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Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Carta de Ricardo Flores Magón a Miss Ellen White. El "Arte por el Arte" es un absurdo, y sus defensores me han irritado siempre.
Leavenworth, Kansas, November 30th, 1920.

 


Miss Ellen White
New York, N.Y.

My dear comrade:

Two are the letters I have had from you: one dated the 16th, and the other, the 24th of this month, and, as usual, they brought me that gaiety, and that strength, which it seems to me, from the essence of your soul - a very exquisite essence indeed, and very rare. You can be gay, my dear comrade, even under the grip of a tooth-ache! Even when you are depriving your body of its due rest!

I fully agree with your conception of Art. "Art for Art's sake" is nonsense, and its advocates have always set my nerves on edge. I feel for Art such reverential admiration, and love that it hurts me to see it prostituted by persons, who having not the power of making others feel what they feel, nor of making think what they think, hide their impotency under the motto of "Art for Art's sake;" but fortunately, the number of the advocates of "Aft for Art's sake" is negligible, and there is no danger of Art ever foundering in its turbid waters. Life in its myriad manifestations is against that absurd school, and so long as man continues to be a being built up of blood, and sinews, with a heart, and brains, Art shall exist, the genuine Art which you conceive, my good comrade, "with meaning and depth, true and beautiful."

I have not heard from Enrique since September, and as comrade Winnie E. Branstetter, I will transmit her your message and greetings this week, when I shall write to her.

Comrades Doctor Wm. H. Johnson, 314 N. Channing Ave., St. Louis, Mo., and his wife, visited me last Friday. They told me how interested you all are in getting for my eyes a good examination and treatment, and I felt so happy at hearing this, that the only thing I could do was to say "thanks..." My emotion was too deep, and too great, to allow me to say anything, but "thanks..." A word, a single, banal, worn out word, when my heart was full of those sweet melodies which only sympathy and love are able to snatch from its most delicate chords. And while they talked -the man-comrade's face beaming with enthusiasm, and the woman-comrade's eyes lost in I do not know what dreams of hers- I thought of you, and Erma, and all the generous friends whose hearts have a throb for those who suffer.

This visit was quite an event for me -this being the second time during my sojourn here that I see outside comrades- and naturally, it left a deep impression on my soul. The good comrades asked me whether I was in need of something... Oh, the candid souls! they did not realize the embarrassment their generous question caused me. I need so much... They, of course, must have meant those little things a prisoner is allowed to get, that he may feel somewhat comfortable, but of which I have grown unaccustomed in my long, tedious, gray prison life, to the point of regarding them as luxuries. What I need, but they cannot give me, is my freedom. This is what I most imperiously need. Noticing, perhaps, my embarrassment, and enlivening with a smile her gracious brunette face, the woman-comrade asked me what book I would like to have...

The candorous creature did not know how greedy I am for books, specially for good fiction and poetry, and when I said "good," I mean mighty good. Thus a new embarrassment gripped me: I want many books, I wanted all the good books, and my greed prevented me from choosing a single one. At length I flurted out the name Andreas Latzko," meaning by it that I wanted to read the book Men in War written by that wonderful Hungarian poet, and this is the book the amiable comrade is going to send me. Happiness is not eternal, thus the hour struck when my new friends had to go... to the bosom of Life, to the one thousand cares, and pleasures, and sorrows, satisfactions and disappointments; in fine they had to go into that whirlwind which is called Life, and they went, laden, without their knowing it, with my love and appreciation. They went into Life, while I sank into my coffin -my cell- waiting, like the dead leper, for the sacred words which have to send me forth into Live again, if ever...

Whenever you, or Erma, write to comrades Johnson, please send them my fraternal greetings.

And now, my good, amiable, beloved comrade, I have to stop writing; my two pages are exhausted, and this when I have so much to tell you. Handkerchiefs, tooth brush and candy received. Many times thanks, thanks, thanks. I am a tropical plant, and this climate makes me suffer from colds. This is why I wanted the special handkerchiefs. With love to Erma, the other comrades, and you,


Ricardo Flores Magón



Leavenworth, Kansas, 30 de noviembre de 1920.

Señorita Ellen White
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:

Tengo dos cartas suyas: una fechada el 16 y otra el 24 de este mes. Como siempre, ambas me aportaron esa alegría y esa fuerza que proviene, me parece, de la esencia de su espíritu -una esencia sumamente exquisita y rara en verdad. ¡Usted es capaz de conservar su alegría, mi querida camarada, hasta cuando está sufriendo de dolor de muelas! ¡Incluso cuando está privando a su cuerpo del descanso que merece!

