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Siglo XX > 1900-1909 > 1905

Carta de Ricardo Flores Magón a los Señores Crescencio y Francisco Villarreal Márquez. Es necesario organizar la revolución de tal modo que no haya peligro de traiciones.
Saint Louis, Missouri, diciembre 5 de 1905

 

 

Señores Crescencio y Francisco Villarreal Márquez
Laredo, Texas

Queridos amigos y compañeros:

Debíamos a ustedes la contestación a su grata de 23 del pasado noviembre y hoy recibimos una nueva grata, la de 1° del corriente. Muy interesantes son sus dos cartas y mucho hemos reflexionado acerca de su contenido. Con la franqueza de costumbre, paso a contestarlas.

Como ustedes, sentimos gran impaciencia porque haya en la patria un cambio radical en su modo de ser político, y en su modo de ser social. Queremos una república dentro de la cual seamos libres y felices todos los mexicanos.

Bien lo sabemos: para alcanzar eso no hay más medio que la revolución y a que se efectúe esa gran conmoción popular tienden nuestros esfuerzos. Nunca hemos soñado con una evolución pacífica. Los intereses actualmente existentes se opondrán desesperadamente a toda libertad y a toda justicia, y esa oposición de los elementos conservadores, al chocar con los principios liberales que sostenemos, producirá indefectiblemente la revolución.

Así, pues, estamos de acuerdo en el medio, pero esperamos que ustedes convendrán en que toda grande obra necesita su preparación. Ustedes nos dicen que tienen con nuestro amigo [Marcial Garza] Rivas más de cincuenta hombres listos que pueden ser caudillos: pero no es solamente caudillos lo que se necesita; se necesita dinero. El gobierno cuenta con elementos poderosos de fuerza, y es necesario que el pueblo también cuente con esos elementos, y para dárselos, se necesita dinero. No creo que debamos exponer los pechos inermes de los bravos liberales al filo de las armas de la tiranía.

Hay más: el dinero sin la organización de nada serviría. Hay la necesidad de hacer una revolución, y ya que comprendemos esa necesidad, es necesario prepararnos para ella. Ir a la revolución con cincuenta caudillos, que a la hora de entrar en acción creo muy difícil que los cincuenta estuviesen listos, con armas, gente, etcétera, es fracasar.

No basta la buena voluntad para ser caudillo; se necesitan muchos elementos materiales que solamente pueden ser tenidos por medio de la organización.

Es necesario, queridos amigos, organizar la revolución, y organizarla de tal modo que no haya peligro de traiciones.

A nosotros nos parece que debemos hacer trabajos secretos para ir preparando la revolución, para irla organizando, y eso es precisamente lo que estamos haciendo. En público no excitamos al pueblo a las armas, porque vemos que sería peligroso hacerlo, no para nosotros, sino para nuestros correligionarios, porque al saber el gobierno que descubiertamente hacemos trabajos revolucionarios, sería interceptada la correspondencia que viene para nosotros, y nuestros amigos serían asesinados en México. Ven ustedes que es preciso obrar con cautela. Nos remordería eternamente la conciencia si por nuestra imprudencia fueran asesinados nuestros amigos. Preferimos perecer nosotros a que otros sufran por nuestra causa.

Vemos en ustedes mucha impaciencia, impaciencia que se debe al noble deseo de ustedes como ciudadanos dignos de terminar con un estado de cosas que evidentemente deshonra a todos los mexicanos y amenaza terminar con la conquista extranjera. No criticamos, por esa razón, su impaciencia. Por el contrario, ella nos hace comprender mejor su sincero amor a la libertad. Pero hay que refrenar la impaciencia. Debemos calmadamente organizar la revolución. Debemos preparar en todo el país centros de rebelión para que la conflagración sea general y no de un solo punto de la república.

El éxito estará en razón directa del mayor número de centros de rebelión que se logren formar, dotados de todo lo más indispensable para entrar en acción, para lograr todo eso, es preciso tener paciencia, refrenar los naturales impulsos, ser fríos y serenos.

