1913
Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 78. Memorándum suscrito por el señor G. Paredes Esquinca, en Hermosillo, Son.
Hermosillo, Son., el 8 de diciembre de 1913.


 

Memorándum suscrito por el señor G. Paredes Esquinca, en Hermosillo, Son., el 8 de diciembre de 1913, sobre la actuación del doctor Nicolás Cámara Vales, Gobernador del Estado de Yucatán, negativa al movimiento revolucionario. Cita la intervención del Partido Liberal Radicalista, formado por Agustín Patrón Correa, y otros. [A. I. F., F9-71-29.]


El doctor Nicolás Cámara Vales al presenciar la aprehensión de los señores Presidente y Vicepresidente de la nación en Palacio en México, se aprestó a ponerse a salvo previendo hiciesen otro tanto con su persona y al llegar a la casa de éste último señor licenciado José María Pino Suárez, declaró ante un grupo de amigos entre los cuales me encontraba, que salía inmediatamente para Yucatán para desconocer y enfrentarse al usurpador Huerta. En efecto al día siguiente (miércoles 19 de febrero del corriente año) salía con rumbo a aquel Estado siendo acompañado por mí hasta la estación de "Buena Vista", y en el camino me dijo: "en el próximo vapor se puede embarcar usted, con los amigos para que me ayuden al levantamiento armado de Yucatán."

Con la promesa hecha por el ya citado doctor y con la esperanza de ayudarlo eficazmente en su propuesto levantamiento salí de México el 26 llegando a Mérida el 29. A mi llegada me presenté al doctor Cámara Vales para ponerme a sus órdenes, según lo ofrecido desde México, y cuál no sería mi sorpresa al contarme que ya no se podía hacer nada porque el Gobernador interino Fernando Solís León había reconocido al traidor Huerta. Insistí acerca de la conveniencia de nuestro levantamiento, teniendo como respuesta no la resolución que yo esperaba sino simples esperanzas.

Por varias ocasiones repetí mis entrevistas con el referido doctor y con el mismo propósito de convencerlo, máxime que en estas otras ya tenía la convicción de que contaba con el batallón "Cepeda Peraza", perfectamente armado y municionada, sino que también con algunos jefes de la policía y siempre su respuesta me la daba a medias, que iba a pensarlo detenidamente porque el caso se le presentaba difícil y delicado.

Procedí entonces a tocar otros resortes para la efectividad del levantamiento armado y desde luego me puse al habla con el presidente del Partido Liberal radicalista señor doctor Agustín Patrón Correa, quien desde el momento me ordenó me pusiera al contacto con los señores licenciados Epigmenio Rebolledo, notario Crescencio Jiménez Borreguí, licenciado Urbano Espinosa, profesor Virgilio Mendoza y licenciado Calixto Maldonado. Les hablé a todos y a cada uno de la conveniencia de nuestro pronunciamiento; todos se llenaron de entusiasmo procurando comunicarse con alguno de los cabecillas de los partidos o municipios de Hunucmá, Progreso, Sotuta, Felcáx y Peto para saber de la gente con que podríamos contar con eficacia.

Como resultado de tales comunicaciones venimos en conocimiento de que se podían contar con muchos brazos, pues el partido permanecía unido y desde luego todos desesperaban porque se les diera las armas y municiones para pelear en pro de la causa; pero la situación económica de todos los principales los ponía en condiciones de no poder comprar ni siquiera quinientos rifles, únicos suficientes antes de que se implantara el Gobierno militar en el Estado.

Procuré luego que nos reuniéramos en junta para deliberar y resolver el conflicto; se trató de que el doctor Cámara Vales y su cuñado el licenciado Calixto Maldonado diesen el dinero, siendo en bien general si así lo hacían prescindir de la enemistad que con todo el partido maderista se había creado en toda su administración el referido doctor Cámara Vales con la sola y única condición de que éste se desligara por completo de Tomás Castellanos Acevedo, hombre al decir unísono de todo el pueblo yucateco sin distinción de bandos, funesto y de malas entrañas, ambicioso y desleal que de hecho había gobernado al mismo gobernador enriqueciéndose y manejando a su antojo y capricho los destinos puestos en sus manos por la jefatura.

