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Siglo XX > 1910-1919 > 1911

Actividades políticas y revolucionarias de los hermanos Flores Magón. Documento 151.
Tacubaya, noviembre 30 de 1911.

 

Informe del Gral. Manuel Gordillo Escudero, acerca de los asuntos conexos al ramo de Fomento, del distrito Norte de la Baja California. [A.G.N.]


Los asuntos de este ramo son sin duda los más importantes del territorio. Contrayéndome especialmente, como en todo el curso de este informe, al Distrito del Norte, debo manifestar con pena que la Nación no tiene en él, terreno alguno. Partiendo del Océano Pacífico, hacia el Oriente, hasta la sierra del Rayo o de los Picachos todo el terreno fue enajenado a la Compañía Inglesa de tierras y colonización que lo adquirió por compra de una compañía americana que a su vez lo obtuvo de los primeros concesionarios.

El asunto relativo a estos terrenos ha sido ya perfectamente estudiado en la Secretaría del ramo y lo conoce muy a fondo el señor licenciado Barrera encargado de él, y sólo debo hacer notar que merece especial protección la Colonia de Tecate no comprendida en la concesión y que al llegar la vez de reivindicar las tierras se fije la atención en el Valle de las Palmas, Valle de Guadalupe, Rancho de Jacumba, Rancho de Ojos Negros y Valle de la Trinidad que son los lugares mejores para la agricultura y ganadería.

Se dice que la compañía Inglesa está en malas condiciones económicas y que fácilmente podría acceder a las justas exigencias del gobierno para reivindicar las tierras y efectivamente tiene puntos muy vulnerables.

Es muy discutible, y me inclino a creer que es hasta ilegal, la modificación de contrato en virtud de la cual se le dejó la propiedad absoluta de estas tierras, y no habiendo cumplido nunca con el contrato en la parte relativa a colonización, no se explica por qué no ha pagado derechos fiscales, ni por contribuciones ni por introducción de efectos para la industria y para la agricultura.

Durante la época de la Compañía Americana (Internacional Colonizadora de Hardford Connecticut) la región tuvo un rápido desarrollo; se establecieron fábricas importantes especialmente una de tejidos de lana y algodón que elaboraba casimires de primera calidad, molinos de harina, uno de los cuales estaba en San Quintín dotado de maquinaria muy buena, se levantaron planos de ciudades y aun se construyeron hermosos hoteles en distintas partes del distrito, granjas, etc.; pero todo este impulso cesó cuando la actual compañía adquirió la concesión y ahora sólo se ven las ruinas de esa prosperidad efímera, no quedando otro establecimiento industrial que un molino de harina en Ensenada.

A este molino son llevados los trigos que se cultivan especialmente en el Valle de Guadalupe por un grupo numeroso de rusos laboriosos y útiles que llegaron al territorio para formar una colonia; pero que por los malos manejos de agentes sin conciencia y por falta de la debida protección, quedaron fuera de los beneficios de la ley de colonización y han tenido que comprar o que arrendar a la compañía concesionaria, y a precios fabulosos los terrenos que labran. La mejor prueba de la excelencia de esas tierras es la prosperidad creciente de la colonia rusa, a pesar de las dificultades con que ha vivido y de las explotaciones de que ha sido y es todavía víctima por hombres sin conciencia que abusan de la rudeza y buena fe de los miembros de la colonia. Es susceptible de aumentarse en mucho el número de labradores rusos, y recientemente estuvo en Ensenada un americano buscando la manera de adquirir terrenos para llevar, decía, hasta tres mil rusos expatriados en Los Angeles y en el Canadá.