Debemos tomar como ejemplo la revolución rusa. (1) Para prepararla fue necesaria la organización, y habrán visto ustedes que a pesar de haber tenido una admirable organización, que ha dejado maravillados a los hombres más notables del mundo, ha sido preciso aplazar el levantamiento armado para cuando el pueblo adquiera las armas y demás pertrechos de guerra con el fin de armar al pueblo y ponerlo en aptitud de luchar contra las fuerzas de la autocracia.

Lo mismo debernos hacer los mexicanos. Armarnos, organizarnos, he ahí el camino de la victoria.

Ven ustedes que estamos completamente de acuerdo, y consideramos que convendrán en el único punto en que parece que no lo estamos, y es el de hacer rnás perfecta la organización para no llegar a un fracaso, que originaría el sostenimiento de la tiranía por un tiempo mayor, pues el pueblo perdería completamente la fe en el Partido Liberal si lo llevase al desastre, y la tiranía se prestigiaría y se cubriría de gloria.

Trabajemos por la reorganización del Partido Liberal en público como lo estamos haciendo, y en lo privado pongámonos de acuerdo con los hombres de corazón bien puesto que haya, para hacer la revolución. Creemos que ésa debe ser la marcha que debemos seguir.

La reorganización del Partido Liberal, mis queridos amigos, está dando magníficos resultados. Todos los días recibimos adhesiones a la Junta, (2) y de ese modo varaos conociendo nuevos elementos de combate, y vamos comprometiéndoles para que se apresten a la lucha, a la vez que aumentando el número de miembros, la junta tendrá más dinero que emplear en armar al pueblo. Ya tenemos amigos en distintas partes del país que secundan el movimiento revolucionario, pero ustedes saben bien que los liberales son pobres y necesitan esos amigos arreas y pertrechos de guerra que la Junta les dará para luchar de un modo eficaz.

No hay que desesperar. Hay que tener la idea fija de la revolución.

Mucho gusto nos dará si ustedes están de acuerdo con nosotros en el punto de la organización para la revolución. La fecha del centenario de Juárez, que les parece a ustedes buena, puede serlo si para entonces ya hay suficiente organización. Sobre eso seguiremos hablando con ustedes a quienes consideramos como compañeros en todo.

Les ruego una cosa, y es que esta carta no la hagan pública. Es preciso que no despertemos la desconfianza del gobierno para que no nos interrumpa la correspondencia con nuestros amigos de México y se cebe en ellos la tiranía.

También sería bueno que ustedes no hicieran en su periódico llamamientos a las armas, pues les puede pasar que les recojan su correspondencia. Sigan hablando de la organización del Partido Liberal. Exciten a los ciudadanos a unirse para crear un partido fuerte que sea capaz de hacer respetar los principios liberales. Pero no hagan llamamientos revolucionarios. Esos llamamientos deben hacerse en lo privado.

No quiere esto decir que en su periódico ataquen la idea de la revolución. Eso no es bueno, pero no la mencionen. Hay que despistar a los tiranos. Ellos quieren hacernos pasar a todos los que les hacemos oposición como revolucionarios y anarquistas. Ya ve usted que hasta en El Imparcial de Madrid salió un cablegrama, redactado en El Imparcial de México, en el que se decía que los redactores de Regeneración teníamos formado un plan que no era otro que el de asesinar a Porfirio Díaz. (3) Eso lo hacen para ver qué es lo que decimos. No decimos sencillamente nada. Que digan todo cuanto quieran los enemigos a ese respecto. La cuestión es no descubrir los planes que con ustedes tenemos sobre la revolución.

Nosotros queremos obrar de acuerdo con ustedes, puesto que son nuestros compañeros de combate. Trabajemos todos unidos por la reorganización del Partido liberal, convencidos de que por medio de esa organización organizaremos la revolución.

Respecto del Programa de la revolución, estamos completamente de acuerdo con él. Necesitamos un Programa que beneficie a todos los hombres. Puesto que todos somos mexicanos, todos tenemos derecho a ser felices y libres. Por hoy solamente gozan los ricos. Es necesario que por la revolución gocen los pobres; que el trabajo sea mejor retribuido, etcétera.

