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Siglo XX > 1900-1909 > 1909

Carta de Francisco I. Madero al General Porfirio Díaz.
San Pedro, Coah., 2 de Febrero de 1909.

Cuando dimos á luz la primera edición de este libro, como una prueba de lealtad al General Díaz, le remitimos un ejemplar acompañado con la carta siguiente:

San Pedro, Coah., 2 de Febrero de 1909

Señor General Porfirio Díaz. Presidente de la República Mexicana.

México, D. F.

Muy respetable señor y amigo:

Principiaré por manifestar á Ud. que si me tomo la libertad de darle el tratamiento de amigo, es porque Ud. mismo me hizo la honra de concedérmelo en una carta que me escribió con motivo de un folleto que le remití sobre la Presa en el Cañón de Fernández.

Por lo demás, creo ser más merecedor á ese honroso título hablándole con sinceridad y franqueza, puesto que de este modo puedo serle más útil para ayudarle con mi modesto contingente á resolver el problema de vital importancia que se presenta actualmente á la consideración de todos los mexicanos.

Para el desarrollo de su política, basada principalmente en la conservación de la paz, se ha visto Ud. precisado á revestirse de un poder absoluto que Ud. llama patriarcal.

Este poder, que puede merecer ese nombre cuando es ejercido por personas moderadas como Ud. y el inolvidable emperador del Brasil, Pedro II, es, en cambio, uno de los azotes de la humanidad cuando el que lo ejerce es un hombre de pasiones.

La historia, tanto extranjera como patria, nos demuestra que son raros los que con el poder absoluto conservan la moderación y no dan rienda suelta á sus pasiones.

Por este motivo la Nación toda desea que el sucesor de Ud. sea la Ley, mientras que los ambiciosos que quieren ocultar sus miras personalistas y pretenden adular á Ud. dicen que "necesitamos un hombre que siga la hábil política del General Díaz."

Sin embargo, ese hombre nadie lo ha encontrado.

Todos los probables sucesores de Ud. inspiran serios temores á la Nación.

Por lo tanto, el gran problema que se presenta en la actualidad, es el siguiente:

¿Será necesario que continúe el régimen de poder absoluto con algún hombre que pueda seguir la política de Ud., ó bien será más conveniente que se implante francamente el régimen democrático y tenga Ud. por sucesor á la Ley?

Para encontrar una solución apropiada, é inspirándome en el más alto patriotismo, me he dedicado á estudiar profundamente ese problema con toda la calma y serenidad posibles.

El fruto de mis estudios y meditaciones lo he publicado en un libro que he llamado 'LA SUCESIÓN PRESIDENCIAL EN 1910. EL PARTIDO NACIONAL DEMOCRÁTICO." del cual tengo la honra de remitirle un ejemplar por Correo.

La conclusión á que he llegado es que será verdaderamente amenazador para nuestras instituciones y hasta para nuestra independencia, la prolongación del régimen de poder absoluto.

Parece que Ud mismo así lo ha comprendido según se desprende de las declaraciones que hizo por conducto de un periodista americano.

Sin embargo, en general causó extrañeza que Ud hiciera declaraciones tan trascendentales por conducto de un periodista extranjero, y el sentimiento nacional se ha sentido humillado.

Además, quizás contra la voluntad de Ud. ó por lo menos en contradicción con sus declaraciones, se ha ejercido presión en algunos puntos en donde el pueblo ha intentado hacer uso de sus derechos electorales.

Por estas circunstancias, el pueblo espera con ansiedad saber qué actitud asumirá Ud. en la próxima campaña electoral.

Dos papeles puede Ud. representar en esa gran lucha, los que dependerán del modo como Ud. entienda resolver el problema.

Si por convicción, ó por consecuentar con un grupo reducido de amigos, quiere Ud. perpetuar entre nosotros el régimen de poder absoluto, tendrá que constituirse en jefe de partido, y aunque no entre en su ánimo recurrir á medios ilegales y bajos para asegurar el triunfo de su candidatura, tendrá que aprobar ó dejar sin castigo las faltas que cometan sus partidarios, y cargar con la responsabilidad de ellas ante la historia y ante sus contemporáneos.

