Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

      1910-1919

          1919

          1918

          1917

          1916

          1915

          1914

          1913

          1912

          1911

          1910

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1910-1919 > 1919

Al Pueblo Mexicano. Manifiesto de la Junta Central organizadora del Partido Liberal Democrático: Salvador Alvarado, Vito Alessio Robles y otros.
Ciudad de México, 10 de octubre de 1919.

AL PUEBLO MEXICANO, MANIFIESTO DE LA JUNTA CENTRAL ORGANIZADORA DEL PARTIDO LIBERAL DEMOCRÁTICO. SALVADOR ALVARADO, VITO ALESSIO ROBLES Y OTROS.

CIUDAD DE MÉXICO, 10 DE OCTUBRE DE 1919.

La proximidad de la época en que por ministerio de la Ley deban efectuarse las elecciones generales en la República Mexicana, a fin de cambiar principalmente al jefe del Poder Ejecutivo de la Unión, ha despertado ya las actividades políticas de los aspirantes a la sucesión Presidencial y de las personas que les son adictas o simpatizadoras; pero juntamente con ese movimiento o agitación muy natural, va creciendo también una seria inquietud en los ánimos de una gran mayoría de los mexicanos, ante la perspectiva de una grave crisis política al acercarse el momento de la transmisión del poder público, en razón de las condiciones porque atraviesa el país, después de la gran Revolución cuyos sacudimientos aún experimentamos, y debido también a que nuestras instituciones, leyes y costumbres relativos no son adecuadas para facilitar el acto supremo del sufragio, ni para quitar de la conciencia pública las dudas sobre la validez y certidumbre del resultado final, previniendo así las discusiones, desagrados, protestas y aún rebeldías de los Partidos y Candidatos que resultan vencidos en la lucha democrática.

Nunca más abrigamos la convicción sincera y honda de que, en este amago de la hora actual, solamente la intervención directa, libre, consciente, amplia y decidida del pueblo mexicano en las próximas elecciones, puede evitar los temibles peligros que amenazan a la Nación; es pues de todo punto necesario para que realice al deseado salvador fenómeno político en cuestión, la existencia previa de verdaderos Partidos institucionales, pues no se conoce todavía otro medio mejor ni más práctico, para que se orienten y unifiquen las divididas y caóticas opiniones de la multitud en un momento dado, cristalizando a la patria en el resultado eficiente de los comicios.

Por esta consideración fundamental, un grupo de ciudadanos mexicanos, ha iniciado con todo empeño los trabajos para organizar y constituir sólidamente en la República Mexicana, el Partido Liberal Democrático, teniendo el firme propósito de dar vida a una verdadera institución política de principios, ajena a los intereses y pasiones de las [... ] personalistas, a una institución que sepa ajustarse a las [... ] y condiciones del sistema federal que nos rige, permitiendo la completa autonomía de las corporaciones del mismo nombre en cada uno de los Estados o Territorios, y, en suma, a una institución debidamente constituída y capacitada para que de una manera sincera pueda sondear y poner de manifiesto oportunamente la resultante final de la mayoría de las opiniones del Pueblo Mexicano en lo que respecta a Candidatos Presidenciales y a los términos en que han de apuntarse los más imperantes problemas políticos, económicos y sociales de nuestra época.

No hay en la historia de los Partidos Políticos de México, otro ejemplo de que se hubiese intentar ó siquiera hacer algo tan amplio, tan sincero, tan liberal y tan cuidadosamente acabado, como el plan que nos proponemos desarrollar a este respecto.

Basta leer con alguna atención las Bases y Estatutos que se aprobaron al constituirse el primero de nuestros Clubes, en la ciudad de México, la noche del día último de septiembre próximo pasado, para que desde luego, se convenza cualquiera de la verdad con que nos expresamos; y es por ello que tenemos una confianza plena, en que nuestros trabajos serán secundados entusiastamente por una porción considerable de nuestros conciudadanos.

Nace a la vida nuestro Partido en momento de angustia para la Nación, en momentos en que las pasiones de sus hijos, hablan más alto que los más elementales deberes para con ella; en momentos en que, lejos de vislumbrar francos senderos para su desenvolvimiento, ve ensombrecerse más y más el horizonte.

