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Siglo XX > 1910-1919 > 1911

Carta de Francisco I. Madero a la Junta Iniciadora de la Reorganización del Partido Liberal.
México, D.F., 28 de Diciembre de 1911.

Acuso á ustedes recibo de su Memorial fecha 24 del actual que paso á contestar.

Veo con pena las apreciaciones pesimistas y apasionadas que hacen ustedes de la situación porque atraviesa la República, asegurando que el descontento crece día á día; que la tranquilidad no se restablece en las conciencias ni la paz llega á reinar en los hechos y menos todavía en los espíritus, y que el País se siente defraudado en sus esperanzas; asegurando igualmente que me he rodeado de los peores auxiliares de la tiranía, desde el científico puro hasta el incondicional Porfirista, los que, en concepto de ustedes siguen disfrutando de una influencia que ya no deberían conservar; diciéndome además, que han triunfado el Martinismo en Puebla, el Dehesismo en Veracruz y el Rabasismo en Chiapas.

También hacen apreciaciones desfavorables respecto á algunos de los miembros de mi Gabinete y á algunos de los funcionarios y empleados más conspicuos de mi Administración, asentando entre otras la especie de que el Sr. Heriberto Barrón es Agente Financiero de la República en New York, lo que no es exacto, pues desempeña un puesto muy secundario.

Por último, afirman ustedes que se excluye y posterga de una manera sitemática a los revolucionarios, con lo que no se consigue sino agravar la situación y convertir en adversarios rencorosos listos á volver á la lucha, á los buenos y leales amigos de ayer.

Califican de extraña mi política, que, según Ustedes, consiste en favorecer y halagar á los enemigos y en humillar á los elementos revolucionarios.

También hablan con frecuencia de atropellos á las soberanías de los Estados, de imposición de candidatos oficiales y hacen hincapié en la prisión del periodista Carlos R. Menéndez, á quien llaman intrépido defensor de las libertades.

En contestación, manifiesto á ustedes que en mi concepto la situación no es difícil, ni hay tal intranquilidad en los ánimos, exceptuando en las redacciones de algunos periódicos, que se complacen en publicar noticias alarmantes y sumamente exageradas.

Es completamente injustificada la afirmación que hacen respecto á candidatos oficiales y no sé por que dicen que triunfó el Martinismo en Puebla, cuando es público que el Lic. Meléndez fue desafecto de la Administración del General Martínez y que los Diputados que fueron más adictos á este Señor se abstuvieron de dar su voto en favor del Sr. Meléndez cuando la Legislatura del Estado se erigió en Colegio Electoral.

Pero, aún en el caso que se hayan ustedes equivocado al decir Martinistas y que hayan querido decir Melendistas, es también completamente injustificado el cargo, pues el Lic. Meléndez fué declarado Gobernador del Estado, porque fué el que obtuvo mayor número de votos en los comicios sin que hubiese habido presión oficial.

Prueba de ésto fué que nunca se alegó tal presión, sino hasta después que la Legislatura hizo la declaración de quién era el Gobernador Constitucional; y el mismo Lic. Meléndez durante la campaña política, repetidas veces se quejó de que el elemento oficial de Puebla apoyaba otras candidaturas.

Nada puede comprobar mejor mi respeto á las prácticas democráticas, que las elecciones Municipales en esta Capital.

La candidatura triunfante fué la del Partido Constitucional Progresista, candidatura que no conocí sino tres días antes de las elecciones primarias y que emanó directamente del pueblo, supuesto que los electores designados por éste en la campaña presidencial, se reunieron en cada Distrito Electoral para designar un Regidor y un Suplente.

Este procedimiento tan democrático hizo contraste con el empleado por el Partido Católico y por el Liberal, los que formaron sus respectivas candidaturas, reuniéndose un número limitado de personas para después proponer los candidatos al pueblo.

Por esto no debe haber causado extrañeza que triunfase el Partido Constitucional, más democrático en sus procedimientos.

En cuanto á lo de Veracruz, mi intervención se limitó á dar á la Legislatura las garantías que me pidió, pues el Gobernador Aillaud le impedía deliberar con libertad, amenazándola constantemente, por cuyo motivo, la misma Legislatura no podía evitar que el Gobernador se valiese del elemento oficial para apoyar su candidatura, ni que persiguiera á los demás partidos políticos y falsease por completo los principios de la revolución.

Por otra parte el nuevo Gobernador ha encontrado el Tesoro del Estado sumamente mermado durante el tiempo del Sr. Aillaud, lo que probablemente se debe á una mala administración.