Los rusos son laboriosos y muy buenos trabajadores; pero no son un elemento apropiado para mezclarse con sangre nacional. Conservan con fanatismo su religión y con una pureza admirable las costumbres de su patria: sus relaciones con hombres de otra raza son solamente mercantiles y rehuyen sistemáticamente todas las de otro género. Los matrimonios se verifican entre individuos de la misma raza y conforme a sus ritos sin haberse dado un solo caso de enlace con persona de diversa nacionalidad. El gobierno tiene ahí una escuela mixta y por mi parte considerando necesario que se regularice el estado civil de esas familias que van adquiriendo poco a poco propiedades más valiosas cada día, consideré en el proyecto de presupuesto un Agente del Estado Civil para que legalice los matrimonios y los demás actos del estado civil, para evitar en el porvenir la pérdida de derechos legítimos.

La Compañía explota a éstos y demás habitantes del Distrito quizá legalmente por ser la dueña de las tierras; pero de una manera cruel y esto hace sentir un malestar profundo entre nuestros nacionales. El abogado de la Compañía trabaja naturalmente por los intereses de ésta y los oprimidos no tienen a quién recurrir porque el único abogado postulante que hay ahí ligado fuertemente con el de la compañía, no tiene la independencia necesaria para defender debidamente los derechos de sus clientes que muy poco pueden pagarle. Creo que sería medida política muy prudente procurar que la compañía cambiase de abogado, pues esta medida facilitaría mucho la labor del gobierno para la reivindicación de tierras.

Dentro de los terrenos cedidos o vendidos a la compañía hay algunos de particulares que los han perdido por una maniobra verdaderamente criminal de un sujeto apellidado Suárez Torrens quien era juez de Distrito en la época en que se dio posesión a la primitiva compañía. En esa época fueron citados los terratenientes para exhibir sus títulos a fin de respetar sus propiedades, y la Secretaría de Fomento remitió al mismo juez los títulos que tenía en trámite. Una vez que Suárez tuvo en su poder todos esos títulos, se asegura que fue cohechado por la compañía y el hecho es que huyó para los Estados Unidos llevándose tales documentos, dejando a los propietarios sin tener con qué probar sus legítimos derechos. Sea por ignorancia, sea por falta de abogado, o sea sobre todo por la falta de fe en vista del omnipotente poder de la compañía, el hecho es, que todos esos despojados se han conformado y que la compañía es poseedora de muchos predios que tienen dueño legítimo.

A mi modo de ver puede esto remediarse con el nombramiento de una comisión mixta de ingenieros y abogados encargada especialmente de reivindicar esos derechos, sea para los mismos dueños o para la Nación si aquéllos por efecto de la prescripción hubiesen perdido sus derechos. Es cierto que no son esas funciones del Estado sino de iniciativa personal, pero cuando el hombre no puede por ignorancia u otras causas reclamar sus derechos, justo es que el Estado le ayude sobre todo en un caso como el presente, en que es conveniente restar a esas compañías la mayor cantidad posible de terrenos.

Se dice que la parte del Distrito del Norte a que me vengo refiriendo es árido y pobre por la falta de agua: esto no es exacto pues si bien es cierto que no hay grandes corrientes superficiales, sí hay agua subterránea en abundancia. Las lluvias darían agua sobrada para la irrigación si se hicieran captaciones que son perfectamente posibles, tanto por la constitución geológica del terreno, cuanto por sus condiciones geográficas; pero estas obras que son siempre de alto costo, sólo pueden ser llevadas a cabo o por compañías poderosas o por el Estado. Lo primero no puede ser en la Baja California de cuyo territorio están prácticamente adueñadas tres grandes compañías, y el Estado tampoco puede hacer nada, porque cualquier esfuerzo suyo beneficiaría solamente a las compañías concesionarias.

Debe pues en mi concepto, desecharse por ahora la idea de obras de captación y fijarse en buscar el agua del subsuelo. Este sistema es el usado en la alta California y no necesito detenerme a ensalzar la fabulosa prosperidad agrícola de esa región, pero para llegar a obtener entre nosotros algo semejante es indispensable abaratar el combustible que alimente las bombas de gasolina para extraer el agua, y la manera de abaratarlo es reducir los derechos de importación de la gasolina y petróleo crudo. ¿Pero esto es conveniente en los actuales momentos? Indudablemente que no porque esa franquicia beneficiaría directamente a la compañía concesionaria y dándole por esa causa mayor valor a sus terrenos sería más difícil la readquisición de ellos.