Y es necesario que una voz se alce en medio de tanto dolor y tanto duelo para decir a la Patria: ¡Habla! - Has oír tu voz; di cuál es tu voluntad en ésta tormenta de pasiones y de miserias; y tu voluntad será cumplida; así te lo juran quienes se han propuesto cumplir su misión de ciudadanos conscientes y libres.

No hay quien donde hasta hoy, de que desarrollándose los trabajos electorales alrededor de dos jefes Militares, con sus respectivos partidarios armados, sin programa alguno, sin partidos de principios que regulen las actividades de los que se disputan el poder; forzosamente las próximas elecciones, van a semejarse más bien a las trágicas disputas por la herencia de Julio César entre los Generales victoriosos de Roma, viniendo al frente de sus legiones de la España, de las Galias o del Asia Menor, que al moderno debate electoral de los pueblos democráticos; y así la guerra civil con todas sus desastrosas consecuencias en un país empobrecido y amenazado de todos los peligros, será el corolario maldito de una lucha sin ideales, sin enoblecimientos y sin generosidades.

A los primordiales núcleos militares de que hacemos mención, se agrega fácilmente, en vísperas de elecciones y cuando se trata de algún candidato que tiene probabilidades de llegar a ser Gobernador o Presidente de la República, toda esa clase numerosa y variada de personas que en los países latinos aspiran siempre a vivir del presupuesto; entonces es notoria la presión moral y sugestión colectiva que la facción política así formada, ejerce en el ánimo de una gran mayoría de ciudadanos, que se sienten cohibidos en la libertad de acción, y a menudo hasta medrosos ante las agresivas intransigencias, y el aire de conquistadores que conservan estos grupos violentos en las épocas que suceden a los períodos de guerra.

En estas condiciones, es una insigne falsedad que los caudillos escalen los principales puestos del Poder público a virtud de la libre y soberana voluntad de la mayor parte del pueblo, expresada en los comicios; y a la verdad los mexicanos sabemos bastante de ese fenómeno que sigue de ordinario a nuestras frecuentes revueltas intestinas, haciéndonos oscilar entre la dictadura y la anarquía para que hubiese interés alguno en mencionar aquí; pero ahora se nos presenta el caso mucho más complexo, porque se trata de la coexistencia de dos facciones similares, con propósitos encontrados y que lógicamente nos llevará a una nueva guerra civil, de seguir las cosas desarrollándose en la forma y espíritu iniciales.

Efectivamente, estamos todavía en el principio de las actividades de esas dos facciones y ya se ha caldeado y ensombrecido nuestro ambiente público, hasta el grado de haberse registrado asesinatos políticos, ni más ni menos que como se producen esos chispazos eléctricos que desprendidos de una atmósfera cargada, son los anuncios precursores de las tempestades.

Por eso el propósito fundamental de la creación de este Partido, es el de dar al País la oportunidad de expresar en forma clara e inequivoca su sentir y su voluntad en los asuntos de interés público, y evitar el que como hasta hoy, grupos reducidos de políticos de oficio, y en sesiones un caudillo sólo, tomen su nombre y hablen en su representación.

Esos políticos profesionales, a la sombra de los caudillos, formulan programas que generalmente, sólo son hechos para salir del paso, por seguir la costumbre, pero sin la intención de cumplir nada concreto, ya que solamente se trata de puras generalidades teóricas, que permiten después hasta actitudes contrarias y el desarrollo de teorías opuestas, y sobre todo, jamás se ha consultado a la Nación para hacer tales programas.

Las ideas contenidas en un documento de esa naturaleza, son las de un hombre o las de un reducido grupo de hombres; y la sociedad tiene que sujetarse a ellas sin tener oportunidad de hacer oír su voz.

El pueblo mexicano está ya cansado de esas promesas vagas, y de esos pomposos manifiestos, en que todos le ofrecen la felicidad, pero nadie le cumple algo positivo, porque no es posible que se cumplan ofrecimientos que frecuentemente están en contraposición con la naturaleza misma de las cosas.

