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Siglo XX > 1900-1909 > 1907

Francisco I. Madero. Epistolario 1900-1909. 336. Carta de Madero al Sr. Nicolás González y González, sobre la mejor manera de hacer el bien y sobre asuntos espiritistas.
Septiembre 7 de 1907

 

 

EPISTOLARIO 1907

 

Septiembre 7

Sr. Nicolás González y González.
México.

Muy querido amigo y H. en C.:

Su grata de 25 po. po. la recibí con algo de retardo, porque de aquí me la mandaron a Australia y se cruzó conmigo en el camino, y de ahí la devolvieron.

La he leído con interés, con el mismo que leo siempre sus gratas letras. Veo por ella, que Ud. no comprendió la idea que quise desarrollar en mi última, y veo también que le ha causado una gran decepción mi modo de obrar en el asunto del señor Morán, pues aunque Ud. no me lo dice, demasiado claro lo comprendo.

No pretendo justificarme en esta cuestión, pues creo haber obrado bien, conforme a mi conciencia y a mis principios filosóficos, y creo más bien que Ud. es el que interpreta de un modo erróneo el modo de hacer el bien.

Ud. tiene un gran corazón, y únicamente se deja guiar por sus poderosos latidos. Obrando así, podría hacer a sus amigos y protegidos el mal que hace un padre demasiado cariñoso y que consiente a sus hijos.

Este mundo no es sino una escuela, un taller en que venimos a desarrollar nuestras fuerzas, para vencer los escollos que encontramos a nuestro camino. Por este motivo, no siempre hacemos bien a nuestros amigos quitándoles esos obstáculos.

Muchos padres, o por último la mayoría, tienen por costumbre legar a sus hijos toda su fortuna, guiados únicamente por el amor paternal, pues hasta el orgullo de raza, al trasmitirse, toma el mismo carácter. Además, el modo de prepararlos para que disfruten de una enorme fortuna, es alejar de su lado todos los trabajos, todos los dolores, todo, en fin, lo que podría fortalecer su alma. Resultando de esta educación, hombres inútiles a la sociedad y a la familia, que derrochan fortunas y que, si llegan a la miseria, no tienen carácter suficiente para volverse a rehacer, ni para elevarse.

Mil veces hubiera sido mejor educarlos pobremente, hacerlos sufrir en su juventud algunas privaciones, obligarlos a ganar con el sudor de su frente el pan indispensable para alimentarse, y entonces hubieran tenido hijos fuertes, porque el trabajo y el dolor son los grandes purificadores de las almas, haciéndolas verdaderamente nobles, porque la mejor nobleza, la verdadera, es la que se obtiene con sus propios esfuerzos, y entonces resultarían hombres útiles a la sociedad, a la familia, y a la patria, porque serían hombres de verdadero valor, hombres enérgicos, hombres de principios, que conocen las necesidades de la humanidad, porque han estado en contacto con sus miserias.

Si me he permitido extenderme en esta cuestión, es porque quiero que Ud. se penetre de mi pensamiento, que creo justo, para que vaya Ud., si llega a pensar como yo, poco a poco modificando su carácter, a fin de que todos sus actos sean guiados por la razón, pero por la razón desprovista de ninguna pasión, indudablemente le pasará a Ud. que tiene otra que la de hacer el bien; esa noble pasión hay que dirigirla con calma, con inteligencia, para obtener el mejor resultado posible de ella. Con esa nobleza y esa impresionabilidad que le caracterizan, tendrá que recibir grandes decepciones, que no siempre estarán justificadas, porque no serán sino diferencias de apreciación de la persona que crea Ud. que se guía por sentimientos bajos. En muchos casos, puede ser que ellos tengan la razón, aunque Ud. crea lo contrario.

El gran principio de la democracia es someterse al fallo de la mayoría, pero no solamente debe uno someterse obligado por la fuerza, sino procurar convencerse a sí mismo de que ellos tienen razón en la inmensa mayoría de los casos. Creer que nosotros tenemos siempre razón contra la mayoría, es creer que somos infalibles, es creer que somos superiores a todos los que nos rodean.

