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Siglo XX > 1910-1919 > 1911

Actividades políticas y revolucionarias de los hermanos Flores Magón. Documento 152.
Tacubaya, noviembre 30 de 1911.

 

Informe del Gral. Manuel Gordillo Escudero, sobre la situación política y administrativa del distrito Norte de la Baja California. [A. G.N.]

 

GOBERNACIÓN

El Distrito Norte del Territorio de la Baja California ha llevado hasta ahora una vida política enteramente artificial que es en mi concepto una de las causas que ha impedido su progreso.

La importancia de esa región, su situación geográfica, y las riquezas naturales que posee y que son aliciente para el desarrollo de grandes ambiciones, exigen una inmediata reorganización administrativa.

Actualmente todo el distrito a pesar de su vasta extensión territorial, forma un solo municipio, la autoridad superior política está sólo representada por el Jefe Político, y las secciones municipales son administradas por Comisarios de Policía que nombra el Ayuntamiento de las ternas que para el efecto le presenta el Jefe Político.

No hay leyes verdaderamente que rijan el funcionamiento de esa imperfecta organización administrativa, pues si bien es cierto que rige la ley de organización del Distrito y Territorios Federales, basta leerla para persuadirse de que esa ley fue hecha para el Distrito Federal y que de los Territorios no se ocupa sino en su título. Las condiciones sociales del Distrito Federal y de los Territorios son enteramente diversas especialmente tratándose del Distrito Norte de la Baja California y del Territorio de Quintana Roo lugares bien conocidos del suscrito. Desde luego el Distrito Federal está perfectamente poblado, tiene todas las condiciones de la civilización para la vida y cuenta con poderosos elementos. Contrayéndome solamente al distrito Norte de la Baja California, se ve que en él las cosas pasan de muy distinto modo.

En toda su vasta extensión apenas hay unos siete mil habitantes que dividiremos en tres grupos: los nacionales, los extranjeros y los allí llamados "Californios", de nacionalidad indefinida pues que toman indistintamente la mexicana, o la norteamericana según a sus intereses conviene en cada caso.

La población netamente mexicana debe formar aproximadamente (no tengo datos precisos del momento) un tercio de la población total, y los otros dos pueden dividirse entre extranjeros y californios.

Los mexicanos en su mayoría no son nativos de la Baja California sino del interior del país y sólo algunos proceden del distrito del Sur, que aun cuando geográficamente forma una región con el distrito Norte, políticamente están tan distanciados por la casi absoluta falta de comunicaciones, como los habitantes de Sonora o Sinaloa.

Basta recordar que ese distrito tiene apenas treinta años de haberse formado y que lo fue a costa de la inmigración que produjo el desarrollo de negocios consiguiente a la primera concesión de terrenos, para comprender que no hay en él nativos con edad suficiente para las funciones políticas. Por otra parte, la población mexicana radica en su mayor parte en Ensenada, cabecera del distrito, y la forman los empleados públicos, algunos comerciantes y unos cuantos labradores. Existen también mexicanos hacia el Sur en el pequeño poblado del Rosario y lugares intermedios como San Quintín, San Telmo, San Vicente y Santo Tomás y de éstos, unos se dedican a la agricultura y otros a la minería. En la línea fronteriza domina el elemento "Californio" especialmente en Tijuana y en Mexicali. En Tecate hay bastantes mexicanos, por ser una región destinada a la colonización de nacionales.

Los extranjeros se encuentran repartidos en toda la demarcación del distrito: son en su mayor parte norteamericanos (que son los mas ricos), y rusos, pero hay también vasco-franceses, españoles, chinos y algunos ingleses y alemanes. Los rusos son alrededor de unas quinientas personas y ocupan un rico valle llamado de Guadalupe a ocho leguas al norte de Ensenada. Los norteamericanos, que como los rusos se dedican en su mayoría a la agricultura y ganadería, están diseminados en ranchos por toda la región, pero hay algunos que tienen comercios en Ensenada y en Tijuana, no faltando un buen número de ellos que explotan en Mexicali de una manera desvergonzada comercios inmorales de prostíbulos, cantinas y casas de juego. Los franceses son agricultores y forman una pequeña colonia en el valle de Mexicali.