Todo el Programa que nos transcriben ustedes es nuestro. En lo único que no estamos de acuerdo es en la cuestión de los frailes: hay que ir sobre ellos. Ellos son los que sostienen las tiranías y envilecen a los pueblos. Ya discutiremos este punto que para nosotros es de suma importancia. Dejar a los frailes sería tanto como dejar la tiranía. Atacarlos cuando haya triunfado la revolución sería hacer una nueva revolución que se hubiera evitado si en una sola se abarcasen todos los puntos.

Hay que hacer una revolución bien hecha para no echar sobre el Partido Liberal una mancha. Las revoluciones del Partido Liberal han sido grandiosas, y esta vez lo será más porque en su Programa lleva principios salvadores para todos: esta vez la revolución no solamente será política sino social. Organicémonos para hacerla.

Por nuestra parte estamos trabajando en eso como ustedes, pero no creemos que podarnos hacer la revolución en cuatro meses que faltan para el centenario. Sin embargo hay que hacer esfuerzos por adelantar en la organización de ella para que se pueda hacer lo rnás pronto posible. Sobre el día en que deba hacerse, es preciso que estemos de acuerdo con ustedes, así como en todo.

Ahora paso a otra cosa. Mucho les agradezco su felicitación por mi libertad. Juan [Sarabia] y Enrique [Flores Magón] ya también están en libertad bajo fianza. Mucho nos ha ayudado el pueblo, pues las fianzas las hemos podido dar gracias a los donativos que hemos recibido. Ahora falta la resolución del proceso. Hay que rendir pruebas y eso hace un tanto dilatado el proceso, pero en libertad podemos seguir trabajando por la reorganización del Partido Liberal que, como les dije, progresa de un modo que nos hace acariciar las más risueñas esperanzas para los planes que tenernos con ustedes.

No hay que desmayar, rnis queridos amigos. Hay que tener calma para todos estos momentos. Ya ven ustedes desde cuándo estamos luchando, para conseguir que al fin el pueblo comience a dar señales de vida. La persecución que hemos sufrido nos ha dado la oportunidad de apreciar que ya entre los correligionarios comienza a echar raíces la idea de la unión, y esa unión será la que dé el triunfo porque más fácilmente se podrá acabar de organizar el movimiento redentor que acabe con la tiranía.

Recibimos el giro por diez pesos oro, producto de la colecta del club liberal de Los Aldamas [, Nuevo León]. Muchas gracias por el envío. Les ruego hagan presentes nuestros agradecimientos a esos correligionarios. Les suplico a ustedes me den el nombre del presidente de ese club y su dirección, para enviarle las comunicaciones en la Junta. También les agradeceré me digan a qué estado pertenece Los Aldamas.

Nunca hemos creído que sean ustedes imprudentes por haberse dirigido a Inocencio Arriola y a los personajes que me cita, entre ellos [Francisco I.] Madero y [Frumencio] Fuentes. Sencillamente creemos que era innecesario, pues ya nos sospechábamos que esos señores no podían estar con nosotros. No debemos esperar redención de los ricos.

De todos modos, estuvo bueno que ustedes lo hicieran para que se convencieran por sí mismos. Camilo [Arriaga] es el inspirador de Madero. Camilo está ya en México, después de haber conseguido por medio de [Ramón] Corral no ser molestado.

Nos reprochan ustedes que no hubiéramos tratado de convencer a Camilo para que no defeccionase. Ya el que quiere defeccionar no puede ser convencido. Sobre todo es preferible conocer bien a los hombres. Sólo hay que confiar de los que no quieren defeccionar. Al que desee defeccionar hay que dejarle, pues sería peligroso tenerlo en los secretos del partido.

Camilo fue el que inspiró a Madero para que formara el Partido Demócrata, con el objeto de debilitar los esfuerzos que estábamos haciendo para la reorganización del Partido Liberal. El resultado ha sido que nadie de los verdaderos correligionarios haya hecho aprecio del llamamiento de Madero.