En cambio, si sus declaraciones á Creelman fueron sinceras, si es cierto que Ud. juzga que el país está apto para la democracia y comprendiendo los peligros que amenazan á la Patria con la prolongación del absolutismo, desea dejar por sucesor á la Ley, entonces tendrá Ud. que crecerse, elevándose por encima de las banderías políticas y declarándose la encarnación de la Patria.

En este último caso, todo su prestigio, todo el poder de que la Nación lo ha revestido, lo pondrá al servicio de los verdaderos intereses del Pueblo.

Si tal es su intención, si Ud. aspira á cubrirse de gloria tan pura y tan bella, hágalo saber á la Nación del modo más digno de ella y de Ud. mismo: por medio de los hechos.

Eríjase Ud. en defensor del pueblo y no permita que sus derechos electorales sean vulnerados, desde ahora que se inician movimientos locales, á fin de que se convenza de la sinceridad de sus intenciones, y confiado concurra á las urnas á depositar su voto para ejercitarse en el cumplimiento de sus obligaciones de ciudadano, y consciente de sus derechos y fuertemente organizado en partidos políticos, pueda salvar á la patria de los peligros con que la amenaza la prolongación del absolutismo.

Con esta política asegurará para siempre el reinado de la paz y la felicidad de la Patria y Ud. se elevará á una altura inconcebible, á donde sólo le llegará el murmullo de admiración de sus conciudadanos.

Don Pedro del Brasil, en un caso semejante al de Ud., no vaciló: prefirió abandonar el trono que á sus hijos correspondía por herencia, con tal de asegurar para siempre la felicidad de su pueblo, dejándole la libertad.

Señor General: le ruego no ver en la presente carta y en el libro á que me refiero, sino la expresión leal y sincera de las ideas de un hombre que ante todo quiere el bien de la Patria y que cree que Ud. abriga los mismos sentimientos.

Si me he tomado la libertad de dirigirle la presente, es porque me creo con el deber de delinearle á grandes rasgos las ideas que he expuesto en mi libro, y porque tengo la esperanza de obtener de Ud. alguna declaración, que publicada y confirmada muy pronto por los hechos, haga comprender al pueblo mexicano que ya es tiempo de que haga uso de sus derechos cívicos y que al entrar por esa nueva vía, no debe ver en Ud. una amenaza, sino un protector: no debe considerarlo como el poco escrupuloso jefe de un partido, sino como el severo guardián de la Ley, como á la grandiosa encarnación de la Patria.

Una vez más me honro en subscribirme, su respetuoso amigo y seguro servidor.

Francisco I. Madero.

Comentarios.

En la carta que acabamos de insertar se notará que en términos comedidos, pero firmes, le pintamos la situación actual del país, así como las esperanzas y temores del pueblo mexicano.

Una contestación del General Díaz, inspirada en el mismo patriotismo que dictó nuestra carta y concebida en términos claros y sinceros, hubiera causado en el público una impresión muy profunda, disipando esa incertidumbre que tanto oprime á la mayoría de los mexicanos, y excita una pequeña minoría que empieza á agitarse.

En una palabra, el General Díaz pudo haber resuelto de una plumada la situación actual del modo más favorable para los intereses nacionales; pero no debemos esperar esa conducta de él.

El General Díaz, dando pruebas de gran cortesía, nunca deja ninguna carta sin contestación, por baladí que sea el asunto que se le trate.

Fundados en estas consideraciones, era lógico esperar que nuestra carta hubiera merecido la honra de ser contestada, puesto que en ella tratábamos de los intereses más altos de la Nación.

Podría alegarse que nuestra carta no llegó á sus manos: pero eso es inverosímil.

Podrán extraviarse cuantas cartas se quiera, pero nunca las dirigidas al General Díaz.

Además, sabemos de buena fuente que nuestra carta llegó á sus manos

Nos explicamos perfectamente su silencio.

