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Siglo XX > 1900-1909 > 1902

13. La rebeldía de Reyes
El Hijo del Ahuizote, núm. 829, 14 de diciembre de 1902, pp. 1524-1525

 

La tiranía está produciendo sus amargos frutos. Ayer, el hombre que tenía conciencia de su calidad de ciudadano se erguía enérgico y viril, ya para reclamar la integridad de sus derechos, como para exigir el respeto a las instituciones.

Igualmente el hombre deseoso de gloria y de una justa buena fama, sabía levantarse, sabía alzarse por encima de todas las preocupaciones y desafiando el encono de la tiranía, convencido de que su legítimo valimiento había de llevarlo a la deseada meta.

Pero hoy a fuerza de terror se ha logrado producir un medio cobarde, los ciudadanos han perdido la entereza de sus mayores y una generación enclenque y pusilánime ha ocupado el puesto que ayer perteneció a los hombres que supieron darnos patria y libertad.

Triste es, en verdad, hacer estas reflexiones, pero ojalá que la amargura que nos producen nos estimule y nos dé fuerzas para que seamos dignos de nuestra raza y de nuestra historia.

Un ejemplo del triste fruto de la tiranía lo tenemos en la falta de franqueza y resolución política que caracteriza al general Bernardo Reyes.

En efecto; este hombre que alimenta en su pecho una desbordante ambición por la Presidencia de la República; este funcionario que pone todas sus energías al servicio de sus anhelos de grandeza y poderío, no se atreve a asumir en la lucha política una actividad viril y resuelta.

Cuando hacía la desgracia de los estados fronterizos, un periódico de esta capital tuvo el poco tino de postularlo para presidente de la República, y Reyes, lleno de terror, considerándose enano al lado del general Díaz, sintiéndose débil, protestó contra el periódico que lo postulaba y manifestó públicamente que se consideraba incapaz de desempeñar la primera magistratura de la nación. (1)

Ese paso dado por Bernardo Reyes protestando contra la conducta del periódico que lo postuló, llevó al pueblo la convicción de que el ex gobernador de Nuevo León no era un hombre a propósito para ocupar la Presidencia de la República, que requiere hombres de temple incapaces de rehuir cualquiera responsabilidad.

Después de ese suceso, nadie creyó que Reyes aspirase a ser presidente, pero hechos posteriores de ese personaje han venido a comprobar que el pueblo vivía engañado.

Bernardo Reyes, comprendiendo que su debilidad no podrá ponerse frente a frente del general Díaz, comenzó a trabajar en la sombra. Otra razón tenía además para trabajar de ese modo.

Convencido de su insignificancia política, no podía trabajar con franqueza, porque es sabido que los hombres sensatos vuelven las espaldas a los que sin aptitudes para ello pretenden escalar grandes alturas, y previó, con razón, que la rechifla popular sería el eco de sus maquinaciones.

Trabajó, pues, en la sombra, pero sólo los grandes talentos políticos pueden tener el tacto necesario para engañar por largo tiempo al pueblo, y decididamente el general Reyes carece de ese tacto, porque todos supieron traducir por ambición personal lo que él trabajosamente quiso hacer pasar por iniciativas patrióticas.

Creó la pobre 2a. Reserva para elevarse, para hacer política, para rodearse de partidarios fáciles, y todos descubrieron lo que hay en el fondo de esa llamada institución patriótica.

Al verse descubierto montó en cólera y arremetió contra clubes liberales, contra ciudadanos independientes y periódicos honrados.

Ya entonces para nadie fueron un misterio las maquinaciones del aspirante a presidente. El carácter impulsivo del general Reyes no es el más a propósito para un político.

Sin embargo, Reyes continúa haciendo política y para ayudarse ha instalado clubes reservistas, paga escritores venales y ha fundado papeles vergonzantes como La Protesta (2) que, dirigida por su hijo Rodolfo y garrapateada por tres o cuatro de sus paniaguados, ha servido para caricaturizar la endeble personalidad política de su sostenedor.

Reyes, viéndose aislado, ha tenido que solicitar la ayuda de su hijo para que en compañía de Barrón y Montes de Oca proporcione a su personalidad el lustre que le han negado sus torpes procedimientos como hombre público.

El general Reyes por lo visto hace política, y tal circunstancia nos sugiere una reflexión.

Dijimos en otro número que hay en las dictaduras misterios que pasman (3) y hablamos de uno de ellos. Ahora se nos presenta otro.

Sabido es que al general Díaz no le agrada que alguien haga política. Sólo él quiere mandar y su mayor orgullo consiste en sobreponerse a todo, arrebatar los derechos de todos, confeccionar leyes a su arbitrio, afeminar voluntades viriles, sojuzgar pueblos y ahogar toda voz de protesta bajo el paso de su bota triunfadora.

Sin embargo, parece que el general Díaz permite que Reyes haga política. He ahí el misterio.

A pesar de todo, Reyes, como servidor, como empleado de una autocracia, no tiene derecho a hacer política valiéndose de su mermada influencia para apoyar su negativo prestigio. Su obligación consiste en la obediencia ciega a su protector Díaz, puesto que para eso se ha comprometido a servir en una dictadura, y cualquier acto suyo que contraríe las determinaciones o deseos de su jefe es considerado como una rebeldía.

Está bien que nosotros, los que no hemos abdicado de nuestras prerrogativas de ciudadanos; los que a pesar de la tiranía tenemos aún fuerzas para protestar contra los desmanes del poder; los que a pesar de las persecuciones del despotismo levantamos nuestra voz para defender los derechos hollados: está bien, decimos, que nosotros nos encaremos a la tiranía y hagamos públicos los desaciertos gubernamentales que desprestigian al país y hacen de nuestra patria una cafrería expuesta a los atropellos de todo déspota. Pero Reyes, el hombre que merced a la protección del general Díaz ha logrado ocupar puestos públicos que jamás habría alcanzado con sus raquíticos esfuerzos, comete un acto reprobable haciendo política contra los deseos de su jefe.

Decididamente el general Díaz debe exigir su dimisión al ministro Reyes.

 

Escorpión (Ricardo Flores Magón).

 

(1)   Véase el artículo 7, "No habrá redención".

(2)   La Protesta, "La intriga como base, el poder como medio y el lucro como fin. (Credo científico)" (1902), México, D.F.; director Rodolfo Reyes; colaboradores Antonio Ramos Pedrueza, Heriberto Barrón, Rodolfo Reyes, José López Portillo y Rojas, Rafael Zubarán, Salomé Botello, José M. Lozano y Rafael de Zayas Enríquez.

(3)   Véase el artículo 12, "Rebeldía oficial".

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente: 

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. ARTICULOS POLITICOS SEUDONIMOS. VOLUMEN V.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón bajo seudónimos.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2005. pp.52-55.