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Siglo XX > 1900-1909 > 1902

11. El reyismo en agonía
El Hijo del Ahuizote, núm. 828, 23 de noviembre de 1902, pp. 1508-1509

 

Tenía que suceder. La actitud trágica de El Hijo del Ahuizote debía atraerle la denuncia y el calabozo. (1)

Hace un cuarto de siglo que en nuestra infortunada patria se premia la honradez con el presidio y el patriotismo con la bartolina.

El militarismo y el clero: he ahí dos elementos nacidos para esclavizar a los pueblos. Y esos elementos liberticidas, en su perpetua lucha contra la democracia, han hecho correr ríos de sangre en nuestro país.

Ellos han arrebatado las libertades públicas; ellos han hecho pedazos las instituciones, y ellos también, cuando se han considerado vencidos por el liberalismo, han puesto a la nación en manos de los déspotas extranjeros.

Harto conocidos son los amargos frutos que en nuestra patria ha producido el maridaje del sable con la sotana. Y El Hijo del Ahuizote, fiel a su programa de honradez política, ha fustigado con energía y patriotismo las absurdas pretensiones del militarismo y la desbordante ambición del clero.

El Hijo del Ahuizote tiene la convicción de que ni el militarismo ni el clero han de hacer la felicidad de la nación. Por eso es por lo que, tan pronto como descubrió que el general Bernardo Reyes ambiciona la Presidencia de la República; tan pronto como supo que ese militar oculta sus anhelos de grandeza detrás de la 2a. Reserva, atacó con denuedo al ministro de la Guerra y exhibió las ambiciones políticas de éste, toscamente encubiertas con el barniz patriótico de la institución reservista.

A nadie que conozca el impulsivo carácter del ex gobernador de Nuevo León podía escaparse el resultado que fatalmente debería tener la brega que emprendimos. El general Reyes, acostumbrado a hacer acallar la voz del patriotismo por medio del terror; ese soldado a cuyo solo mandato se sembraba la desolación y el pánico en los indefensos pueblos de la frontera del norte; ese funcionario que en la frontera forjó cadenas para el derecho y mordazas para la prensa honrada y cuyo recuerdo hace estremecer aún a los nobles fronterizos, para quienes la presencia de Reyes fue una angustiosa pesadilla; el general Reyes, en suma, no puede permitir, se le hizo insoportable permitir, que un periódico honrado hiciera públicas las ansias de mando y poderío que desde hace tiempo tal vez mantenía en lo más íntimo de su alma.

No había argumento alguno que pudiera oponerse victoriosamente a nuestros razonamientos y, como siempre sucede, contra la razón se esgrime la violencia. Las bayonetas se encargaron de imponer silencio y la voz de El Hijo del Ahuizote fue sofocada por la fuerza bruta.

No es ésta una novedad para los países militarizados como el nuestro, en los que desaparecen las leyes para dar lugar a la despótica orden militar y la pasiva sumisión a las consignas.

Triste es en verdad la condición de los pueblos militarizados. En ellos desaparecen la autoridad del mandante (pueblo) y la obediencia del mandatario (funcionario público). Entonces muere la democracia bajo el peso de la burocracia insolentada. Ya no hay ciudadanos, sino vasallos, y se ofrece a la vista de las naciones libres el desagradable, el inmoral espectáculo de los imperios disfrazados de repúblicas.

Los artículos de El Hijo del Ahuizote enfurecieron al general Reyes. Éste ordenó la persecución contra nuestro semanario, y un empleado sumiso, un tal Cayetano Castellanos, forjó una torpe denuncia que elevó al comandante militar del Distrito Federal.

Castellanos no pudo haber producido denuncia más torpe. Porque no nos simpatiza la 2a. Reserva, dijo que insultábamos al ejército. Igual declaración hace Castellanos porque dijimos que entre los reservistas de Tabasco hay "viejos", "cojos", "licenciados", y un "doctor". La indignación de Castellanos aumenta porque al pie de una caricatura pusimos la siguiente trivial e inocente cuarteta.

El rebaño mutualista,

En prueba de patriotismo,

Marcha a engrosar el reyismo,

Como cabo reservista. (2)

Fuera de sí Castellanos, no repara en llamar libelos a los artículos de nuestro semanario, sólo porque hemos dicho que la 2a. Reserva fue creada por el general Bernardo Reyes para el logro de sus ambiciones personales, y dice que nuestro estilo es tabernario, soez, etcétera.

El pueblo, ese mártir que sufre hace ya largo tiempo la injuria de la fuerza bruta, será quien califique nuestra modesta pero patriótica labor. Ese pueblo heroico que ayer fue león en los combates y hoy se ve arrancado del campo y del taller, es decir, apartado de su vida activa y benéfica, para arrojarlo entre el ocio y la molicie de los cuarteles: ese pueblo que después de haber luchado por la democracia y la República, tiene hoy que soportar la befa de la falta de justicia; ese pueblo para quien son todas las cargas y obligaciones, nos ha absuelto de antemano porque comprende que la militarización del país lleva consigo la muerte de la democracia. Comprende que el militarismo crea máquinas y no ciudadanos.

Bernardo Reyes buscó para que procediese contra los redactores de El Hijo del Ahuizote un juez a propósito y no lo encontró. Tuvo, pues, que improvisarlo.

