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Relaciones Internacionales en la Revolución 1913-1919. 289. Informe del Gral. Cándido Aguilar a Carranza, acerca del problema petrolero y la falta de cordialidad entre los dos paises.
Washington, D. C., 18 de junio de 1919.

 

Informe del Gral. Cándido Aguilar, Embajador confidencial del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, don Venustiano Carranza, del resultado de su entrevista con Mr. Frank Lyon Polk, Secretario de Estado en funciones, de los Estados Unidos de América, acerca del problema petrolero y la falta de cordialidad entre los dos paises. [F9-45-34. A.I.F.]

 

Embajada de México en los Estados Unidos de América.

Washington, D. C., 18 de junio de 1919.

Señor Don Venustiano Carranza,

Presidente de la República,

México, D. F.

Mi estimado Señor Presidente:

Cumpliendo con las instrucciones de Ud., de arreglar algunos asuntos pendientes con el Departamento de Estado de este Pais, celebré el día 14 de los corrientes con el señor Polk, una conferencia que seguramente tiene importancia para las dos Naciones.

Adjunta a esta carta encontrará usted una reproducción de dicha conferencia, redactada en forma de diálogo para su mayor fidelidad a pesar de lo cual inadvertidamente se omitieron en la reproducción algunos puntos de la conferencia, que están comprendidos en esta carta.

Expresé al señor Polk los agravios que México tiene contra los Estados Unidos, por las agresiones de que ha sido objeto y dificultades que se le han puesto; le manifesté que no podría haber relaciones cordiales ambos Países, mientras el Gobierno y pueblo americano no demostraran con hechos tangibles y concretos, en primer lugar, su respeto a la soberanía de México, y en segundo lugar su buena disposición hacia nuestro país.

El señor Polk me dijo que tanto el Presidente Wilson, como la mayoría del pueblo americano están dispuestos a dar a México toda clase de facilidades para que salga de la situación anormal en que se encuentra; que mientras el Presidente Wilson permaneciera en el poder, se opondría a cualquiera intervención de los Estados Unidos en México, pero que el Gobierno Mexicano debía tomar en consideración la oposición que la administración democrática del Presidente Wilson viene recibiendo por parte del partido Republicano, siendo de advertir que éste tiene mayoría en el Congreso, y que esta circunstancia podría provocar en cualquier momento graves dificultades entre los dos países.

El señor Polk, me aseguró que todos los asuntos pendientes en el Departamento de Estado se resolverán favorablemente, incluyendo en ellos los relativos a importación de armas para facilitar la pacificación, la organización en el lado americano de la frontera de una policía especial mexicana que evite los contrabandos a los rebeldes, la entrega a México de los fondos recaudados en Veracruz por las tropas americanas, y otros asuntos que no le comunico por tener menor importancia. El señor Polk quedó entendido de que la Embajada continuará tramitando estos negocios y rendirá a la Secretaría de Relaciones los informes oportunos.

Me manifestó el señor Polk que dos son los asuntos que revisten gran importancia para el futuro de los dos países, y constituyen obstáculo para el establecimiento de francas y cordiales relaciones: la cuestión del petróleo, y los daños causados por la revolución a los intereses extranjeros; que el Gobierno Americano desea que el de México encontrase una solución de estos importantes asuntos favorables para ambos países; que el Gobierno Mexicano prestaría un gran servicio a la administración democrática de los Estados Unidos, si permitiera que los extranjeros perforaran los terrenos de su propiedad donde se supone que hay petróleo, en el concepto de que aquéllos se sujetarían a la materia que el Congreso expidiese; y que también prestaría un gran servicio el Gobierno Mexicano a la administración democrática americana si expidiera una ley creando, para el arreglo y liquidación de las reclamaciones de extranjeros, comisiones mixtas, es decir, integradas por miembros mexicanos y miembros de la nacionalidad de los reclamantes que el Gobierno Mexicano ganaría mucho y evitaría pretextos para que los extranjeros hostilicen a México si violentara el arreglo y liquidación de dichas reclamaciones, aunque no pagara desde luego el importe de ellas; que si el Gobierno de México, tomando en consideración la situación en que se encuentra el Gobierno del Presidente Wilson por la oposición del partido Republicano, por la fuerte presión que están haciendo Inglaterra y Francia que constantemente están pidiendo la intervención en México para pagarse los daños causados por la revolución y las deudas que tiene México pendientes, por la actitud de los banqueros y petroleros de este país y por la labor de los políticos mexicanos, encontrara una solución favorable a los asuntos a que me he referido, la situación se habría salvado, y las relaciones entre los dos países serían más francas y cordiales que nunca, sin menoscabar la soberanía de ambos pueblos.

