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Siglo XX > 1910-1919 > 1910

Relato anónimo de lo ocurrido en Zacatelco, Panzacola y Santo Toribio de la jurisdicción de Tlaxcala, el 16 de septiembre de 1910, centenario de la Independencia nacional, y de los atropellos de la autoridad política.
Tlaxcala, 16 de septiembre de 1910.

La verdad de los hechos acerca de lo ocurrido en Zacatelco, Panzacola y Sto. Toribio.

A su arribo a esta Ciudad, nuestro informante y enviado especial, para tomar nota acerca de lo verdaderamente ocurrido en Panzacola, Sto. Toribio Xicotzinco y Sta. Inés Zacatelco, de la jurisdicción del vecino Estado de Tlaxcala, el día 16 de los corrientes, día de gloria para la Patria, pero que para esos puntos, sobre todo para Panzacola, fue de espanto y desolación, trae en su carnet las notas siguientes:

La noche (tachado y corregido, con lápiz: la mañana) del glorioso día en que la Nación entera celebró el primer Centenario de aquella hora bendita en que un anciano, cuya alma se consumía ardiendo en amor patrio, lanzó el grito que había de independer a México de la dominación española; esa noche (tachado y corregido, con lápiz: día), decimos, un grupo de entusiastas antireeleccionistas del pueblo de Sto. Toribio Xicotzinco, queriendo hacer pública manifestación de sus simpatías hacia nuestro popular candidato para la Presidencia de la República C. Francisco I. Madero, engalanaron un carro, y llevando a la cabeza un estandarte rojo en el que se leía escrito con grandes caracteres: "Sufragio efectivo, Francisco I. Madero", estandarte que portaba con orgullo la señorita Luisa Badillo, se dirigieron a la cercana población de Sta. Inés Zacatelco, vitoreando a su candidato, y pronunciando discursos alusivos.

El jefe Político de Zacatelco, Don Rafael Cuéllar, no conforme con la conducta de los manifestantes, quiso imponerles silencio y arrebatarles su estandarte, lo que no pudo conseguir, no obstante que llegó a hacer uso de la fuerza bruta para con la Srita. Badillo, quien valerosamente exclamaba: "primero morir que entregar nuestra enseña".

Como alguien hiciera un disparo sobre la persona de Cuéllar, éste optó por tomar la retirada, pidiendo auxilios a Tlaxcala.

Disponíanse ya los antireeleccionistas a regresar a Sto. Toribio para continuar allí su manifestación, cuando les sorprendió un piquete de 50 rurales al mando de Agustín García comandante de la policía tlaxcalteca, y 300 soldados de a pie, bajo las órdenes de un coronel, quienes sembraron el pánico disparando a diestra y siniestra, y llegando en su furor hasta hacer descargas sobre las torres de la iglesia parroquial, en cuyo interior se habían refugiado muchos de los perseguidos.

No saciada aún la sed de sangre de aquella soldadesca, se dirigieron a Panzacola, que permanecía hasta esos momentos en pacífica actitud, y allí entraron, haciendo lujo de su crueldad, y dejando sembrado el terror por todas partes.

Víctimas de esta carnicería, de esta acción sanguinaria, fueron don Miguel Osio, propietario de la tienda "Las dos estaciones"; la señora Petronila Martínez, que expendía café a las puertas del mismo establecimiento; don Benito Quintos y dos infelices filarmónicos, todos ellos sucumbieron en el macabro teatro donde se desarrollaron tan bárbaras escenas.

Hasta el instinto del pillaje se desarrolló entre aquellos heraldos de la muerte; dígalo si no un soldado que extrajo del cajón de ventas de la tienda de don Miguel Osio una regular suma de dinero, ocultándola en su bolsillo.

El número de víctimas en este triste suceso, asciende aproximadamente, entre muertos y heridos, a 56.

La historia del primer centenario de la iniciación de nuestra Independencia, cuenta con una nueva página luctuosa. ¡Qué vergüenza!

Documentos del Archivo Personal de Aquiles Serdán. Instituto Poblano de Antropología e Historia. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, 1960. p. 67-68.