres cartas: una el pasado 26 de octubre y otras dos los días 6 y 7, respectivamente, de este mes; y, por mi parte, sólo puedo corresponder con estas dos páginas al torrente caudaloso de dulces sentimientos y pensamientos amables que usted desbordó para mi satisfacción y delicia... Comprendo perfectamente, mi querida camarada, su impaciencia por la parsimonia con que se arrastran los acontecimientos: ¡Tanta es nuestra hambre, tanta nuestra sed por lo que el futuro nos reserva! Pero ¿cuántos de nosotros estamos verdaderamente sedientos, cuántos hambrientos auténticamente? Tan sólo un puñado; únicamente quienes sabemos que la presente situación no es inmutable, sino apenas una de las escenas de los innumerables actos de la tragedia de la vida, y que aún quedan por representarse muchas otras escenas, muchos otros actos.

Pero siendo tan poco numerosos, tenemos que sufrir el tedio de ver y ver y ver la misma escena, hasta comunicar nuestra impaciencia a los demás -porque la impaciencia es contagiosa- y los contagie de igual sed, de la misma hambre que padecemos nosotros. Entonces, y sólo entonces, cambiará la escena, dependiendo la agilidad del cambio, de la cantidad de mendrugos disponible para colmar sus barrigas: entre menos haya, más rápido el cambio.

Es lamentable tener que reconocerlo, pero así es. Dignidad humana, orgullo del hombre... palabras, palabras, palabras, como decía el personaje shakespeariano. El estómago es quien gobierna hoy en día, con igual poder que cuando nuestros ancestros se arrastraban en la selva. No hemos llegado a ser el paradigma de lo humano: somos apenas el eslabón entre el mono y el hombre; si no, ¿en dónde está esa dignidad de la que tanto nos vanagloriamos?

Un hombre o un grupo de hombres son capaces de mantener bajo su férula a millones y millones de los llamados seres humanos; pueden someterlos a todas las indignidades imaginables e inimaginables; pueden dictarles, lo que pueden hacer y lo que no; tienen el poder de inmiscuirse hasta en las más privadas e íntimas acciones del individuo; pueden, incluso, prescribirles qué decir y qué pensar... y todos se someten, todos claudican de buen grado su dignidad, su honor, su orgullo, su libertad con tal de que se les permita tener acceso a su ración prescrita de mendrugos... ¿No es esto sencillamente animalesco? Pero el tirano debe tener mucho cuidado de no hacer que escasee la cantidad de mendrugos. Mendrugos y cine mantienen hoy tan perfectamente sumisas a las masas como el pan y el circo aplacaban la furia esporádica de la plebe romana. Por eso, querida Ellen, tenemos que ser pacientes y aguardar hasta que cambie la escena.

No tendremos que esperar mucho tiempo porque los mendrugos están escaseando, escaseando, escaseando; mientras que, en proporción inversa, el número de quienes comparten nuestra misma sed, de quienes padecen un hambre y una ansiedad semejantes a las nuestras, está creciendo, creciendo, creciendo. Y ante la evidencia de este hecho, desde lo más profundo de mi ser brota un suspiro de alivio: ¡Hay esperanzas!

Mi querida, queridísima camarada, veo con horror que no me quedan más que unos cuantos renglones y que hay demasiados temas en sus amables cartas a los que quisiera referirme: el no haber conseguido encontrarse con la camarada Winnie E. Branstetter; su buen gusto en haberme regalado con las doradas líneas de Gorki y de Byron; el gracioso lapsus de referirse a Vera en lugar de Erma; la flor y su significado para quien entiende lo bello...; el yugo de "cuello blanco" que pesa sobre su cuello; la muerte de John Reed. (1)

¿Cómo podría comentar todo esto y tantos otros temas que usted menciona en sus hermosas y dilectas cartas en sólo dos páginas? Por si fuera poco, yo también tengo mucho que decir acerca de mis propios pensamientos, de mis sueños, de mis sentimientos; así como de la forma en que todo mi ser vibra bajo su influjo, y la sangre fluye por mis arterias por obra de su encanto. Pero soy incapaz de decir todo eso en dos páginas, sufro entonces la doble tortura de padecer en mi cuerpo las consecuencias de pretender moverme con demasiada libertad en el estrecho confinamiento de mi jaula y, por otra parte, de romper mis alas mentales si intento abrirlas más allá de los límites de una carta de dos páginas.

Escríbame largas, largas cartas, querida Ellen, y con tanta frecuencia como le sea posible; y le ruego que no vuelva a decirme que se lo pido por mera cortesía. Sus cartas me embelesan.

Puedo recibir el Freedom (2) de Londres si me lo envían directamente los editores. Gracias por el recorte.

Mi amor para Erma, para todos los camaradas y para usted, mi buena camarada.


Ricardo Flores Magón

P.S. Necesito un cepillo de dientes y dos pañuelos de color grandes.

 

(1)   John Reed, autor de las crónicas de las revoluciones rusa (Diez días que conmovieron al mundo, 1919) y mexicana (México insurgente, 1914), murió en Moscú, Rusia, el 17 de octubre de 1920.


(2)   Freedom, publicación anarquista editada en Londres, fundada por Piotr Kropotkin en 1886. En 1920 estaba dirigida por Thomas H. Keell y editada por William C. Owen, antiguo editor de la sección en inglés de Regeneración.

 

Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 2 (1919-1922). Compilación, prólogo y notas: Jacinto Herrera Bassols. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000. pp.57-61.