Desgraciadamente fuera de esa compañía son muy pocas las personas que poseen propiedades y podemos dividirlas en dos grupos: unas las que las tienen por herencia de sus mayores, se encuentran casi todas en litigio y cansados los herederos de los juicios eternos debidos a los torpes manejos de los abogados que representan sus intereses y del de la empresa que como antes he dicho en sus egoístas intereses pospone los de nuestros nacionales, se ven obligados a ir a ofrecer en venta sus heredades a los Estados Unidos mendigando compradores de ellas.

El otro grupo lo forman las personas que han comprado terrenos de las compañías que son generalmente extranjeros, muchos de ellos potentados americanos, entre los cuales hay algunos como Mr. Edwards cuñado del Presidente Taft y Mr. Dupine multimillonario del Este de los Estados Unidos, que poseen en la línea misma muchas hectáreas de terreno sólo por placer, para dedicarse al sport de la caza, y sin que esas ricas y hermosas tierras puedan ser utilizadas en otra forma ni aprovecharse en manera alguna por nuestros nacionales. Hay muchos de estos compradores y también arrendatarios de terrenos de la compañía, que tienen ranchos prósperos y ricos y para citar algunos mencionaré a Mr. Denton propietario del rancho de Ojos Negros cerca de Real del Castillo y cuyas propiedades se extienden por el sur de la sierra del Rayo y de la del Cucapáh, hasta las márgenes del Colorado.

No puedo precisar si este señor es dueño o arrendatario de esos terrenos pero sí me consta que los ocupa y aprovecha. Mencionaré también a Mr. Johnson dueño del rancho de San Antonio del Mar situado en un valle espléndido cerca de la cordillera de San Pedro Mártir, Mr. Marsh, dueño de otro rico rancho cerca de Ensenada y por ese tenor son los extranjeros los prácticamente dueños de nuestro territorio. Esto como es natural tiene abatidos a los pocos habitantes nacionales de la región, que no encuentran apoyo de ninguna especie y que son víctimas del olvido en que por tanto tiempo ha estado el territorio.

La región es rica, no es un El Dorado, no es un lugar fantástico de las mil y una noches, es simplemente una región virgen que necesita urgentemente la mano del hombre para derramar sus frutos. Los productos agrícolas que de allí se obtienen son el trigo, el maíz, el frijol, las frutas propias de los climas fríos tales como las manzanas, las peras, las aceitunas, los higos, etc., todas de un desarrollo extraordinario, verdaderamente sorprendente y de un sabor exquisito. La industria vinícola tendría grande auge porque la uva se produce en abundancia, se desarrolla de una manera exuberante y es desde todos conceptos muy superior a la de la Alta California.

En pequeño hay un señor Andonegui de origen español que elabora un vino de muy mala calidad cuyo mercado limita a Santa Rosalía y a una pequeña parte de la costa del Pacífico. Sus procedimientos de elaboración son muy imperfectos y de allí resulta la mala calidad del producto que desprestigia injustamente la calidad de la materia prima.

Mucho tendría que decir todavía acerca de esa región del distrito del Norte, pero la brevedad de este informe me impide entrar en más detalles y paso a ocuparme de la región oriental que se extiende desde la vertiente de ese rumbo de la sierra de los Picachos hasta el río Colorado.

Esta región, señor Presidente, es la más rica, la más importante y la más codiciada de todo el territorio.