Además, cuando nos encontramos con personas que piensan distinto a nosotros y que sostienen a su modo de pensar con energía, aunque supongamos que están en un error debemos de apreciarlos altamente, porque nos demuestran que son gentes de carácter, porque nos dan a conocer que tienen el valor suficiente para darnos a conocer su opinión, y de ellos debemos estar siempre seguros, porque no nos engañarán y serán personas con quienes siempre podremos contar.

Muy distinto pasa con las personas aparentemente bondadosas que aprueban lo que decimos y que siempre opinan como nosotros. Estos seres, o son muy hipócritas o son muy débiles. En el primer caso, desconfiar de ellos; en el segundo, ayudarlos a fortalecerse haciéndolos comprender que no corren ningún peligro en decirnos su opinión, aunque ésta sea contraria a la nuestra. En ningún caso, dejarnos guiar por sus insinuaciones.

Extraño es que me haya atrevido a dar consejos a quien me los puede dar a mí, pero el verdadero cariño que le tengo me ha impelido a hacerlo. Además de que es más fácil para nosotros ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Yo siempre he apreciado que me den esta clase de consejos y cuando alguna persona me los ha llegado a dar, la he considerado como un verdadero amigo. Y espero que como tal, me considere Ud. a mí.

Me dice Ud. que me prepare para ser Presidente en la nueva Junta Central, porque Ud. terminará estos dos años completamente agotado, moral y materialmente.

Esta frase fue la que me sirvió de base para creer, no solamente que Ud. podría recibir alguna decepción, sino que ya la ha recibido, y es que Ud. quiere que todos sean tan entusiastas como Ud. y que trabajen con el mismo ardor por la causa y que opinen como Ud. sobre la conveniencia de emplear tal o cual medio de propaganda.

¡Hay que conocer mejor a la humanidad!

Ya en una de mis anteriores le hice algunas observaciones sobre este último punto, referentes a su proyecto de pagar todos los gastos de viaje de muchos delegados. Y por la contestación que Ud. me dio me parecía que no la había tenido en cuenta. No crea Ud. por un momento que por esto me sienta o me lastime, pero tengo que darle mala noticia, y es que mi papá y mi hermano Alfonso, por lo pronto, no podrán contribuir con nada para el Congreso. A pesar de esto, creo que obtendríamos algo de ellos, cuando ya estén las bases y sepan qué es lo que se va a hacer en ese Congreso; pero de ningún modo creo que obtendríamos de ellos los $1 000.00, que habíamos pensado. Con don Francisco Rivas hablaré hoy en la noche, pues ya lo tengo citado para el efecto, y le avisaré en una posdata el resultado de mi entrevista con él. Yo no puedo ser un buen abogado para pedir esta cantidad de dinero, porque no tengo la convicción de que se necesite. Si el Congreso pasado se hizo con $1 500.00 o 2 000.00 ¿por qué gastar mucho más en éste? Las ideas religiosas o filosóficas no se divulgan a fuerza de dinero. Lo principal que se necesita es constancia, calma y fuerza de voluntad. Cristo, pobre y con escaso número de discípulos, trasformó la faz del mundo.

De todos modos, cuente usted con mis $1 000.00 pues aunque yo no estoy convencido de que se necesiten, sí estoy seguro de que tendrán, bajo su dirección, un buen empleo.

No me ha dicho ni Ud. ni Salvadores nada del resultado que haya obtenido con la médium de Laredo: En el "Siglo" vi que hablaba algo de eso, pero parece que los resultados no fueron muy brillantes, y que desde un principio vinieron representantes de la prensa, puesto que el "Imparcial" viene hablando y burlándose por cierto de esa sesión.

Estoy seguro que los miembros de la Comisión de Experimentaciones no habrán olvidado lo importante que es tener algunas sesiones en "petit comité", hasta ver armonizados bien los fluidos de ellos con los de la médium, antes de exponerse al examen de personas que podrían ser hostiles, pues Ud. sabe lo mucho que perjudica una persona de éstas, cuando el médium no está bien protegido por un círculo que le sea armónico y simpático.