En aquellos días se agitaba fuertemente la cuestión electoral en el Estado de Morelos, á la cual aludíamos indirectamente, y cualquiera declaración respecto á sus intenciones de dejar en libertad al país para que nombrara sus mandatarios, no hubiera hecho sino aumentar la agitación en aquella entidad federativa que tan rápidamente supo organizarse y luchar con inesperado vigor.

Esta cuestión fué originada precisamente por una declaración suya, porque dijo que vería con gusto que el pueblo de Morelos eligiera libremente su Gobernador.

Como el candidato del pueblo era el señor Ingeniero Patricio Leyva, empleado en el Ministerio de Fomento, se imaginó el General Díaz que llegado el caso haría que el señor Leyva renunciara su candidatura, y cubriéndose con el ridículo más vergonzoso, desprestigiara las prácticas democráticas y disolviera su partido.

Pero no sucedió así.

El Ingeniero Leyva, aunque modesto y sencillo en sus costumbres, es un hombre de carácter y de honor, y no quiso traicionar á sus partidarios; prefirió sufrir las venganzas del poder antes de cometer una acción indigna.

En este caso apreció el General Díaz la importancia de cualquier declaración cuando es hecha á hombres de honor.

A la vez, principiaba á palpar las consecuencias de sus declaraciones á Creelman; éstas, aunque nadie las juzgó sinceras, dieron pretexto á la prensa independiente para hablar de la sucesión presidencial, con lo cual se logró despertar hasta cierto punto el espíritu público.

En resumen, el hecho de no haber contestado nuestra carta, demuestra lo que hemos afirmado en el curso de nuestra obra: el General Díaz no provocará por sí mismo un verdadero movimiento democrático.

Además, esto lo confirma su actitud en la cuestión de Morelos.

Sin embargo, en la cuestión general de la República, parece que sí está dispuesto á ceder, como. lo demuestran la libertad de que principia á disfrutar la imprenta, la circunstancia de no haber entorpecido la formación de partidos políticos, pues aunque hasta ahora éstos no se hall mostrado agresivos, cuando se sientan fuertes indudablemente asumirán otra actitud, y por último, es muy significativo que el Círculo Nacional Porfirista no lanzara candidato para la Vicepresidencia de la República.

Esto último demuestra claramente que el General Díaz quiso dejar cubierta una retirada honrosa, para el caso que se resuelva á apoyar otra candidatura, por considerar insostenible la del señor Corral.

Es muy posible que los mismos amigos del señor Corral hayan contribuido para que el Círculo Nacional Porfirista no lanzara su candidatura.

¿Se trataría de intrigas palaciegas, de celos, del deseo de aparecer copio los más adictos y no aumentar el número de amigos, así como de desprestigiar al círculo rival?

Todo es muy posible; pero al General Díaz, que ve muy lejos, le convenía dejar esa puerta abierta é indudablemente que él mismo provocó ó por lo menos permitió esos celos tan útiles para sus protestos.

Los amigos del señor Corral, imaginándose des prestigiar al Círculo Nacional Porfirista si lograban por medio de sus intrigas que no lanzara candidatura de Vicepresidente, no hicieron sino aumentar su importancia y facilitar al General Díaz el medio de no cumplirles las promesas en que indudablemente fundan todas sus esperanzas.

Desprestigio de la Reelección, especialmente la del señor Ramón Corral.

Efectivamente, los pocos corralistas que existan, sólo esperan el triunfo por el apoyo del General Díaz; no sólo desprecian soberanamente al pueblo, cuya voluntad un siquiera toman en consideración, sino comprenden que el pueblo ha correspondido á ese desprecio; prueba de ello, el ruidoso fracaso de las manifestaciones populares en honor del señor Corral.

La primera, organizada el domingo 25 de Abril de 1909 en honor del General Díaz y del señor Corral, resultó un fiasco completo.

Los miembros del Club Reeleccionista arreglaron que algunos industriales y hacendados hicieran que sus sirvientes asistiesen á los desfiles por ellos organizados; pero no pudieron obtener que aclamaran á su candidato.