He informado a usted brevemente de los asuntos más importantes tratados en mi conferencia con el señor Polk. Voy ahora a procurar sin alarmas y con espíritu sereno y tranquilo, darle mi opinión sobre nuestra situación internacional con este país; creo que el Gobierno democrático del Presidente Wilson está dispuesto y resuelto a no intervenir en México por convenir así a los intereses de su partido. Las Cámaras de diputados y senadores, prominentes políticos y funcionarios republicanos que hay en la administración de Wilson, los petroleros, la mayoría de los capitalistas y un ejército numeroso, desean la intervención en México.

El partido Republicano y los demás intereses a que me he referido, fácilmente podrían conseguir el apoyo del pueblo americano para obligar al Presidente Wilson y a su partido a intervenir en los asuntos de México, por estar todavía bajo la influencia del espíritu bélico que formó la pasada guerra. Las potencias Aliadas, por gratitud, por conveniencia, y por no tener medios para hacerlo ellas mismas, aceptarán también que los Estados Unidos intervinieran en México para acabar con una situación que según ellos es anárquica.

De las Repúblicas Latino-Americanas no podemos esperar más ayuda que unas cuantas palabras de pena y simpatía por nuestras desgracias. Del pueblo mexicano, traiciones por una parte y una heroicidad sin límites por la otra, pero nada más.

CONCLUSIONES

I. Tomar en consideración los peligros que nos amenazan.

II. Tomar en consideración los elementos de que podemos disponer para una defensa.

III. Resolver dentro de las leyes y dignamente, los asuntos que podamos presumir sean motivo de la pérdida de nuestra soberanía e independencia.

Yo tengo fe en que usted resolverá dignamente los asuntos que se toman como pretexto para una agresión, y que usted tomará en consideración los grandes intereses de la Patria y las circunstancias en que se encuentra el país y las potencias que acaban de triunfar en la guerra, antes que el amor propio del Gobierno, mucho más cuando esos asuntos no afectan ni menoscaban la soberanía ni la integridad de la nación.

El viernes saldré para Nueva York, de donde me propongo escribir a usted nuevamente para seguirle dando informes respecto a este país.

Sin más, soy de Ud. su leal amigo y correligionario que lo estima

C. Aguilar


Memorándum sobre la entrevista celebrada entre los señores Frank Lyon Polk, Secretario de Estado, en funciones, de los Estados Unidos de América, y el señor General Cándido Aguilar, Embajador Confidencial del C. Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en la que intervino como intérprete el señor Lic. Juan B. Rojo, Encargado de Negocios de México, verificada en el Departamento de Estado, Washington, el día 14 de junio de 1919, de 11:30 a.m. a 1:30 p.m.

Sr. Aguilar.- Entre los Estados Unidos de América y la República Mexicana por largo tiempo no han existido verdaderamente relaciones cordiales por la falta de entendimiento en puntos importantes que son motivo de divergencia entre ambos países. Mi deseo es ahora tener una franca y abierta discusión con Ud., exponerle sinceramente nuestro punto de vista sobre tales dificultades, y que Ud., a la vez, con igual franqueza, me hable sobre los puntos de la situación mexicana que sean motivos de dificultad para su país. Existe, diríamos, una corriente de hostilidad en contra de México, y eso hace que permanezcan siempre frescos en la memoria de los mexicanos los dolorosos recuerdos del 47, las invasiones sobre territorio mexicano y las agresiones hacia otros países débiles. La prensa y el cinematógrafo americanos se encargan de mantener siempre vivos estos recuerdos.

Sr. Polk.- Agradezco los buenos deseos manifestados por el señor General Aguilar, pues efectivamente durante los últimos años no ha habido la cordialidad de relaciones entre México y Estados Unidos que todos desearíamos. Celebro tener la oportunidad de discutir sin trabas de ninguna naturaleza estos asuntos, pues la mejor manera de entenderse es hablar cara a cara. Yo a mi vez le expresaré también mi opinión sobre varios actos de México que resienten los Estados Unidos. No creo que sea una buena política el volver la cara hacia el pasado, haciéndonos mutuamente recriminaciones de lo que ya sucedió. Nuestro propósito debe ser eminentemente constructivo, procediendo a formar las bases para el establecimiento de nuevas relaciones. Debemos abrir una época nueva.