Pedir honradez y moralidad a la administración centralizada en un omnímodo dictador, como pretenden imponernos los grupos personalistas, para quien la dignidad, el carácter, las ideas, propias y el espíritu independiente, constituyen un suplicio para los dictadores, porque con hombres que posean esas prendas morales, no se puede contar para que ayuden a conocer cualquiera clase de atentados, que lleguen a necesitarse para perpetuar la dictadura; y dictadura y perpetuación, son dos tendencias que jamás se separan.

En la variada y palpitante historia de México, tanto el Partido Liberal de los últimos tiempos, como el Conservador, han fracasado en su función de gobierno, pues ninguna ha dado satisfacción a las verdaderas necesidades del país.

Es cierto que los hombres de la reforma cumplieron con fortaleza de alma y abnegación ejemplares, los deberes que la situación les imponía.

La lucha sostenida por aquellos nobles paladines del progreso nos legó enseñanzas dignas de ser utilizadas por todo hombre de bien, y dejaron francos los senderos para que sus sucesores pudieran proseguir la obra de liberación del Pueblo Mexicano.

Ellos inspiraron su obra en las necesidades y concepciones de aquellos días tormentosos, y cuando se consideran los obstáculos casi insuperables que tuvieron que vencer, se comprende que la inmensidad de sus esfuerzos nobilísimos, para legarnos una herencia que constituye nuestro orgullo más legítimo; por eso, su memoria es bendecida por todos los hombres honrados y por ello, en nuestros corazones, hay un altar para reverenciarlos.

Pero los que apócrifamente continuadores de aquella gigantesca obra de amor y de bien, la falsearon se llevaron y prostituyeron; y criminal y estúpidamente se negaron a crear el bienestar social y hoy sufrimos las consecuencias de aquel tremendo error político.

El Partido Conservador, con su estreches de miras, sólo se ha ocupado de consolidar sus intereses y a la voluntad de la gran masa del pueblo mexicano; ese Partido jamás ha tenido la visión clara de que sólo satisfaciendo las exigencias del bienestar social del pueblo, puede gobernarse sin trastornos ni conmociones.

El Partido Liberal de nuestros días, más culpable acaso que el Conservador, tampoco ha sido capaz de proporcionar al pueblo, ni el bienestar económico, ni la satisfacción de los más ardientes deseos, a pesar de que dice representar sus deberes y aspiraciones.

Afirmamos que el Partido Liberal de nuestros días es más culpable que el Conservador, porque emanados de la gran masa del pueblo, cuando triunfa, se divide en facciones personalistas, con el único objeto de reñir por el poder, y ejercerlo por la sola voluptuosidad de disfrutarlo, sin que haya sido tampoco cosa de resolver satisfactoriamente los graves problemas, que siguen todavía ensombreciendo el porvenir de nuestra Patria.

Los hombres del Partido Liberal de nuestros días y especialmente los surgidos de la Revolución, asumen una enorme responsabilidad, si se muestran impotentes para dar al país un Gobierno que resolviendo esos problemas, satisfaga los anhelos del país, y así justifique los enormes sacrificios y los sufrimientos [... ] que la Nación se ha impuesto, en sus esfuerzos para organizarse debidamente como pueblo civilizado.

Si después de esta gran Revolución, los liberales revolucionarios son capaces de mostrar al mundo su aptitud en competencia para organizar un Gobierno sobre bases científicas aún a fuerza de estudios, desvelos y sacrificios, encauce definitivamente al país, por la senda de un sólido progreso, los revolucionarios habrán justificado que son los hombres dignos de que la Nación les confíe su gobernación, pero no mostrando la aptitud, la generosidad y el espíritu de sacrificio que la Nación exige de sus servidores, no hace sino dar el triunfo moral y revivir al Partido Conservador, que con tal resultado esgrime como armas poderosas, como argumentos incontrovertibles, los fracasos de los liberales.

Si el Partido Liberal quiere disfrutar de la confianza del pueblo, que domine a su enemigo tradicional, por la acción de sus hombres de estudio y por su abnegación y generosidad, y no sólo por la guerra, o con declamaciones que causan miedo e inferioridad moral y científica.

Es preciso que derrote a sus adversarios en el campo de la ciencia y del progreso, y entonces la Nación entera aplaudirá sinceramente la victoria liberal.

