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Francisco I. Madero. Epistolario 1900-1909. 1. Mis memorias.
Enero 10 de 1909

 

 

MIS MEMORIAS

Enero 10 de 1909

MUCHOS hombres [que han sido] declarados grandes por la posteridad, y [muchos] otros que por lo menos han llegado a ser célebres, han tenido la costumbre de escribir durante su vida un diario en el [que] cual anotan los acontecimientos más importantes de que fueron [habían sido] actores o espectadores, así como sus impresiones particulares sobre ellos. [tales acontecimientos y sobre todo cuanto hacían.]

Creo que debemos [procurar] imitar el ejemplo de los hombres que se han distinguido, si queremos llegar algún día a representar un papel de importancia en los destinos de la Patria.

Aquellos [Los hombres] cuyos nombres figuran en la historia con letras luminosas, generalmente han sido modestos, activos, sobrios, trabajadores, abnegados. Sólo esas virtudes pudieron [hacer] elevar sus almas a la altura necesaria para luchar con ventaja en las críticas circunstancias en que lo hicieron. [tuvieron que hacerlo.]

México pasa actualmente por una de sus crisis más serias, pues de [del esfuerzo] la actitud de los mexicanos depende que se perpetúe el régimen del poder absoluto, que será mortal para nuestras instituciones y para nuestra independencia, o bien de que imponga para siempre el radiante imperio de la ley.

Todo hacer creer que se prepara una lucha formidable entre el pueblo ansioso de recobrar sus derechos y la administración del General Díaz, que celosa cuida todas sus conquistas.

Yo estoy resuelto a luchar con toda energía defendiendo la causa del pueblo, lo cual me pondrá en condiciones de ser actor principal de [en] muchos acontecimientos, [y] o por lo menos, espectador bien enterado. Así es que, escribiendo mis memorias, es posible [que pueda dejar] deje algunos apuntes que con el tiempo puede aprovechar la historia.

Estos apuntes no tendrán ese objeto único, sino que pueden servir para aumentar la experiencia de los que luchan por la Democracia en México y en otros países.

Por último, a mí me servirán de mucho, porque además de que en cualquier tiempo me refrescarán la memoria sobre cualquier acontecimiento, la costumbre de escribir todas mis impresiones desarrollará más mi discernimiento y hará que mis juicios sean más fundados y [más] serenos.

No tengo la pretensión de ser un gran hombre, pero sí aspiro [a ello, pues] a imitar su ejemplo; para lograrlo, sólo se necesita considerar, más alto que los intereses particulares, los grandes intereses de la Patria y abrazar una causa noble con entusiasmo y abnegación. El éxito determinará si se pudo igualar a los hechos de los grandes hombres, para figurar entre ellos, o si por falta de inteligencia se conquistó [llegó a] un fracaso, en cuyo caso no llegaré [se llegará] a ser uno de tantos mártires que sucumba en defensa de sus ideas. [No soy de los que creen] No creo que el éxito dependa del azar; [sino] más bien estoy convencido que está en estricta [estrecha] relación con la intensidad del esfuerzo. [y sobre todo con la calidad de éste.]

[De todos modos, cumple con su deber aquel que hace todo lo que puede por el triunfo de alguna causa justa y buena.]

Para llevar adelante una obra magna, no solamente se necesita entusiasmo, abnegación y una fuerza de voluntad a toda prueba, sino también un gran talento para dirigir hábilmente esos esfuerzos.

Creo igualmente que nosotros [somos los que] representamos el esfuerzo que hemos hecho anteriormente, ya sea en esta existencia o en nuestras existencias pasadas, pues estoy firmemente convencido de que nuestro espíritu evoluciona, pasando a través de innumerables envolturas carnales.

Por estos motivos no [depende de] está en nuestro poder improvisar [nos] grandes hombres, pero si queremos llegar a serlo alguna vez, en el transcurso de nuestras encarnaciones, necesitamos desde ahora abrazar con entusiasmo alguna causa noble, identificarnos con ella, considerar que hemos venido al mundo para trabajar por ella, y dirigir todos nuestros esfuerzos hacia su triunfo definitivo.

Esa conducta tan bella ennoblecerá todos los actos de nuestra vida, y aun cuando seamos víctimas de la intolerancia o de la ambición de los demás, aun cuando sucumbamos, nuestro esfuerzo no será estéril, habremos cumplido con nuestro deber en la más amplia acepción de la palabra, y esos repetidos reveses, esos fracasos, aumentarán nuestro caudal de experiencia; además, nuestra inteligencia, en constante tensión para [vencer] encontrar el modo de vencer los obstáculos, se desarrollará de un modo admirable, y nosotros llegaremos a acercarnos cada vez más a los grandes hombres, hasta que algún día los igualemos.

[Antes de terminar diré solamente que el hecho de escribir uno sus memorias no es prueba alguna de pretensión, sino que demuestra que el que tal hace es una persona metódica, estudiosa, y estas actividades son de por sí muy recomendables.]

Antes de proseguir, diré que es nuestro deber imitar en todo lo bueno a los grandes hombres, y que el hecho de adoptar la costumbre de escribir uno mismo sus memorias no debe ser considerado como pretensión injustificada y ridícula, sino como el justísimo deseo de desarrollar nuestras facultades y de ser útiles, para lo cual es muy necesario el método, el orden y el estudio, cualidades que se practican con la costumbre de escribir impresiones y memorias.

Después de este preámbulo, que me ha parecido necesario, voy a principiar mis memorias, ocupándome principalmente de los acontecimientos de interés general, y sólo me ocuparé de mí mismo en lo que se relacione con aquéllos.

Principiaré por hacer una breve reseña del pasado.

 


ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2)
Epistolario (1900-1909)
Edición establecida por Agustín Yáñez y Catalina Sierra
Edición conmemorativa del cincuentenario de la muerte de DON FRANCISCO I. MADERO
EDICIONES DE LA SECRETARIA DE HACIENDA. MEXICO, 1963. pp.1-2.