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Siglo XX > 1910-1919 > 1912

Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 259. Amplio informe del señor S.M. del Toro, Cónsul de México en Marfa, Texas, al Secretario de Relaciones Exteriores.
Marfa, Texas, septiembre 19 de 1912.

 

Amplio informe del señor S.M. del Toro, Cónsul de México en Marfa, Texas, al Secretario de Relaciones Exteriores, relativo a la ocupación de la plaza de Ojinaga, Chih., por las fuerzas rebeldes Orozquistas, la noche del día 11, así como del mal uso de los elementos de defensa que el Supremo Gobierno facilitó al Corl. José de la Cruz Sánchez y su fuga con otros jefes y tropa a territorio americano, con anterioridad a la ocupación; la ciudad fue recuperada el día 15 por las fuerzas federales al mando del Gral. Fernando Trucy Aubert. [A.R.E. L-E-744]

Reservada

Marfa, Texas, septiembre 19 de 1912.

Recibida el 11 del mes actual la autorización que pedí a esa Superioridad para transladarme a Presidio, en vista de la gravedad de la situación -debido al asedio de los rebeldes a la plaza de Ojinaga, me dispuse a salir inmediatamente para dicho lugar. El día 12 emprendí mi viaje llegando a Presidio en la noche por el mal estado del camino. Inmediatamente averigüé que la población había sido tomada por los asaltantes en la noche del 11 después de una inútil resistencia por parte de un grupo de defensores, jóvenes en su mayoría, compuesto de menos de veinticinco hombres, quienes carecían de municiones, porque en su vergonzosa fuga a territorio americano, los jefes de la plaza habían pasado armas y parque ocultando criminalmente otras cantidades de pertrechos en la misma población que abandonaron.

Celebré luego una conferencia con el jefe José de la Cruz Sánchez, quien me aseguró que sólo debido a su escasez de parque, en busca del cual vino a Presidio, no había regresado a su puesto. Estaban con él, descansadamente, los jefes José Licón y Espiridión Piña, y un gran número de hombres que nunca pude precisar por falta de una correcta información.

Pregunté a Sánchez por qué no había podido cruzar los veinticinco mil cartuchos que con cien carabinas estaban en Marfa desde el 18 de agosto, según mi aviso que le di con fecha 19 del citado mes, y me dijo que sólo se había recibido orden del Presidente de los Estados Unidos para exportar las armas, pero no los cartuchos que estaban depositados en la casa de Kleinman.

En la misma fecha que al jefe José de la Cruz Sánchez, di aviso al cónsul de la República en El Paso sobre la llegada a ésta de los referidos pertrechos de guerra, y creo que en este asunto hubo una mala inteligencia, porque el General don Victoriano Huerta me telegrafió que obtuviera permiso de las autoridades de Presidio para que se entregaran los repetidos cartuchos al jefe de Ojinaga, y yo, para abreviar tiempo, me dirigí por telégrafo simultáneamente al "U.S. Marshall" en San Antonio y al Administrador de la Aduana en Eagle Pass, habiéndome contestado que era necesario tramitar el permiso del señor Presidente de los Estados Unidos.

Según mis informes, desde un principio, esto es desde el día 9 en que los rebeldes abrieron el fuego contra Ojinaga, don José de la Cruz Sánchez se preparó a dejar su puesto haciendo circular la especie de que su presencia era necesaria en Presidio para conseguir parque, que todos tenían en abundancia.

Cuando pasó el Río Grande, lo comenzaron a seguir sus tropas dándose el caso de que los empleados aduanales recogieron de quince hombres, solamente seiscientos cartuchos.

El día 10, los rebeldes hicieron un vigoroso ataque, y los pocos defensores se sostuvieron valientemente, muriendo Francisco Sánchez, sobrino del jefe de la plaza y el cabo de la Gendarmería Fiscal, Tranquilino Acosta, que regresó al lugar poco después de la evacuación del 1°. de septiembre.

El día 11, el fuego fue intermitente y en el ataque de la noche estuvieron al frente de los defensores el subteniente de rurales Quintela, Manuel Lerma, Anastasio Rodríguez y Juan Venegas.

El "Sheriff" de este Condado y el juez del mismo me manifestaron que era muy sensible para ellos haber presenciado los esfuerzos de un grupo de defensores tan reducido y la cobardía de los principales jefes. El "Sheriff", Sr. Chastain, se comprometió, confidencialmente, a obtener por algún medio parque suficiente para que regresaran a combatir los que se habían refugiado en el lado americano.

El señor Kleinman al ver que los agentes confidenciales Sres. Teodoro Frezieres y Mónico Jiménez urgían volver al frente de sus fuerzas al jefe Sánchez, le dijo: "Regrese usted señor, porque se está cubriendo de vergüenza" y para evitar más instancias, Sánchez prometió su regreso yendo luego a ocultarse en su casa habitación.

