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Siglo XX > 1900-1909 > 1903

34. La hecatombe de Monterrey
El Hijo del Ahuizote, núm. 846, 12 de abril de 1903, pp. 234-235

 

Con inmensa pena, por haber sido una porción del territorio nacional el escenario de una tragedia de caribes, vamos a reseñar los sangrientos sucesos acaecidos el día 2 del corriente en la ciudad de Monterrey.

La Convención Electoral Neoleonesa, (1) había organizado para ese día una imponente manifestación pública, tanto para conmemorar la jornada del 2 de abril de 1867, como para hacer patente al candidato del pueblo de Nuevo León, el valeroso y prestigiado abogado señor don Francisco E. Reyes, la admiración y el cariño que para él tiene el estado.

Bernardo Reyes, el megalómano empedernido, envidioso de la universal simpatía con que cuenta su rival político, puso cuantos medios halló a su alcance para deslucir la manifestación popular. Impidió que las bandas de música acompañasen a los manifestantes; mandó fijar anuncios en las calles ordenando casi al pueblo que abandonase la idea de hacer una manifestación en honor del licenciado Reyes e instigándolo a que esa manifestación se hiciera en honor suyo (de don Bernardo).

El pueblo no hizo aprecio a las insinuaciones del impulsivo gobernador, y Bernardo Reyes, rugiendo de ira, rumió una venganza. A pesar de los obstáculos que Bernardo Reyes opuso a los organizadores de la manifestación, ésta tuvo efecto el 2 del corriente. Una inmensa comitiva de más de quince mil personas representando todos los gremios recorrió las calles de la ciudad de Monterrey. Intelectuales, obreros y comerciantes, todos unidos por un mismo entusiasmo, hacían pública su adhesión al señor licenciado Francisco E. Reyes.

El entusiasmo era unánime. Al pasar la comitiva por las calles, las más distinguidas y hermosas señoritas arrojaban sobre los manifestantes flores, confeti y serpentinas.

Bernardo Reyes, que desde su escondite observaba la pompa de la comitiva, el ondear de los estandartes de los gremios de profesionistas, industriales, estudiantes, obreros, comerciantes, etcétera; Bernardo Reyes, a cuyos oídos llegaba la heroica armonía de las bandas de música y los robustos "vivas" lanzados por la multitud en honor de su candidato el señor licenciado Francisco E. Reyes, continuaba rugiendo de ira y rumiando una venganza.

Bernardo Reyes había previsto el desaire que tenía que correrle el pueblo y con anticipación ordenó a los alcaldes de los pueblos cercanos que con cincuenta hombres armados se presentase cada uno en Monterrey el día 2 de abril.

¿Para qué quería Bernardo Reyes esa gente armada? ¿Qué fin siniestro se proponía?

A las primeras horas de la mañana del día de la manifestación, grupos de hombres armados cubrieron las azoteas del Palacio Municipal, del casino y de una casa de comercio que gira bajo la razón social "Maíz Hermanos".

Bernardo Reyes, lleno de odio hacia el pueblo, ordenó que esa gente armada se agazapara en las azoteas en acecho de los manifestantes.

Entre tanto, la comitiva, engrosada por un sinnúmero de simpatizadores, continuaba recorriendo las calles de Monterrey entre las ovaciones del público patriota. Los oradores electrizaban al pueblo, las bandas de música hacían oír sus heroicas armonías, los estandartes ondulaban movidos por el viento, las damas agitaban sus pañuelos, y las flores, los confeti y las serpentinas, ilustraban con su nota simpática la imponente manifestación.

Así recorrieron los manifestantes las calles de Washington, Roble y Matamoros.

El júbilo era indescriptible y al llegar los manifestantes al lugar situado entre el Palacio Municipal, la Plaza Zaragoza y la casa de comercio que gira bajo la razón social "Maíz Hermanos", colocaron una tribuna que debía ocupar el licenciado Vicente B. Treviño.

En esos momentos en que todos los manifestantes se preparaban a oír al popular orador, el Himno Nacional hacía escuchar sus notas gloriosas, las flores, el confeti y las serpentinas bordaban aquel conjunto simpático y armónico; las damas continuaban agitando sus pañuelos y los estandartes orlados de oro, ondeaban agitados por el viento...

Un silencio absoluto se notó de pronto. Era que el orador señor licenciado Vicente B. Treviño ascendía a la tribuna... Ayes de dolor; gemidos desgarradores; semblantes desencajados; cuerpos revolcándose en charcos de sangre; gritos de indignación o de espanto; carreras vertiginosas; estruendo de fusilería, de sables; confusión, desorden, pánico... y en medio del desorden, de la confusión y del pánico, a través del humo producido por los disparos, resultaban gigantescas, monstruosas, como las bestias del Apocalipsis, las figuras de Pedro C. Martínez (2) y Bonifacio Martínez (a) El Coyote...

