Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

      1910-1919

          1919

          1918

          1917

          1916

          1915

          1914

          1913

          1912

          1911

          1910

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1910-1919 > 1911

Actividades políticas y revolucionarias de los hermanos Flores Magón. Documento 153.
Tacubaya, noviembre 30 de 1911.

 

Informe del Gral. Manuel Gordillo Escudero, de la región geográfica de la Baja California, así "como de las medidas que es indispensable tomar para que... no sea invadido por partidas armadas que con la denominación de socialistas, magonistas u otras, espían constantemente en el lado americano oportunidades que los favorezcan para hollar nuestro territorio..." [A.G.N.]


GUERRA Y MARINA

En el presente informe no me ocuparé de Defensa Nacional propiamente hablando, sino de las medidas que es indispensable tomar para que el distrito Norte de la Baja California no sea invadido por partidas armadas que con la denominación de socialistas, magonistas u otras, espían constantemente en el lado americano oportunidades que los favorezcan para hollar nuestro territorio.

El distrito del Norte comprende dos regiones geográficas prácticamente divididas por una cordillera inexpugnable. La primera de esas regiones está limitada al Norte por la línea divisoria, al Poniente por el Océano Pacífico, al Sur por el distrito de este rumbo del territorio, y al Oriente por esa serranía de que he hablado y que se domina de los Picachos o del Rayo. Prácticamente esta región es a su vez, una gran serranía con altas montañas que forman amplios valles, hermosas cañadas, y peligrosos cañones, por manera que las crestas naturales y los desfiladeros, son la constante fisonomía táctica de la región.

De la costa del Pacífico se asciende suavemente hasta la cima de la sierra de los Picachos, pero la vertiente Oriental de dicha sierra es rapidísima casi a pico, para descender hasta una depresión enorme del terreno que forma una cuenca muchos metros más baja que el nivel del mar. De ésto resulta que la primera región está aislada por caminos fáciles de la segunda: en la primera hay en todas direcciones caminos carreteros, abandonados, es cierto, pero por los que puede cruzar Artillería de campaña y carros de transporte, mas estas vías son bruscamente interceptadas sobre todo en el Norte por la sierra del Rayo o de los Picachos dentro de la cual cruzan, pero no pueden seguir para la vertiente Oriental por lo rápido de las caídas de esa serranía.

Existen algunos pasos para franquearla: el primero, de Norte a Sur, que es el que aproxima más a Ensenada de Mexicali, y por donde se encuentran elementos de vida, se llama de los Picachos. Partiendo de Ensenada se llega por camino de rueda hasta el rancho de Alamito (seis jornadas de infantería por lo menos) y en ese rancho comienza el descenso que termina en el aguaje de los Muertos: son unos cuantos kilómetros pero de un camino imposible, pues hay lugares en que no pueden pasar las mulas cargadas, siendo preciso descargarlas y conducir a brazo los efectos. Todo este desfiladero está dominado por crestas inaccesibles y en consecuencia no debe jamás atravesarse si no es después de una cuidadosa exploración y con grandes precauciones. Con todo, y tan serios inconvenientes, es el paso obligado de nuestras tropas de la primera región que estoy describiendo, a la segunda que describiré después.

Al Sur de ese paso se encuentran el de Juárez, el de Guadalupe y el del Rubí. Este último, casi en la punta Sur de la serranía. Por los pasos de Guadalupe y del Rubí, aunque con serias dificultades se pueden hacer pasar carros, pero para proseguir la marcha hasta Mexicali existe el grave inconveniente de que hay que atravesar un gran desierto carente de agua y absolutamente desprovisto de elementos para la subsistencia de las tropas. No puede pues por tanto, ser utilizado ese itinerario para columnas de mediano efectivo siquiera y que lleven Artilleria, porque no encontrando elementos de vida en el país, tendrían que llevar una impedimenta enorme que dificultaría sus operaciones, y entorpecería la rapidez de su marcha hasta ponerla en riesgo de su propia existencia.