Los chinos se encuentran en Ensenada y se ocupan del comercio, en poca escala de la agricultura, del lavado, pero sobre todo del contrabando de sus coterráneos para introducirlos fraudulentamente, en complicidad con los californios, a los Estados Unidos, burlando las leyes de inmigración.

Como he dicho, el territorio es muy vasto y sus comunicaciones difíciles pues para ir de Ensenada a Tijuana o Tecate, se necesitan dos días por lo menos, cinco para llegar a Mexicali a través de desiertos inclementes, dos para llegar al Álamo, mineral que fue próspero y hoy está abandonado, cinco a seis para llegar al Rosario y quince para llegar a Calmallí punto dependiente del distrito norte teóricamente, pero que en realidad por la enorme distancia a que se encuentra, está en la práctica de hecho totalmente substraído a la acción gubernativa: No me he explicado todavía por qué pertenece Calmallí al distrito del norte, cuando sus comunicaciones son relativamente más fáciles con el distrito del sur.

La propiedad no está dividida. Pertenece en su mayor parte a compañías concesionarias y sólo hay algunos pequeños propietarios de los cuales muchos tienen en litigio sus propiedades.

La región es rica. La agricultura, la ganadería y la minería tienen gran porvenir y sólo esperan la mano del hombre para derramar sus frutos. Los americanos del Oeste lo saben perfectamente, mucho mejor que nosotros, porque han hecho un profundo estudio del territorio y lo han explorado científica y cuidadosamente.

Tal es Señor Presidente la fisonomía de la región gobernada hasta hoy, se puede decir de una manera primitiva y quizá a la falta de protección de un gobierno más serio y más responsable, se deban en gran parte las desgracias que hoy lamentamos originadas por las concesiones hechas en esa región que tanto debe cuidarse para nuestra Patria.

Creo insensato que un hombre por docto que se le suponga, por bien intencionado que sea, se constituya de facto en árbitro de los destinos de una parte tan importante de nuestro territorio y hay que tener en cuenta que el hombre como unidad humana es susceptible de todas las debilidades, sobre todo cuando está prácticamente independiente porque no cuenta para normar sus actos ni con el freno de una vigilancia activa y eficaz, ni con el control de un pueblo vigoroso y sano, ni tiene por último responsabilidades ante la ley.

Cuando en Agosto último llegué a Ensenada, me encontré al distrito en una situación verdaderamente anárquica. No había autoridades políticas de ninguna especie, y mis primeros trabajos tendieron a restablecer el orden constitucional procurando el funcionamiento regular de los órganos políticos y administrativos. Después de algunas dificultades lo conseguí utilizando la buena índole de los habitantes y procurando con la mayor prudencia atraer a un pequeño grupo de personas inquietas que no son guiadas por ideales políticos y que sólo toman esa bandera con fines egoístas y meramente personales, y lo que es peor en beneficio práctico de las compañías monopolizadoras de las tierras. Mi primera medida fue dar al Ayuntamiento completa y absoluta libertad renunciando hasta el derecho de veto como autoridad política.

Renuncié también a la facultad de proponer ternas para los Comisarios de Policía, dejando que el Ayuntamiento lo hiciera libremente y recomendándole que a ser posible esos cargos recayeran en personas electas por los pueblos: habiendo encontrado que los dichos cargos estaban desempeñados por gendarmes del distrito para poderlos remunerar, recomendé también a esa Honorable corporación se sirviera señalar sueldo a los Comisarios, para que por ningún motivo las funciones políticas fueran desempeñadas por individuos que tuvieran armas a su disposición como miembros de una corporación armada y poco a poco, a medida que el Ayuntamiento nombraba a sus Comisarios fui retirando a los gendarmes para emplearlos en las misiones de su instituto.