El General Aguilar se refirió a la prensa americana, que publica frecuentemente artículos hostiles sobre México. Yo podría decir que en este punto estamos a mano y que quizá los mexicanos salen ganando. Tengo aquí la colección de todos los artículos publicados en México, durante la guerra, atacando a los Estados Unidos. Pero no culpo al Gobierno Mexicano porque sé que no puede dominar a la prensa, como Uds. bien saben que nosotros tampoco podemos dominar a los periódicos americanos. No tenemos control de ninguna naturaleza sobre los cinematógrafos y aplicamos todos los procedimientos posibles para detener la exhibición de películas que puedan lastimar a México.

A.- En México hay la más completa libertad de prensa; el Gobierno no la puede callar y han llegado a un grado tal de exageración que no es ya libertad sino libertinaje de prensa el que existe. El antimexicanismo no acaba en las esferas privadas, sino que se encuentra también en las esferas oficiales. Tiene Ud. como una reciente demostración de esto el caso del Presidente de la Cámara de Representantes Mr. Gillett. Las autoridades americanas tratan mal a los mexicanos que ocurren a ellas. Los han reclutado para servir en el Ejército, a sabiendas de que son extranjeros. En la frontera a los trabajadores mexicanos que quieren entrar a los Estados Unidos, les dan buenos baños de gasolina, y naturalmente todas estas cosas las sabe el pueblo mexicano y vive constantemente en un medio de irritación contra los americanos.

P.- Se refiere Ud. al último incidente de Gillett, que nosotros consideramos como un incidente político. El Presidente no cuenta con mayoría en ninguna de las dos cámaras y los republicanos le hacen política hostil. La política de éstos es tan molesta para México, como para la Administración misma.

La Administración no podría ser responsable de lo que digan los senadores o los diputados. El Presidente Wilson nunca ha sido bien comprendido por los mexicanos; siempre encuentra mal en sus palabras; olvidan que fue el hombre que hizo que el Primer jefe Carranza fuera reconocido como el Gobernante de México. Y al reconocer al Sr. Carranza determinó su reconocimiento por parte de todas las demás naciones de México y de las principales de Europa. Mr. Wilson no busca ni espera la gratitud de los mexicanos porque no ha obrado impulsado por ganarse tal simpatía, sino porque considera que la actitud que asumió reconociendo al Presidente Carranza fue justa y no le pesa haberlo hecho.

A.- Los mexicanos han conservado la desconfianza porque han presenciado que los hechos no se han encontrado de acuerdo con las palabras. México y otras naciones han recibido agresiones de los Estados Unidos. El Presidente Carranza tiene iguales dificultades con el Congreso, y como éste es enteramente libre, resuelve conforme a su criterio los asuntos en que le toca decidir.

P.- Los mexicanos no deben tener dudas sobre el Presidente Wilson. Si Uds. no le suponen desinterés, se darán cuenta del hecho de que políticamente se encuentra interesado en que triunfe y sea un éxito su política de amistad hacia México. Ud. Sr. Rojo, recordará, porque estaba aquí en el país, que durante las elecciones de 1916 de mitad de la campaña se hizo sobre la política mexicana del Presidente. Fácil le hubiera sido modificarla para ganarse votos de la gente agresionista. Los Estados Unidos han estado deteniendo la intervención, han sido el dique a donde llegan las reclamaciones de los países europeos. Cada rato nos preguntan, "¿Qué van a hacer Uds. con México?", ¿Piensan los mexicanos pagar algún día los daños y perjuicios que han sufrido nuestros nacionales? Nos consideran responsables de tal situación.

Gran Bretaña, Francia e Italia están económicamente muy deprimidas; necesitan todo el dinero, hasta el último centavo, de que pueden disponer, y a cada momento están insistiendo con estas reclamaciones.

A.- México nunca se ha rehusado a pagar las reclamaciones que sean justas. Ha establecido una Comisión especial para que las estudie y puesto a los extranjeros en condición privilegiada, puesto que para los mexicanos las resoluciones de la Comisión son finales y en cambio los extranjeros, si no están conformes con el fallo de la Comisión, pueden todavía presentarla por la vía diplomática. Si los ciudadanos de las naciones a que se refiere Ud. no han presentado sus reclamaciones, realmente será porque no han querido.

P.- No es satisfactoria para los extranjeros la actual Comisión de reclamaciones. Yo sé que los ciudadanos de varias naciones se han abstenido de presentarle sus quejas. Me parece unilateral. Yo creo que las comisiones mixtas funcionan mejor. Al hablar sobre este punto quiero que el General entienda muy claramente que no tengo la menor pretensión de aconsejar a México, sino el deseo nada más de que mis palabras se consideren como la exposición de lo que la experiencia me ha enseñado. México debe procurar que se le presenten de una vez todas las reclamaciones que haya contra él, aunque no las pague inmediatamente. Si las reclamaciones se van haciendo viejas, el mismo México será perjudicado porque no podría decirle al extranjero reclamante que está faltando a la verdad. Los testimonios y las demás pruebas son fugitivas, y deben fijarse tan pronto como sea posible.

