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Siglo XX > 1910-1919 > 1911

Carta de Rafael Z. Luna a Francisco I. Madero. Tema: De concederse e implantar la primera colonia en el Estado de Puebla.
S. Martín Texmelucan, 24 de Diciembre de 1911.

Señor D. Francisco I. Madero
México.

Señor de toda nuestra estimación y respeto:

El día 10 de Agosto del presente año, tuvimos la grata satisfacción de haber recibido la estimable carta de Ud. en contestación á la que tuvimos también el honor de dirigirle de Acatzingo á Tehuacán, acompañada de un proyecto de Colonización.

Los conceptos que en ella se sirvió Ud. expresar, nos anima á renovar nuestra solicitud hoy que, felizmente, tenemos á Ud. ya ocupando la bien merecida Magistratura Nacional, suplicándole respetuosamente, se digne pasar la vista por la iniciativa que nos permitimos acompañar á ésta, y después recomendar al Ministerio del ramo, se sirva estudiarla con interés, pues creemos que de concederse é implantar la primera Colonia en el Estado de Puebla, servirá de modelo y habremos dado un paso muy avanzado en el camino del progreso efectivo.

Rogamos á Ud. tenga la bondad de perdonar le distraigamos de sus múltiples atenciones, y una vez más nos honramos en reiterarle nuestra consideración y respeto, así como nuestra más sincera y entusiasta adhesión.

Rafael Z. Luna
[Rúbrica]

Proyecto de Colonización, como medio de asegurar la paz pública é impulsar el mejoramiento de la Agricultura, de cuyo desarrollo depende el bienestar de todos los elementos que constituyen la prosperidad nacional.

Nadie mejor que aquel que recibe directamente los efectos de algún mal, puede indicar el remedio más acertadamente.

Así que, sin presumir de gran claridad de criterio, creemos que las iniciativas que tengamos el honor de presentar á nuestro Gobierno, para procurar el engrandecimiento del País y el afianzamiento de la paz pública, son los que mayor probabilidad de eficacia puede presentar.

Esta razón es la que nos obliga á insistir y dirigirnos de nuevo á ese H. Ministerio, renovando la iniciativa presentada por el honorable conducto del Sr. D. Francisco I. Madero, en el mes de Agosto de este año, para suplicar respetuosamente, influya para que se conceda al Estado de Puebla el establecimiento de una Colonia Agrícola, bajo las bases que á continuación explicaremos, seguros de que al realizarse, se notarán los beneficios que debe reportar, y servirá á la vez de estudio y norma para la creación de otras semejantes, y que proponemos para todos los demás Estados del País, según su naturaleza, a fin de que haga un estudio detenido sobre el particular, antes de dar otros pasos en el asunto agrario, en que comiencen á distraerse grandes sumas de dinero, sin tener alguna probabilidad sobre el éxito, como sucedió con los veintiseis millones de pesos que el Gobierno pasado dedicó para la irrigación, de cuya cantidad se aprovecharon unos cuantos ricos, sin que á la Nación le hubiera reportado ningún bien, ni haber remediado en nada las necesidades que nos aquejan.

Este pésimo resultado debe servirnos de ejemplo para en lo adelante, no ser tan ligeros en nuestro modo de obrar sin haber sujetado antes, nuestros proyectos, á un estudio detenido y concienzudo, aconsejándonos de personas técnicas sobre el asunto de que trata, y dejando el fatal sistema de personalismo y proteccionismo, por el patriotismo verdadero; desechando la idea errónea de que solo el que tiene dinero es el único capaz de pensar con acierto, y percatándose de que el rico solo proyecta para sí y nunca para los demás.

Por lo mismo debemos, no eliminarlos de todos los asuntos en que se busque algún bien público, sino saberlos escoger, porque son bien raros los que van con la idea de hacer el bien general y, sobre todo, berneficiar á la clase menesterosa; de lo contrario, nos exponemos á tropezar con serias dificultades y á trabajar en beneficio del egoismo y la conveniencia personal.

El fin que deseamos alcanzar por medio de nuestra iniciativa, es el siguiente:

Reunir y concentrar á la mayor parte de los agricultores de la clase media, que son los de acción para la campaña, por medio de colonias, una en cada Estado. formada con sus propios hijos, para facilitar la realización, y que estos trabajen con empeño por su propia localidad para obtener el fruto que se desea.

Al establecer una Colonia en cada Estado, se reparte la producción en todo el País, y en caso de perderse la cosecha en una ó más localidades, quedan las otras para refaccionarlas, y, no es lo mismo tener que importar semillas del extranjero que mandarlas de uno á otro Estado, y en tal caso se establecerá una competencia en la realización, y los precios serán siempre bajos y razonables.