Y entonces, los mismos conservadores se verán obligados a rendir sus armas, y a confesar paladinamente ante la fuerza incontrastable de los hechos, que un partido político integrado por hombres esforzados y valerosos, sabios y prudentes, tiene el derecho indiscutible de guiarlos destinos de la República.

No creemos que haya un solo ciudadano que pueda discutir siquiera, ésta amarga realidad: ninguno de los partidos históricos ha sido capaz de crear el bienestar social en el cual quedan incluidos naturalmente, el goce de todos los derechos y la satisfacción de todas las necesidades.

La lucha entre esos dos partidos tradicionales, que en la superficie no ha sido más que el carácter especulativo, en el fondo, las más de las veces, no es sino de los más sórdidos y personales intereses de los caudillos, con sus camarillas y sus cohortes de políticos convenencieros.

Esa lucha en nada puede beneficiar a la nación, puesto que no son sus aspiraciones e intereses los que se atiende, sino los muy mezquinos y egoístas de los grupos mínimos de hombres que se disputan el poder público para explotarlo en su exclusivo provecho.

Es preciso que el pueblo mexicano se convenza de que nada puede ganar con la pirotecnia estéril y convencional con que se le divierte y se le engaña hace más de un siglo; en el nombre sonoro de los Partidos, los programas llenos de alhagadoras promesas, las frases consagradas y tantas veces repetidas de nuestra gastada literatura política, ¿han traído algún bienestar económico, algunas ventajas reales, positivas y permanentes a ese pueblo, cuyas masas arreadas al matadero a la hora de la proclama, del pronunciamiento y de las promesas, siempre son menospreciadas después del triunfo?

El pueblo mexicano quiere alimentación abundante y sana, alojamiento confortable, higiene, educación y un porvenir asegurado, en una palabra: bienestar social; es decir la satisfacción de todas sus necesidades y el ejercicio de todos sus derechos.

Pues bien, nada de lo que desea podrá conseguir si él mismo no toma en sus manos el Gobierno de la Nación.

En vista de la triste experiencia que la Nación ha recogido a través de una centuria de tropiezos y de sufrimientos, creemos que es llegada la hora de buscar otra senda, y ensayar nuevos métodos pensamos que el pueblo mismo, la sociedad, en defensa de sus legítimos derechos, con el muy elemental de la propia conservación, debe hacerse cargo de la dirección de los negocios públicos, y que la delegación que temporalmente haga de sus poderes en favor de mandatarios que los ejerzan, lleve en sí mismo la obligación estricta de crear el bienestar social, pues ya nadie puede conformarse con vagas promesas de libertadores y providenciales.

Y que esa delegación de poderes la haga el pueblo conservando hasta donde sea posible las riendas en sus manos, para prevenir cualquier intento de abuso que sus mandatarios pretendan cometer.

Los organizadores del Partido Liberal Democrático, declaramos que no tenemos candidato alguno para la Presidencia de la República, ni abrigamos prevenciones en contra de los que hasta hoy han manifestado deseos de desempeñar aquel cargo; además, queremos manifestar que no concedemos la importancia determinante que hasta aquí ha tenido ese puesto, si se llevan a cabo las reformas en nuestra organización política, que permitan la subdivisión del trabajo, la especialización de las funciones de los servidores públicos, y el medio de hacer efectivas las responsabilidades de esos funcionarios.

No nos interesa de manera alguna el ciudadano que ocupe la Primera Magistratura, con tal de que sea llevado al poder por un Partido Nacional de principios, que le haya impuesto de antemano un programa que satisfaga las aspiraciones del país, y que por la representación que el Partido tenga en las Cámaras, esté en aptitud de llevar a cabo las reformas que la Nación exige; pero también hacemos constar que lucharemos sin omitir esfuerzo alguno, para evitar a nuestra Patria, la desgracia y la humillación de ver ocupado el solio Presidencial, por un caudillo civil o militar, asesorado por las funestas camarillas de favoritos e incondicionales, y que sólo haya obtenido el Poder, apoyado en las fuerzas de las armas o por medio de la imposición oficial.

Un hombre llevado al poder sin condiciones, con facultades omnímodas, sin freno legal alguno, lógica y fatalmente se corrompe y produce un ejemplar más, de los dictadores y tiranuelos que con sus actos han manchado la historia de los países hispano-americanos.

