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Siglo XX > 1910-1919 > 1919

Alocución pronunciada por el ciudadano Álvaro Obregón en el mitin político celebrado en el teatro Noriega de Hermosillo, Sonora.
Noche del día 29 de octubre de 1919.

En estos momentos, señores, en que necesitamos hacer un balance de energías y de buena voluntad, la actitud del pueblo de Sonora es trascendental y oportuna.

Es trascendental, porque desmentiremos el adagio que dice:

“Nadie en su tierra es profeta” y demostraremos que en este Estado, donde he vivido una vida de trabajos y de esfuerzos, y donde he pertenecido a todas las clases sociales, estoy apoyado por todos los ciudadanos que en estos momentos desean para su patria un hombre que sepa administrar con energía y honradez los intereses de la nación. (Aplausos.)

Y es oportuno, porque en estos momentos, repito, en que necesitamos hacer un balance de energías y de buena voluntad, el Estado de Sonora, como un solo hombre, viene a agruparse al lado de su candidato y decirle: “Suma el contingente de tus energías y de tu buena voluntad al contingente y buena voluntad de cada uno de los ciudadanos de tu patria chica.” (Aplausos.)

Necesitamos indudablemente esos dos factores poderosos, porque no es por caminos sembrados de rosas por los que han tenido que atravesar los pueblos a la conquista de su libertad.

Los caminos que conducen a la realización de esos ideales han estado siempre sembrados de escollos, escollos que interponen los tiranos para subyugar a los pueblos.

La historia nos ha enseñado, con sus amargas enseñanzas, que deben vivir fijas en nuestros corazones, que cuando un hombre audaz ha querido ensayar en nuestro medio político la verdad y la honradez, los puñales de la traición y de la insidia, como brújulas siniestras, señalan sus espaldas. (Aplausos.)

El problema que tenemos enfrente es un problema de magnitud, que todos debemos apreciar.

Si tuviéramos que atenernos al amplio margen que dan nuestras leyes para resolver nuestros problemas políticos, estoy seguro de que la transmisión del poder se haría pacíficamente y daríamos el más hermoso espectáculo ante el mundo civilizado que nos contempla y espera conocer nuestra actuación en este momento histórico, para juzgarnos definitivamente como un pueblo irredento o como un pueblo digno de figurar en el concierto de esos pueblos civilizados. (Aplausos.)

Yo nunca he consultado mi capacidad cuando he necesitado servirle a mi patria.

La voz del deber ha sido mi norma, y para definir el deber he usado mi criterio; esta es la obligación que tenemos todos los hombres honrados, y con esa obligación he cumplido. (Viva el general Obregón. Aplausos.)

Cuando la miseria me arrancó de la escuela para buscar los medios de subsistencia, el deber me dijo: Sé carpintero, y cogí el serrucho y llevé a mi casa el pan que me daba mi sudor. (Aplausos. Viva el general Obregón.)

Cuando mis esfuerzos y mis desvelos, maestro de un taller, supe tratar con fraternidad y cariño a todos mis subalternos, y supe cumplir con mis jefes las obligaciones que contraje.

Después mis conciudadanos quisieron hacer de mí un Presidente Municipal, y creo que cumplí dentro de mi esfera de acción y dentro de la capacidad de mis facultades.

Después la patria necesitó un soldado, y fui soldado, y en mi carrera y en los campos armados, quiso la victoria coronarme con el triunfo.

Quisieron mis soldados hacer de su Jefe un compañero a quien siempre estimaron y quien siempre los trató como se trata a un subalterno, compartiendo con ellos la victoria y el infortunio. (Aplausos. Viva el general Obregón.)

Una debilidad que por primera vez sentí en mi vida me animó a irme a refugiar a la América del Sur, para evadir la contienda política; quiso el destino que no se realizara aquella ilusión que por algunos meses acaricié, y entonces no bubo más remedio que obedecer la voz del deber y presentarme nuevamente ante mis conciudadanos y decirles : “Toda mi buena voluntad y toda mi energía están al servicio de la nación, si creen que puedo salvar en estos momentos al país de que caiga en manos de un grupo de ambiciosos, de pocos escrúpulos, que harían de la justicia una fuente de especulación, y de nuestra dignidad un guiñapo. (Aplausos. Viva el general Obregón.)

El país entero respondió; miento, no el país entero, porque no todos los ciudadanos tenemos el derecho de merecer la libertad.

Hubo siervos que sintieron ruborizarse y subírseles la sangre al rostro, cuando leyeron algunos párrafos de mi manifiesto y hubieron de dar la voz de “presente.”

Hubo algunos lacayos de la política, de los que ofrecen su pluma a quien les paga mejor, que sintieron una ofensa muy grave porque no se había invitado a esos comerciantes de la intelectualidad, para que en un concierto de políticos mercenarios se elaborara un manifiesto lleno de literatura y lleno de frases de relumbrón, para llevarme a mí como un manequí a estampar mi firma. (Aplausos. Viva el general Obregón.)

A esta lucha asistirán todos y cada uno de los ciudadanos de la República que sienten el deseo de ver realizarse en nuestro país, los anhelos que se han venido persiguiendo durante más de un siglo de revoluciones. Han respondido a este llamado, y en estos momentos, en todo el país, se organizan como un solo hombre para trabajar y hacer respetar su voto ante la nación. (Aplausos y vivas.)

Decía hace un momento: si tuviéramos que atenernos a la lucha dentro de las leyes, estoy seguro de que la transmisión del poder se haría pacíficamente ; pero desgraciadamente ya en algunos Estados de la República hemos visto violarse impunemente esas leyes.

Yo tengo esperanzas, porque todavía no he perdido la fe en la justicia, de que cuando los magnates irredentos se den cuenta de que la voluntad nacional se levanta pidiendo que se respete su voluntad en el voto, tendrán que rendirse sumisos e impotentes, y permitir que pase la voluntad en el voto; tendrán que rendirse sumisos e impotentes y permitir que pase la voluntad nacional por encima de esos intereses mezquinos que han creado sin escrúpulos a la sombra de la Revolución. (Nutridos aplausos.)

Mañana me lanzo a la campaña.

El Estado de Sonora ha respondido en esta vez como ha respondido en todos los momentos solemnes.

Todas las clases sociales se aprestan a hacer sentir en el momento de los comicios, cuál es su espontánea voluntad.

Yo iré a la lucha, desafiaré todos los peligros, y puede estar seguro el Estado de Sonora de que si la traición en esta vez vuelve a sonreír, obteniendo la victoria a base de puñal, sabré caer con la dignidad del ciudadano, y sabré sacrificarme defendiendo los intereses de la nación. (Ruidosos aplausos y vivas.)

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Primera parte. Discursos de 1915 a 1923. 410 pp. Páginas 57 a 64.