Los pequeños destacamentos podrían pasar, por la mayor rapidez de sus movimientos, pero sería muy remoto el caso de tener necesidad de aventurar a tan grande distancia a tropas en número reducido, por otra parte la distancia de Ensenada a Mexicali por los pasos de Guadalupe o el Rubí se aumenta en dos o tres jornadas de infantería.

He entrado en estos detalles para poder demostrar la separación efectiva de las dos regiones geográficas de que he hablado.

Como en este estudio la parte interesante es la de la frontera del Norte a ella me contraeré sin ocuparme de la parte Sur del distrito más que en lo relativo al cuidado de la costa.

En la primera región geográfica se encuentran de Poniente a Oriente y sobre la línea divisoria los siguientes puntos: San Antonio de los Buenos, rancho en la orilla del mar que cuenta con un desembarcadero utilizable en caso ofrecido. A tres leguas está el poblado de Tijuana; siete leguas más al Occidente el rancho de San Isidro; a tres leguas de éste y siempre sobre la línea, Tecate; a cuatro leguas y retirándose ligeramente de la línea el rancho de Valentín; a seis u ocho leguas sobre la línea divisoria y dentro de la sierra del Rayo el rancho de Jacumba. Entre Ensenada y Tecate o Tijuana hay muchas rancherías pero las principales son la colonia rusa de Guadalupe, el valle de las Palmas y el Carrizo donde se bifurca el camino nacional para Tecate y Tijuana.

De Ensenada hacia el Oriente están Real del Castillo, y al Sur de éste el Álamo, punto muy importante porque es casi el paso obligado de la sierra del Rayo para internarse al Sur del distrito. Al sur de Ensenada y casi paralelamente a la costa del Pacífico se encuentran Santo Tomás, San Vicente, San Telmo, el Puerto de San Quintín, el Rosario y el Puerto de Santo Domingo.

La segunda región geográfica está limitada al Norte por la línea divisoria, al Occidente por la sierra de los Picachos, al Sur y Sureste por la sierra de San Pedro mártir y el Golfo de California, y al Oriente por la línea divisoria con el territorio de Arizona y el río Colorado hasta su desembocadura en el Golfo de Cortés. Como antes he dicho esta región la forma una gran cuenca pero en ella se levanta la pequeña sierra de Cucapá que como la del Rayo corre de Norte a Sur y son casi paralelas. Entre ambas sierras está el gran desierto de que antes he hablado y al pie de la sierra del Cucapá, hacia el Oeste de ella, se encuentra la gran laguna Salada formada a costa de los desbordamientos del río Colorado o del Hardey (no puedo precisarlo), cuyas aguas por efecto del reflujo de las del mar se han saturado de sal a tal grado que el agua de esa laguna es tan salobre como la del mismo mar.

Desde la falda Oriental de la sierra de Cucapá hasta las márgenes del río Colorado se extiende un hermoso valle que será de incomparable fertilidad y riqueza cuando esté bien poblado, cultivado y regado por las aguas del río. No faltan sin embargo en él sobrados elementos para la subsistencia de las tropas, porque existen bastantes terrenos de labor en cultivo que darían todos los forrajes que se necesitaran, grandes recursos para la alimentación de las tropas, complementarios con lo que fuese preciso adquirir en los Estados Unidos. Esta región es muy vasta y estando aislada de una manera absoluta de Ensenada como base de operaciones, porque no tiene hilo telegráfico directo, la distancia es tan grande, y sus caminos casi inaccesibles en la parte de cruzamiento de la sierra del Rayo, necesita forzosamente conservar cierta autonomía.

Delineada la fisonomía geográfica de ese distrito cuyo mando militar se dignó confiarme el Supremo Gobierno paso a exponer la división militar que en mi concepto conviene para su seguridad y que en parte está ya implantada.