Quise a toda costa Señor Presidente establecer un régimen puro y radicalmente democrático quizá por un sentimiento de egoísmo: el de reivindicar al gremio militar a que tengo la alta honra de pertenecer de las injustas desconfianzas de los diversos partidos militantes que lo consideran una amenaza y lo conceptúan inhábil para otras funciones públicas que no sean las de las armas.

Debo manifestar a Ud. Señor Presidente que soy hijo de un demócrata, oscuro quizá, pero honrado y puro, y desde los primeros días de mi vida se nutrió mi espíritu con ideas de libertad y así pues la labor que me impuse respondía a mis propios sentimientos, y por tanto me fue grata.

Considero a la fuerza pública, no como la opresora de los pueblos, sino en primer lugar como la defensora de nuestro honor e integridad nacional y después como el firme, justo y debido sostén de las autoridades legítimas que para eso la crean, la robustecen, la educan y dignifican, y dentro de ese criterio si bien debe supeditarse a las funciones del poder civil, no por esto aisladamente sus miembros deben estar fuera de los derechos y prerrogativas de los demás hombres.

Así estimando las cosas, procuré hacer una división completa y absoluta de mis funciones gubernativas políticas y militares: en lo objetivo en los sellos, en las ante-firmas, en la redacción de oficios, establecí esas diferencias, y en lo subjetivo procuré formar en mi espíritu una dualidad que me permitiera imprimir en todos los actos de mi vida pública, esa separación de las funciones civiles respecto de las militares.

Llegó la época de las elecciones primarias y creo con toda sinceridad que no hubo un lugar en la República donde esa función democrática fuera tan libre, tan espontánea, tan hermosa. No acuartelé a las tropas. Dispuse que a cada soldado se le entregara su boleta y que no se le sugiriera nombre alguno. El día de la elección salieron de los Cuarteles libremente, y libremente también fueron a emitir su voto unos por el tendero de la esquina, otros por el panadero, otros directamente por alguno de los candidatos a la Presidencia y Vice Presidencia, pero hasta estos errores revelarán a Ud. la espontaneidad con que se hizo la elección.

Pero esta labor señor Presidente no fue correspondida, y tuve la pena, el desencanto de que el mismo Club Antirreeleccionista, el mismo Club que lanzaba quejas contra la tiranía, el mismo Club que anhelaba libertades, recomendó para elector a la misma persona, a Don Antonio Ruffo, vecino del distrito del Sur que durante la administración pasada fue constantemente el elector, no sé si electo por el pueblo o impuesto por las autoridades, pero de todas maneras ilegal puesto que no es vecino de la sección electoral que lo nombró.

Y ahí tiene Ud. un contraste, yo servidor leal y consciente del antiguo régimen dando amplias libertades y los que las reclamaban pisoteando los ideales democráticos. ¿Fue ésto efecto de un error o malicioso? sin duda que Ud. señor Presidente con su claro talento y gran conocimiento de los hombres y de las cosas lo apreciará mejor que yo, con los siguientes datos.

El club a que me refiero es una pequeña agrupación que la forman:

El Licenciado Jesús Páez Sedas, abogado de la Compañía de tierras y de colonización y que es el director intelectual del club.

El Licenciado Juan Uribe, persona inquieta y que ha sido, es y será el enemigo de cualquiera autoridad porque eso forma su modus vivendi. Este abogado es postulante, el único que hay, y aunque aparentemente defiende negocios en contra de la compañía de que es abogado Páez Sedas, en el fondo están unidos los intereses de los dos y generalmente pierde los pleitos Uribe con perjuicio de los litigantes.