Y la prueba de que mi actitud en este caso fué acertada, es que la inmensa mayoría de los veracruzanos, ha aprobado mi conducta y me ha dado muestras de agradecimiento, y sólo el reducido número formado por el elemento oficial que sostenía á Aillaud, se ha mostrado descontento.

En la cuestión de Chiapas, la actitud del Gobierno ha sido inspirada en el más puro patriotismo y no sé como podría haber obrado de otra manera sin violar abiertamente la Soberanía de aquel Estado al atacar á todos los Poderes constituidos.

Esta contradicción en que incurren ustedes al calificar de atentado contra la Soberanía de los Estados, la legítima intervención que tuve en los asuntos de Veracruz y el desaprobar que no interviniera en Chiapas, para lo cual si hubiera sido preciso violar su Soberanía, es la misma contradicción en que incurren todos los oposicionistas sistemáticos y los candidatos vencidos, pues nada menos en Puebla los que más se quejan de una intervención mía en favor de Meléndez, son los candidatos cuyas pretensiones no quise apoyar porque estimé que habría sido violatorio de la Soberanía del Estado, servirme de mi influencia para hacer que la Legislatura designara como Gobernador á alguno de los candidatos que tuvieron menor número de votos ó bien para que hubiese declarado nulas las elecciones sin causa justificada, lo que por otra parte, hubiera sido muy inconveniente, porque á nadie se le oculta cuán necesario es que los Estados entren lo más pronto posible dentro del régimen constitucional.

Respecto á lo de Oaxaca, lo que ustedes califican de enérgica actitud del Gobierno y del Pueblo, que se irguió altivo en defensa de sus derechos, no ha sido sino pura fantasía de la prensa, pues jamás intenté nada contra la Soberanía de aquel Estado.

Sí intenté amistosamente sanjar la cuestión de Juchitán para evitar derramamiento de sangre, lo que á pesar de todas las dificultades que me creó la prensa alarmista, logré en gran parte, y únicamente es de lamentarse y lamento el atentado de que fué víctima el Lic. Gómez, que por fortuna no puede imputarse sino á unos cuantos de sus enemigos que cometieron ese crimen, el cual será castigado debidamente por las autoridades locales que lo reprueban.

Por lo que toca al Sr. Carlos R. Menéndez á quien ustedes llaman intrépido defensor de las libertades, les diré que nunca asumió una actitud franca en defensa de nuestros principios, y que, durante la revolución fué de los que nos atacaron.

Por consiguiente, no sé cuándo defendió con intrepidez la libertad y solamente sé que usó de ella durante la campaña activísima que emprendió contra el actual vice-Presidente de la República cuando era candidato al Gobierno de Yucatán, campaña que aunque violenta, estuvo en su derecho de hacer y que por lo mismo no puedo reprocharla; pero sí me resisto a aprobar su conducta cuando una vez terminada la campaña electoral invitó abiertamente al Pueblo Yucateco á la rebelión, logrando en parte, sus funestos propósitos.

Por lo demás mi Gobierno no ha intervenido para que se castigue á Menéndez, pues es un asunto meramente local y privado y el proceso sigue su curso ante los Tribunales del Estado.

La Justicia Federal se limitará á impartirle toda clase de garantías como á cualquiera acusado; pero estas garantías no pueden llegar al extremo de dejar impune los delitos sean del orden que fueren: comunes, políticos, de prensa, etc.

En cuanto á los proyectos que dicen ustedes han surgido en las más altas esferas oficiales contra la libertad de imprenta, puedo asegurarles que son falsos los rumores que maliciosamente se han hecho circular, pues sí es verdad que en Consejo de Ministros se ha tratado algunas veces acerca de la actitud inmoderada de la prensa, ni se ha pensado coartar la libertad, ni menos se ha llegado á tomar acuerdo alguno en este sentido y sólo se ha pensado en exigir veracidad en los periodistas que, con sus escritos alarmantes, pueden desviar tanto la opinión pública, pues se ha visto que desgraciadamente la actitud de gran parte de la prensa de esta Capital y de los Estados está infundiendo profunda alarma en todas las clases sociales y han logrado llevar tal intranquilidad al extranjero; que numerosos capitales que habrían venido á nuestro País á fertilizar nuestros campos, á hacer prosperar nuestras industrias y con ello á aumentar el salario de los trabajadores, han dejado de venir; y todos estos males se causan á la Patria, únicamente por la inmoderada ambición de lucro de algunos periodistas, que quieren publicar noticias sensacionales para dar mayor circulación á sus diarios, ó bien porque las arcas del tesoro nacional no se han abierto para subvencionarlos.

