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Siglo XX > 1910-1919 > 1914

Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 195. Artículo dei señor licenciado Isidro Fabela, sobre la situación política de la Revolución Mexicana.
Habana, 16 de diciembre de 1914.

 

Artículo dei señor licenciado Isidro Fabela, sobre la situación política de la Revolución Mexicana. [A. I. F., F9.]

LA SITUACIÓN POLÍTICA DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA

I. La Convención de México
II. La Convención de Aguascalientes
III. La Presidencia de veinte días
IV. El armisticio
V. La reacción alrededor de Villa

Convención de México

Durante la campaña contra el general Huerta, don Venustiano Carranza manifestó espontáneamente a sus compañeros de armas que triunfando la causa, al llegar a la capital de la República convocaría una Junta de Generales del Ejército y Gobernadores de la Unión, para que ellos de común acuerdo resolvieran estas tres importantes cuestiones:

1° La fecha en que debieran efectuarse las elecciones para el Gobierno constitucional.

2° La forma que debiera darse al Gobierno pre-constitucional, esto es, al Gobierno propiamente revolucionario, y

3° Las reformas revolucionarias económicas y políticas que deberían llevarse a la práctica durante el período pre-constitucional.

El señor Carranza, cumpliendo aquel deseo que nadie le pidió ni le exigió, al entrar victorioso a la ciudad de México, llamó a todos los generales y gobernadores de los Estados de la Junta aludida que se llevó a cabo en el recinto de la Cámara de Diputados.

Es de suma importancia hacer notar que de no haberse llevado a cabo tal Junta, el señor Carranza, conforme al Plan de Guadalupe de 26 de marzo de 1913, aceptado por todos los revolucionarios, al entrar a la capital de la República tenía derecho a hacerse cargo del Poder Ejecutivo de la Unión hasta que, hecha la paz, se verificaran las elecciones definitivas y entregara el mando del ejército y el Ejecutivo al electo Presidente constitucional (artículo 5° del Plan).

En otros términos, don Venustiano Carranza tenía derecho legal a seguir como Presidente de facto de la República hasta el restablecimiento completo de la paz nacional; pero como este plazo era indefinido y su determinación dependía prácticamente del mismo señor Carranza, el Primer Jefe creyó honrado y democrático que sus mismos compañeros de lucha fijaran un plazo para las elecciones para no ser él mismo quien dijera "Duraré tanto en el poder" y a efecto de que los principales leaders del constitucionalismo tuvieran voz en la obra de transformación social del país como habían tenido su participación importante en la lucha contra la tiranía trágica de Huerta.

Los que atacaban al señor Carranza de dictador (los villistas) se encontraron con que el primer acto de gobierno de aquel hombre fue la convocación de una asamblea revolucionaria, ante la que declinaba democráticamente algunas trascendentes facultades que el Plan de Guadalupe sólo a él reservaba. Después, como veremos, dio muchas más pruebas de patriótico desinterés y de amplio espíritu liberal.

Francisco Villa fue, como todos los demás generales, citado a la Convención de México. A la cita contestó de enterado y que concurriría a la Junta. Los que estábamos interiorizados de sus preparativos de rebelión definitiva, bien sabíamos que no concurriría, como no concurrió.

En efecto, Villa era un rebelde desde hacía mucho tiempo; militar, política y administrativamente obraba como mejor le parecía; emitió varios millones de pesos sin consentimiento del Ejecutivo; disponía de los ingresos de la Federación a su antojo; manejaba los ferrocarriles sin conocimiento siquiera de la Secretaría de Comunicaciones; removía y nombraba empleados dependientes sólo de las Secretarías de Estado, confiscaba y repartía entre sus validos las haciendas de los ricos y movilizaba sus tropas como y cuando quería.

Era, en suma, dueño y señor de vidas y haciendas, todo esto después de centenares de protestas de lealtad, de honradez, de respeto y de incondicional subordinación. Naturalmente que los interiorizados de la conducta del villismo sabíamos de antemano que Villa no concurriría a la Convención de México, porque allí se hubiera exhibido como lo que era: un rebelde, en cuyo caso habría caído bajo las sanciones de la ley; o la fuerza misma de la asamblea lo hubiera sometido, lo que no aceptaba por ningún motivo. Para no concurrir a la Junta de Generales y Gobernadores, tenía que desconocer ya descaradamente al Primer Jefe Carranza, y así lo hizo, valiéndose de cualquier fútil pretexto, días antes de la fecha fijada para la Convención.

Inauguróse la asamblea el 1° de octubre pasado, habiendo quedado integrada por los generales y gobernadores leales que llegaban a ciento veinte y tantos, sin los de la División del Norte que sumarían quince o dieciséis.

El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, señor Carranza, tuvo entonces otro acto de patriótico altruísmo que mucho lo ennoblece. Es posible, se pensó, que así como Villa, otros de mis compañeros de campaña no me quieran ya como su jefe a pesar de que el Plan de Guadalupe los obligaba a seguir reconociéndome como tal; si esto es así, con gusto dejaré el mando del ejército y del Poder Ejecutivo para que ellos designen a quien más confianza les merezca. Y entonces, el 3 de octubre, en una sesión verdaderamente solemne en la historia de México, después de hacer un informe de la situación, de las dificultades con Villa y de esbozar un programa revolucionario, entregó a aquellos generales y gobernadores los dos depósitos sagrados que hubiera tenido en sus manos durante la cruenta lucha contra la dictadura que acababa de ser aniquilada.

Por un corto tiempo el Ejército Constitucionalista y el Ejecutivo de México estuvieron sin jefe, hasta que después de tres horas de deliberaciones la Convención de México por unanimidad de votos y por aclamación, devolvió el mando del ejército y el Ejecutivo de la República al que había sido siempre su jefe, al iniciador del movimiento de protesta legal contra la usurpación y los crímenes de Victoriano Huerta, al que había llevado al triunfo la más justa, la más noble y la más hermosa de las causas. Llamado al seno de la asamblea, los convencionalistas, en un acto solemne de entusiasmo desbordante, con un voto de confianza, devolvieron el mando supremo del ejército y el Poder Ejecutivo al ciudadano Venustiano Carranza.

Habana, 16 de diciembre de 1914.

Isidro Fabela

 

Fuente:

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA. Revolución y Régimen Constitucionalista I.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de ISIDRO FABELA.
Fondo de Cultura Económica. Primera edición, 1960. pp.403-405.

Y también en:

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA.
Revolución y Régimen Constitucionalista. Volumen 1° del Tomo I.
Fundador: Isidro Fabela 
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA.
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCIA, HUMBERTO TEJERA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1968.