Supo que los juzgados menores y correccionales de la capital eran frecuentados por un individuo que deseaba hacerse notable a todo trance. Indagó el nombre de ese individuo a quien nadie conocía a no ser la desarrapada muchedumbre que invade lo que ingeniosamente ha dado en llamarse "curia negra", y una vez indagado el nombre, lo hizo juez militar y le regaló el grado de teniente coronel. Ese individuo se llama Telésforo Ocampo. (3)

Ocampo se sintió agradecido y se puso a las órdenes del general Reyes. Exprimió su intelecto; hurgó los rincones de su cerebro y encontró procedimientos que su mediana inteligencia halló magníficos, y los puso en práctica.

Decretó órdenes de aprehensión contra cuanta persona se le vino a mientes, tomó declaraciones a su guisa, decretó prisiones y cateos fundándose... en las órdenes del general Reyes.

La justicia se sintió ofendida y el sable se irguió arrogante sobre los derechos hollados, hasta que la justicia federal castigó la osadía del machete mandando suspender los rabiosos procedimientos de la fuerza bruta.

Gracias a eso, los señores Ricardo y Enrique Flores Magón, Evaristo Guillén (4) y Federico Pérez Fernández, (5) encarcelados con motivo de la acusación contra El Hijo del Ahuizote se vieron libres de una incomunicación inhumana, después de haber permanecido UN MES Y CUATRO DÍAS en sus calabozos, con centinelas "de vistas" y rigurosamente incomunicados. Reflexionemos ahora sobre estos sucesos.

¿Qué se propuso el general Reyes al iniciar la persecución contra El Hijo del Ahuizote? ¿Quiso amedrentar a la prensa independiente que ve con disgusto sus ambiciones personales, o bien, se trata tan sólo de una venganza personal?

En el caso de nuestro semanario puede resolverse todo afirmativamente.

Irritado el ministro de la Guerra porque hicimos públicos sus deseos de ser presidente de la República, y temeroso, además, de que se propalase más aún la noticia de sus deseos de dominio, quiso hacer un escarmiento en nosotros, y se equivocó, como que la ira no es buena consejera.

El resultado de los procedimientos fraguados por el ministro contra nosotros, ya se ha visto cuál es y nadie lo calla: el desprestigio político de Reyes y su camarilla.

En efecto: el público ha comprendido que el general Bernardo Reyes no es un hombre a propósito para ocupar la Presidencia de la República, porque si hoy que no es más que un simple aspirante a presidente, esto es, hoy que no asume el mandato supremo y que, por lo mismo, no tiene a la mano los elementos de que dispondría como jefe de la nación, pone ya en práctica ideas liberticidas, ¿qué cosas no haría si por desgracia para la patria llegase a ser presidente?

Esta reflexión que anda de boca en boca y se comenta de mil desfavorables modos para el aspirante a presidente en todos los círculos sociales, es para el general Reyes un dique que detendrá sus desbordantes anhelos de mando y poderío.

En suma: el golpe ideado por Reyes contra El Hijo del Ahuizote ha sido un triunfo para la causa de la libertad, porque se ha visto de un modo palpable que el militarismo es enemigo de las libertades públicas.

De hoy en adelante, en vano procurará el general Reyes borrar la desagradable impresión que sus maquinaciones políticas han producido aun entre sus admiradores.

Felicitémonos. Parece que la perspectiva de duelo para el país, en caso de que Reyes llegara a ser presidente, ha desaparecido. Pueden estar tranquilos, por lo pronto, los ciudadanos honrados. La pesadilla que afligía a los fronterizos, parece que no afligirá ya a nadie, por lo pronto.

Nosotros, sin embargo, continuamos la lucha contra el militarismo y el clero hasta verlos reducidos.

Ése es nuestro deber.

 

Escorpión (Ricardo Flores Magón). 

 

(1)   El 12 de septiembre de 1902, Federico Pérez Fernández, Evaristo Guillén, Ricardo y Enrique Flores Magón fueron arrestados por orden del juez militar Telésforo Ocampo, quien, por órdenes de Bernardo Reyes, dispuso que fueran incomunicados por treinta y cuatro días. EHA reapareció hasta el 23 de noviembre de ese año, bajo la dirección de Juan Sarabia. La defensa de los periodistas estuvo a cargo del licenciado Francisco A. Serralde.

(2)   Texto de la caricatura publicada en EHA, núm. 820, 20 de julio de 1902, p. 1394, bajo el título "El ejército reyista".

(3)   Telésforo Ocampo. Juez militar. En 1909-1910 fue colaborador de El Debate (México, D.F.), de Guillermo Pous y Luis del Toro.

(4)   Evaristo Guillén. Colaborador de EHA. Firmó la protesta expedida por el Club Ponciano Arriaga, el 23 de febrero de 1903, contra las persecuciones a la prensa independiente.

(5)   Federico Pérez Fernández. Periodista capitalino. Administrador de EHA hasta 1903. Fundador y administrador de El Colmillo Público.

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente: 

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. ARTICULOS POLITICOS SEUDONIMOS. VOLUMEN V.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón bajo seudónimos.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2005. pp.44-49.