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1908
EPISTOLARIO 1908
Julio 25 Sr. Lic. Santiago Roel. Muy estimado y fino amigo: Acuso recibo a su grata 20 del actual con posdata del 23, que con gusto paso a contestar. Principiaré por decirle que su lectura me causó mucho agrado, pues además de que les agradezco la calurosa acogida que dispensaron a mis indicaciones, he visto retratada en su carta la ansiedad nacional por encontrar una solución al problema presidencial. Tengo la misma opinión que ustedes respecto a nuestra situación política y respecto al juicio que se forman de los distintos partidos. Igualmente tengo gran estimación por el Sr. Dn. Fernando Iglesias Calderón, que es un excelente amigo mío. En lo único en que no estoy muy de acuerdo es en que nos preocupemos en buscar un candidato.* Varios amigos míos, y entre ellos precisamente el Sr. Iglesias Calderón, hemos convenido que el único medio de salvar la situación y de evitarnos el seguir indefinidamente bajo un gobierno absoluto o de recurrir a medios violentos, es formar un partido verdaderamente nacional, que podría llamársele democrático por sus tendencias. Este partido lograría en la próxima campaña presidencial, según la fuerza que para entonces hubiera adquirido, escoger un candidato de su mismo seno, si estaba bastante fuerte para ello, o bien llegaría a transacciones con el Centro, que podrían resultar bastante ventajosas para la Nación y para el partido. De este modo, el candidato surgirá del partido y no será el primero el que forme al segundo. De este modo el partido tendría vida propia, y aunque los candidatos desaparecieran o se nulificaran, el partido, proclamando los principios democráticos, seguiría viviendo y seguiría luchando según las circunstancias, hasta lograr implantar en la República el régimen democrático, tan sabiamente establecido en nuestra Constitución. Demasiado comprenderán ustedes que si este partido sufre alguna derrota en la próxima campaña electoral, eso no hará que muera, pues este partido, el único de principios en la República y formado por personas verdaderamente patriotas y enérgicas, seleccionadas al formar el partido por las mismas condiciones de su formalidad, este partido, digo, tendría una grandísima influencia en los destinos del país cuando el Gral. Díaz desaparezca de la escena. Hemos pensado que principie el movimiento democrático en los Estados de Coahuila y Yucatán, que a principios del año entrante iniciarán la próxima campaña electoral. Después, poco más o menos en junio del año entrante, irán a México, o al lugar que se designe, representantes de los partidos democráticos de Coahuila y Yucatán, representantes aislados de los demás Estados de la República, que no estén aún constituidos en clubes, representantes de la prensa independiente de la Capital y, además, de todos los amigos que podamos reunir, y entonces se formará el partido democrático, instalando un gran Club que servirá de base a sus operaciones futuras que consistirán en procurar formar clubes en toda la República. Posteriormente, el Comité respectivo que quede enfrente del partido convocará para una gran convención en que se elijan los candidatos y se apruebe el programa político. Estas ideas las esboza el folletito del que les hablé en mi anterior y del cual les remito otro ejemplar por el mismo correo de esta carta y a la misma dirección. Espero se servirá darme su parecer sobre estas ideas, que no dudo serán de su agrado y que procurarán ir infiltrándose entre sus lectores para preparar el terreno. No creo que los vayan a perseguir muy seriamente, pues actualmente Reyes se está queriendo hacer popular, fingiendo un gran amor a la democracia y un gran respeto a la Ley. De todos modos, le agradeceré tenerme al tanto de este acontecimiento, pues me intereso mucho por la suerte que ustedes corran en este respecto. Si no se les invitó para el primer Congreso de Periodistas, supongo que fue por omisión involuntaria de los que organizaron dicho Congreso. Desde que supe que ustedes no formaban parte de esa asociación quise escribirles invitándolos, pero me había ofrecido hacerlo uno de los miembros de la asociación y según he podido ver, creo que ese amigo quedó muy mal con su ofrecimiento. En espera de sus gratas letras, me es grato repetirme su afectísimo amigo y atento S. S. FRANCISCO I. MADERO C. 14, fs. 16-18.
* Adviértase la importancia de esta afirmación, que será mantenida en el libro La Sucesión Presidencial.
ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2) |