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Siglo XX > 1900-1909 > 1903

35. Los eunucos de la política
El Hijo del Ahuizote, núm. 847, 19 de abril de 1903, pp. 248-249

 

Sabemos que los miembros de la Convención Electoral Neoleonesa que lograron escapar de las garras del tirano Bernardo Reyes se encuentran en esta ciudad, a la que han venido para SUPLICAR al general Díaz que por MISERICORDIA los libre del moderno Barba de Bronce.

También sabemos que esos señores que vienen a SUPLICAR, cuando les correspondería EXIGIR, han puesto en juego cuantos medios han tenido a su alcance para impedir que el Club Liberal Ponciano Arriaga presentase a la Cámara de Diputados la acusación contra Bernardo Reyes.(1)

Nos resistimos a dar crédito a tales noticias porque conocemos la altivez y la energía que caracteriza a nuestros hermanos de la frontera del norte; pero desgraciadamente las noticias son absolutamente verídicas, y una tristeza infinita se ha apoderado de nosotros al ver que unos ciudadanos, que unos mexicanos, vienen a arrastrarse a las plantas del general Díaz implorando socorro, cuando erguidos y viriles debían exigir justicia.

Los más duros comentarios merece la actitud de esas personas. Los justos sentimientos de indignación producidos por la hecatombe del día 2, en lugar de manifestarse en una forma viril y resuelta, gimen en las antesalas de la presidencia, como si el pueblo no tuviera la conciencia de su soberanía y fuera menester para su felicidad el envilecimiento de su honor.

El pueblo de Nuevo León debe protestar contra la política de estrado que están haciendo algunos de los miembros de la convención que se encuentran en esta capital, porque es incompatible con la dignidad de un pueblo altivo.

El pueblo de Nuevo León no puede, no debe arrastrarse a los pies del general Díaz, porque al general Díaz se debe que Bernardo Reyes tenga dieciocho años de tiranizar a la frontera. El pueblo de Nuevo León debe desautorizar a esas personas carentes de energía, que toman su presentación para mendigar favores de quien les impuso el azote.

Deben tener presente además los señores de la convención, que el general Díaz se burlará de ellos. Nada aumenta tanto la arrogancia de los poderosos, como la sumisión de los oprimidos.

Pero la nota más negra que han ofrecido esos señores de la convención, lo que más ha indignado a los hombres honrados, ha sido la furiosa oposición que han estado poniendo en práctica, para impedir que el Club Liberal Ponciano Arriaga presentase a la Cámara de Diputados la acusación contra Bernardo Reyes por los asesinatos del 2 de abril...

Parece increíble que esos señores hijos de Nuevo León puedan permanecer impasibles ante los desmanes del sanguinario Bernardo Reyes. La sangre de los neoleoneses, de sus paisanos, de sus parientes, de sus amigos, les ha caído en el rostro como una afrenta que es necesario vengar... y sin embargo, no proceden en la forma legal contra el autor de la infamia, y aun impiden que una asociación de ciudadanos altivos acusen al hombre que deshonra a México asesinando al pueblo.

La sangre de las víctimas de Bernardo Reyes no se ha oreado. Las lágrimas de las viudas y de los huérfanos tampoco se han oreado. La Plaza Zaragoza conserva aún ese sello sombrío que imprimen las grandes calamidades. Todavía hay olor a pólvora en el Palacio Municipal, en el casino y en la casa Maíz Hermanos. En los hospitales sangran aún las heridas de las víctimas. En la penitenciaría, más de un centenar de ciudadanos manifestantes reciben un tratamiento inhumano, y en los cementerios los cadáveres de los patriotas asesinados conservan la mueca del último estertor lanzado en la vía pública, sin que una mano piadosa hubiera cerrado sus párpados, ni una gota de agua hubiera humedecido sus labios, abrasados de fiebre y convulsos de terror.

Y ese cuadro de desolación cuyos tintes sombríos han provocado la indignación de la República, parece olvidado ya por esos señores de la convención que vienen a implorar misericordia cuando debían exigir justicia.

Nosotros tenemos frases de aliento para los luchadores, que aunque caídos saben a pesar de todo formular las protestas de un noble coraje; nosotros tenemos frases de aliento para el pueblo que comprende su soberanía, pero para los que tomando la representación del pueblo vienen a barrer con las rodillas las alfombras de la presidencia; para los que tomando la representación del pueblo vienen a impedir que los ciudadanos que no han perdido su virilidad acusen al que degüella a ese pueblo; para los que adulan al general Díaz porque les impuso el látigo en la frontera, para ésos no tendremos misericordia porque sí sabemos manejar la fusta para restallarla en las espaldas de los que no pueden permanecer erguidos.

 

Escorpión (Ricardo Flores Magón). 

 

(1)   La acusación contra Bernardo Reyes fue formulada por Camilo Arriaga y Antonio Díaz Soto y Gama, en representación del Club Liberal Ponciano Arriaga. El texto de la acusación se publicó en El Hijo del Ahuizote, núm. 847; 19 de abril de 1903. Se adhirieron a ella los clubes Melchor Ocampo (Puebla, Puebla) y Benito Juárez (Escalona, Chihuahua). Reyes fue defendido por José López Portillo y Rojas y Emilio Álvarez; el Congreso absolvió al acusado.

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente: 

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. ARTICULOS POLITICOS SEUDONIMOS. VOLUMEN V.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón bajo seudónimos.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2005. pp.106-108.