En esta parte del distrito del Norte el terreno a partir del Océano Pacífico va ascendiendo suavemente hasta la cresta de la sierra de los Picachos y de ahí las caídas de la sierra son bruscas, rápidas, casi a pico, para llegar a una cuenca que está abajo del nivel del mar y en la cual se encuentra la región de que me ocupo. Me permito acompañar una fotografía de ella que más que una descripción prolija y confusa puede dar a usted idea cabal de esos lugares. Verá usted en esa fotografía un gran valle del cual la mitad pertenece a los Estados Unidos y la otra mitad a nuestra Patria.

Este valle era hasta hace pocos años un desierto yermo y árido, y en la actualidad debido a los trabajos de canalización de las aguas del río Colorado hechos en nuestro suelo, la parte que corresponde a los Estados Unidos es un vergel próspero, rico y floreciente, y hace contraste doloroso con la parte que a nuestra Patria corresponde, donde las compañías extranjeras que son dueñas de ella, son el obstáculo principal para desarrollar toda la inmensa riqueza de que es susceptible.

Nosotros somos los dueños del agua, la nación felizmente no ha perdido su dominio sobre esa gran riqueza, somos dueños de la desembocadura del río y tenemos por lo tanto el dominio del mar de Cortés, pero todas esas ventajas no han sido aprovechadas hasta ahora.

Como la Secretaría de Fomento tiene ya hecho un estudio notable de la propiedad en esa región, omito hacer su historia y me limito a hacer constar que por efecto de diversas transacciones, los dueños actuales son la Sociedad de Irrigación y Terrenos de la Baja California, S. A. y la Colorado River Land Company. Esta última vendió veinte mil hectáreas a la Imperial Valley Land and Irrigation Company of Lower California, S. A. la que a su vez vendió la mitad de ese terreno a la Imperial Developement Company, S. A.

La Compañía de irrigación proporciona agua para riego de algunos terrenos; pero no cultiva ninguno de los suyos que miden alrededor de treinta y dos mil hectáreas.

La Colorado River tiene trescientas mil hectáreas, se dedica a la cría y engorda de ganado y sólo cultiva unas cinco mil hectáreas, sembrando en ellas alfalfa para sus propios usos.

Además de esas dos grandes compañías existen otros propietarios que salvo error involuntario son:

Compañía Sembradora de Betabel, S. A.

Es regenteada por Mr. Cudahay el millonario de Chicago y tiene catorce mil hectáreas. Cultiva unas dos mil y pico de hectáreas con la siembra de betabel y fue adquirida por compra a la Sociedad de Irrigación.

Compañía ranchera de la Baja California, S. A. Es prácticamente americana aun cuando la regentea un señor Flores, mexicano pero que reside hace muchos años en Los Anéeles, California. Tiene unas mil trescientas hectáreas de las que cultiva alderredor de unas seiscientas, sembrando cebada, alfalfa, trigo y un poco de algodón.

Mr. Lerroy Little, americano, tiene seiscientas hectáreas cultivadas con los mismos productos que el anterior.

Mexicali Farming and Agricultural Co., S. A. con cuatrocientas hectáreas en su mayor parte cultivadas: es gerente de esa compañía Mr. Florence Grosnes, americano.

La Ranching Co. of Lower California, S. A. cuyo gerente es Mr. W. J. Kemp, americano, tiene doscientas hectáreas que están en cultivo.

Hay además un grupo de vasco-franceses que no he podido determinar si han incorporado alguna compañía; pero que poseen como trescientas hectáreas de las que una parte tiene sembradas con cereales y otra con parras.

Existen también uno que otro pequeño propietario mexicano como don Rodolfo Gallego, don Expectación Carrillo y algunos otros, pero la situación de ellos es difícil pues siempre tienen que estar en litigios con las compañías poderosas que tienden a absorverlos, especialmente la Compañía ranchera que regentea Flores, la cual parece que sin derecho se ha adueñado del pueblo de Mexicali y sostiene litigios con varios mexicanos.