Entre los Estados Unidos y Canadá ha existido una Comisión Mixta de Reclamaciones, que durante muchos años ha funcionado y sigue funcionando satisfactoriamente para los dos países. Está formada por miembros americanos y miembros canadienses. Allí van los reclamantes, presentan sus pruebas, rinden sus testimonios, y éstos quedan fijados. El país contra quien se presenta la reclamación puede decirle al reclamante desde luego: Ud. miente, o Ud. tiene razón. La Comisión rinde un dictamen de un carácter no obligatorio para los dos gobiernos, gran día será aquel en que el Presidente Carranza, haciéndonos un servicio a la actual administración americana, se dirija al Congreso proponiendo la creación de una comisión mixta en esa forma, y dé una resolución favorable y aceptable para todos los intereses en el problema del petróleo. La situación se habría salvado.

Entonces esos señores que constantemente están punzando a los Estados Unidos y molestando a México por sus reclamaciones no tendrán ya de qué quejarse. Se les abre un camino de justicia para que arreglen sus cuentas.

A.- Tendré gusto en comunicarle al señor Presidente Carranza la anterior sugestión, pero Ud. bien sabe que todo esto depende de la voluntad del Congreso. El Presidente Carranza desea que se haga justicia a los extranjeros que tengan reclamaciones justificadas en contra de México.

P.- Dice Ud. que estos asuntos dependen del Congreso. Ahora bien, ¿cómo va a resolver el Congreso la cuestión del petróleo? El Gobierno americano tiene que resistir constantemente el empuje de otras potencias y de su misma gente en los Estados Unidos, que tienen influencia en la opinión y son fuertes en la política. El Gobierno Británico no está conforme con la actitud de México. Creo que se está quitando a sus súbditos algo que adquirieron con pleno derecho. Durante el curso de la guerra nos dijeron que necesitaban que los Estados Unidos controlaran los pozos de petróleo -Ud. entiende- que esto era indispensable. Que si los Estados Unidos o Inglaterra no aseguraban los pozos de petróleo, perderíamos la guerra. Esto lo decía la Gran Bretaña y sin embargo, el Presidente Wilson desoyó esas sugestiones.

A.- El Congreso es el único que puede decidir.

P.- Espero que el Congreso obre rectamente y reconozca esos intereses. Los petroleros nos están dando mucho quehacer y hacemos todo esfuerzo para aplacarlos. Es bien difícil porque son fuertes.

Su propaganda hace daño al mismo Gobierno Americano. Está bueno que el Congreso discuta esa ley sobre el petróleo, pero mientras tanto se les debería conceder permiso a las compañías petroleras para que perforen pozos en los terrenos de su propiedad.

A.- Los petroleros han escogido un camino errado. Los mexicanos tenemos una natural tendencia a rebelarnos contra todo lo que representa una imposición. Los petroleros nos amenazan y actualmente la opinión pública y el Congreso creen que al ceder en algo, los petroleros supondrán que lo han adquirido por la amenaza de la fuerza. Además, hay que sujetarse a la Constitución de nuestro país. El Gobierno Mexicano no niega ningún permiso para que perforen a las compañías que cumplan con los requisitos de la ley.

P.- Allí está precisamente la dificultad. Cumplir con los requisitos de la ley es decir la cuestión. Las compañías tienen que registrarse y perder entonces todos sus derechos; de plano pierden entonces todo lo que han venido sosteniendo, que en justicia les corresponde. Si consigue Ud. que el Presidente Carranza deje a las compañías que hagan sus perforaciones y que proponga el establecimiento de la Comisión Mixta, habrá Ud. hecho el mayor bien que durante cien años hombre alguno haya logrado en favor de las buenas relaciones entre México y los Estados Unidos.

A.- Tendré también gusto en comunicarle esta sugestión al señor Presidente Carranza. Voy a ir a Nueva York, y allí tendré una entrevista con los petroleros y les haré presentes mis ideas. Con la misma franqueza con que le he hablado a Ud., he hecho unas declaraciones con motivo de un cuestionario que me presentó la Prensa Asociada; he hablado francamente al pueblo americano y tendré mucho gusto en enviar a Ud. una copia de tales declaraciones para que se sirva Ud. verlas en la forma auténtica tal como yo las he producido.