Para que la segunda manifestación, organizada el 5 de Mayo, tuviera más éxito, fué preciso verificarla únicamente en honor del señor General Díaz.

De esta manera se logró la ayuda de algunos Gobernadores, quienes comprometieron á varios industriales que mandaran sus obreros á la Capital, pagándoles el pasaje, gastos y una buena gratificación.

Con estos alicientes lograron aumentar á seis ó siete mil el número de los manifestantes, pero no su entusiasmo.

Efectivamente, fué notable la frialdad del pueblo, tanto del que desfilaba frente á palacio como del que presenció el desfile y el paseo del General Díaz y su comitiva.

Parece que en años anteriores no era tan marcada la frialdad del público para el Presidente.

Indudablemente el pueblo mexicano está ya cansado de tanta reelección, y verá con gusto un cambio, pero lo que más ha contribuido á desprestigiar al General Díaz, es que después de haber hecho sus famosas declaraciones de que el pueblo está apto para la democracia, pretenda imponer la candidatura del señor Corral, tan poco popular.

La candidatura del señor Corral para la Vicepresidencia de la República, es sumamente impopular por las razones siguientes:

Hasta ahora ninguno de sus actos ha tendido á atraerse las simpatías del pueblo: sólo se ha preocupado por ser grato al General Díaz, de quien todo lo espera.

Tal conducta demuestra que la opinión pública la tiene en poca cuenta, y sólo concede valor á la fuerza, puesto que á esta se acoge incondicionalmente.

En cuanto á programa de gobierno, no ha dado ninguno.

Cuando se ha hecho ocasión, ha manifestado que piensa seguir la hábil política del General Díaz.

Tales declaraciones demuestran un sobrado des precio á la opinión pública, precisamente ansiosa de que el sucesor del General Díaz no siga su misma política, porque la Nación entera desea volver al régimen constitucional.

Lo único que sí demuestra, es su timidez para hablar del General Díaz, á quien, no trata de igual á igual como le corresponde por su alto puesto de Vicepresidente.

Toda la Nación aplaudiría si el señor Corral hubiera publicado un manifiesto diciendo que: "Aunque admiraba la hábil política del General Díaz, no pensaba imitarla porque ya no era preciso gobernar á la Nación eón mano de hierro, sino con la Constitución."

Pero ese manifiesto no podrá publicarse, porque nunca se atreverá á decir que el General Díaz hace poco aprecio de la Constitución.

Indudablemente que una proclama así hubiera despertado entusiasmo en muchas personas, y permitido á sus partidarios defender su candidatura.

A pesar de ello, el pueblo mexicano, como ha sufrido demasiadas decepciones, se muestra muy escéptico pata dar crédito á las declaraciones de los hombres públicos.

Por tal circunstancia, en los antecedentes es donde el pueblo busca la conducta probable de sus mandatarios.

Ya al hablar del señor Corral en el curso de este libro hemos tratado someramente de sus antecedentes; pero ahora, que aparece como el candidato oficial, será muy conveniente hacer algunas otras observaciones.

Como decíamos, el señor Corral, á pesar de su timidez y su humildad respecto al General Díaz, es de grande energía, y esa timidez y esa humildad para tratar al poderoso, se trocarán en altivez y soberbia para tratar al débil.

Los hombres más humildes con los poderosos, son los más déspotas con los débiles.

Estas circunstancias, así como las anteriores y los antecedentes del señor Corral, sólo prometen que será un déspota que gobernará según su capricho y no según la ley.

Por otra parte, la circunstancia de ser el candidato oficial, le facilitará gobernar al país de tal manera, pues se sentirá apoyado por esa muchedumbre de funcionarios públicos que aunque esparcidos por todo el país, forman un block tan compacto y poderoso, que pesa hasta sobre el mismo General Díaz.

Por este motivo será el candidato oficial quien menos convenga á la Nación, pues cualquier otro que suba al poder, tendrá que rodearse de elementos nuevos y sanos, y el régimen actual de gobierno sufrirá profunda alteración.