Considerada como base de operaciones Ensenada no sólo por su importancia política y comercial, sino por el dominio que tiene de los caminos y del mar sobre todo, único medio de comunicación con el centro del país, tracé sobre el plano, sirviéndome de centro Ensenada, dos radios: uno de Ensenada hasta el Alamito en la sierra del Rayo, y otro de Ensenada hasta el puerto de San Felipe en el mar de Cortés, quedando así dividido el distrito, con excepción del valle de Mexicali en tres sectores: el primero, San Antonio de los Buenos, Ensenada y Alamito; el segundo, Alamito, Ensenada, y San Felipe; el tercero San Felipe, Ensenada y el puerto de Santo Domingo. En cuanto a la región de Mexicali la consideré como sector autónomo dándole esa denominación por razón de orden y método en la terminología, por más que en realidad nada tenga de sector.

De los tres primeros sectores el más importante es el primero porque comprende la línea fronteriza San Antonio de los Buenos-Jacumba, y le corresponde conservar el dominio del paso de los Picachos en el Alamito; dentro de su perímetro tiene buenos elementos de vida y caminos en todas direcciones.

El segundo sector prácticamente no tiene más lugares importantes que Real del Castillo y el Alamo especialmente este último que como antes he dicho es el paso obligado de la sierra del Rayo al Sur del distrito. Debe sin embargo vigilarse hasta el puerto de San Felipe porque a pesar de separarlo un gran desierto y estar totalmente despoblado, puede ser lugar posible de pequeñas invasiones a través del Estado de Sonora.

En cuanto al tercer sector que es el más extenso de todos, es también el de menor importancia, considerado militarmente, pues para que un enemigo cualquiera llegase a él, necesitaría haber destruido los elementos de defensa de los dos sectores anteriores: exige más bien cuidado por el lado del mar, con embarcaciones apropiadas.

Hecha la división militar del distrito paso a ocuparme de la distribución actual de las tropas, examinando las deficiencias de ella y las necesidades que faltan de llenar.

En el primer sector sólo tengo cubiertos en la línea fronteriza San Antonio del Mar-Jacumba, los puntos de Tijuana y de Tecate, con ciento veinticinco hombres cada uno de ellos, más una ametralladora, una sección del servicio sanitario y un Oficial de estado mayor en Tijuana donde se encuentra el Comandante de la línea que es el Teniente Coronel del 25o. Batallón. En Tecate hay una guerrilla de quince voluntarios que excursiona desde ese punto por Valentín, Las juntas, Neji, Jacumba hasta el Alamito, para vigilar esa región tan propicia a invasiones y asegurar en lo posible el paso de los Picachos.

En la colonia de Guadalupe tengo otra guerrilla de voluntarios para ligar hasta donde es posible las tropas de la línea fronteriza con Ensenada como base de operaciones: además esa guerrilla puede utilizarse para cualquiera protección inmediata en la frontera.

En el sector autónomo de Mexicali hay doscientos veinticinco hombres de infantería, una ametralladora y una sección del servicio sanitario, todo a las órdenes del Mayor de Caballería Esteban Cantú cuya conservación en ese lugar es muy importante por el exquisito tino y prudencia que ha demostrado, así como sus grandes aptitudes lo hacen muy digno de que sea estimulado y de la consideración del Supremo Gobierno. Las tropas de esa región cubren el destacamento de los Algodones a quince leguas de Mexicali y ligado a este poblado por el ferrocarril Inter California; el de las compuertas a seis kilómetros poco más o menos de Mexicali y que es de suma importancia por ser esas compuertas las obras más importantes de la compañía de aguas y dar servicio internacional. Este punto lo he tratado con mayor detenimiento al ocuparme de los ramos de Fomento y Relaciones.

Cubren otro destacamento en un canal de madera que lleva las aguas de las compuertas sobre el lecho, o mejor dicho atravesando el lecho del río Nuevo, cuya obra es también de interés cuidar porque cualquier desperfecto en ella haría que las aguas tomasen el cauce de este río en vez de seguir por los canales que las conducen a los Estados Unidos y por último cubren esas tropas la guarnición del pueblo de Mexicali. A esa guarnición hay anexa otra guerrilla de voluntarios que son apenas diez o doce y tienen que vigilar por el Poniente hasta el Aguaje de los Muertos para asegurar por este lado el paso de los Picachos; por el Norte más de veinticinco leguas de frontera; y por el Oriente toda la margen derecha del río Colorado hasta su desembocadura, lo cual, Señor, es humanamente imposible.