P.- Estas pláticas abiertas son muy útiles. Es la única manera de llegar a entendernos, y celebro mucho que hayan ocurrido. Cuando los Estados Unidos eran neutrales en la guerra, tuvimos enormes dificultades con la Gran Bretaña, que casi nos iban a precipitar a una ruptura. La única manera de evitarla fue por medio de estas conversaciones directas. Naturalmente que nos dirigíamos notas diplomáticas, pero el intercambio de ideas por medio de las notas no es suficiente. El Embajador británico aquí, Mr. Spring Rice, estaba en constante comunicación con el Secretario Lansing. El Embajador americano en Londres, Mr. Page, lo mismo, con el Secretario de Relaciones, Lord Gray. Este intercambio de ideas de los Gobiernos por medio de los Embajadores dio los mejores resultados.

A.- Yo también creo que hay muchos asuntos que necesitan tratarse con entera franqueza, y ha sido mi sistema que he seguido con el Embajador Fletcher en México. Los Secretarios muchas veces hacen las notas y le dan tantos rodeos a la idea y le ponen tanta miel que es difícil adivinar lo que quieren decir. Así me pasa con muchas notas que he recibido; no puedo apreciar exactamente cuál es el fondo de ellas. Yo quisiera que cuando el Embajador Fletcher fuera a México me viera a mí y me hablara con la mayor franqueza en los casos de dificultad, en caso de estar yo en la Secretaría, y aun fuera de ella, con todo gusto sería el intermediario ante el señor Presidente para llegar a un buen entendimiento.

P.- El Gobierno americano ha estado siempre dispuesto a seguir ese procedimiento. A fines del año antepasado vino el licenciado Luis Cabrera, trayendo plenas instrucciones para discutir los complejos problemas entonces pendientes, algunos de los cuales se han resuelto automáticamente después de la guerra. El Lic. Cabrera tuvo una conferencia inicial en el Departamento. Teníamos muchas ganas de tratar con él esos asuntos y de arreglarnos, pero se fue para la América del Sur, y no nos dijo ni adiós. Después vino el Sr. Nieto, que parecía traer también instrucciones amplias; le dedicamos todo el tiempo necesario a sus asuntos, escuchamos todo lo que nos dijo, le presentamos nuestras proposiciones; dijo que iba a México a informar. No hemos vuelto a saber de él.

A.- Yo no traigo facultades del Presidente Carranza para resolver asuntos o ligar a México con algún compromiso, pero sí tengo instrucciones para escuchar todo lo que Uds. me digan y comunicarles a la vez el punto de vista de nosotros. El Presidente ha querido mandar una persona de plena confianza, y por eso me ha escogido a mí, pues además de los vínculos que con él tengo, anduve tantos años a su lado durante la campaña de la Revolución, que me honró haciéndome acreedor a toda su confianza. Me envió en esta misión confidencial, porque así no tendría yo taxativa de ninguna naturaleza para hablarle a Ud. con entera libertad.

P.- Se refirió Ud. al lenguaje de las notas diplomáticas. Los Estados Unidos han recibido algunas notas muy ásperas del Gobierno mexicano. Mi idea es que de estas conferencias resulte que nos pongamos de acuerdo en nuestras dificultades, y que no se repitan esas situaciones enojosas. Dispénseme que le insista y que al mismo tiempo le repita que no quiero darle consejos a México. Si arregla Ud. lo de las indemnizaciones a los extranjeros y que se levante la suspensión de perforar pozos petroleros, habrá callado a los enemigos de Uds. y a los nuestros. Les diremos nosotros que de qué se quejan.

A.- Si en realidad tenemos intereses comunes. La pacificación de México es cosa que les afecta tanto a Uds. como a nosotros. Estamos haciendo todo el esfuerzo humanamente posible para poner en paz al país. La campaña nos cuesta un dineral y naturalmente no nos quedan recursos para dedicarlos al pago de obligaciones contraídas por México. Esto mismo se lo digo ahora a la prensa. De que se logre la pacificación del país depende el que empecemos a pagar nuestras deudas.

P.- Por supuesto que yo nunca he creído que Uds. se nieguen a pagar sus deudas. No lo hacen porque ahora no pueden. Nosotros les hemos estado ayudando para que se surtan de armas y municiones. Hemos resuelto favorablemente todas las solicitudes de exportación que nos ha mandado la Embajada, excepción hecha de una muy grande que presentó el señor Embajador y que la concedimos en parte para ver el uso que se hacía de dichos cartuchos. Lo malo es que tenemos informes de que gran parte, mejor dicho, rectifico que no es gran parte, pero sí una parte del parque que tienen los villistas es del que nosotros dejamos pasar para el Gobierno del señor Carranza, y que las tropas federales dejaron caer en manos de Villa.