Por el aumento de la población, así como por las pérdidas de cosechas, hace varios años que nuestro consumo supera á la producción, lo que ha dado lugar al monopolio, que tantos males nos ha causado, y á la necesidad de importar maiz como principal alimento de nuestro pueblo; y aunque el Gobierno pasado lo importó por su cuenta para favorecer á la clase menesterosa, fué infructuoso su propósito, porque los fletes fueron tan crecidos que el precio no bajó de diez pesos, el cual es demasiado alto para las circunstancias del consumidor.

Agréguese á esto la inmoralidad de los gobernantes, que todo lo que pasaba por sus manos lo habían de cercenar, resultó peor la cosa, porque el Gobernador lo repartía á los Municipios de su preferencia, obligando á los Presidentes á pagárselo á doce pesos, sin pasar por mermas ni fletes, y los Presidentes, para dar cumplimiento, lo vendian á mayor precio ó con medidas escasas, y, total, que hasta los monopolizadores hacían su Agosto y la gente menesterosa sufrió las consecuencias de las infames combinaciones de unos y otros.

Todos estos males se evitarán si cinco ó seis mil colonos se reparten en todo nuestro territorio, y proporcionándoles cuarenta y dos hectareas de terreno, por colono, y dedicándose á su cultivo, producen cada uno cien cargas de maiz, por término medio; porque tendremos una producción sobre la normal, de unas 500 á 600 mil cargas, cantidad diez veces mayor á la importada; y suponiendo que se perdiera la mitad todavia resultaría un excedente sobre el consumo general y se conseguiría, no solo hacer bajar el precio del maiz, sino el de los demás artículos de primera necesidad, y con ello dar muerte segura al monopolio.

Con solo lograr ese objeto habremos dado un gran paso en la vía del progreso efectivo, porque la gente menesterosa, que es la mayoría, mejorará su condición en todo sentido, pues además de nutrirse y vestirse convenientemente, tendrá los recursos necesarios para instruirse, que es lo que importa sobre todo, para que salga el País de su atrazo y pueda, en no lejano tiempo, contarse en el número de los Paises civilizados.

En cuanto á la protección que necesita también la clase humilde, por medio de la clase media le vendrá indudablemente, porque ella ha sido siempre la que se ha ocupado de mejorar su condición, y para su modo de ser, bastará que cada cabeza de familia tenga una hectarea o hectarea y media de tierra donde fabrique su casa y siembre veinticuatro litros de maiz; con esto y con lo que gane de jornal, trabajando en las haciendas ó con los colonos, tiene para mantenerse sin esfuerzo y pagar sus contribuciones con desahogo, para el sostenimiento de sus Escuelas, con sueldos razonables para sus maestros, para que estos sean de las condiciones que se requieren y la instrucción que impartan sea mas eficaz y provechosa.

De paso nos permitimos hacer constar, que de la clase media es de la única que puede esperar nuestro Gobierno toda ayuda para proporcionar á nuestro País todos los adelantos que le traerán su prosperidad, pues está probado que ella es la que se preocupa por la instruccion de las masas populares, por el embellecimiento de las poblaciones y por las mejoras materiales, etc. y por último, cuando se trata de implantar un nuevo régimen de gobierno en el País, es la primera que abandonando comodidades, hogar y familia, se lanza á la lucha y con gusto derrama su sangre por sostener una idea ó un principio que sabe le ha de proporcionar bienestar á su posteridad y á su patria.

No así el poderoso rico, que por su egoismo refinado, solo se ocupa de ver como aumenta sus riquezas; no inventa nunca algo útil para su patria, pero sí, abunda en combinaciones para chupar la sangre de la clase trabajadora y menesterosa.

En cuanto á la clase humilde, la ignorancia le limita su acción y nada puede hacer ni aún en beneficio de sí misma.

Así es que, probada como está la utilidad de la clase media, rogamos á nuestro Gobierno se digne impartirle toda su protección no solo porque es la que sufre más por su misma condición, sino porque con ella siempre tendrá un poderoso elemento que le ayude á llevar á feliz término todo el programa que se proponga para el afianzamiento de la paz como base, y el engrandecimiento de nuestra patria como fin.

Hasta aquí la parte expositiva de nuestra demanda, ahora veamos cómo, á nuestro juicio, puede llevarse á la práctica:

Los terrenos donde deba establecerse la Colonia, deberán elegirse en una de las zonas en que las lluvias no escaseen y que haya, si es posible, agua suficiente para regar, ó cuando menos, para el consumo general de la Colonia, pues si no la hubiere, para lo primero, se procurará adquirirla por algún medio.

Una, electo el terreno ó lugar por los mismos colonos, el Gobierno se encargará, de acuerdo con ellos, de arreglar la compra con el dueño ó dueños, y, consumada ésta, se procederá á la repartición de 42 hectáreas por colono, cuya cantidad de terreno es la propia para que el colono pueda dedicarse exclusivamente á su cultivo y le permita aún usar maquinaria agrícola, etc.