Encontré que el número de muertos en el asalto y toma de Ojinaga fue de 10, por parte de los defensores, y de 21, aproximadamente, por el lado de los rebeldes, y de heridos más de veinticinco por los segundos y como ocho en los primeros.

Al posesionarse los rebeldes del lugar, fusilaron a tres o cuatro de los que estaban con las armas en la mano y a un anciano inofensivo.

De acuerdo con los informes que pude obtener, los cuales me han sido ratificados por autoridades del Condado y federales, así como por el Mayor Camerón, que estuvo en Presidio durante el ataque, no tomaron parte en la lucha más de trescientos rebeldes. Después de que ocuparon la plaza llegaron otros grupos, pero el total no pasó de setecientos, estando muchos sin armas y también incapacitados de pelear por el cansancio y las privaciones.

El jefe aduanal de Presidio, Sr. J.R. Weisiger, el Inspector Montado Sr. Albert Housser y el "Deputy U.S. Marshal" Sr. W. Mathews se encontraron en los días siguientes a la toma de Ojinaga muchas armas y cartuchos así como cartucheras pertenecientes a los rurales que se refugiaron en Texas, y también los soldados federales recogieron algunas.

Posesionados los rebeldes de Ojinaga, procuré con todo esfuerzo saber con certeza si Pascual Orozco padre e hijo se encontraban entre ellos, de lo cual estuve seguro el día 14, en que cruzaron a Presidio los jóvenes Agustín López y Gonzalo Chavira, con un pase que les fue extendido el día 12.

Habiendo completa incertidumbre sobre la aproximación de las fuerzas del Gobierno, mandé el día 13, con el consentimiento de las autoridades, al Mayor Espiridión Piña y a los soldados Julio Ramos, Ildefonso Flores y Florencio Ramos, a que exploraran el camino dando informes de la situación de la plaza al jefe que primero encontraran. Los referidos, me dijo el General Trucy Aubert, que se le incorporaron ya frente a Ojinaga expresándole que no lo hicieron antes por temor de que fueran fuerzas rebeldes.

Mi comunicación oportuna con esa Secretaría tuve que suspenderla, porque la linea telefónica está en condiciones malísimas y además está instalado en el mismo alambre un teléfono militar. Antes de mi salida pedí permiso al Mayor Cameron para transmitir un informe diariamente, y el día 14, en que comenzó a funcionar, traté de mandar mi telegrama pero no lo pude lograr. Además el Capitán Mitchel, jefe de la guarnición en Presidio, observó una conducta muy extraña, impidiéndome todo lo que podía mis mensajes. Después di preferencia a los de las operaciones militares que dirigieron el Coronel Manuel Landa y el General don Fernando Trucy Aubert, los cuales fueron muy mal transmitidos, al grado de tener que copiarlos a mi venida a ésta, lo que motivó que el Mayor Cameron diera órdenes de que sólo se aceptaran mensajes en idioma inglés.

El 14 en la mañana, en que se avistó la caballería del Coronel Landa, busqué la manera de ponerme al habla para prestar mis servicios dentro de mis facultades. En la tarde mandé un bote al Capitán de Artillería Alberto Ortiz y al Teniente Coronel de Carabineros de San Luis, Silvino M. García, quienes pasaron a poner un mensaje del jefe expresado y adquirir provisiones de inmediata necesidad para la fuerza.

Sabedor del estado de impotencia de los rebeldes y de la presencia de los Orozco, padre e hijo, quienes era muy probable que atentarían a pasar a territorio americano, dispuse de acuerdo con los empleados federales, que algunos hombres de los refugiados vigilaran la margen del Río Grande para que dieran pronto aviso del paso de los revoltosos. Noté con mis anteojos que un grupo había cruzado el río Conchos y estaba en San Francisco, y por ello indiqué a José Licón que enviara alguna gente río arriba para que estuviera cuidando atentamente.

Como una hora antes me habían mandado los rebeldes un correo a preguntar con engaño qué fuerza traía el General Trucy Aubert, debido a que un correo montado, que acababa de llegar, les había anunciado su aproximación. Yo, que reconocí al enviado como un simpatizador de los revolucionarios, le di una información inexacta, especialmente respecto a la artillería de la brigada que los tenía muy atemorizados.

Como a las cuatro de la tarde fueron capturados los primeros rebeldes que cruzaron a nado el río, por el señor Albert Housser y el "Deputy U.S. Marshal" Sr. Mathews, siendo Cecilio Valdés, Ignacio Madrid y Juan Larazón. Poco después, unos de mis vigilantes dijeron a los soldados federales que un grupo de rebeldes había cruzado el río en un bote y estaban tratando de ocultarse; fueron en su busca y capturaron a Pascual Orozco padre y ocho oficiales que fueron conducidos al campo militar.

