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Siglo XX > 1910-1919 > 1910

Borrador del discurso pronunciado por Aquiles Serdán dando las gracias por la delegación conferida por los antirreeleccionistas.
Aproximadamente Mayo de 1910.


Señor Presidente, señores:

Vengo a darles las gracias por el honor inmerecido que me habéis, nombrándome delegado de esta agrupación.

Al aceptar, no lo hago con la creencia de tener merecimientos para ello; ni mucho menos creo tener los conocimientos ni aptitudes necesarias para llenar satisfactoriamente mi cometido.

Se únicamente que me necesitáis, que quizá por que me creéis honrado despertáis en la vida concierte; dicen que sois miserables, que sois viciosos, pero yo se que sois moralizados puesto que para vosotros la patria se ha convertido en madrastra y, sin embargo, os preocupáis por sus destinos y trabajáis por que sea grande y digna.

Al nombrarme representante de voluntades como las vuestras, que en las actuales circunstancias no vacilo en titular de heroicas, me siento abrumado; pues repito no creo de una manera eficaz llenar mi cometido, pero si, en nombre de mi honor, os prometo que la confianza que en mi habéis depositado no será defraudada.

Por otra parte, no creo que de la convención salga una política de transacción ni componendas, pero si así fuere, seré el porta voz de vuestra indignación.

Llegará a los oídos de dicha asamblea vuestra justa protesta.

Y esta protesta la interpretaré diciendo: que vosotros los obreros, que son la mayoría del partido antireeleccionista, no darán su voto para una nueva reelección del General Díaz, porque no pueden creer que pueda ser justo y cumpla con sus compromisos.

Si cuando lo nombraron árbitro os impuso las libretas y se mostró parcial a favor de vuestros explotadores; que todos los compromisos que ha contraído con la nación: desde el plan de Tuxtepec los ha atropellado, que tenéis la convicción que la ley que le estorba para sus designios no tiene más valor que el papel en que se imprime y por último, que no seréis tan cándidos de creer que por amonestarlo abandone lo que en él es una costumbre, una convicción o un compromiso.

Si bien es cierto que el General Díaz ha declarado que verá con agrado el nacimiento de partidos políticos en México y que ama la democracia, con hechos demuestra que sólo tiene un culto, que es el único prestigio que le queda. La fuerza.

Sobre todo para reelegirse no necesita de nosotros, y nos quedaremos en nuestra casa.

Que se nos diga: no es patriótico entablar una lucha decidida por la efusión de sangre desde el momento que el General Díaz no está dispuesto -como dice- a dejar el puesto que el Pueblo le confió; pero que no se trate de engañarnos, que no se nos distraiga de nuestras ocupaciones, que con su producto cubrimos las necesidades más apremiantes de nuestras familias, para hacer el papel ridículo de comediantes disfrazados de electores.

Que no se burlen de nuestra fe y por último que no estamos dispuestos a tener la vergüenza de haber sido instrumentos de una adulación.

Aunque no somos intelectuales, aunque somos reclutas en el ejército que forma el Partido Antireleccionista, comprendemos los grandes compromisos contraídos por nosotros para con la posteridad, pero que ese compromiso no quiere decir que sacrifiquemos nuestros ideales, sino que por el contrario nos obliga a trabajar por ellos, nos obliga a despertar, es decir, interesarnos por la política de la Patria y nos obliga a unirnos para combatir los males de que adolecemos.

La fuerza se podrá obedecer por prudencia, pero jamás por deber…

(Borrador a lápiz, con letra a veces confusa).

Fuentes:

Documentos del Archivo Personal de Aquiles Serdán. Instituto Poblano de Antropología e Historia. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, 1960. p. 36-37.

Los Hermanos Serdán. Serie de Cuadernos Conmemorativos. Número 50. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1985. p. 63-64.