Bernardo Reyes gozaba, y la sonrisa de Satanás hubiera sido candorosa comparada con la de ese hombre.

Fue que Bernardo Reyes vio realizados sus deseos de sangre y de muerte. Los estertores de los agonizantes son amorosos suspiros para los chacales...

¿Pero qué fue lo que motivó el desorden, la confusión, la muerte, el pánico?

Los esbirros de Bernardo Reyes, agazapados en las azoteas del Palacio Municipal, del casino y de la casa comercial que gira bajo la razón social "Maíz Hermanos", hicieron fuego sobre las mujeres, sobre los niños...

La carnicería fue espantosa. Millares de proyectiles disparados por los esbirros, hicieron blanco seguro en una multitud de más de quince mil personas y quince muertos y una infinidad de heridos cayeron por tierra...

La crueldad más refinada pudo observarse en este monstruoso ataque a ciudadanos inermes. Una de las personas que primero cayeron heridas, hizo un esfuerzo sobrehumano y se levantó, pero apenas erguido, los gendarmes montados lo cercaron, lo acorralaron y todos a su vez dispararon sobre el herido, que caído y ya muerto, continuó recibiendo las balas de los encarnizados verdugos.

La carnicería fue espantosa. Las señoras y los niños buscaban refugio, pero en vano. Balas certeras les desgarraban las carnes y caían agonizantes al lado de los muertos.

Bernardo Reyes gozaba, y la sonrisa de Satanás hubiera sido candorosa comparada con la de ese hombre...

Los esbirros de Bernardo Reyes continuaban disparando sus armas. Las víctimas, locas de terror, huían, pero en vano. Balas certeras les daban la muerte detrás de las puertas de las casas de comercio... Los esbirros perseguían a sus víctimas hasta el fondo de las casas.

Bernardo Reyes, entre tanto, lanzaba carcajadas infernales... Bernardo Reyes estaba vengado. El pueblo le corrió el desaire de no asistir a la manifestación que él mismo impulsivo se organizó, y se vengó del pueblo pasándolo a degüello...

Después, acusó de sedición a las víctimas... y fueron aprehendidos y encarcelados en la penitenciaría los siguientes ciudadanos, que milagrosamente lograron escapar de las balas del tirano: licenciados Nicolás Berazaluce, Vicente Garza Cantú, (3) Eulalio San Miguel, Vicente B. Treviño, Francisco de P. Morales, (4) Apolonio Santos, Esteban Horcasitas y Andrés Sánchez Fuentes; (5) pasantes de derecho Galindo P. Quintanilla, (6) Jesús María y Eugenio del Bosque y señores Vidal Garza Pérez, (7) Miguel Morales Zaragoza, Rafael Garza Martínez, Julio Galindo, Adolfo Duclós Salinas, (8) Julio Morales, Gonzalo N. Espinosa, (9) Anacleto N. Garza, (10) Hipólito Díaz, Epitacio Rodríguez, Luis Guajardo, Godofredo Obregón, José E. Meléndez y Amado Bocanegra.

Las anteriores personas son miembros de la Convención Electoral Neoleonesa y redactores de los periódicos antirreyistas Redención, Justicia (11) y Constitución. (12)

Se rumoraba en Monterrey que dos de los miembros más caracterizados de la convención habían sido fusilados en el interior de la penitenciaría. Pudiera creerse. El Barba de Bronce de Monterrey calma sus accesos de epilepsia viendo correr sangre...

Todos creerán que después de esta hecatombe Bernardo Reyes sentiría hondos remordimientos; pero no fue así.

Quiso husmear de cerca la sangre tibia aún de sus víctimas; quiso poner sus plantas donde poco antes se agitaban presas de dolorosos espasmos los cuerpos de hombres, mujeres y niños asesinados. Bernardo Reyes paseó por la noche, atraído como las hienas por el olor a cadáver, en la Plaza Zaragoza, de donde horas antes la civilización había apartado la vista para dirigirla al Congreso, a cafrería o a cualquier parte que no fuese Monterrey.

Tales son a grandes rasgos los sucesos que tienen alarmada a la nación y al mundo entero.

Se dice que una niña, hija del cónsul americano en Monterrey, salió herida.

La autopsia de los cadáveres ha demostrado que los proyectiles llevaban una dirección de arriba abajo, confirmando el hecho de que el pueblo fue baleado desde las alturas del casino, del Palacio Municipal y de la casa Maíz Hermanos.