El capitán Mitchell me preguntó que cuáles eran los oficiales que quería mi Gobierno fueran detenidos, a lo que le contesté que no sabía, pero que trataría de averiguarlo en seguida, por lo que puse inmediatamente un telegrama a nuestra Embajada en Washington.

Al día siguiente, en la mañana, fueron capturados dieciocho revolucionarios que, como estaban sin armas y era gente común, fueron dejados luego en libertad.

Tuve gran trabajo para convencer al Capitán Mitchell que estaba en sus atribuciones seguir deteniendo a los oficiales que acompañaban a Orozco y a este mismo, lo cual hizo de mala voluntad.

Separadamente doy cuenta a esa Superioridad de mis trabajos para conseguir el arresto de los referidos y mis trabajos para su enjuiciamiento.

El día 15 amaneció Ojinaga en poder de las fuerzas del Gobierno, y el General Trucy Aubert llegó como a las diez de la mañana. Pasé a darle los datos que tenía sobre la desbandada de los rebeldes y en seguida dictó las medidas para su persecución.

En Ojinaga tuve muchos informes de que los rebeldes habían encontrado mucho parque y armas en la plaza, de lo cual se habían aprovechado, y esto lo confirma el número de rifles y carabinas en mal estado abandonados por los rebeldes al sustituir estas armas por las nuevas que adquirieron.

Juan Rivera, antiguo gendarme fiscal que vive en la indigencia en Ojinaga, y Petra González, me dijeron que habían oído decir al rebelde Carlos Franco, que de la casa de Francisco Sánchez, quien murió en el combate y vivía en Colonia de San Antonio, habían sacado al tomar la plaza dos sacos de cartuchos, treinta carabinas 30-40 y 30 líos de cartucheras que hallaron en la azotea.

Timoteo Paredes, que vive en Ojinaga, me informó que los orozquistas encontraron cerca de su casa cinco mil cartuchos y como diez mil en otro lugar.

Por datos que suministro al señor Housser, encontró en Presidio el día 16, cuatro carabinas 30-40, cinco cartucheras y más de seiscientos cartuchos del mismo calibre y un rifle máusser.

Por mis averiguaciones estoy perfectamente seguro de que hizo muy mal uso de los elementos de defensa que el Supremo Gobierno facilitó al jefe José de la Cruz Sánchez, siendo esto la causa principal de que el grupo orozquista hubiera pensado en el ataque a Ojinaga.

Hay un grupo en Ojinaga que domina al citado jefe y que ha procurado sacar el mayor partido posible haciendo alarde de su adhesión al Gobierno y hostilizando a otros elementos que podían haber sido de mucha utilidad, a quienes injustamente ha marcado con el estigma de rebeldes.

Respecto a los trastornos sufridos por los habitantes de Ojinaga, han sido muy grandes. En la noche del 12 en que llegué a Presidio, un gran número de familias estaban resistiendo la lluvia debajo de árboles de escaso follaje y en circunstancias muy aflictivas. El día siguiente cesó el temporal, y como los rurales refugiados recibieron su pago, casi todas se aliviaron un poco. El Sr. B.F. Moss, Inspector de Inmigración que fue de El Paso, me manifestó que en su concepto había que prestar ayuda a esa gente, y junto con él hicimos investigaciones en Presidio y en los ranchos de los alrededores, encontrando que unas familias auxiliaban a otras, pero que la miseria no era desesperante.

Más de ciento cincuenta familias estaban en territorio americano, aparte de otras que se fueron a los ranchos inmediatos.

En Ojinaga todo está completamente en ruinas, y el pueblo necesita una completa reconstrucción: creo que el jefe de la Plaza se dirigirá a nuestro Gobierno exponiendo las condiciones en que está la población.

De Pascual Orozco hijo, supe que estuvo en territorio americano, ya tarde, el día 14 a conferenciar con su padre y con el grupo que fue capturado, regresando al rancho de San Francisco por temor de ser aprehendido. Estos datos los comuniqué al General Trucy Aubert y ya está preso en Ojinaga Félix Guerra, quien fue detenido a mi solicitud por ser él quien pasó a los oficiales rebeldes y también quien dirigió la canoa en la que cruzó Pascua! Orozco hijo.

En mi concepto, el jefe de los revoltosos está escondido en los alrededores de Ojinaga, ya en el lado americano o bien pasando temporalmente a México, esperando si su padre es puesto en libertad.

Lo que tengo el honor de comunicar a usted reiterándole mi muy respetuosa y distinguida consideración.

S. M. del Toro

Señor Secretario de Relaciones Exteriores, México. D. F.

 

Fuente:

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA XIV.
Fundador: Isidro Fabela
Revolución y Régimen Constitucionalista Volumen 2° del Tomo I
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: Luis G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCIA, HUMBERTO TEJERA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1968. pp.68-73.