Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

      1910-1919

      1900-1909

          1909

          1908

          1907

          1906

          1905

          1904

          1903

          1902

          1901

          1900

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1900-1909 > 1901

Francisco I. Madero. Epistolario 1900-1909. 39. Carta de Madero al Sr. Don Antonio Gurza, su tío, en la que continúa con su planteamientos sobre la revelación espírita.
Noviembre 26 de 1901

 

 

EPISTOLARIO 1901


Noviembre 26

Sr. Don Antonio Gurza.
Durango.

Muy querido tío:

Acuso recibo a su grata del 23 actual que paso a contestar.

Mucho le agradezco sus buenos deseos porque pronto pueda yo gozar de la felicidad y de la tranquilidad de la vida conyugal. Quizá llegue eso a sucederme algún día, pero por lo pronto no preveo cuándo.

Su carta de Ud. en lo que se refiere al asunto principal la leí con interés y atención para ver si descubría el camino que nos llevaría a donde yo deseo, a fin de que podamos llegar a un fin práctico, pero por lo contrario veo que si me pusiera a contestar punto por punto, no acabaría nunca y que [..]*

a la luz meridiana está en la dificultad del Papa y de la Iglesia y que esas autoridades se han abrogado una facultad que Dios nos dio: "la razón" y "el libre albedrío". Según Ud. cuando las iglesias dicen tal o cual cosa debemos de creerla aunque choque con nuestra razón, pero si no la creemos, o si procurásemos indagar la verdad por otro camino cometemos una herejía.

Partiendo de una base que Ud. asienta en tres aforismos a saber:

Toda innovación en cuestión religiosa es una herejía.

Toda innovación en materia filosófica es un error.

Toda innovación en materia política es una revolución, resulta que el progreso será una palabra vana de sentido y que la humanidad se quedaría estacionaria.

Parece que los sacerdotes israelitas pensaban lo mismo que el gran filósofo moderno a quien Ud. se refiere, puesto que ellos como nuestro clero actualmente, tenían la pretensión de ser los únicos que podían interpretar las leyes mosaicas, los únicos poseedores de la verdad, tanto que cuando vino Jesucristo a predicar el Evangelio, declararon que su filosofía era un error, que su doctrina religiosa era una herejía y lo condenaron a muerte.

Ahora que viene la tercera revelación, la revelación espírita que no viene más que a corroborar lo que dijo Jesucristo y a completar su pensamiento en muchas cosas en que él no podía hablar muy claro porque en aquella época de ignorancia no habría sido comprendido, esta tercera revelación ha tropezado con los mismos enemigos que Jesucristo con su clero que se cree el único poseedor de la verdad, que se opone tenazmente a todo progreso en materia filosófica y religiosa porque a medida que la verdadera ley gana terreno, menos dominio temporal tendrán ellos sobre la humanidad.

Por consiguiente, según Ud., las revelaciones de los espíritus, para ser admitidas como buenas, deben de pasar por la censura de autoridades competentes (demasiado claro leo "infalibilidad" del Papa) que según mi opinión no debemos de tener otro guía que nuestra propia razón, don que nos dio Dios y del cual no podemos pasarnos ni endosarlo a ninguna autoridad para que piense por nosotros.

La principal diferencia que hay pues entre Ud. y yo es saber qué autoridad merece más crédito para explicar los Evangelios, o bien el Papa que se ha declarado infalible o bien los espiritas que se dicen enviados por Dios.

Como Ud. verá, después de cerca de 2 000 años volvemos a encontrarnos en el mismo caso en que se encontraron los judíos con los primeros cristianos. Los primeros, es decir los judíos, admitían como única fuente de ley y única autoridad para interpretar las leyes mosaicas y el decálogo al clero de entonces, mientras que los cristianos daban más fe a lo que les decía un hombre del pueblo que por sus virtudes y por sus dones que pasaban en aquella época por sobrenaturales, probaba que era enviado de Dios.

Ya ve Ud. cómo desde aquella época nos dieron los primeros cristianos el ejemplo para saber distinguir los buenos de los malos profetas, y el mismo Cristo nos lo aconsejó cuando decía que "no puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol carcomido llevar buenos frutos".

Debemos pues de juzgar a los profetas no tanto por sus palabras sino por sus obras.

Veo que me he extendido demasiado pero creo haber puesto la cuestión de un modo más concreto para facilitar a Ud. una contestación más explícita sobre el valor que se le puede dar a la revelación espírita.

Con afectuosos recuerdos para todos los parientes, reciba usted un fuerte abrazo de su sobrino que mucho lo aprecia.

FRANCISCO I. MADERO

C. 2, fs. 174-179.

 

* Las cuatro líneas siguientes son ilegibles en el copiador.

 

ARCHIVO DE DON FRANCISCO I. MADERO (2)
Epistolario (1900-1909)
Edición establecida por Agustín Yáñez y Catalina Sierra
Edición conmemorativa del cincuentenario de la muerte de DON FRANCISCO I. MADERO
EDICIONES DE LA SECRETARIA DE HACIENDA. MEXICO, 1963. pp.36-37.