Los gendarmes heridos y muertos fueron lesionados por los mismos esbirros de Bernardo Reyes, para justificar después que el pueblo los hirió o mató y justificar también la bárbara matanza llevada a cabo en la multitud.

En nuestro próximo número haremos los comentarios a que ha dado lugar la conducta atrabiliaria de Bernardo Reyes, así como publicaremos el croquis del lugar de la matanza.

 

Escorpión (Ricardo Flores Magón).

 

(1)   Convención Electoral Neoleonesa. Constituida el 15 de marzo de 1903, a iniciativa de Adolfo Duclós Salinas. Nombró a Francisco E. Reyes como su candidato a la gubernatura en oposición a Bernardo Reyes. Justicia fue su órgano informativo y estuvo a cargo de Gregorio Ortiz. Miembros: Eulalio San Miguel, Secundino Roel, Vicente Garza Cantú, Vicente B. Treviño, Julio Galindo, Apolonio S. Santos, Félix N. Rodríguez, José J. del Llano, Nicolás M. Berazaluce (secretario), Francisco P. Morales, José Luis Guajardo, Miguel Morales y Zaragoza, Vidal Garza Pérez.

(2)   Pedro C. Martínez (1855-1922). Médico regiomontano. Alcalde primero de Monterrey en 1885 y suplente en 1893. Se mantuvo en la presidencia municipal durante dieciséis años hasta 1909, aunque desempeñó funciones de diputado local de 1899 a 1901 y de 1901 a 1907.

(3)   Vicente Garza Cantú. Abogado y magistrado regiomontano.

(4)   Francisco de P. Morales. Periodista regiomontano. Director de La Defensa, entre 1899? y 1903.

(5)   Andrés Sánchez Fuentes. Periodista y revolucionario coahuilense. Director de Don Quijote, revista literaria publicada en Saltillo, Coahuila (1906-1909). Participó activamente en la campaña antirreeleccionista en los años de 1909 a 1910. Miembro del cuerpo de carabineros de Coahuila al estallar la rebelión maderista, a la que se unió. En 1914 fue constitucionalista a las órdenes de Francisco Murguía.

(6)   Galindo P. Quintanilla. Abogado regiomontano. Miembro del Estudio jurídico de Lázaro Garza Ayala, Julio Galindo, A. de la Paz Guerra, Santiago y Secundino Roel y Rafael Garza Martínez. Despacho anunciado en Regeneración (1905). Defensor de oficio durante el juicio a Félix Díaz efectuado en Monterrey en 1916. Fue aprehendido bajo sospecha de soborno. Al concluir el juicio, Díaz le regaló el barco La Providencia.

(7)   Vidal Garza Pérez (1866-1922). Abogado lampacense. Colaborador de La Bandera Roja (1896). Mantuvo correspondencia personal con RFM (1901-1903). Activo liberal antirreyista, fue encarcelado en 1903. Hacia 1909 fue dirigente del Partido Nacional Antirreeleccionista. Constitucionalista. Diputado y presidente de la Suprema Corte de Justicia con Venustiano Carranza.

(8)   Adolfo Duclós Salinas (1855-1915). Periodista regiomontano. Redactor de El Horario de Monterrey, en 1878. Emigró a Saint Louis, Missouri, donde publicó Las Dos Naciones y el libro The Riches of México and its Institutions (1893). De regreso a la capital neoleonesa editó La Democracia Latina, diario cercano al general Francisco Naranjo y antirreyista. Organizó la Convención Electoral Nuevoleonesa. Se refugió en los Estados Unidos, donde publicó además los opúsculos México pacificado (1904), El progreso de México y los hombres que lo gobiernan. Porfirio Díaz-Bernardo Reyes (Saint Louis, Missouri, 1904) y Emigrados políticos (San Antonio, Texas, 1907), El problema monetario, s.f. Murió en Saint Louis, Missouri.

(9)   Gonzalo N. Espinosa. En 1913 escribió, junto a Joaquín Piña y Carlos B. Ortiz, La decena roja. La revolución felicista. Caída del gobierno maderista. Elevación al poder del general Victoriano Huerta, opúsculo que ve con simpatía al gobierno golpista.

(10)  Anacleto Garza. En 1911 participó en la toma de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, como parte de las fuerzas maderistas de Pablo de los Santos Morales.

(11)  Justicia (1903), Monterrey, Nuevo León; órgano informativo de la Gran Convención Electoral Nuevoleonesa; editor Gregorio Ortiz.

(12)  La Constitución (1903), Monterrey, Nuevo León; director Esteban E. Guajardo.

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente: 

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. ARTICULOS POLITICOS SEUDONIMOS. VOLUMEN V.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón bajo seudónimos.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2005. pp.100-106.