Don Eulogio Romero, comerciante. Es una excelente persona, poco intelectual y a quien Páez Sedas y Uribe le han hecho nacer la ambición de ser jefe político del distrito. Esta combinación proporcionará a la compañía de tierras y de colonización, un elemento suyo por el intermedio de Páez: a Uribe beneficio para sus propias especulaciones, y en cuanto al señor Romero ve en el puesto el medio de hacer prosperar sus propios negocios mercantiles y algunos agrícolas que tiene, absorbiendo a los demás laborantes en idénticos negocios. Otros miembros del club son un señor David Zárate, dependiente de Romero, un señor Victoria comerciante y un señor Rivero celador de la Aduana Marítima. Podrá haber algunos más pero de menor significación social.

En cuanto al Ayuntamiento al sentirse en posesión completa de sus funciones, reaccionó y comenzó a trabajar, pero bien pronto vino el abandono y la apatía y sus trabajos se resienten del mal consiguiente a todo aquello que no es retribuído ni trae provecho personal.

Como antes he dicho no hay leyes por que normar los actos de los organismos administrativos. Así pues mientras en el Distrito Federal hay un Gobernador, asistido por un consejo de gobierno y existe además el Ayuntamiento como cuerpo consultivo, haciendo la Secretaría de Gobernación los gastos que exigen los servicios públicos y recaudando la de Hacienda los impuestos municipales, en el distrito Norte de la Baja California el jefe Político no es asistido por nadie y todos sus actos no tienen otra guía que su criterio, y ésto en un lugar tan delicado en que frecuentemente por una u otra causa tienen que ventilarse asuntos internacionales que son de suyo serios y que exigen profundos conocimientos en derecho.

El ayuntamiento no es ni un cuerpo consultivo ni un cuerpo administrativo. No es consultivo porque jamás inicia nada; no es administrativo porque sus actos tiene que supeditarlos a la sanción del jefe político. No sé por qué pero el hecho es que cobra impuestos, y la ley de arbitrios es muy anticuada. Si se cumpliera el ayuntamiento sería paupérrimo, y si tiene algunos elementos es debido a que contra esa ley cobra altísimos impuestos a las cantinas, a las casas de juego y en Mexicali también a las casas de asignación cuyos centros de vicio son por desgracia la fuente principal de riqueza de ese ayuntamiento.

En otro orden de ideas, el Municipio tal como está, impide el desarrollo armónico de la región. Siendo como es un solo municipio para todo el distrito, y estando el Cabildo en Ensenada, prácticamente los demás lugares no tienen quienes representen sus intereses. Las rentas públicas municipales se concentran en Ensenada y hay lugares en cambio de importancia como Tijuana que está en la línea americana, que carecen de alumbrado público.

Ensenada misma no se beneficia con tal sistema. No tiene agua potable, consume una agua que según el análisis del Consejo de Salubridad tiene gérmenes de fiebre tifoidea y otras bacterias igualmente peligrosas, es además escasa y cara, y para que nada falte la administra una compañía que tiene concesión para ello, que ha dado sobrados motivos para la caducidad del contrato, y que el Ayuntamiento a pesar de todo ha tenido que tolerar, primero por la falta de elementos pecuniarios para enfrentársele y después por la diversidad de opiniones de los ediles en los cuales ejerce influencia Don Eulogio Romero, vivamente interesado en que se le compre una agua que no responderá a las necesidades de la población y sólo traerá provecho personal al vendedor.

Son tan complejos, importantes y trascendentales los asuntos de que tiene que conocer la autoridad política, que a mi juicio es importante que sea asistida de un grupo de personas especialistas y competentes en los diversos ramos de la administración, formando así una junta de gobierno que estudie y discuta sobre el propio terreno los asuntos de toda índole que con esa región se relacionen, que sean responsables de sus dictámenes y que éstos ya estudiados por ese consejo, lleguen al centro a la Secretaría de Estado respectiva para su final resolución. De esta manera se agruparían esos asuntos y cesaría la dispersión en que hoy se encuentran, que complica su estudio y hace más difícil el acierto en las resoluciones que se dicten.