Estoy totalmente de acuerdo con su concepto de Arte. El "Arte por el Arte" es un absurdo, y sus defensores me han irritado siempre. Yo siento por el Arte una admiración y un amor tales, que me duele verlo prostituido por personas que, siendo incapaces de hacer sentir a los demás lo que ellas sienten, disimulan su impotencia escudándose tras el lema del "Arte por el Arte". Afortunadamente es despreciable la cantidad de partidarios del "Arte por el Arte" y no hay ningún peligro de que el Arte llegue a hundirse en sus turbias aguas. Vida, en sus infinitas manifestaciones, se opone a esa absurda escuela; y mientras el hombre esté hecho de sangre y nervios, con un corazón y un cerebro, el Arte existirá, el Arte auténtico que usted concibe, mi buena camarada, "con sentido y profundidad, verdadero y bello".

No he tenido noticias de Enrique desde septiembre, y con respecto a la camarada Winnie E. Branstetter, le haré llegar su mensaje y sus felicitaciones esta semana, cuando le escriba.

El viernes pasado me visitaron los camaradas doctor William H. Johnson, del 314 de Channing Av., en Saint Louis, Missouri, y su esposa. Me hablaron del interés que tienen todos ustedes para que mis ojos sean bien examinados y sometidos a un buen tratamiento. Me sentí tan feliz al saberlo que lo único que pude decir fue "gracias..." Mi emoción fue tan profunda, tan intensa que me impidió decir algo más que "gracias..." Palabra sencilla, banal, desgastada, cuando mi corazón estaba desbordante de esas dulces melodías que sólo la simpatía y el amor son capaces de extraer de sus cuerdas más delicadas. Mientras ellos hablaban -el rostro del camarada radiante de entusiasmo y los ojos de la camarada perdidos en no sé qué sueños particulares-, yo pensaba en usted, en Erma y en todos los generosos amigos cuyos corazones palpitan por los que sufren.

Su visita fue todo un acontecimiento para mí, pues ésta es apenas la segunda vez, desde que estoy aquí, que veo camaradas del exterior, (1) y naturalmente dejó una profunda impresión en mi espíritu. Los buenos camaradas me preguntaron si necesitaba algo... ¡Oh, almas ingenuas! No percibieron la turbación que me causó su generosa pregunta. ¡Tanto es lo que necesito...! Ellos, por supuesto, se referían a esas pequeñas cosas que le son permitidas a un preso para gozar de algunas comodidades; comodidades a las que he llegado a desacostumbrarme durante mi prolongada, tediosa y grisácea vida en cautiverio, al grado de considerarlas como un lujo. Lo que necesito, pero ellos no pueden dármela, es mi libertad. Eso es lo que necesito de una manera imperiosa. Quizás al advertir mi turbación, el gracioso rostro apiñonado de la camarada se iluminó con una sonrisa y me preguntó qué libro me gustaría tener...

La candorosa criatura no podía saber cuán codicioso soy por los libros, sobre todo los buenos libros de ficción y de poesía; y cuando digo "buenos", quiero decir excepcionalmente buenos. Así que, de nuevo, me sentí presa de la turbación: son tantos los libros que quisiera; hubiera querido todos los libros buenos; tantos, que mi codicia me impidió decidirme por uno solo. Al fin pude balbucear el nombre de Andreas Latzko, (2) queriendo decir con ese nombre que me gustaría leer el libro Men in War, obra de ese magnífico poeta húngaro, y ése es el libro que va a enviarme esta gentil camarada. Como la Felicidad no es eterna, llegó el momento en que mis nuevos amigos tuvieron que marcharse... al seno de la Vida, a los mil afanes y placeres y tristezas, satisfacciones y desengaños; en fin, tuvieron que regresar al torbellino que se llama Vida y se fueron cargados, sin saberlo, con mi amor y mi gratitud.

Retornaron a la Vida, mientras yo volvía a hundirme en mi ataúd -mi celda- a esperar, como el cadáver del leproso, las divinas palabras que me devolverían a la Vida...

Cuando usted o Erma escriban a los camaradas Johnson, por favor envíenles mis saludos fraternales.

Y ahora, mi buena, amable, querida camarada, tengo que detenerme; se han terminado mis dos páginas cuando aún tengo mucho que decirle. Recibí los pañuelos, el cepillo de dientes y los dulces. Muchas, muchas gracias, gracias, gracias. Soy una planta tropical, y este clima me provoca resfriados. Por eso quería pañuelos especiales. Con amor para Erma, para los demás camaradas y para usted.

 

Ricardo Flores Magón

 

(1)   Refiérese a la visita de Otto Branstetter, secretario ejecutivo del Partido Socialista Norteamericano, el 23 de noviembre de 1920. Véase Winnie Branstetter a A.V. Anderson, alcaide de la prisión de Leavenworth, 16 de noviembre de 1920 (R. Flores Magón, Bureau of Prison, Leavenworth, register no. 14596-L, KCFRC).


(2)   Andreas Latzko, Hombres en guerra (1917). Autor húngaro (1876-1943) proscrito en los países aliados durante la primera guerra mundial por sus posturas pacifistas y antibelicistas.

 

Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 2 (1919-1922). Compilación, prólogo y notas: Jacinto Herrera Bassols. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000. pp.64-68.