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Siglo XX > 1900-1909 > 1902

14. ¡¡Muera la tiranía!!
El Hijo del Ahuizote, núm. 829, 14 de diciembre de 1902, p. 1529

 

En México ocurre lo que no pasa en ninguna parte.

¿En qué país, a no ser que se trate de una cafrería, son una irrisión las garantías individuales? ¿En qué país se hace mofa de los derechos del hombre y se atropella al ciudadano para satisfacer ruines venganzas?

Da vergüenza responder a esas preguntas, pero tenemos que hacerlo si hemos de ser francos y leales. Da vergüenza responder porque hay que confesar que sólo en nuestra República se veja al ciudadano, sólo aquí se le ultraja con mengua de nuestra decantada civilización y con evidente menoscabo de los principios de humanidad y de justicia.

A diario vemos en las columnas de los periódicos asalariados, noticias halagadoras del grado de cultura que hemos alcanzado. En esas noticias la consigna oficial nos quiere dar a entender que el progreso con que se nos engaña es obra de los hombres del poder, y que la civilización que hemos alcanzado no es más que el fruto de los desvelos de "esos hombres desinteresados" que, teniendo en sus manos el destino de nuestra patria, ponen todas las energías al servicio de ella.

¡Cruel sarcasmo! Las halagadoras noticias de los periódicos venales no son más que cínicas declaraciones que tienden a encubrir todo lo podrido que hay en las monarquías barnizadas de repúblicas.

En ninguna parte como aquí se desprecia tanto el derecho de los ciudadanos. El militarismo ha sentado sus reales en nuestra patria y a eso se debe la falta de respeto a las garantías individuales y a eso se debe también nuestro lamentable retroceso.

La soldadesca no es un factor de progreso. La soldadesca, pasional de suyo, no obedece más que a sus impulsos o sus arrebatos. En vano se pedirá discernimiento a la fuerza bruta.

Y si a la acción disolvente de la soldadesca agregamos la doctrina inmoral del clero, no nos costará ningún trabajo hacernos cargo de nuestra condición de esclavos del acicate y de siervos de la sotana.

A esa condición hemos quedado reducidos los descendientes de aquellos hombres, más vigorosos que nosotros, que en un medio de mojigatería y de opresión supieron ser viriles en Ayutla arrojando el guante al doble monstruo: militarismo y clero.

El militarismo, como factor de retroceso, ha causado y continúa causando serios males. Ensoberbecido como está, ha llegado al extremo de ajustar a los paisanos al despótico cartabón de la milicia y en su inmensa megalomanía se ha soñado dueño y señor de vidas y haciendas.

El que osa protestar es perseguido, encarcelado, asesinado... ¡La República mana sangre!...

No se ha llegado a respetar ni al periodista. Olmos y Contreras, (1) Ordóñez, (2) Valadés, (3) Ignacio Martínez, (4) Rivero Echegaray (5) y otros más dan fe desde sus tumbas de que en la que llamamos República mexicana no se respeta el pensamiento y de que los cargos que contra la tiranía formula el periodista independiente son contestados a balazos o a puñaladas.

El calabozo o la ley fuga: he ahí los supremos argumentos de todas las tiranías.

Nuestros compañeros presos en la prisión militar de Santiago Tlatelolco, señores Ricardo y Enrique Flores Magón, Evaristo Guillén y Federico Pérez Fernández, no han recibido aún la muerte, pero en cambio han sido objeto de los más burdos atropellos, que redundan en descrédito para la nación.

En ninguna parte se ha visto que al periodista se le dé el trato que se acostumbra dar a los facinerosos. Quedaba reservado al militarismo poner en caricatura la civilización nacional, conduciendo entre tropas armadas a nuestros compañeros a la prisión militar.

¿Qué se propuso la fuerza bruta al conducir a nuestros compañeros por las calles de la capital en cuerpo de patrulla? (6)

Si trató de avergonzarlos, no lo logró. Las buenas causas están por encima de las miserias de la vida. El hombre que se ve atropellado por haber cometido un acto noble, no puede avergonzarse del atropello que sufre, sino del ridículo en que ponen a la patria los que por satisfacer ruines venganzas se entregan a vituperables excesos.

Nuestros compañeros están convencidos de que no es un atropello el amor a la patria, y considerando los señores Ricardo y Enrique Flores Magón que se les molestaba injustamente conduciéndolos entre tropa armada, con el mismo insolente lujo de fuerza con que se amedrenta a los bandidos, se irguieron indignados al grito de ¡¡MUERA LA TIRANÍA!!...

Y ese grito de suprema indignación lo lanzaron tres veces, así, como una enérgica protesta contra todo lo que oprime, contra todo lo que envilece, contra todo lo que pretende sofocar los sanos impulsos para convertir en miserables esclavos a los que deberán ser hombres libres.

El Hijo del Ahuizote protesta indignado contra la insolencia del machete. Ya no queremos machete ni sotanas ni monarquías vergonzantes.

¡Queremos ciudadanos; queremos República!

 

Escorpión (Ricardo Flores Magón).

 

(1)   Jesús Olmos y Contreras (1850-1895). Periodista poblano. Dirigió El Verbo (1880), El Monitor Político (1889-1892), Crisis (1892) y La Voz de la Verdad (desde 1893 hasta su muerte). En julio de 1895 atribuyó la responsabilidad de la violación de dos jóvenes alemanas al gobernador Mucio P. Martínez y al inspector de policía local. Días después fue asesinado a puñaladas en el barrio de La Acequia.

(2)   Pedro Ordóñez. Periodista hidalguense. Preso en 1890 por sus ataques al gobernador Rafael Cravioto. Murió en la cárcel de Pachuca el 2 de abril de 1894.

(3)   José Cayetano Valadés (18??-1879). Periodista sinaloense, editor de La Tarántula. Fue asesinado el 27 de enero de 1897 en Mazatlán. La opinión pública señaló al gobernador Francisco Cañedo como el autor intelectual del crimen. Se celebraron tumultuosas manifestaciones denostando al mandatario que tuvo que huir a Culiacán.

(4)   Ignacio Martínez (1838?-1891). Médico y militar tamaulipeco. Con grado de general participó en los levantamientos encabezados por Porfirio Díaz. Editor del semanario antiporfirista y antirreyista El Mundo en Brownsville, Texas. Con Catarino Garza y Paulino Martínez estableció una junta revolucionaria en Laredo, Texas, en 1890. Murió asesinado en esa ciudad texana en 1891. Publicó Viaje universal. Visita a las cinco partes del mundo (1886).

(5)   Vicente Rivero Echegaray. Periodista tamaulipeco. Director y redactor del periódico tampiqueño de oposición Bala Rasa. Publicó en Tampico el periódico El Porvenir (1905). Fue asesinado a causa de la publicación de una caricatura en Bala Rasa por órdenes del jefe político del distrito, Antonio Longoria.

(6)   Refiérese al traslado a pie y entre soldados de los periodistas de EHA, del cuartel del 24° Batallón a la prisión de Santiago el 14 de septiembre de 1902.

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente: 

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. ARTICULOS POLITICOS SEUDONIMOS. VOLUMEN V.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón bajo seudónimos.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2005. pp.55-58.