A.- Yo creo que los informes que tiene el Sr. Summerlin no son exactos. Probablemente los haya recibido en fuentes interesadas. Todo el parque que pasó últimamente está en Chihuahua, lo mismo que las cinco mil carabinas que se mandaron. Lo único que cayó en manos de Villa fueron las armas que tenían los 200 voluntarios de Parral. Precisamente la guarnición federal que allí estaba no pudo dominar al enemigo por falta de municiones.

P.- No es el Sr. Summerlin quien me ha dado esos informes. Muchos de nuestros agentes en la frontera lo saben. Además estaban efectuando contrabando los villistas para introducir armas, y ordené que se hiciera la más estricta vigilancia. Ud. sabe que hemos procesado y castigado a muchos individuos por violación a las leyes de neutralidad. No queremos que por falta de parque dejen Uds. de combatir el bandidaje; encontrarán toda clase de facilidades para enviar el material de guerra que necesiten.

A.- Durante mucho tiempo México ha hecho los mayores sacrificios para obtener ese material. Hemos improvisado fábricas para construirlo, los Estados Unidos no nos dejaban sacarlo de este país, y cuando intentábamos adquirirlo en otras naciones, nos decían que no podían vendérnoslo porque los Estados Unidos se oponían. Al mismo tiempo que se nos exigía que pacificáramos al país, se nos negaban los medios necesarios para acabar con los rebeldes.

P.- Eso fue durante cierto período de la guerra, en vista de la gran propaganda germanófila que se desarrolló en México. La germanofilia era latente. La gente tenía su opinión contra los Estados Unidos. No sabíamos hasta dónde iría a dar esa situación. Los países aliados acordaron entonces que no se enviaran más armas ni municiones a México. Eso pasó ya. Ahora encuentran Uds. toda clase de facilidades con nosotros. Aquí han comprado rifles, cartuchos y caballos, y le aseguro a Ud. le concederemos las solicitudes que nos presente. General Aguilar, vamos a ser absolutamente liberales con Uds. Además, si Villa llegara a tomar Ciudad Juárez o cualquiera otra ciudad fronteriza, le cerraríamos el puerto.

A.- Agradezco la buena voluntad que demuestra Ud. Otra cosa de la que el Gobierno de México tiene gran necesidad para sus operaciones militares son aeroplanos. Estamos construyendo algunos en México pero son de poca capacidad y los motores no son muy fuertes. Desearíamos que el Gobierno americano nos permitiera comprar algunos, ya fuera porque el mismo Gobierno nos los vendiera, o nos permitiera adquirirlo en el mercado. Esto nos serviría mucho para vigilar la frontera.

P.- No veo ninguna dificultad en el asunto. Hágame favor de presentarme un memorándum expresando el número y la clase de aeroplanos que el Gobierno necesita. Yo veré que esto quede arreglado.

A.- Otra de las cosas que más se necesitan es acabar con todos esos conspiradores y violadores de las leyes de neutralidad. Preparan todas sus maquinaciones en territorio americano, valiéndose del asilo de que disfrutan aquí, y muchos de ellos son nada más instrumentos de los grandes intereses que están empeñados en provocar conflictos entre nuestros países. El Gobierno mexicano desea consultar la conformidad del Gobierno americano para establecer un servicio de agentes secretos que trabajen de este lado de la frontera, y que se encarguen de descubrir tales conspiradores; los agentes mexicanos trabajarán enteramente de acuerdo con los agentes del Departamento de justicia e informarán a éstos del resultado de sus investigaciones. Serán una organización responsable que preste servicios efectivos.

P.- Tengo idea de que hay en Estados Unidos agentes del Gobierno mexicano que trabajan en ese sentido; por supuesto que habrá necesidad de ultimar los detalles de este arreglo con el Departamento respectivo, justicia. Deseo que me presenten también un memorándum para darle forma a esta sugestión y empezar a trabajar sobre ella.

A.- Deseaba saludar al señor Secretario de justicia (Attorney General) y hablarle sobre este proyecto. ¿Creé Ud. señor Secretario, que convendría hacerlo así?

P.- Es mejor dejar todo el arreglo de este asunto en manos del Departamento.