Pero es evidente que ese mismo hombre, obligado a someterse a la ley, puede ser un buen gobernante; y si no lo es, que pueda legalmente ser substituido sin necesidad de revoluciones, cuartelazos y algaradas.

El cobarde apartamiento de los ciudadanos para tratar los asuntos públicos, es la causa fundamental de nuestras desgracias.

El egoísmo inexplicable de los ciudadanos para influir en la marcha de los negocios públicos, favorece y hace posibles las maquinaciones de los politiqueros.

Abstenerse es renunciar. Abstenerse es declararse vencido de antemano.

Y una sociedad cuyos ciudadanos son incapaces de luchar, merece que se le ultraje, que se humille y que se le afrente.

Nadie puede tener respeto por una sociedad cuyos miembros enfermos de cobardía moral, son incapaces de erguirse ante el peligro y prefieren arrebañarse con el alma transida de temor, esperando de la clemencia de los vencedores el favor de permitirles que sigan viviendo una vida toda llena de vergüenza y de abdicaciones, o una complicidad para disfrutar de las piltrafas del festín con que los audaces celebran sus fáciles victorias.

Por eso es preciso que no haya un solo ciudadano, que deje de trabajar, para que por vez primera en nuestra Patria se imponga realmente la voluntad nacional.

Los que no la amen, los incapaces de que su sangre hierva, y su corazón se agite al impulso de entusiasmos y generosidades, que lo hagan por egoismo; que lo hagan por su propia conveniencia; pues si la Nación no impone su voluntad en ésta ocasión, y da hoy en más, las consecuencias serán funestas.

Ya lo hemos dicho; la guerra civil con todas sus tremendas consecuencias, y con dos únicas soluciones posibles: la guerra extranjera o una dictadura militar odiosa y brutal.

México octubre 10 de 1919.

Presidente, Salvador Alvarado;

1er. Vocal, ingeniero Vito Alessio Robles;

2o. Vocal, licenciado diputado David Pastrana Jaimes;

3er. Vocal, Manuel G. Ramírez;

Secretario, licenciado Manuel Padilla.

[Siguen firmas].

Teniendo en cuenta que el C. Salvador Alvarado ha sido el iniciador de nuestras labores, los enemigos de éste movimiento han propalado la versión de que pretendemos crear un partido personalista para postular a dicho ciudadano; a fin de desmentir esas falsas versiones los organizadores del Partido Liberal Democrático suplican de la manera más encarecida, a las personas que secundan sus propósitos, que no hagan trabajos en favor de la candidatura de dicho ciudadano, y a su vez, rueguen a sus amigos hacer lo mismo, pues esto, sería sumamente perjudicial para el éxito de los fines que se persiguen; ya que si tal se hiciere, el Partido perdería la característica de nobleza y generosidad que constituye su fuerza.

Nosotros sabemos muy bien que el escepticismo y la desconfianza estan muy generalizados en nuestro país; y con muy justa razón, ya que nuestra historia política está plagada de toda suerte de estratagemas y añaganzas indignas de hombres de bien.

Por eso es que hacemos esta súplica a nuestros correligionarios, a fin de evitar que este movimiento tan noble y tan desinteresado, sea objeto de ataques inmerecidos, y que por éstas circunstancias, se ponga en peligro el éxito de una obra tan patriótica.

Por nuestra parte, hacemos constar que los organizadores, estamos solemnemente comprometidos a trabajar en contra de tal candidatura, en caso de que alguien se propusiera sostenerla, pues deseamos con toda nuestra energía de hombres libres, probar que si hay en México hombres suficientemente abnegados para servir a su Patria, sin esperar por ello ventajas personales.

Una vez que el Partido Liberal Democrático esté debidamente organizado, invitaré a los demás Partidos y agrupaciones políticas, a que sometan a las decisiones de una Gran Convención, la elección de un programa de Gobierno y de un candidato que satisfaga las aspiraciones nacionales, y con esto evitar las consecuencias de una lucha entre hermanos, y asegurar así a nuestra Patria, una paz duradera y un franco desenvolvimiento de sus fuerzas.

En breves días publicaremos el proyecto de Programa del Partido con las más amplias explicaciones de todos y cada uno de sus postulados.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 847-854.