Puedo afirmar á ustedes, que la mayor parte de los periódicos que atacan á mi Gobierno, lo hacen para obtener una subvención; pero á pesar de ello, las arcas del tesoro no se abrirán nunca para comprar plumas, pues para ello [ilegible] las plumas honradas, y la conciencia del pueblo mexicano, cuyo buen juicio no ha logrado torcer la mala prensa, ni en tiempos de la dictadura en que cantaban hossanas al Dictador, ni en estos tiempos en que suspirando por aquellas subvenciones, pretenden desprestigiar á mi Gobierno.

Para evitar estos desmanes de la prensa, se impone la necesidad de una ley de imprenta, pues en la actualidad no tenemos ninguna que merezca ese nombre.

Soy partidiario de que los delitos de imprenta sean calificados y sentenciados por jurados, á fin de que tengan toda clase de garantías los que quieran emitir su pensamiento por medio de la prensa; pero es indudable que esta ley es indispensable á fin de tener una norma segura para guiarnos, pues en la actualidad es necesario recurrir á los Tribunales y á los procedimientos ordinarios para castigar cualquier delito de imprenta y siempre es odioso este procedimiento; pero mientras no haya una ley apropiada, será inevitable recurrir á este medio en casos extremos, pues aunque mi Gobierno, como legítimo defensor de los principios democráticos, reconoce los grandes beneficios que la libertad trae al País en todos sentidos, también está convencido de que, para ser provechosa, debe tener por base la ley, pues de lo contrario se convierte en libertinaje y lleva á los pueblos á la anarquía y á la ruina.

Por último, se quejan ustedes de persecusiones que sufren los miembros de su Partido por el Gobernador de Zacatecas, así como por los de Sonora, Chihuahua y Chiapas. Es la primera noticia que tengo de esas persecuciones.

Que los quejosos pidan amparo á las autoridades federales y se les concederá en todos los casos en que tengan la justicia de su parte, porque los tribunales obran con absoluta independencia y justificación; pero mucho me temo que ustedes hayan dado crédito á noticias infundadas que hayan llegado á sus oídos.

El medio que me indican ustedes para remediar todos esos males, de que traiga para mi colaboración elementos sanos y nuevos de la gente nueva que tiene fé en los principios proclamados y que ha de cumplir con buena fé, es la política que he seguido; y ahora que es oportuno, repetiré en público las palabras pronunciadas en un brindis, en una fiesta privada: que me siento orgulloso de mi Gabinete, porque tengo la convicción de que está integrado por hombres honrados, laboriosos, de recto criterio y que están inspirados en el más puro patriotismo.

Así he procurado elegir á todos mis colaboradores en todos los ramos de la Administración, sin preocuparme por los partidos políticos á que antes hubiesen pertenecido, pues desde que soy el jefe de la Nación, debo obrar como tal, y no como jefe de determinado partido político.

Tengo la conciencia de haber hecho todo lo posible por mis leales y buenos compañeros de armas, y por los que me acompañaron en la lucha democrática; pero si algunos no han obtenido en premio á sus servicios algún puesto público, no, creo que por eso quieran rebelarse, porque los que verdaderamente me ayudaron en los momentos difíciles, no lo hacían por obtener algún empleo: únicamente se lanzaron á la lucha dispuestos á sacrificarse por la Patria con el único deseo de reconquistar nuestras libertades.

Una vez obtenido, ésto, muchos de ellos han vuelto á sus ocupaciones anteriores y á algunos de los más conspicuos me vi precisado á hacerles un llamamiento en nombre de la Patria para que siguieran en sus puestos, pues deseaban retirarse á la vida privada. Puedo citar, entre otros, á los Generales Orozco y Figueroa.

A propósito de este último, la, actitud de "El Diario del Hogar" redactado por uno de los firmantes del memorial que contesto, en el asunto de Morelos, haciendo una defensa inmoderada de Zapata y atacando con apasionamiento á Figueroa, que es uno de los hombres que más servicios prestaron á la revolución, ha contribuido á envalentonar á los zapatistas, quienes con las noticias falsas que prepara la prensa, creen que no se les podrá sofocar, porque la mayor parte del País está en rebelión.