A.- Hace tiempo que México estableció una estación inalámbrica en Chapultepec y solicitó entrar en comunicación con las estaciones inalámbricas americanas. El Gobierno de Ud. no lo consideró oportuno. Sería de mutuo beneficio para nuestros dos países que entráramos primero en un arreglo para cambiarnos mensajes oficiales. Uds. podrían tener así diariamente un amplio mensaje con informaciones sobre la situación de México; nosotros lo recibiríamos igualmente con informes sobre Estados Unidos. Si este arreglo preliminar resulta satisfactorio, podríamos ampliarlo para hacernos cargo de mensajes del público en general.

P.- Este intercambio inalámbrico no pudo arreglarse por razones de orden técnico. Las estaciones inalámbricas del Gobierno dependen del Departamento de Marina, y éste tiene reglas especiales muy estrictas. Antes que con México, se presentó el mismo caso con Noruega, y aun cuando lo deseábamos, tampoco nos fue posible entrar en comunicación inalámbrica con ella. De todas maneras, creo que es oportuno reabrir estas negociaciones y recomendaré en el presente caso sólo puedo decir recomendar, pues depende de mí la resolución -que se acepte el intercambio de mensajes oficiales-. No tengo a la vista las leyes sobre la materia, pero dudo mucho, es casi imposible que podamos aceptar mensajes para el público. El Gobierno americano tiene contratos con determinadas compañías privadas de telegrafía inalámbrica, y por otra parte el Departamento de Marina, no podría, de acuerdo con nuestras ordenanzas, aceptar para su transmisión mensajes privados.

A.- El pueblo mexicano vería con beneplácito que la estación inalámbrica le enviara un saludo cordial que le sería contestado inmediatamente por la estación mexicana. Esto produciría muy buen efecto, y se daría cuenta de que las relaciones son muy amistosas. ¿No cree Ud. que mientras se discuten estos arreglos las estaciones podrían ponerse de acuerdo unas con otras para que recíprocamente pudieran recibir y transmitir los mensajes?

P.- Ciertamente que no hay inconveniente alguno. Creo que es buena idea esta del saludo. Se lo diré así a las autoridades navales. Entretanto comuníquenme Uds. en su memorándum, la longitud de la onda de las estaciones mexicanas, y los demás datos necesarios, para que se pongan de acuerdo.

A.- Otro asunto viejo que todavía no parece resolverse es el de la devolución del dinero en Veracruz durante la ocupación del puerto por las tropas americanas. Desearía que este asunto se resolviera, como lo hemos solicitado, pues sería una muestra de buena voluntad hacia México.

P.- He encargado al Sr. Fletcher de ver los detalles del asunto. Por el momento está fuera de la ciudad, pero le preguntaré cuáles son las dificultades que hay y le recomendaré su resolución favorable.

A.- Deseo que esta entrevista quede con un carácter netamente confidencial aquí entre nosotros. Si se hiciera público el objeto de ella sería hacerla fracasar. ¿Desea Ud. que las diversas solicitudes que he presentado en nombre del Gobierno mexicano se formalicen en nota oficial?

P.- Yo también considero esta entrevista como absolutamente confidencial, y ni siquiera he dejado que la prensa sepa que Ud. iba a venir a hablar conmigo. Esto quedará entre nosotros. Deseo que le exprese al Presidente Carranza la buena voluntad de que Ud. mismo es testigo, que ha encontrado en el Gobierno americano. Le deseamos todo éxito en su Gobierno, y el arreglo de todos sus problemas.

A.- ¿Me autoriza Ud. para que, con la aprobación de Ud., comunique al señor Presidente Carranza lo tratado durante esta conferencia y el ofrecimiento que me ha hecho Ud. de que serán resueltos favorablemente los asuntos que he presentado?

P.- Lo autorizo a Ud. para que así lo haga. Estos asuntos serán arreglados favorablemente. Ud. también por su lado, le ruego que no deje de hacerle presente al señor Carranza la gran importancia que tiene el arreglo de estos dos asuntos, las reclamaciones de los extranjeros y la perforación de los pozos petroleros. Son la parte podrida (the sore spot) de nuestras relaciones.

A.- Sentí mucho que la ausencia del señor Presidente Wilson me impidiera tener el honor de presentarle mis respetos. Vivamente deseaba haberlo conocido y transmitirle un cordial saludo del señor Presidente Carranza. Por el conducto tan apreciable de Ud. me permití hacerlo, y le ruego también transmita mi saludo y simpatía hacia el pueblo de los Estados Unidos.