Sobre este asunto fui de nuevo a ver al doctor Cámara Vales y al ponerle de manifiesto aquel propósito me contestó que ya había meditado bien el asunto y que no era posible levantarse en armas por no tener los elementos y que además nada se sabía de cierto del estado de la Revolución en el Norte si avanzaba o no.

En este estado de cosas llegó el profesor David G. Berlanga de La Habana, trayendo cartas para los señores, doctor Nicolás Cámara Vales, licenciado Calixto Maldonado y Manuel Castillo Brito en donde el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, pedía una eficaz ayuda para la causa e invitando a dichos señores para el inmediato levantamiento en armas contra el Gobierno traidor, tuvo el señor Berlanga que dar muchas vueltas para lograr la entrevista que quería tener con el, ya citado doctor; pues éste huía del señor Berlanga; hubo necesidad que yo interviniera para lograr la entrevista de la cual salió el señor Berlanga enteramente decepcionado, pues no tan sólo no correspondía a lo pedido sino no hubo para el jefe ni la más significante palabra de aliento.

Con esta nueva decepción, el Partido Liberal tomó la determinación de levantarse en armas teniendo como único jefe al doctor Agustín Patrón Correa y para lo cual suplicó al señor Berlanga, gestionara en unión del señor Teodomino L. Vargas el armamento necesario. Hasta hoy no se ha podido conseguir nada efectivo y el ya citado Partido Liberal queda a las órdenes de su presidente doctor Agustín Patrón Correa que se encuentra en Nueva Orleans para que si éste consigue o se una con otra persona que pueda dar dinero o armamento para hacer la Revolución en Yucatán.

Al llegar el primer gobernador militar, temiendo el referido doctor Cámara Vales ser perjudicado en su persona, salió violentamente con dirección al Norte haciendo aparecer que iba en busca de los elementos necesarios de guerra para regresar luego a recuperar su gobierno ya perdido por su propia culpa al haber desaprovechado las frecuentes oportunidades que se le habían presentado. Yucatán en su mayor parte calificó acremente su actitud hasta cierto punto cobarde porque su salida no llevaba tales intenciones sino la de escaparse por temor a perder la vida en manos de los secuaces del asesino y traidor Huerta, cuyos garfios de su despotismo y malas entrañas hacía extender ya hasta aquellas tierras peninsulares.

Sabido es de todos aquellos que el doctor Cámara Vales tiene grande amor a la vida y a sus intereses y que no es capaz de sacrificar nada y que al no haber querido aprovecharse de las circunstancias espléndidas y propicias que se le brindaron antes con elementos de que pudo disponer y contando él con dos o trescientos mil pesos de su propio peculio, todo lo que después hiciera en su cacareado viaje al Norte no sería más que aparatos para después del triunfo.

Hoy permanece a la expectativa en Nueva Orleans U.S.A. haciendo ostensibles sus trabajos por llevar una expedición armada por medio de empréstitos en nombre de la Revolución, que fracasan, pues si él en realidad tuviera amor a la causa y a su patria chica no tendría necesidad de tales empréstitos porque bien sabido es por todos los yucatecos que tal expedición si quisiera la podría llevar con sus propios dineros, si no por patriotismo siquiera por vengar la sangre de su hermano.

Mientras tanto el Estado de Yucatán y principalmente el verdadero partido maderista de aquella entidad, sufren la opresión y el despotismo del Gobierno militar del general Cortés sustituto de Razcón que dejó imponer por su nulidad de energías y de valor, de patriotismo y lealtad.

Hay algo más serio y delicado todavía en lo que respecta a la conducta del tantas veces mencionado doctor Cámara Vales en Yucatán. Se asegura con visos de sobrada verdad entre aquellos ciudadanos que al partir él dejó pactado con Tomás Castellanos trabajar ambos; uno con el Primer Jefe Constitucionalista en el Norte y el otro con el jefe del cuartelazo y la traición en México para en el momento de la decisión quedara el Gobierno de Yucatán en una u otro mano, según la suerte.

Hermosillo, a 8 de diciembre de 1913.

G. Paredes Esquinca

 

Fuente:

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA. Revolución y Régimen Constitucionalista I.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de ISIDRO FABELA.
Fondo de Cultura Económica. Primera edición, 1960. pp.158-161.

Y también en:

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA.
Revolución y Régimen Constitucionalista. Volumen 1° del Tomo I.
Fundador: Isidro Fabela 
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA.
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCIA, HUMBERTO TEJERA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1968.