Hay una cosa bien sensible en el asunto, y es que entre los miembros del Club Democrático Benito Juárez de San Pedro, [Coahuila,] (4) hay hombres de buena fe como Indalecio de la Peña y otros; verdaderos hombres honrados y patriotas. Ante la frialdad con que el pueblo ha acogido la formación del Partido Demócrata, creemos que esos buenos elementos seguirán siendo liberales y cooperarán a hacer una unión fuerte de liberales.

Hay también en San Pedro dos clubes netamente populares; y están encabezados por patriotas sinceros y buenos liberales que estarán con el Partido Liberal, cuando se convenzan cíe que solamente el Partido Liberal podrá hacer la redención del pueblo.

Poco a poco iremos atrayendo a esos buenos elementos. Hay que convencerlos de que el Partido Liberal tiene suficiente prestigio y que un partido nuevo no hará más que debilitar la fuerza oposicionista del pueblo. Sobre todo un nuevo partido como el pretendido demócrata que dice no hacer oposición al gobierno, que tiene como órgano único en la prensa al Tercer Imperio, y que huele a corralismo, con lo que basta para sembrar la desconfianza entre los liberales de buena fe.

Nos place que Francisco Reyes esté dispuesto a la lucha. De todos modos no den ustedes a conocer nuestros planes revolucionarios a dicho señor, porque es amigo de Corral. Hay que andar con mucho tiento, mis queridos amigos. La empresa que con ustedes tenemos entre manos es difícil y peligrosa, no para los que estamos en los Estados Unidos, sino para los correligionarios de México.

Esperamos sus nuevas eras. Ya ven que estamos de acuerdo y esperamos que así continuemos para ser fuertes y unidos. Termino por felicitarlos por su noble entusiasmo. Ojalá que nunca llegue a enfriarse, sino que cada vez trabajen con mayor ardor. Nosotros, por lo pronto, continuamos la reorganización del partido y los trabajos secretos de que les hablo. No dejen de hablar de la necesidad de unirnos los liberales para ser fuertes y poder oponer un dique a los desbordamientos del poder. Espero sus nuevas letras. Reciban cariñosos saludos de Juan [Sarabia], de Enrique y demás compañeros, y un abrazo de su amigo que los quiere mucho


Ricardo Flores Magón


P.S. Háganme el favor de saludar muy cordialmente a nuestro buen amigo don Marcial Garza Rivas.


(1)   Refiérese a la revolución rusa de 1905.

(2)   La Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano (JOPLM) se instaló en la ciudad de Saint Louis, Mo., el 28 de septiembre de 1905. Presidente, Ricardo Flores Magón; vicepresidente, Juan Sarabia; secretario, Antonio I. Villarreal; tesorero, Enrique Flores Magón; primer vocal, Librado Rivera; segundo vocal, Manuel Sarabia; tercer vocal, Rosalío Bustamante. Las bases de la misma fueron publicadas en "Manifiesto. La junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. A la nación", con la misma fecha, reimpreso en Regeneración, núm. 48, del 30 de septiembre de 1905.

(3)   Véase "El Imparcial y la prensa universal. Delirios de periodicuelo", en El Imparcial, ciudad de México, 20 cíe noviembre de 1905.

(4)   El club democrático Benito Juárez, de San Pedro, Coah., fue constituido en septiembre de 1904. Su órgano periodístico, El Democrático, se fundó el 31 de octubre de 1904. La dirección del club estaba compuesta por Francisco I. Madero, presidente; José Ma. Hernández, vicepresidente; Indalecio de la Peña, secretario; Candelario Durán, primer vocal; Alfonso Madero, segundo vocal; Catarino Benavides, tercer vocal. Para las elecciones municipales de 1904, presentó la candidatura de Francisco Rivas, derrotado por Manuel Viesca y Arizpe, tras un proceso electoral fraudulento. A instancias de Madero, el club proyectó la reunión de la Convención de Clubes Políticos de Coahuila, con miras a la elección de magistrados y gobernador del estado para el periodo 1905-1909. El club Benito Juárez propuso a Dionisio García Carreón como candidato a gobernador, pero dicha convención acordó el lanzamiento de Frumencio Fuentes, propuesto por el Club Central de Torreón.


Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 1 (1899-1918). Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000.  pp.142-148.