En la conciencia nacional está grabada tal idea, por cuyo motivo observamos la unánime oposición que se hace al señor Corral en toda la República.

En la misma Capital no ha sido posible organizar una manifestación en su honor, pues ya no son solamente los obreros quienes se oponen, sino hasta los mismos propietarios, que sólo quieren prestarse á esas farsas, en honor del General Díaz, á quien algunos quieren y los más temen, pero á quien todos reconocen cualidades que el señor Corral está muy lejos de poseer.

Sólo á los amigos del señor Corral, que estaban sumamente ansiosos porque se lanzara su candidatura junto con la del General Díaz, se les ocultó lo que todo el mundo había visto: que la mayor torpeza política, era lanzar con tanta anticipación su candidatura.

Hubiera estado muy bien pensado si las cosas debieran pasar como hace seis años; pero eso sólo lo esperan quienes alejados del pueblo y cegados por el poder, no perciben la agitación y la ansiedad que reina en todos los ánimos.

Es indudable que el pueblo empieza á despertar.

El General Díaz lo ha comprendido, y si lanzó las candidaturas de él y del señor Corral con tanta anticipación, fué para demostrar que no pensaba cumplir las promesas hechas por conducto de Creelman, á fin de calmar la agitación que producía en la República la esperanza y el deseo de que abandonara el poder.

A la vez, proclamando candidatura para Vicepresidente, presentaría un blanco á los ataques de los descontentos, que por temor de no atacarlo á él directamente, ó por política, sólo dirigirían sus tiros sobre el señor Corral.

Sin embargo, previendo gran agitación en los ánimos y la posibilidad de verse obligado á hacer concesiones al pueblo, maniobró de modo que el Partido Nacional Porfirista, el genuinamente suyo, el que lo postuló hace seis años, no lanzara candidato para la Vicepresidencia á fin de que le sirva de órgano llegado el momento para proclamar otra candidatura.

El Partido Reeleccionista es más bien Corralista, como lo demuestra por haber sido el único que proclamara candidato para la Vicepresidencia, y por tener como principal instigador y últimamente como presidente al señor licenciado Rosendo Pineda, conocido por su gran adhesión al señor Corral.

Lo curioso es que hasta en el Club antireeleccionista de esta ciudad es poco querido el señor Corral, y si sus miembros votaron por su candidatura, fué tan sólo por complacer al General Díaz.

En resumen, podemos afirmar que el señor Corral es sumamente impopular en toda la República; que de ser electo, será quien más probabilidades tenga de continuar la dictadura; que á pesar de ser actualmente el candidato oficial, no cuenta con el apoyo incondicional del General Díaz, quien llegado el momento de las concesiones ó de una transacción, no vacilará en sacrificarlo y resultará candidato oficial alguna otra persona que goce de más simpatías.

Actitud del General Reyes, sus probabilidades de llegar al poder.

El General Reyes goza actualmente de bastante popularidad, porque se cree que él es el único capaz de salvar la actual situación enarbolando la bandera de No-reelección, ó por lo menos asumiendo una actitud completamente independiente á fin de ponerse al frente de su partido en la próxima .contienda electoral.

Indudablemente que dadas las condiciones porque atraviesa el país, si asumiera tal actitud, se atraería las simpatías de toda la Nación; pero no será así, porque él también, como el señor Corral, tiene más confianza en la fuerza del elemento oficial, que en la del pueblo, y prefiere el apoyo del General Díaz á las simpatías de la Nación.

Todos sus actos lo demuestran.

A sus amigos que han querido trabajar por su candidatura siempre los ha desautorizado, y no solamente, sino que hizo publicar su entrevista con el señor Heriberto Barrón, en la cual afirmaba que seguiría incondicionalmente la política del General Díaz, así es que tanto sus actos públicos como privados, llevan el mismo sello: su incondicional adhesión al General Díaz.

Muchos de sus amigos así la han comprendido y se sienten grandemente decepcionados.

