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Siglo XX > 1900-1909 > 1907

Francisco I. Madero. Epistolario 1900-1909. 341. Carta de Madero al Sr. Don Nicolás González y González, manifestándole las razones que hacen imposible que acepte el puesto de presidente del grupo espiritista.
Octubre 29 de 1907

 

 

EPISTOLARIO 1907

 

Octubre 29

Sr. Don Nicolás González y González.
Puebla.

Muy querido amigo y H. en C.:

Acuso recibo de sus gratas de 16 y 23 del actual que recibí ayer a mi llegada de una de mis acostumbradas expediciones, y paso a contestar los puntos principales de su primera.

La falta material de tiempo para desarrollarle en mis cartas extensamente mi pensamiento, éstas han ido truncas y por ese motivo probablemente algunas de ellas no han expresado fielmente mis ideas. Digo esto porque parece que ha entendido que yo no apruebo en algo la conducta de Ud. Muy lejos he estado de tener tal idea. Por el contrario la apruebo en alto grado y siento verdadera simpatía y admiración por un hombre de la convicción y de la energía de Ud.

Si a mí me ha parecido que Ud. hace demasiados sacrificios o piensa hacerlos, con tal de que se lleve el Congreso en la forma en que Ud. ha pensado, eso no implica ni remotamente que yo desapruebe su modo de proceder. Si yo tuviera la misma convicción de Ud. que eso era necesario, obraría lo mismo que Ud., pues me he visto en casos en que he tenido que afrontar solo situaciones semejantes, y en lo único en que he diferido un poco de su parecer, es en la necesidad de hacer el próximo Congreso con tantos gastos, pero ya ve Ud. cómo, a pesar de que esa es mi creencia, gustoso le he ayudado en lo que me ha sido posible.

Le diré más, y es que a pesar de esa misma falta de convicción, le ayudaría a Ud. con una cantidad mucho mayor si mi situación financiera me lo permitiera; pues la simpatía que siento por Ud. me obliga a secundarlo en cualquiera empresa que Ud. acometa en beneficio de nuestra causa. El mejor ejemplo que le podré dar para que comprenda claramente mi idea es la siguiente: suponga Ud. que Ud. y yo somos soldados; combatimos en las mismas filas; que Ud., llevado de su ardor o entusiasmo imprudentemente avanzaba en una situación que lo ponía en peligro. Por lo pronto, yo no vería si realmente había algo de imprudencia o de temeridad en su conducta. Volaría en su socorro, aunque corriera los mismos peligros que Ud., y después le haría mis observaciones sobre su excesiva temeridad.

Aquí, en las circunstancias en que nos encontramos, como disponemos de más tiempo, se puede obrar con más calma y le hago mis observaciones más oportunamente. Esta es toda la diferencia.

Por consiguiente, desde ahora le digo que yo le he de ayudar hasta donde me alcancen las fuerzas, porque veo en Ud. al verdadero apóstol del espiritismo.

A pesar de su insistencia tengo que manifestarle que no me será posible aceptar por ningún motivo la Presidencia de la Junta Central Permanente. Ya le he dicho a Ud. algunas razones de mucho peso, pues no es lo mismo estar a una distancia tan grande como la que estoy, a Ud. que está relativamente cerca. Además, yo estoy atendiendo actualmente negocios en los que tiene gran participación mi papá, y siendo él mi socio, no podré obrar de modo que se perjudicaran sus intereses. Además de estas razones de mucho peso, tengo otras, de las cuales le he hablado a Ud. alguna vez, pero probablemente no conserve Ud. el recuerdo de lo que le dije, porque quizá le dio poca importancia.

La razón es la siguiente: Le platiqué a Ud. algo de las peripecias de la última campaña electoral que tuvimos en este Estado, hace cerca de tres años. Pues bien, la política como todas las cosas en que tomamos participación con fe y resolución, es como un engrane poderoso que una vez de haber metido una mano, tiene que ir atrayendo todo el cuerpo. Con este motivo he adquirido compromisos, que con mucho gusto he contraído porque cuadran con mis ideales, y tendré que dedicarles mis energías en la próxima campaña que será bastante pronto. En el estado que se encuentra actualmente la cosa política en nuestro país, Ud. comprenderá que no me sería posible atender a la vez a la Junta Central Permanente y a los compromisos que necesariamente tengo que cumplir en la próxima campaña.

Yo creo que de este modo es como mejor emplear mis fuerzas en provecho de mis semejantes, y yo lucharé en este terreno por la misma causa que Ud. defenderá de otro modo. Los dos nos daremos la mano y seguiremos siempre unidos. Esto es en mí una resolución irrevocable y sólo cambiaré de parecer si las circunstancias se ponen de tal modo que tenga que cambiar mi programa; pero en verdad, no preveo cuales puedan ser esas circunstancias.

No me gusta mucho hablar de estas cuestiones, porque es posible que por cualquier circunstancia no se lleven adelante los propósitos que uno se hace y luego queda uno en ridículo; pero a Ud. se lo digo porque lo considero como un verdadero hermano en cuestión de ideales y quiero que vea Ud. que no es por apatía, sino porque pienso dedicar mis energías por otro lado, la causa para que no quiera aceptar el puesto que me ofrece y que mucho me honraría.

Me dirá Ud. que será un obstáculo, para esto último, los negocios que tengo que atender de mi padre; pero además que no necesitaría ausentarme por mucho tiempo de ellos, puesto que todo será en este Estado, estoy resuelto a poner a otra persona en mi lugar para que los administre si acaso veo que no puedo dedicarles mi atención.

Permítame que vuelva a insistir sobre lo de siempre: Ud. es demasiado vehemente para juzgar las personas y las cosas. Don Enrique Baig no es tan malo como Ud. se lo imagina, ni Salvadores ni yo tan buenos como Ud. cree. Ya le he dicho mi opinión de Salvadores. De mí sólo le repito lo de siempre: que no se forme un juicio por lo poco que me ha tratado, pues empieza por creer que soy un hombre ideal como Ud. dice, y no tardará en tener una gran decepción.

Celebro que nuestro amigo el Sr. Güell se quede en ésa. Termino diciéndole que por ningún motivo se desanime, pues ya sabe que muchos lo queremos de veras y estamos resueltos a secundarlo hasta donde nos alcancen las fuerzas.

No siempre tome a oposición el que pensemos un poco distinto a Ud., Ud. debe comprender que tratando con gente de carácter firme y de ideas bien arraigadas, tendrá que haber algunos choques de ideas; pero esto en nada alterará la simpatía, ni en nada disminuirá las fuerzas del lazo fraternal que nos une y deberá unirnos para la lucha.

Nunca es para mí cansado leer sus cartas, al contrario, me proporcionan momentos muy gratos, pues en ellas veo siempre reflejado su entusiasmo y valor para luchar por el triunfo de nuestra causa.

Sabe que bien lo quiere su amigo y H. en C., que le desea prosperidades.

FRANCISCO I. MADERO

C. 12, fs. 228-231.

 

ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2)
Epistolario (1900-1909)
Edición establecida por Agustín Yáñez y Catalina Sierra
Edición conmemorativa del cincuentenario de la muerte de DON FRANCISCO I. MADERO
EDICIONES DE LA SECRETARIA DE HACIENDA. MEXICO, 1963. pp.192-193.