El colono adquirirá su fracción por el mismo costo de compra, dándole luego el Gobierno su escritura de propiedad, para que no solo trabaje con empeño, sino procure hacer á su fracción todas las mejoras necesarias.

Si fuere preciso hacer algunas obras de irrigación, éstas se ejecutarán luego que esté la Colonia establecida con dinero que el mismo Gobierno proporcionará, cuyos gastos se repartirán entre todos los colonos.

El pago del capital total de cada fracción lo hará el colono en veinte anualidades, pagando un 2% de rédito sobre dicho capital, y comenzando el primer abono al año de haber recibido el terreno, computando el año de Agosto á Agosto.

Durante diez años el colono no pagará ninguna contribución sobre su propiedad.

Mientras el colono no acabe de pagar su fracción, no debe gravarla en manera alguna, y solo en caso de muerte ó de algún motivo poderoso, puede transferirla, avisando antes al Gobierno para que inscriba al nuevo dueño.

En cuanto á la clase humilde, en la que se cuentan todos los peones de las haciendas, así como los que viven en los pueblos sin propiedad territorial, se hará una convocatoria por medio de los Jefes Politicos y los Presidentes Municipales, para que se inscriban unos y otros en listas que formarán los Presidentes, y todos los peones de las haciendas inscriptos, se agregarán al pueblo que ellos elijan, y una vez hecho el cómputo respectivo de cada pueblo, se sabrá qué cantidad de terreno necesita proporcionársele, calculando una y media hectareas por cada individuo de los inscriptos, y esa razón pasarsela al Gobierno para que gestione con los dueños limítrofes la adquisición de los terrenos, y se reparta á cada individuo la parte que le corresponda.

A cada uno se le dará luego su escritura respectiva y hará su pago en la misma forma que la Colonia, pero sin cobrarle réditos, porque con los que paga la Colonia se puede pagar al Gobierno los gastos que originen todos los procedimientos sobre el particular.

Si esta solicitud fuese digna de concederse, se suplica al Supremo Gobierno, se sirva comunicárselo al que subscribe, como cabeza de la Comisión, para que proceda á convocar á los agricultores del Estado, que quieran formar parte de la Colonización, y nombre de entre ellos sus representantes en la forma debida para los trabajos subsecuentes.

Antes de terminar, nos permitimos hacer la observación siguiente: supongamos que cada caballería de tierra cueste al Gobierno 10,000 pesos; las 6,000 que se proponen, le costarían sesenta millones; pero si atendemos á que en la mayor parte de los Estados se pueden conseguir terrenos hasta 2,000 pesos por cada caballería, en resumen, puede el costo total llegar á 40 millones; pero sea una ú otra, la cantidad es relativamente corta para la que el Gobierno tiene dedicada para tal objeto.

Por otra parte, la realización de este proyecto, es sumamente sencilla y por lo mismo, se presta á una realización violenta, por medio de una convocatoria general y disponiendo que cada Gobernador ayude y se encargue de plantear en su propio Estado la Colonia que le corresponde, adaptando la iniciativa á las circunstancias, costumbres, clima y productos naturales de la localidad, y solo estableciendo, como regla general, é imponiendo á cada colono la obligación de sembrar en su lote no menos de dos fanegas de maiz y todo el frijol que pueda, para obtener el resultado que se pretende, y es el de hacer bajar los inmoderados precios de los artículos de primera necesidad; logrando ésto, habremos alcanzando un primer triunfo sobre las dificultades actuales. Después veremos.

Teniendo la creencia, y casi la seguridad de que repartidos los seis mil colonos en todo el País, en la forma indicada, serán una garantía para el afianzamiento de la paz y tranquilidad pública, esperamos de la ilustración y patriotismo de ese H. Ministerio vea con interés esta iniciativa, nacida con el exclusivo fin de ayudar á nuestro Gobierno con nuestro grano de arena á solucionar en parte la cuestión agraria y económica, y en parte, también, la política.

Con este motivo, a nombre de mis compatriotas, anticipo al H. Ministerio mis más cumplidas gracias, protestándole mis respetos.

Texmelucan, 24 de Diciembre de 1911.

Rafael Z. Luna
[Rúbrica]

Al C. Ministro de Fomento,
Colonización é Industria.
México. D.F.

Fuente:

María de los Angeles Suárez del Solar (recopilación e introducción). Francisco I. Madero. Antología. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Archivo General de la Nación. Archivo de la Secretaría Particular del Presidente Francisco I. Madero. Loc.: caja 64, documentos 2822 y 2823. México, 1987. p. 155-159.