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Siglo XX > 1900-1909 > 1907

Francisco I. Madero. Epistolario 1900-1909. 350. Carta de Madero al Sr. Don Luis G. Rubín, a quien comparte sus opiniones sobre la Teosofía y el espiritismo.
Diciembre 1o. de 1907

 

 

EPISTOLARIO 1907

 

Diciembre 1o.

Sr. Don Luis G. Rubín.*
México.

Muy estimado amigo y H. en C.:

He recibido su grata fecha 22 del actual que leí con gran interés.

Opino como Ud. que el espiritismo en la forma en que nos lo legó Allan Kardec no puede considerarse como la última palabra en ciencia y en verdad.

Los notables escritores León Denis y Gabriel Delaune le han hecho dar un paso más en su escala ascendente, admitiendo que el espíritu principió su evolución desde el reino animal, y no rechazando la hipótesis de que en los reinos inferiores se haya empezado a elaborar el espíritu.

Indudablemente que Allan Kardec, espíritu sumamente lúcido y clarividente, y que tuvo que divulgar sus teorías sosteniendo rudísimos combates, no quiso decir desde un principio todo lo que él sabía o creía saber sobre esta materia, pero tuvo muy buen cuidado de hacerlo constar y dejó sentado de un modo inequívoco, que el espiritismo es esencialmente evolutivo.

Puesto que el espiritismo no tiene dogmas inmutables ni creencias determinadas, sino que deja campo abierto a todas las especulaciones de la inteligencia, y admite como formando cuerpo de su doctrina todas las verdades probadas de un modo satisfactorio, podemos considerarlo en este sentido como la última palabra en materia de creencias filosóficas, puesto que por su esencia es esencialmente evolutivo, y no podrá haber ninguna verdad en cualquier terreno que se encuentre que no tenga que encajar en su sistema.

Por otro lado, tengo formado el mismo concepto de la Teosofía, a pesar de que Elena P. Blavastky parece que la ha querido encerrar en un cuerpo de doctrina que expone y sobre el cual no admite discusión, pues pretende que le ha sido revelada por los mahatmas, que ella dice son espíritus de una jerarquía muy elevada que residen en los montes del Himalaya.

A pesar de que esta señora ha sido tomada por gran parte de los teósofos como una especie de papisa y que han querido interpretar al pie de la letra sus doctrinas, (el mismo coronel Olcott decía que por mucho tiempo estuvo en la creencia que debía de creer al pie de la letra todo lo que decía la señora Blavastky), he leído obras de Teosofía como son las de Vander Naillen y las de Trine, que me parecen muy superiores, están escritas en un lenguaje más comprensible y más elevado en todos los conceptos. Además, la misma señora Blavastky dice en alguna parte que sólo debe creer lo que su razón admite.

Por este motivo me he formado un alto concepto de la Teosofía, y de veras he lamentado que la intolerancia de algunos teósofos, así como la de algunos espiritas, haya traído la ruptura que no debía de existir entre los adeptos a los dos sistemas que sólo en apariencia o bajo su actual forma pueden parecer distintos, pero que en el fondo no lo son pues tienen las mismas tendencias y sólo difieren en el modo como han sido reveladas al mundo occidental.

Cuando vaya a esa Capital es mi intento hacer lo posible porque cambie esa tirantez de relaciones entre los dos campos, como Ud. los ha definido, pero para ello cuento muy especialmente con la ayuda de Ud. que estoy seguro que es de las mismas ideas mías.

Para convencerlo de ello es para lo que le he expuesto, al principio de esta mi carta, mi modo de apreciar de un modo general, tanto la Teosofía como el Espiritismo.

No soy más prolijo, porque nunca terminaría esta carta.

No me resigno con la idea de que Ud. no asista al Congreso próximo, pues de verdad es que lo considero como una de las principales intelectualidades de nuestro grupo. Nunca le había dicho tal cosa, ni tampoco que siempre voté porque Ud. fuera Presidente del Congreso y Presidente de la Junta Central Permanente, pero ahora que lo juzgo conveniente, lo hago para demostrarle la alta estimación en que siempre lo he tenido y el elevado concepto que tengo de sus cualidades.

A mí tampoco me agrada mucho el programa para el próximo Congreso, pues se traen a discusión puntos sobre los cuales ya se han tomado acuerdos en el Congreso anterior, y otros que me parecen de poca importancia o poco apropiados para tratarse en junta de esa naturaleza.

A pesar de todo esto, es muy probable que asista al Congreso, y lamentaría mucho el que Ud. no asistiera también.

El punto que Ud. quiere tratar encaja perfectamente en las bases aceptadas, puesto que se va a tratar: De determinar los caracteres del verdadero espiritismo, de estudiar los puntos dudosos de la filosofía espírita, inquirir el sistema más adecuado que deban regir las prácticas espíritus, y con todos estos puntos, se relaciona el importantísimo que quiere Ud. tratar.

Como Ud. dice muy bien, los miembros de la Junta obran con muy buenas intenciones, y si vemos que a pesar de esto cometen algunos errores, no solamente debemos de procurar disculparlos como Ud. lo hace con tan buen criterio, sino que debemos de procurar ayudarlos, a fin de que se desvíen del camino que llevan y sigan otro que nosotros juzgamos más apropiado para lograr el objeto que perseguimos.

Por este motivo creo que debemos de concurrir al Congreso.

Sabe que tendré mucho gusto en leer con frecuencia sus interesantes cartas y quedo como siempre su amigo y H. en C. que mucho lo aprecia.

FRANCISCO I. MADERO

C. 12, fs. 367-369.

 

* Prolífico periodista y escritor, nacido en Querétaro en 1837. Desde 1872 colaboró en El Socialista, con el pseudónimo de Espartaco, y en 1875 ingresó a la redacción de La Bandera de los Obreros. Estas actividades y la filiación espiritista lo relacionaron con el señor Madero.

 

ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2)
Epistolario (1900-1909)
Edición establecida por Agustín Yáñez y Catalina Sierra
Edición conmemorativa del cincuentenario de la muerte de DON FRANCISCO I. MADERO
EDICIONES DE LA SECRETARIA DE HACIENDA. MEXICO, 1963. pp.197-198.