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Siglo XX > 1900-1909 > 1907

Francisco I. Madero. Epistolario 1900-1909. 338. Carta de Madero al Sr. Don Nicolás González y González, tratando diversos asuntos relativos al espiritismo y sobre personas vinculadas al tema.
Octubre 8 de 1907

 

 

EPISTOLARIO 1907


Octubre 8

Sr. Don Nicolás González y González.
Puebla.

Muy querido amigo y H. en C.:

Andaba en unas diligencias de apeo y deslinde en una nueva propiedad que compré en compañía de mi papá, cuando fui favorecido por su grata 13 del próximo pasado, que leí con interés, pero que no pude contestar desde luego porque andábamos recorriendo el perímetro de dicha propiedad sin comodidades para escribir, ni tiempo para hacerlo. Muy a mi pesar tuve pues que esperar hasta mi llegada a ésta para poder contestar detenidamente su grata ya citada.

Siento que tenga Ud. tan mala opinión de nuestro hermano el señor Enrique Baig. Efectivamente, he hablado con él últimamente, pero le aseguro que de Ud. se expresa en los mejores términos y le tiene verdadero cariño. Igual cosa sucede respecto a Morán. No así respecto a Salvadores Botas, por quien conserva aún la antipatía que ha sido la verdadera causa de que Ud. y él se disgusten.

Siento igualmente que, a pesar de la alta estimación en que me tiene, me crea usted tan "poquito", que no pueda tener opinión personal y que me deje influenciar constantemente de las personas que se me acercan. Le aseguro que no me conoce Ud. a fondo, pues precisamente (y eso lo sé por las personas que me rodean, por todos los de mi familia) es bien conocida la firmeza de mi carácter, que es hasta desesperante en algunos casos para los de mi familia, que quisieran que modificara mis modos de pensar y mis proyectos en ciertas cuestiones. Que en cuestiones que juzgue de poco interés con facilidad, no es por falta de firmeza, pero porque creo conveniente ceder en muchos casos a fin de que cuando afirmo en otras, tener más probabilidades de ser atendido. Cuando se insiste en detalles, gasta uno su influencia, su prestigio y después no es atendido en cosas importantes.

Ayer estuve releyendo la carta que le escribí la vez pasada, para ver si encontraba algo en ella que no fuera la expresión de lo que yo he sentido; pero sólo encontré una palabra trunca por equívoco de mi taquígrafa. Pues quedó "Los hombres de corazón no son hombres de cuenta", en vez de decir de "cuentas". Espero que Ud. con su buen juicio, subsanaría el error.

Desde hace mucho tiempo he reflexionado seriamente sobre el método de hacer el bien, pues al principio cuando empecé a poner en práctica los consejos de los espíritus y de acuerdo con la doctrina espírita, empecé a obrar ciegamente, como lo hace Ud. ahora, dando a todo el que me pedía. La reflexión, la meditación sobre este punto, me han llevado a las conclusiones que apunté en mis anteriores.

La opinión que tengo de Salvadores me la formé desde que estuve en el primer congreso, y le dije alguna vez al Sr. Enrique Baig que según mi opinión era conveniente que le suplicara a dicho hermano que no hablara con tanta frecuencia, porque no nomás a mí sino a muchas personas noté que les desagradaba oír tanta insubstancialidad.

Como en aquel tiempo no me unía a él, ni a ninguno de Uds., la estrecha amistad que me une ahora, mis palabras no tuvieron ningún peso; pero de todos modos, eso le demuestra a Ud. que la opinión que hoy tengo, es mía, propia, anterior a la que se ha formado el Sr. Baig.

Yo no tengo una opinión tan mala de Salvadores como la tiene don Enrique. Mi opinión sobre él es que es una persona buena, pero que habla demasiado, sin conocer en muchos casos los asuntos de que trata; pues lo he oído disparatar que da lástima. Además es muy ligero en su juicio, como lo habrá Ud. comprobado con el fracaso que tuvieron con la médium que se llevó de Laredo y que no teníamos más fundamento que los informes que él nos dio después de haberla visto; de Sarabia también les ha dado noticias muy halagadoras y aunque yo le di a Ud. mi opinión respecto a ese médium, de que no les convendría que lo llevaran a esa Capital para que diera sesión pública, lo han llevado debido a los informes de Botas. Ojalá y el resultado no justifique una vez más mi opinión respecto a la ligereza de Botas para formarse un juicio y respecto al que me tengo formado de Sarabia, que si lo considero un médium que pueda dar buen resultado en las sesiones de su círculo en que haya puros espiritas, no me parece que tenga aptitudes suficientes para presentarse en público, pues éste es exigente y en muchos casos van personas que sólo buscan pretexto para atacarnos; además de que esto redobla sus exigencias, son elementos perturbadores por excelencia de las facultades mediumnímicas.

Me da pena de que Ud. se haya hecho el propósito de que si no consigue quien le ayude, ser el que sufrague todos los gastos necesarios para llevar adelante el Congreso en la forma que Ud. lo desea. Admiro en Ud. ese entusiasmo, y si advierto que es algo irreflexivo, voluntariamente lo paso desapercibido en vista de los nobles móviles que lo guían.

