Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

      1910-1919

          1919

          1918

          1917

          1916

          1915

          1914

          1913

          1912

          1911

          1910

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1910-1919 > 1919

Discurso pronunciado por el ciudadano Álvaro Obregón, candidato a la Presidencia de la Republica, en la velada política organizada en su honor por el Partido Liberal Jalisciense y celebrada en el Teatro Degollado.
Ciudad de Guadalajara, Jalisco, la noche del 17 de noviembre de 1919.

Hace más de cien años que la política de nuestra patria, venía quedando a cargo de un grupo de ambiciosos que hicieron de ella una profesión lucrativa: hombres que alquilaban su intelectualidad al mejor postor, y que llegaron a corromper el concepto de la política, hasta declarar que consistía en la mayor habilidad de engañar al mayor número de ciudadanos.

Este es el principal motivo por qué nuestra patria se ha venido debatiendo en las luchas intestinas, sin haber llegado a conquistar definitivamente su independencia política.

Esos grupos de hombres asalariados que giraban alrededor de los tiranos, habían obligado a la gran mayoría de los ciudadanos de la República a abstenerse de tomar participación en las luchas políticas, y oíamos estas desconsoladoras frases: ”yo no me mezclo en política, porque vivo de mi trabajo,” y esa situación creada por ellos, había retardado el advenimiento de nuestras libertades.

Pero un día se produjo la revolución que todo lo removió, que todo lo destruyó y ahora nos presentamos los vástagos de aquella revolución a reconstruir sobre nuevos cimientos.

Ahora venimos a ensayar una política de verdad, venimos a pregonarla y aquí a mi lado no viene el grupo de veteranos profesionales de la política, porque en esta vez ellos han quedado desocupados, no habiendo quien los alquile. (Aquí atronadores aplausos que obligaron al orador a interrumpir su discurso por dos minutos); viene un grupo de hombres esforzados, muchos de los cuales abandonaron sus negocios y sus bogares y vienen haciendo sus gastos por su propia cuenta.

No nos vinculan los intereses mezquinos: nuestros vínculos no están sujetos a matemáticas; somos hermanos en la lucha y creemos que si llega el momento en que tengamos que sacrificarnos por nuestra patria, al hacerlo apenas habremos cumplido con nuestro deber. (Grandes aplausos.)

Los políticos de profesión, como modernos Diógenes, han encendido ya sus linternas y las han hecho girar sobre la República buscando ”su hombre” y el hombre no parece, y cuando no han podido encontrar dentro de nuestras fronteras al guardián que venga a cuidar sus intereses a cambio del salario que le fijen, han llevado sus focos basta nuestra Embajada en Washington.

Muchos de ellos, los más incapaces para vivir del trabajo, han declarado que prefieren suicidarse a que una mano honrada los desprenda del presupuesto nacional. (Nutridos aplausos.)

Nuestra historia nos enseña que los movimientos armados que han venido conmoviendo a la República han seguido una trayectoria que podríamos llamar monótona, porque se han venido repitiendo los mismos ciclos y con los mismos aspectos: a cada movimiento revolucionario le ha sucedido una dictadura, y a cada dictadura le ha sucedido una nueva revolución producida por el choque de los intereses morales con los intereses materiales.

Ahora vemos una política nuera que está empeñada en todo el país en estos momentos. Todo el país se ha dado cuenta de que es el momento solemne de actuar dentro de la ley para ahorrarnos el sacrificio de usar las armas.

Todos los pueblos han respondido al llamado de la verdad, y nosotros vamos a la lucha llenos de fe, con esa fe que da la conciencia del deber cumplido.

Ya no tenemos en nuestro horizonte político el espectro de la consigna, ese espectro siniestro que había siempre aparecido en todo movimiento electoral, con su cortejo de chanchullos y de vejaciones; ahora la voluntad nacional se levanta solemnemente y reclama el derecho de hacer uso del voto, principio básico de la Revolución de 1910, el cual podremos ver triunfar a la hora de los comicios.

Cinco días hace que hemos entrado a Jalisco, y cinco días hace que venimos aplaudiendo el civismo y la cultura de este Estado. Desde que entramos a territorio tapatío, los pueblos en masa, como en los demás Estados de la República que hemos recorrido, se han presentado a alentarnos en la lucha.

Hemos presenciado en los pequeños poblados de Jalisco cómo las multitudes se han apiñado, cómo el entusiasmo se ha vuelto ternura y cómo la ternura, en muchas ocasiones, se ha trocado en llanto. (Aplausos.)

Nosotros esperamos que el Estado de Jalisco, como lo está demostrando, sepa en esta vez ser uno de los factores más decisivos en la contienda política.

Nosotros tenemos el derecho de creer que en esta ocasión ninguna fuerza intentará forzar la Opinión Pública, y tenemos el derecho de creer esto, porque el actual Gobierno, emanado de la Revolución, tuvo su origen precisamente en la defensa del derecho del sufragio.

Y aunque hemos visto con desconsuelo que en algunos Estados de la República la consigna ha podido pasear su impunidad, vemos también que en las cámaras legislativas ya se prepara la justicia para dejar oír su voz, y no permitir que se burle el voto popular. (Aplausos.)

Yo exhorto a todos los ciudadanos aquí reunidos, para que a la hora del sufragio no falte uno solo al cumplimiento de su deber, y se presenten resueltos a depositar su voto en favor del candidato que mayor confianza les inspire y que mayores garantías les ofrezca.

Nosotros vamos a continuar nuestra peregrinación como luchadores, como idealistas, y antes de salir de este Estado, antes de salir de esta capital, queremos decir a ustedes que vamos orgullosos y satisfechos porque se nos ha recibido con los brazos abiertos y se nos ha protestado adhesión; y que si el triunfo llega a realizarse, será Jalisco uno de los principales baluartes de un gobierno de moralidad.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Primera parte. Discursos de 1915 a 1923. 410 pp. Páginas 75 a 81.