En Ensenada conservaba yo al grueso del 8o. Batallón que sólo daba un pequeño destacamento en el Álamo, otro en San Vicente y otro en San Quintín, y a la compañía fija del norte como sostén permanente de la Batería de Artillería de Montaña anexa a la Brigada. Allí están también la jefatura del servicio sanitario, Oficiales de ingenieros, el estado mayor de la brigada, el depósito de vestuario y los diversos Parques.

El segundo sector tenía cubierto el punto del Álamo con cincuenta infantes y una pequeña guerrilla de voluntarios para excursionar por Real del Castillo, Sur de la sierra del Rayo y valle de la Trinidad hasta San Felipe.

En el tercer sector sólo tenía diez infantes federales, en San Vicente; y quince en San Quintín. El resto de su demarcación estaba cubierto con pequeños destacamentos de gendarmes del distrito convenientemente distribuidos.

Las tropas de Ensenada formaban la debida reserva para emplearlas en su caso, donde las necesidades lo exigieran.

La absoluta falta de Caballería me impidió dar otra organización más racional y conveniente.

Es un grave mal que nuestras tropas se estacionen precisamente en puntos sobre la línea divisoria tal como hoy sucede. Las deserciones aumentan con el aliciente de los altos jornales que se pagan del lado americano y cada hombre que se deserta es un enemigo de mañana, primero porque sienten sobre sí el peso del delito, y después porque para obtener trabajo en los Estados Unidos necesitan pertenecer a la "Unión del Trabajo" y en ésta no los admiten si no se hacen previamente ciudadanos americanos y por otra parte tales agrupaciones son profundamente socialistas.

Además de las deserciones hay el peligro de que sean maleados por el contacto constante e inevitable por la falta de cuarteles apropiados, con agentes del socialismo que constantemente los asedian.

Y en el orden militar, es bien sabido lo inconveniente de entablar combates en poblaciones fronterizas por el peligro de complicaciones internacionales.

Por tales razones creo que nuestra línea de defensa de invasiones filibusteras, debe de estar a prudente distancia de la línea divisoria y sólo dejar pequeñas guarniciones de observación, y de tropas escogidas y muy bien gratificadas, en las poblaciones fronterizas. En el primer sector me he fijado en el Carrizo, donde podía estar un núcleo respetable de tropas bajo el cuidado y dirección de sus Jefes superiores listos para ocurrir a la protección de Tijuana y de Tecate, pues en el Carrizo se bifurcan los caminos para esos lugares habiendo una jornada a Tijuana y media jornada a Tecate. Bastarían dos compañías de un Batallón, pero completas, y de ellas se podría proveer a pequeños destacamentos en Tijuana para los cuales se establecería como regla, que constituiría tal servicio un premio. Así se desarrollaría una saludable emulación y efectivamente la gente destinada a tal destacamento convendría que tuviera como premio efectivo doble haber.

Un cuerpo de rurales es indispensable porque sin caballería y con gente que no sea voluntaria, jamás será bien cubierta esa frontera. La matriz de este cuerpo convendría establecerla en las juntas y que de los trescientos hombres de que se compone su efectivo diera por lo menos cien hombres para el sector autónomo de Mexicali, ciento cincuenta para cubrir con pequeños destacamentos toda la línea de San Antonio del Mar-Jacumba organizando patrullas de vigilancia, de reconocimientos, de unión, etc., y otros cincuenta hombres en el valle de las Palmas o en Guadalupe, para ligar los distintos elementos del sistema.

De las otras dos compañías del Batallón de infantería que se destinara (como hoy ya existe) para ese plan, se formaría una pequeña reserva que sirviera de sostén a la Artillería, guarneciendo Ensenada.