Ud. está haciendo fuertes gastos, y ordinariamente desembolsa $300.00 mensuales para ayuda de la Junta. Según recuerdo me dijo Ud. que le daba $100.00 mensuales a Botas; éste recibe además otros 100 de la Junta. Pues bien, permítame Ud. que en este caso no confunda yo los intereses de Botas con los de la causa, y precisamente por eso le digo a Ud. que se deja llevar demasiado de su ardor y entusiasmo. Resultando que se sacrifica y no obtiene el gran resultado que podría obtener dándole otro empleo a esos fondos.

No se imagina lo que me mortifica tener que tratar este asunto con Ud., pues quién sabe qué pensará Ud. de mí. Pero Ud. me dice que si lo creo honrado, que si lo creo a Ud. digno de mi confianza, que si veo en Ud. un espirita de corazón, que lo ayude; y el caso es que no puedo ayudarlo en la forma que Ud. lo desea, por las razones que le expuse en mi anterior, y me da pena ver que Ud. se sacrifica, según mi opinión, sin el resultado que debía obtener. Ayer hablé detenidamente con papá y Alfonso mi hermano, les enseñé su carta y admiran, como yo, su gran desinterés y abnegación; pero me dijeron que no podían ayudarlo por lo pronto; además que ellos opinan que con el Congreso en la forma que se intenta llevar a cabo, no será un medio de propaganda muy eficaz.

En cambio, opino que conviene divulgar la obra de "Después de lá Muerte" de León Denis. Como ya le informé, papá y yo mandamos imprimir una edición de la traducción hecha por Mariscal para lo cual pedimos la autorización del autor y el editor la recabó del traductor.

Este trabajo estará terminado muy pronto, y desde luego papá y yo podemos regalar a esa junta mil ejemplares, para que los venda a un precio módico, con lo cual se ayudará en algo para sus gastos. Si la junta estima conveniente regalar algunos ejemplares, puede obrar como guste; pero me parece que sería bueno ponerles aunque sea un pequeño precio a estos libros, porque el que haga ese pequeño desembolso para comprarlos, es porque tiene deseos e intenciones de leerlos. Cuando esté terminada esta edición daré orden al editor para que entregue los mil ejemplares ya dichos.

El tiro es de dos mil, pero yo quiero conservar otros mil, para distribuirlos en las librerías y ver de qué otro modo se hace alguna propaganda; pero al terminarse los mil que le regalamos, le agradeceré me avise, para en caso de que aún me sobren de los que conserve, le mandaré los que tenga.

Ojalá y logre arreglar con el Sr. Fernández Güell que se quede en esa Capital, pues es un elemento importantísimo por sus grandes conocimientos y por el modo tan metódico y claro como sabe exponerlos. Aunque no tengo el gusto de conocer personalmente a este Sr., tengo verdaderos deseos de conocerlo, y espero que la próxima vez que vaya a la Capital tendré ese gusto.

Me dice Ud. que el Sr. Morán me escribirá cuando le escriba yo directamente. A la vez que escribí a Ud., escribí a él de Parras, pero dirigida a la casa de Ud., porque supuse que ahí esperaba la contestación, como Ud. me dijo; pero como me parece que no la ha recibido, le adjunto una copia de ella para que se sirva mandársela a donde sea su dirección, que en estos momentos no tengo a la vista. Celebro que esté ahora bien, trabajando, como Ud. dice, muy contento; eso le demostrará a Ud. que tenía yo razón que no debía de verse la cosa tan apurada, pues el hombre siempre tiene en sí fuerzas suficientes para luchar, por más adversa que se le presente la suerte.

Me dice Ud. que la nueva Presidenta de la Sociedad Teosófica ha dado una circular en que dice que traten a los espiritas como a hermanos en estudio y fines. Ojalá y así sea y que estos amigos no se vayan a dar por lastimados con la conferencia de Fernández Güell que aunque sumamente filosófica y razonada, no dejó de ser un ataque á las creencias que ellos profesan con cierto fanatismo, lo cual explica que sean tan intransigentes.

No tengo en este momento a la vista la cuenta de lo que ha girado de la Junta a cargo mío para gastos del Segundo Congreso; pero estimaría conveniente se sirviera decirles que sólo giren a mi c/o hasta el completo de los 1,000.00, incluyendo en ellos los 400.00 del primer g/.

Pronto escribiré a Ud. para decirle en qué forma puede disponer de lo de don Francisco Rivas. Mi hermano Gabriel dijo que contribuía con $100.00 para el Congreso, los cuales me entregó y tengo a disposición de la Junta.

Ya hablaré con mi tío José María Hernández y demás amigos de ésta para ver si logro que contribuyan con algo y le avisaré el resultado de mis gestiones.

Mucho queda todavía que decirle, pero prefiero reservármelo hasta cuando tenga el gusto de verlo.

Esperando que modifique Ud. su opinión respecto a nuestro buen amigo y hermano el señor Baig y respecto a mi también, quedo su amigo y H. en C. que mucho lo aprecia.

FRANCISCO I. MADERO

En estos momentos vuelvo a salir para un viaje.

Esto me obliga a no extenderme más sobre algunos puntos que trataré demasiado lacónicamente. Ud. con su buen juicio, complete mis pensamientos.

C. 12, fs. 116-122

 

ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2)
Epistolario (1900-1909)
Edición establecida por Agustín Yáñez y Catalina Sierra
Edición conmemorativa del cincuentenario de la muerte de DON FRANCISCO I. MADERO
EDICIONES DE LA SECRETARIA DE HACIENDA. MEXICO, 1963. pp.189-191.