Existe al Sur de esta región y en la parte más cercana de ella, a la desembocadura del Colorado una buena porción de terreno denominada en los contratos relativos "Sección número dos". Sobre este terreno pretende tener derecho de propiedad la Mexican Land and Colonization Company, pero según opinión que he tomado de abogados inteligentes y conocedores de estos negocios, esa sección pertenece a la Nación por vicios en los contratos celebrados.

La región de que tanto me he ocupado está prácticamente separada del resto del distrito por la sierra de los Picachos y la falta de comunicaciones hacia el Poniente. Es sin duda la más rica de todo el territorio porque cuenta con agua en abundancia; pero como se ve en su mayor parte está poseída por extranjeros, casi todos de nacionalidad americana. Sus productos no tienen salida porque siendo iguales a los del Valle Imperial americano, las tarifas de este país lo impiden y más todavía los altos fletes del ferrocarril Sur Pacífico por donde tendrían que llevarse para su exportación, toda vez que los Estados Unidos no los necesitan para el consumo.

Se impone pues la necesidad de procurarles salida por nuestro propio territorio y de este asunto trataré más ampliamente al referirme a las que se relacionan con el ramo de Comunicaciones.

Se puede reasumir la situación agraria de la Baja California en el distrito del norte como muy crítica. Faltan brazos para desarrollarla porque las compañías colonizadoras jamás se han preocupado de cumplir con sus contratos. La mayor parte de las tierras están poseídas por esas mismas grandes compañías, por otras menos importantes y por algunos extranjeros. Los pocos nacionales que tienen pequeñas propiedades sienten la presión terrible de esas compañías y para nuestra mayor mengua sus abogados y representantes, mexicanos, son los que más hostilizan a nuestros propios nacionales éstos, sin abogados que los patrocinen, sin capital para sostener largos pleitos, comienzan por litigar y acaban por procurar mercado en el extranjero para sus pequeñas propiedades.

De nada sirve que la Nación tenga la inmensa riqueza de las aguas del Río Colorado si no la puede aprovechar para sus propios hijos y la supresión o disminución de impuestos al combustible para alimentar bombas que extrajeran agua del subsuelo para regar las tierras, no favorecidas por el río, sería en estos momentos contraproducente porque cuanto se haga por estos días para mejorar las condiciones de las tierras, les daría un fabuloso valor y sería ya entonces casi imposible su readquisición por la Nación. Estos son en el fondo los propósitos de las compañías y de ahí vienen los memoriales presentados, ya para ofrecer las aguas que del río Colorado corresponden a México, ya para solicitar el abaratamiento del combustible, maniobras sutiles y que triste es decirlo, son sugeridas y sostenidas por mexicanos sostenidos a sueldo por las mismas compañías o indirectamente ligados a ellas por intereses bastardos.

Importa pues en mi desautorizado concepto:

Reivindicar las tierras en la mayor extensión posible.

Hacerlas posibles para su cultivo.

Poblarlas para cultivarlas.

Para lo primero el inteligente y patriota señor secretario de Fomento tiene ya proyectos de próxima realización. El profundo saber y el puro patriotismo de tan digno funcionario son una garantía del éxito y si conjuntamente se hace efectiva la penalidad en que han incurrido las compañías por la falta de cumplimiento de sus contratos, especialmente de colonización, se hacen efectivos los impuestos que han dejado de pagar, se gravan con altos impuestos las tierras no cultivadas, se pone elevado precio a las aguas del Río Colorado, mucho podría conseguirse obteniéndose no dinero, sino tierras, en compensación de las responsabilidades de las compañías y del precio del agua.

Tratándose de los impuestos, creo conveniente hacer notar que tanto la Sociedad de Irrigación y Terrenos como la Colorado River Co., pagan sus contribuciones sobre el valor de la primera enajenación de los terrenos, es decir: la Sociedad de Irrigación a razón de $ 3.00 y la Colorado River Land a razón de $ 4.00 la hectárea, cuando no se desprenden de una sola hectárea de terreno por menos de $ 150.00 a $ 175.00.