Cuando estuvimos en ésta, le di mi opinión sobre el médium Sarabia. Por el "Siglo", veo que a pesar de eso lo llevaron a México a sesión pública. Ojalá y mis temores fueran infundados y no tuviera yo razón que ese médium no está a propósito para presentarse ante un público que podría ser hostil, y espero con ansia el resultado de la sesión. De todos modos, no me parece que el dinero que tenemos para el Congreso se gaste en llevar ese médium, porque de ese modo nos vamos a ver apurados para cubrir el presupuesto.

Ya sé que los hombres de corazón, sobre todo cuando lo tienen grande como Ud., no son hombres de cuenta: pero es muy necesario tener siempre en cuenta los elementos con que uno puede disponer, a fin de no verse en el caso de tener que hacer sacrificios duros.

Al citar el párrafo de su carta en que me dice que me prepare para ser Presidente en el año entrante, se me olvidó hacer referencia a este punto.

Desde que estuvo Ud. aquí, le di mi opinión sobre el particular.

Aunque yo creo que soy indigno de ocupar ese puesto, con gusto lo aceptaría si mis amigos me creen digno de ello, pero siempre que viviera yo en esa Capital; de lo contrario no, porque no tengo modo de poder asistir, porque no podría cumplir ni a satisfacción de ellos, ni de mí mismo ese puesto tan delicado.

Con atención he leído "Espiritismo y Teosofía", de Fernández Güell. Es un trabajo magnífico, y no cabe duda que tenemos un brazo fuerte para la polémica. Pero ¿no le parece que hubiera sido mejor no tratar este punto para no lastimar las susceptibilidades de algunos de los miembros de la Junta? Ya ve cómo desde luego perdimos el valioso contingente de Rubín y estuvimos a punto de perder el de Macías y el de Aragón.

Yo creo que nuestro único enemigo, a quien debemos de tratar sin consideración, es el materialismo. Las demás religiones, con más o menos celo, procuran divulgar la práctica del bien, que en sí solo encierra todo el programa de nosotros los verdaderos espíritus.

Igual pasa en la Teosofía: pues lo único que dice en lenguaje occidental y que se le puede entender es recomendar que nos mejoremos con nuestro propio esfuerzo; el resto, son divagaciones dogmáticas e ininteligibles, y como tales, no son comprendidas casi por nadie. Los de inteligencia clara luego descubren lo absurdo que tienen.

Los teósofos no nos han atacado públicamente y se han contentado con proferir algunas frases tan vagas, como son infundadas sus afirmaciones. Quizá hubiera sido mejor esperar que ellos fueran los primeros en hacer fuego si se atrevían a ello. El artículo que yo escribí sin lastimarlos, les dio motivo suficiente para que hubieran aceptado la lucha. Su silencio en tales circunstancias equivalía a una derrota. ¿A qué darles nuevos golpes, si con buenas razones podíamos atraerlos a nuestro lado?

Ya para cerrar esta carta llegó a mis manos el número 24 del "Siglo Espírita" que he leído con interés, pues veo los esfuerzos que están haciendo para contrarrestar los efectos de la campaña que ha emprendido contra nosotros "El Imparcial". Estas polémicas en la prensa diaria benefician grandemente nuestra causa. Sobre todo si en muy poco tiempo se logra producir los fenómenos fácilmente comprobables aun a la vista de los escépticos.

No sé si en tan larga carta habré dicho algo que pueda lastimarlo. Si es así, le suplico dispensarme y deseo que sólo vea en ésta la expresión franca y sincera de un amigo que verdaderamente lo quiere, y lo abraza fraternalmente.

FRANCISCO I. MADERO

Hablé con Rivas quien me ofreció contribuir con $500.00 para el Congreso.

C. 12, fs. 50-56.

 

ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2)
Epistolario (1900-1909)
Edición establecida por Agustín Yáñez y Catalina Sierra
Edición conmemorativa del cincuentenario de la muerte de DON FRANCISCO I. MADERO
EDICIONES DE LA SECRETARIA DE HACIENDA. MEXICO, 1963. pp.186-188.