La compañía fija podría destacarse íntegra con todo y su matriz a Mexicali para que allí cubriera los servicios de su instituto, tomando su grueso como base el lugar en que están las compuertas que tácticamente es el mejor, porque de allí se protege más eficazmente que de ningún otro punto al mismo Mexicali y se provee con mayor eficacia al cuidado de los destacamentos de Algodones y del Flum (Canal de madera del que he hablado).

La gendarmería del distrito que pertenece al ramo de Gobernación convenientemente organizada, aumentada siquiera a doscientas plazas todas montadas, proveería al cuidado del segundo y tercer sectores destacándola en el Álamo y demás lugares en que fuese conveniente. Una fracción de ella sería útil emplearla educándola debidamente para el servicio de estafetas, estableciendo al efecto los puestos necesarios.

Con este plan general, creo Señor Presidente que la Nación puede estar enteramente tranquila respecto de la suerte de la Baja California en tanto que no llegue el caso de una guerra nacional, en el cual no habrá mexicano que deje de defender su Patria hasta el último extremo, pero por lo que respecta a invasiones filibusteras que pueden ser una de las múltiples causas de conflictos internacionales, no habrá ya nada que temer y la Nación podrá con absoluta tranquilidad dedicarse a laborar en la obra de engrandecimiento de la Península que felizmente ya se esboza.

Naturalmente Señor, que lo antes expresado no es sino el canevá en que deberán bordarse los múltiples detalles de una buena organización militar. Estos los constituyen los servicios de administración, de transportes, de telégrafos y teléfonos, de señales, etc. en los cuales se laborará sin duda al mismo tiempo que se desarrolle un plan, sea el que he tenido el honor de proponer más o menos modificado por la opinión respetable de oficiales más doctos, competentes y expertos que yo, ya sea bajo otro cualquiera, lo que importa es que haya algo firme, sólido y discreto que garantice nuestra autonomía. Voy a terminar pero no debo hacerlo sin antes fijar la alta atención de Ud. en dos puntos de la más alta importancia.

El primero es relativo a alojamiento de tropas que no hay en lo absoluto. Nuestros soldados viven a la pampa, resisten todas las inclemencias del tiempo, y esto, sobre ser penoso por el mal concepto que de ello se formen los americanos, es inhumano y tiene graves consecuencias en el orden disciplinario. Traigo conmigo algunos planos y proyectos de cuarteles, y sólo espero para presentarlos a la Secretaría de Guerra el acuerdo respetable de Ud. que recaiga en el presente informe, si fuese digno de él.

El otro punto es el relativo a comunicaciones marítimas con pequeñas embarcaciones dedicadas exclusivamente al servicio militar. Con dos pequeños barcos de vapor o de gasolina capaces de contener cien o ciento cincuenta hombres y si posible fuera unas diez mulas en sus cubiertas, nuestros transportes de tropas serían rápidos v eficaces: de Ensenada se llegaría a Tijuana en diez o doce horas por San Antonio de los Buenos, en vez de cinco días que ahora se emplean y de Ensenada a San Quintín serían de veinticuatro a treinta horas en vez de siete días.

Nuestro litoral inclusive las islas adyacentes estarían bien vigilados y se evitarían los contrabandos de armas y de municiones, que en caso ofrecido es imposible evitar por hoy .

Si Ud. se digna prestar su atención a lo que dejo escrito, observará sin duda que las tropas así rurales como de línea que estén en la línea fronteriza, y todas las que operen en el sector autónomo de Mexicali, deben estar muy bien retribuídas porque aunque cuando se trate de voluntarios, desertarán y se malearán si no se opone un buen salario a los atrayentes jornales de los Estados Unidos y las halagadoras cuanto falsas promesas de los agitadores.

Tacubaya, Noviembre 30 de 1911.

Manuel Gordillo Escudero

 

Fuente:

Actividades políticas y revolucionarias de los hermanos Flores Magón. DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA Volúmen X. Fundador: Isidro Fabela.
Coordinador: Roberto Ramos V.
Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García, Humberto Tejera.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA.
EDITORIAL JUS, S. A. MEXICO, 1966 pp.434-441.