Esta actitud de la prensa alarmista y del "Diario del Hogar"; que ha llegado á insinuar la calumniosa versión de que mi Gobierno subvenciona algunos periódicos; es la que está causando la intranquilidad en las conciencias.

Pero volviendo á los que prestaron servicios á la revolución, en todas las Secretarías del Estado se hace lo posible por dar empleo á los que verdaderamente prestaron esos servicios, y para ese objeto he dispuesto la creación de un Departamento especial en el Ministerio de Gobernación; pero no es posible ocupar desde luego a todos los que lo solicitan; en primer lugar, porque la mayoría no tiene los méritos que alega y en segundo, porque no es justo el privar de un puesto á un empleado cumplido y honrado y que no tomó parte activa en la política, únicamente porque sirvió a la Administración pasada, de la que quizá también fué víctima, pues bien sabido es, que solo un pequeño grupo fue el beneficiado con el régimen de la Dictadura.

Comprendan ustedes que también ellos son mexicanos y hermanos nuestros y que tienen derecho á que se les trate como á tales.

Que el Presidente del Partido de ustedes, les refiera un caso en que él mismo intervino, al tratarse de destituir á un antiguo empleado muy honorable, para poner en su lugar á una persona que había prestado servicios á la revolución.

No obstante las dificultades naturales de todo Gobierno que principia, aseguro á ustedes que si todos me ayudasen de un modo desinteresado y patriótico, los problemas que tenemos enfrente, se resolverían con mayor facilidad.

Pero desgraciadamente la libertad que hemos conquistado, ha hecho que se manifiesten ambiciones desordenadas é insaciables, á tal grado, que en muchos casos los candidatos vencidos en las elecciones, tanto generales como locales, no se conforman con la voluntad de la mayoría de los sufragantes y quieren recurrir á las armas, como ha pasado con el Gral. Reyes y el Lic. Vázquez, mis contendientes en la campaña electoral y con el Lic. Moreno Cantón en la campaña local de Yucatán.

Pero á pesar de todo veo el porvenir de la República muy grande y glorioso, pues sé que al lado de una ínfima minoría que procura desprestigiar á mi Gobierno, porque no ha visto sus ambiciones satisfechas ó simplemente porque sus opiniones no coinciden en todo con las del Gobierno, existe la inmensa mayoría del Pueblo mexicano, cuya abnegación y patriotismo son indudables como ha dado pruebas, de las cuales no le creían capaces algunos de ustedes mismos, pues bien recordarán que cuando los invitaba á mi campaña política me decían que el Pueblo no respondería al llamado que yo le hacía y que no tendría la fuerza suficiente para romper sus cadenas.

Pues bien, en aquellos momentos yo sí tuve fé en el Pueblo Mexicano y la sigo teniendo.

Sé que me acompañó en los momentos más angustiosos; que conmigo luchó y venció; que con su voto casi unánime me llevó al poder; y sé que honradamente estoy haciendo todo lo posible por lograr su bienestar y su grandeza; pero esto no es obra de un día ni de un hombre; únicamente podré, durante el corto periodo de mi Administración, sentar las bases del futuro engrandecimiento de México; pero para ello necesito precisamente la ayuda de ese Pueblo, que me la dará.

Por último, tengo también fé en la Democracia, y sé que un Gobierno democrático como el mío, puede ser fuerte, y lo es, porque con él está la mayoría de la nación.

Agradezco á ustedes que reconozcan que se ha hecho algo bueno en mi Administración, aunque sea bien poco, según lo que ustedes dicen, pues de todos los actos de mi Gobierno únicamente ha merecido su aprobación, la actitud del Ministerio de Justicia en el asunto de Yucatán.

Para terminar, puedo asegurar á ustedes, que las quejas de la parte sana del País y las reclamaciones de los verdaderos patriotas, serán acogidas por mí; pero también les aseguro, que cerraré mis oídos á las exageraciones de la prensa y á las pasiones de partido.

Protesto á ustedes la seguridad de mi atenta consideración.

Libertad y Constitución.

México, D.F., 28 de Diciembre de 1911.

Fco. Y. Madero
[Rúbrica]

A la Junta Iniciadora de la Reorganización del Partido Liberal,

PRESENTE.

Fuente:

María de los Angeles Suárez del Solar (recopilación e introducción). Francisco I. Madero. Antología. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Archivo General de la Nación. Archivo de la Secretaría Particular del Presidente Francisco I. Madero. Loc.: caja 57, libro copiador de F.I.M. no. 1, fojas 125-135 y 502. México, 1987. p. 12-19.