Por lo expuesto señor Presidente, confiando en la benevolencia de Ud., me voy a permitir como resumen exponer en general las ideas que tengo para reorganización política y administrativa del distrito Norte de la Baja California.

Primero: Nombrar una comisión de abogados de la cual podrían formar parte los jueces de Distrito del territorio y de primera Instancia de Ensenada para formar leyes adaptadas a las necesidades y estado social del distrito. Dar más importancia al Gobierno político nombrando en vez del jefe político actual, un gobernador bien remunerado asistido por un Secretario, abogado, versado en derecho internacional e igualmente bien expensado.

Segundo: Constituir una junta de gobierno a cuyo estudio se someterán los asuntos especialmente administrativos del distrito, compuesta del administrador de la Aduana como representante de la Secretaría de Hacienda; del juez de Distrito como representante de la de justicia; de un funcionario especial del de Fomento, Ingeniero con los auxiliares necesarios substituyendo a los diversos agentes que en los ramos de pesca, minería, tierras y colonización, tiene esa Secretaría.

De otro funcionario especial de la Secretaría de Comunicaciones para lo relativo a vías de comunicaciones, telégrafos, facilidades de transporte, etc. que importa tanto fomentar en el distrito.

Del delegado o Inspector General que la Secretaría de Instrucción Pública nombre para el distrito.

Del delegado del Consejo de Salubridad.

Y por último para que el pueblo tenga la debida representación y conozca siempre todo lo que a sus sagrados derechos corresponde podría estar representado en ese consejo, con uno de los miembros del Ayuntamiento de Ensenada elegido en el seno mismo de la corporación y en el de otros ayuntamientos si llegan a formarse.

Mi idea es que todos los empleados y funcionarios que las distintas Secretarías de Estado tienen dispersos en el distrito, se agrupen bajo la jefatura de uno de ellos que dirija y sisteme sus funciones, que estos jefes de grupos por ramos de la administración, formen un consejo de gobierno y estudien y discutan, presididos por el gobernador para ligarlos y establecer disciplina administrativa, los negocios administrativos también, del distrito y por lo que toca a los asuntos políticos y por la relación que entre éstos y aquéllos pueda haber, está el representante del pueblo con derecho de iniciativa, y voz y voto.

Los asuntos políticos deben quedar reservados al o a los ayuntamientos sin más ingerencia por parte del gobernador que la prudente y simplemente regularizadora que le den las leyes.

En cuanto a las rentas públicas pienso que no deben ser administradas por el municipio. Creo que como actualmente se hace en el Distrito Federal deben ser recaudadas por la Secretaría de Hacienda y los gastos públicos hechos por todas las Secretarías de Estado.

Sé bien que estas ideas no son las del momento y que podrían tomarse como absorbentes y quizá atentatorias, pero ruego a Ud., señor Presidente fijar su alta atención en que no se trata de gobernar a un pueblo hecho, formado y robusto por su número, sino de preparar una región para formar ese pueblo, procurando que el pequeño número de habitantes que hoy existen, gocen de los beneficios de la vida libre, pero que no sean tampoco una obstrucción por ideales fantásticos e irrealizables, para la prosperidad del distrito.

Intencionalmente no he querido tratar de la división de los poderes civil y militar porque perteneciendo yo a la última clase quizá mi opinión no fuera imparcial, y sólo deseo fijar la alta atención de Ud. que las peticiones a ese respecto vienen del grupo a que antes me he referido y con los fines apuntados. El resto de los habitantes no tienen mayor ni menor interés en que subsista o no subsista unido el mando político con el militar, pues como he dicho es tan poco densa la población, está tan diseminada en el territorio y se ocupa tan poco de política, que puedo afirmar con la seguridad de no equivocarme que sólo en Ensenada, ya por las razones antes dichas, ya por imitación, tienen tal idea.