Fácil es comprender que si estos terrenos se avalúan por lo que se está vendiendo, sería tan fuerte el monto de las contribuciones que obligaría a esas compañías a fraccionarlos para deshacerse de ellos o a entrar en arreglos con el gobierno.

Tengo la idea de que los distintos proyectos de colonización han fracasado porque aparte de la especulación insana de las compañías se ha pensado primero en las personas y después en las tierras: más claramente, la preocupación ha sido que venga gente al país a vivir en tierras que debe labrar, pero no la ha habido de que esas tierras antes de ser ocupadas tengan ya condiciones para que se pueda vivir en ellas. Por eso pongo en segundo lugar la condición de "hacerlas posibles para su cultivo".

¿Cómo? Una vez reivindicadas y en posesión, el gobierno de ellas convendría fraccionarlas, hacer trabajos de canalización para aprovechar las aguas del Colorado en las de esa región y dictar leyes económicas que abarataran y hasta libraran de impuestos por introducción de combustible para las tierras no beneficiadas por el río y que sea necesario regar con agua subterránea; sólo que estas disposiciones en mi concepto no debían ser de carácter general sino solamente para el beneficio de los terrenos de la Nación porque éste sería un medio excelente de controlar el poder de las compañías y de deprimir el precio de las tierras que quedaran en poder de ellas después de que el gobierno hubiese podido adquirir las suyas.

Si este sistema legislativo se complementa con facilidades, pero reales y verdaderas, para adquisición por particulares de las tierras que se hagan nacionales, a grado tal que si posible fuere no se vendieran, sino que se dieran, a condición solamente de su inmediato cultivo gravando fuertemente las partes no cultivadas y exonerando de impuestos por tiempo limitado a las partes cultivadas, creo yo que se llegaría insensiblemente y de manera relativamente rápida a la tercera condición, esto es: a "poblar esas tierras para su cultivo".

Quizás sea demasiado optimista; pero pienso que de esa manera no se necesitaría el concurso de compañías colonizadoras, que siempre, como es natural ven un medio de lucro. Prospectando debidamente los terrenos que vuelvan a hacerse nacionales, llenando esos terrenos condiciones fáciles de vida y facilitando gratuitamente los transportes, muchos de nuestros nacionales en primer término porque de ellos deben nutrirse principalmente esa frontera, irían a habitarla, a trabajarla y a formar una muralla de corazones mexicanos que nos librara de la eterna amenaza del Norte.

En nuestros consulados de Europa podría hacerse propaganda semejante pero con el cuidado de elegir hombres de campo para librar al país de la invasión del socialismo, pues es sabido que los labradores especialmente cuando se hacen pequeños propietarios no son, ni pueden ser socialistas.

No quiere decir lo anterior que abrigue la idea de exclusión de compañías colonizadoras, pero la dura experiencia que el Estado ha adquirido sin duda con las maniobras de los especuladores de colonización, hará sin duda que los contratos futuros sólo se estipulen con compañías formales que aporten al país elementos sanos, útiles y vigorosos, y sin que en ningún caso entre como término de contrato la enajenación de tierras.

No faltarán proposiciones para repatriar mexicanos que se encuentran en los Estados Unidos pero creo que esto debe pensarse mucho y no dejarse ilusionar con la idea de que se trata de "mexicanos" porque por doloroso que sea decirlo la verdad es que la mayor parte de los que se encuentran cerca de nuestras fronteras en la Alta California, Arizona y Texas, no tienen ya de mexicanos sino el origen, y sea por la legislación más liberal de los Estados Unidos, sea por su vigorosa civilización, sea por último por las ingentes necesidades de la vida para la cual tienen allá más facilidades, el hecho es y repito, duro es decirlo, que sus sentimientos patrios están muy embotados.

En su absoluta mayoría pertenecen a las diversas sociedades de la "Unión y Trabajo" sin cuyo requisito no lo obtienen y para ser miembro de esas sociedades necesitan hacerse antes ciudadanos americanos.