Sin embargo, los inquietos, los que están ansiosos por lanzarse á la lucha con el noble fin de reivindicar los derechos públicos, han tomado el nombre del General Reyes para entrar en campaña, porque creen que de ese modo no aparecerán como hostiles al Gobierno, y las agrupaciones que han formado tendrán asegurada la vida siquiera mientras logren robustecerse.

De cualquier manera que sea, la agitación revista será benéfica para la Democracia, pues los partidarios del General Reyes, viéndolo negarse resueltamente á aceptar la jefatura del partido, irán á engrosar las filas de los partidos independientes, porque la mayoría de sus partidarios son patriotas de buena fe, que consideran como el único camino existente para trabajar por el triunfo de la Democracia, aclamar su candidatura aunque sea para la Vicepresidencia.

Considerando superficialmente las cosas, los que ven un peligro en la ascensión del General Reyes al poder, se alarman en alto grado. Juzgamos infundada su alarma, porque el General Reyes tiene muy pocas probabilidades de llegar al poder atendiendo á las razones siguientes:

Sólo tres caminos tiene de ascender á ese puesto.

El más fácil, y por tal motivo más apetecido, sería como candidato oficial, substituyendo por medio de una transacción al señor Corral.

Esto es casi imposible, porque mientras no sea jefe militante de algún partido, no logrará orillar las cosas al grado de imponer un arreglo en tales condiciones.

Por otra parte, como candidato de transacción sería el menos indicado de todos, por el terror que inspira al grupo de amigos que rodea al General Díaz, é indudablemente que éste no haría á sus mejores amigos y más adictos partidarios la inconsecuencia de traer al poder á quien consideran como su enemigo más temible:

Otro camino lleno de espinas y con pocas probabilidades de éxito, será aceptar la candidatura del pueblo y entrar de lleno en la lucha electoral.

Para esto necesitaría ponerse frente á frente al General Díaz, lo cual nunca hará el General Reyes, por las razones ya indicadas.

Una candidatura en tales condiciones, sólo la aceptará quien tenga gran fe en la fuerza del pueblo y esté resuelto á sacrificarse en aras de la patria.

El último camino que le queda, el de la revolución, no lo intentará, por lo menos, mientras viva el General Díaz.

Por todas las razones que hemos expuesto se verá cómo el General Reyes tampoco tiene grandes probabilidades de llegar al poder.

General Félix Díaz.

El peligro que veíamos cuando escribimos nuestra primera edición, de que subiera al poder este General, parece que no existe, pues la opinión general considera inadmisible tal idea.

Por esta razón suspendemos en esta edición el artículo respectivo.

Consideraciones Generales.

De lo expuesto parece que principia á alejarse el peligro de la continuación de la Dictadura en el próximo sexenio.

Para ello ha bastado con la ligera agitación que se ha notado en la opinión pública.

Si esta agitación aumenta y se logra la organización de poderosos partidos independientes, el peligro se alejará cada vez más, hasta quedar por completo conjurado.

Partido Democrático

Este partido no. puede ser considerado completamente independiente, pues sus directores ocupan puestos públicos, y algunos de ellos tienen fuertes ligas con el General Díaz.

Por lo demás, ese partido no pretende hacer oposición al General Díaz, y bajo la bandera de algunos principios políticos que proclama, se prepara modestamente á luchar por obtener que el Vicepresidente sea más de acuerdo con la voluntad nacional.

Las personas al frente de dicho partido parecen bien intencionadas; si en alguno de ellos existe ambición personal, la aplaudirnos con tal de que sea sana y viril.

Ya que patriotismo puro mueve á tan pocos, no es de despreciarse el contingente de los ambiciosos, siempre que su ambición sea noble y dignos los medios que empleen para satisfacerla.

A pesar de la buena intención que manifiestan sus directores, no podrán hacer nada por sí solos, pues siendo decididos partidarios del General Díaz, en definitiva tendrán que obedecer sus órdenes.

Sin embargo, los trabajos de este partido han sido útiles, porque algo han contribuido á despertar la opinión pública; han formado algunos Clubs que no obedecerán con la misma facilidad las órdenes del General Díaz, y que llegado el momento, se fusionarán con algún partido independiente.