Sin embargo quizá conviniera complacerlos. Como antes he dicho el Señor Romero es un hombre honorable y bien querido, de manera que desde estos puntos de vista me parece que muy bien podría el Supremo Gobierno confiarle el mando político y en cuanto al militar, atenta la fuerza que ha quedado en el territorio y la competencia del Coronel Francisco Vázquez, a mi humilde juicio está perfectamente bajo su mando.

En previsión de ésto preparé así ya las cosas a mi salida de Ensenada, y en la actualidad me substituyen interinamente en la Jefatura Política el Coronel Fidencio González que no tiene mando militar alguno, casado con una dama respetable de Ensenada, donde ha vivido muchos años y es querido y ventajosamente conocido. El mando militar recayó conforme a la Ordenanza en el Coronel Miguel Mayol, pero como este jefe salió posteriormente del territorio, debe ejercerlo conforme a la misma ley el Coronel Francisco Vázquez a quien antes he aludido.

Para terminar señor Presidente, con todo respeto pero con verdadero temor me voy a permitir emitir una idea que puede tomarse como absurda pero que la inspira un buen deseo.

El Distrito Norte de la Baja California, único a que me he referido en este informe, está casi desierto, aislado prácticamente del resto de la República por la distancia y falta de comunicaciones: lo une por tierra a nuestra Patria el inmenso desierto del Altar del Estado de Sonora y está por tanto de hecho tan alejado para su vida política de Sonora como de la Capital de la República. Del distrito del Sur lo separa otro desierto inmenso, carente de agua y donde perecen caravanas enteras, así es que aun cuando la naturaleza los liga por la estructura geográfica, socialmente existe entre ambos distritos una separación efectiva. Pensar en agrupar bajo un solo gobierno los dos distritos creo que es utópico porque en la práctica, la falta de comunicaciones seria un obstáculo para establecer la solidaridad que es la base de una buena administración.

Para que el territorio de la Baja California pueda tener las vías de comunicación necesarias que liguen ambos distritos, la población que los haga prósperos y en una palabra las condiciones sociales y económicas que lo hagan capaz de formar una entidad autónoma, se necesita el transcurso de muchos años. El distrito del Norte es el que está más alejado de esa hermosa época, y no es, ni puede ser más que territorio federal. ¿Pero sucede lo mismo con el distrito del Sur? ¿Es justo privar a sus hijos de los beneficios de la autonomía y sujetarlos todavía por muchos años a la necesaria presión que el Gobierno del Centro tiene que ejercer en los territorios?

Pensando en ésto me ha ocurrido la idea de que el distrito del Sur podría ser incorporado al Estado de Sinaloa porque de esta manera sus habitantes entrarían de lleno al concierto democrático. Tendrían el gobernante que eligieran, representantes en la legislatura del Estado, verdadera independencia en sus municipios, su administración de justicia se mejoraría porque los expedientes no tendrían que venir para los fallos definitivos hasta México, sino que se resolverían por los tribunales del Estado. La semejanza de costumbres, la comunidad de intereses, el intertráfico constante, y la mayor vigilancia que por este motivo puede ejercer el Gobierno de Sinaloa sobre ese distrito, me hacen creer en la viabilidad de mi idea y si ésta mereciere la atención de Ud. y la aprobación de los hijos del distrito Sur de la Baja California, el Gobierno Federal no teniendo ya que atenderlo, redoblaría sin duda sus esfuerzos en pro del distrito Norte.

Tacubaya, noviembre 30 de 1911.

Manuel Gordillo Escudero

 

Fuente:

Actividades políticas y revolucionarias de los hermanos Flores Magón. DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA Volúmen X. Fundador: Isidro Fabela.
Coordinador: Roberto Ramos V.
Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García, Humberto Tejera.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA.
EDITORIAL JUS, S. A. MEXICO, 1966 pp.424-433.