Temo señor Presidente que estos conceptos míos tengan una acogida severa, pero en un informe tan serio como el presente, yo debo ser leal, honrado y franco sin ambages, y emitir mis impresiones sin reserva y en las que con toda el alma quisiera estar equivocado, pero mientras no se me saque de ese error, sigo creyendo que es peligrosa para la Baja California la repatriación de gente de esa especie, si no se hace una prudente selección con los elementos sanos de ella que espero no escaseen.

A mi modo de ver, convendría formar zonas por nacionalidades para poblar nuestra frontera, evitando en lo posible la mezcla, por lo menos al principio, de individuos de distinta nacionalidad en cada zona. Así pues en la línea misma convendría tener mexicanos llevados del centro del país; al Sur de éstos, franceses y españoles; en seguida, más al Sur, impulsar la inmigración de rusos; más al Sur colonias de alemanes y por último mexicanos repatriados. Lo más difícil sin duda, será obtener en número suficiente a nuestros propios nacionales, y pensando en un arbitrio para lograrlo me ha ocurrido la siguiente idea que con todo respeto, y con temor de que sea absurda, me permito someter a la alta consideración de usted.

Los sueldos de que actualmente disfrutan los individuos de tropa del Ejército Nacional son muy crecidos y exceden, con excepción de lo que pagan los Estados Unidos e Inglaterra a los de todos los ejércitos del mundo.

No son útiles, porque no benefician a las familias de los soldados por razón de la forma en que éstos perciben su jornal y la distancia a que normalmente están alejados de sus hogares: son perniciosos porque no pudiendo tener un empleo útil se gastan en su mayor parte en los vicios que degeneran la raza y perturban la disciplina, pero como quiera que una necesidad política los creó y sería altamente peligroso disminuirlos pero que de todas maneras constituyen uno de los gastos más fuertes de la Nación, pienso que si sin reducirlos de hecho, prácticamente el soldado percibiera en efectivo solamente la mitad del haber que la ley le señala y la otra mitad se le bonificara para entregársela al cumplir su enganche no en dinero, sino en tierras, la Nación respiraría porque no tendría que hacer por el momento tan grandes erogaciones en moneda, la parte no distribuída en efectivo se aplicaría a la compra y mejoramiento de terrenos y cada hombre que se separara del servicio del ejército sería un pequeño propietario y un productor del porvenir, devolviendo así con creces a la nación los haberes que venciera cuando estuvo bajo las banderas en el servicio militar.

Como antes he dicho no creo que deban desecharse por completo proposiciones para colonizar. Tengo noticia de que hay presentada a la Secretaría de Fomento una solicitud para colonizar una parte de la región del Río Colorado, y si mis informes son ciertos trata de obtenerse por compra de la Colorado River Land Company el terreno necesario para colonizarlo con mexicanos con la garantía por el gobierno del pago total de los terrenos que se adquieran.

Si esta solicitud tiene el apoyo de garantías serias, creo que es muy digna de tomarse en consideración porque contribuirá indirectamente a nuestros actuales anhelos de arrancar de las compañías extranjeras las tierras que poseen y si por un lado se hace la reivindicación de la cantidad de tierras que sea posible, y por otro se favorece la compra por mexicanos de esas propiedades extranjeras, se irá paulatina pero seguramente debilitando la influencia y el poder de esas compañías, sólo sí sería de desearse que al tratarse de colonos mexicanos no sean en su totalidad de repatriados.

Tacubaya, noviembre 30 de 1911.

Manuel Gordillo Escudero

 

Fuente:

Actividades políticas y revolucionarias de los hermanos Flores Magón. DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA Volúmen X. Fundador: Isidro Fabela.
Coordinador: Roberto Ramos V.
Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García, Humberto Tejera.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA.
EDITORIAL JUS, S. A. MEXICO, 1966 pp.413-424.