El gran papel que podrá llegar á representar el Partido Democrático, será el de intermediario entre los partidos independientes y el General Díaz, para llegar á algún arreglo, en caso de ser posible.

Entonces se pondrían de acuerdo los diversos partidos para reunir sus Convenciones en la Capital en la misma época.

El General Díaz también convocaría al Círculo Nacional Porfirista con el mismo objeto.

Pero esta solución es la menos probable, porque el General Díaz sólo la aceptará cuando considere imponente la fuerza de los partidos independientes.

Lo más seguro es que habrá lucha electoral, pues tenemos la seguridad de que se organizará algún partido francamente antireeleccionista, ó por lo menos independiente en lo absoluto.

En este caso el Partido Democrático se aliará con el Independiente para trabajar por Vicepresidente, ó lo más probable se dividirá en dos fracciones; una de ellas irá á las filas porfiristas y la otra la más importante sin duda, á las independientes.

Los Clubs de los Estados serán de estos últimos, y el de la Capital de los primeros, porque en los Estados existe más independencia y más valor civil que en la Capital, debido á razones que están en la conciencia de todos, y que no viene al caso estudiar.

El pueblo despierta.

Esperanzas de redención.

En la primera edición, en las "Últimas palabras del Autor" expusimos ideas que han sido tachadas de optimistas é inconsecuentes con el resto de la obra.

De optimistas, porque se estiman infundadas nuestras esperanzas de que el General Díaz no sofoque con mano de hierro algún movimiento democrático independiente.

De inconsecuentes con el resto de la obra, porque se ha creído encontrar un mea culpa en las últimas palabras.

Si ahora no reproducimos de nuevo aquella parte de nuestro libro, es porque la creemos ventajosamente reemplazada con este Apéndice.

En cuanto á nuestro optimismo, hasta ahora sólo tenemos motivo para confirmarlo, pues el General Díaz demuestra no abrigar ya aquel espíritu suspicaz y estrecho que lo hacía perseguir cualquiera manifestación de virilidad y civismo.

Ahora se nota una libertad de imprenta muy superior á la que ha existido desde que el General Díaz subió por segunda vez al poder.

Esta libertad despertará por completo el espíritu público que empieza ya á dar pruebas patentes de vida.

En cuanto á la pretendida inconsecuencia por manifestar nuestra simpatía hacia el General Díaz, después de atacar su régimen de Gobierno, tampoco existe.

Si el General Díaz ha cometido grandes faltas, también tiene en su abono una brillante hoja de servicios como militar, y como estadista y gobernante ha prestado innegables servicios á la patria.

La principal idea que hemos querido inculcar en el pueblo mexicano, no es de odio para el General Díaz, sino de amor á la libertad, procurando demostrar que sólo ella hará grande á nuestra querida patria.

Como lo hemos repetido varias veces, es una tarea superior á las fuerzas humanas valorar justamente los hechos de nuestros contemporáneos cuando estamos mezclados de alguna manera con ellos.

Por ese motivo hemos dicho que dejarnos esa tarea á la historia; únicamente queremos hacer resaltar los peligros del absolutismo, para impedir que la Dictadura se prolongue con el sucesor del General Díaz.

Allá van todos nuestros esfuerzos.

No queremos que la Nación pague con odio una vida dedicada á la patria; pero sí deseamos vivamente que no se deje engañar por quienes pretenden perpetuar la Dictadura.

Dedicamos todos nuestros esfuerzos á evitar ese peligro que nos amenaza, y no solamente esperamos ser secundados por el pueblo mexicano, sino que tenemos la seguridad de que el General Díaz, comprendiendo la trascendencia de la formación de un gran partido independiente, aunque se llame antireeleccionista, no pondrá trabas para ello, no lo aplastará en su cuna, que si tal fuere su in tención ya hubiera perseguido al autor de este libro, quien, sin ocultarse, trabaja con empeño por la formación de ese partido.