P.- También yo siento mucho que no haya visto Ud. al Presidente Wilson. Si su viaje a Europa no dilata mucho, yo le ruego que lo visite en Europa y lo mismo al señor Secretario Lansing. Es posible que todavía los encuentre Ud. allí, pues no sabemos aún cuándo se embarquen para este país. Muy sinceramente celebro esta entrevista. La considero un paso franco y definitivo en favor de las buenas relaciones. Hoy salgo fuera de la ciudad y estaré de regreso el jueves. Esperando ocuparme entonces de los asuntos que hemos tratado.


Concluyó la entrevista con una amistosa despedida entre los que en ella estuvieron presentes.

Washington, D. C., 14 de junio de 1919.

 

Memorándum presentado al Excelentísimo señor Secretario de Estado en funciones, honorable Frank Lyon Polk, por el General Cándido Aguilar, Embajador Confidencial del Presidente de la República Mexicana.

I

El Gobierno mexicano está empeñosamente dedicado a combatir el bandidaje que existe en algunas regiones de México, y necesita para ello el uso de aeroplanos potentes, para dirigirlos sobre regiones abruptas donde los medios de comunicación prácticamente son nulos.

El mismo Gobierno ha estado construyendo algunos aeroplanos pero no tienen la fuerza ni la capacidad que se necesita para expediciones de esta naturaleza. Desearía que el Gobierno americano le vendiera estos aeroplanos que necesita, o que le permitiera comprarlos en el mercado y llevarlos a México.

La adquisición de los aeroplanos le permitiría al Gobierno aumentar la efectividad de su campaña de pacificación, y dedicarlos a algunos otros servicios públicos en beneficio de nacionales y extranjeros.

Washington, D. C., junio 17 de 1919.

 

Memorándum presentado al Excelentísimo señor Secretario de Estado en funciones, honorable Frank Lyon Polk, por el General Cándido Aguilar, Embajador Confidencial del Presidente de la República Mexicana.

II

En territorio americano existe un gran número de mexicanos que tienen como actividad principal la de conspirar en contra del Gobierno Constitucional de México; y abusando de las libertades de este país, celebran aquí sus juntas, traman sus maquinaciones, se surten, por medios ilícitos de elementos de guerra, que sacan de contrabando, y son un factor constante de perturbaciones. Indudablemente que algunos de ellos son hasta instrumento de los poderosos intereses que tienen como objetivo buscar un conflicto entre México y los Estados Unidos de América.

El Gobierno mexicano desearía que se iniciara una vigorosa persecución en contra de todos esos individuos violadores de las leyes de neutralidad, sabe que los agentes del Departamento de Justicia se están encargando de su vigilancia, y para cooperar con éstos, el Gobierno de México desea establecer un servicio de policía secreta que trabaje de acuerdo con el Departamento de Justicia, que le informe de sus descubrimientos y se encuentre en constante cooperación con él.

Los planes de este arreglo quedarían formulados en forma satisfactoria para el propio Departamento.

Washington, D. C., 17 de junio de 1919.

 

Memorándum presentado al Excelentísimo señor Secretario de Estado en funciones, honorable Frank Lyon Polk, por el General Cándido Aguilar, Embajador Confidencial del Presidente de la República Mexicana.

III

El Gobierno de México acaba de establecer en Chapultepec (Ciudad de México) una estación de telegrafía inalámbrica de la suficiente potencia para cambiar mensajes con las estaciones americanas; en ocasión anterior solicitó entrar en este intercambio, pero el Gobierno americano no lo consideró oportuno. Desearía ahora entrar en un arreglo americano para cambiar mensajes oficiales de los dos Gobiernos, de manera que en Washington se recibieran diariamente informes sobre la situación mexicana, y a la vez en México sobre los Estados Unidos.

Si este arreglo prueba ser satisfactorio, podría ser ampliado de manera que se trasmitieran por dichas estaciones inalámbricas mensajes del público en general.

Washington, D. C., 17 de junio de 1919.

 

Memorándum presentado al Excelentísimo señor Secretario de Estado en funciones, honorable Frank Lyon Polk, por el General Cándido Aguilar, Embajador Confidencial del Presidente de la República Mexicana.

IV

El Gobierno mexicano vería con agrado, como una prueba de buena voluntad hacia él por parte del Gobierno americano, que se resolviera favorablemente el asunto pendiente, de la devolución de los fondos que fueron recaudados en el puerto de Veracruz, durante la ocupación de las tropas americanas.

Washington, D. C., 17 de junio de 1919.

 

Fuente:

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA. XX.
Fundador: Isidro Fabela
Las Relaciones Internacionales en la Revolución y Régimen Constitucionalista y la Cuestión Petrolera. 1913-1919. Tomo II.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCIA, HUMBERTO TEJERA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1971. pp.357-372.