El autor de este libro se complace en declarar altamente que no ha sido víctima de ninguna hostilidad por parte de los miembros del Gobierno, lo cual demuestra que no estaba errado al creer que en el corazón del Caudillo de la Intervención también encuentran albergue los sentimientos nobles.

Nosotros, llenos de fe en los grandes destinos de la patria, vemos vislumbrar cada día más claramente la mano de la Providencia que prepara todos los acontecimientos haciéndolos converger al mismo fin, al de asegurar el triunfo de la libertad.

Por una parte observamos que el General Díaz está cometiendo grandes errores, si su intención es asegurar la prolongación de la Dictadura.

Tales son su famosa entrevista con Creelman, la campaña electoral que provocó en Morelos, la prematura proclamación de su candidatura y sobre todo la del señor Corral.

Por otra parte, cada vez más nos convencemos de que el pueblo mexicano despierta y se prepara á la lucha.

Cada día surgen nuevas hojas periodísticas que con gran brío atacan á la Dictadura y trabajan porque volvamos al régimen constitucional.

Ya son numerosos los Clubs políticos independientes que se han constituido en toda la extensión de la República y en muchas partes sólo esperan la iniciativa de un grupo independiente para organizarse en Clubs y lanzarse á la lucha.

Por tales razones esperamos fundadamente que el espíritu público despertará muy pronto por completo y alentará á los mexicanos para dar la gran batalla en contra del absolutismo; pero ya no será la guerra fratricida por medio de las armas, sino las luchas de la idea por la prensa, la tribuna, en las urnas electorales, en el vasto campo de la Democracia.

Los pesimistas generalmente intentan ocultar su miedo encontrándolo reflejado en los demás.

Pretenden que no se lanzan á la lucha porque no serán seguidos.

Con ellos no contamos.

Más vale un puñado de valientes que una legión de tímidos.

Los optimistas, los que encuentran en todo su mismo entusiasmo y resolución, son los que salvarán á la patria; pues si ven entusiasmo en los demás, es porque ellos lo habrán comunicado; si en todos encuentran su misma resolución, es porque el valor, comunicativo por naturaleza, electriza á los hombres de corazón y arrastra á las multitudes.

El tiempo vuela, y á pasos agigantados se acerca el día en que hemos de resolver el gran problema sobre el cual estriba el porvenir de la patria.

Hacemos un llamamiento á todos los mexicanos que participan de nuestras ideas, para que se congreguen en Clubs y principien la lucha.

Aunque esperarnos que muy pronto partirá la iniciativa de esta Capital, convocando á la Nación para constituir un partido independiente, por si no fuere así, es conveniente que los Estados se preparen para lanzar dicha iniciativa.

Una vez más nos dirigimos á nuestros compatriotas para decirles:

"Si no hacemos un esfuerzo, pronto veremos consolidarse en nuestro país una dinastía autocrática, y la Constitución, con las libertades que "nos asegura, zozobrará para siempre en el mar "de nuestra ignominia.

"En las actuales condiciones, un esfuerzo en el "terreno de la Democracia podrá salvarnos todavía. Más tarde, sólo las armas podrán devolver nuestra libertad, y por dolorosa experiencia "sabemos cuán peligroso es tal remedio.

"Evoquemos el glorioso recuerdo de nuestros antepasados, é inspirándonos en su ejemplo, cumplamos con los sagrados deberes que nos impone la patria, sin dejarnos arredrar por los fantasmas que engendra nuestra imaginación, ni por 'los peligros reales que encontremos en nuestro camino".

"La Libertad es un bien precioso sólo concedido á los pueblos dignos de disputarla, á los que la "han sabido conquistar luchando valerosamente contra el despotismo."

"No olvidemos que ahora se presenta la oportunidad más propicia para conquistar nuestra libertad con las armas de la democracia.

"Luchemos, pues, con resolución y serenidad "para demostrar la excelencia de las prácticas democráticas, asegurar para siempre nuestra libertad y consolidar definitivamente la paz; la paz "de los pueblos libres que tiene por apoyo la "ley."

Fin.

Fuente:

Instituto Nacional de Estudios Políticos, A.C.

http://www.inep.org