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Siglo XX > 1900-1909 > 1901

Artículo 755. El procurador Álvarez
Regeneración, t. II, núm. 57, 7 de octubre de 1901

 

Entre los funcionarios ineptos de nuestra judicatura, el procurador de justicia del Distrito, licenciado Emilio Álvarez, forma en primera línea. Hace un magnífico paralelo con Wistano Velázquez, quien es más susceptible que aquél.

En el caso reciente de nuestro colega El Hijo del Ahuizote, el procurador Álvarez ha ratificado su ineptitud con sus actos, los que, con cualquiera otro gobierno, menos nocivo que el nuestro, hubieran dado origen a que fuera despedido ese funcionario.

El señor Néstor González, director de nuestro colega, solicitó la libertad bajo caución que le había prometido ya el señor juez Beltrán. Se llenaron los requisitos necesarios; pero se tropezó con la dificultad de que no había agente del ministerio público que conociese del asunto, pues el señor licenciado Azpe estaba en Veracruz.

Con seguridad el procurador Álvarez sabía que los juzgados quintos, Criminal y Correccional carecían de agente, y a pesar de ello no se preocupó de designar a uno que sustituyera al señor Azpe en su ausencia. Esto implica una traba a la expedita administración de justicia que ordena la Constitución; pero el procurador desobedece la ley suprema y ocasiona que los asuntos se paralicen por falta del personal respectivo. Esta situación ha durado varios días, lo que, como decíamos anteriormente, amerita que el procurador sea destituido, ya que no quiere presentar la renuncia que se le ha indicado por el Ministerio de justicia.

Pero si es reprochable en el caso anterior la conducta oficial del licenciado Alvarez, más reprochables son aún sus procedimientos ulteriores. El señor licenciado Eugenio L. Arnoux, inteligente y activo defensor del señor Néstor González, ocurrió a la Procuraduría para que se designase un agente que conociese de la solicitud de la libertad bajo caución, a lo que el procurador contestó que necesitaba que se le pidiese lo anterior por el juzgado y por medio de oficio. Esta contestación es tan pueril, que desde luego descubre en este procurador sus intenciones, después ratificadas en ese asunto.

Se obtuvo del juzgado el oficio pidiendo un agente, oficio que se puso desde luego en manos del procurador, a quien se suplicó lo designase el mismo día, para que no se entorpeciera la marcha del asunto, y en vez de cumplir con su deber, en vez de facilitar los medios para que se administrase pronta justicia, el procurador contestó agriamente "que no era tienda para que despachase tan pronto", frase burda que revela a más de una educación escasa, una intelectualidad rudimentaria.

Al día siguiente nombró el procurador, para que conociese del asunto, al licenciado Belisario Cicero, quien, por instrucciones de aquel funcionario, pidió sin alegar razón alguna, sin antecedente legal de ninguna naturaleza, contra las pruebas rendidas, contra la razón, contra el sentido común, que se negara la libertad bajo la fianza que se había solicitado, negativa brusca y descabellada que viene a robustecer la opinión de que el licenciado Álvarez es un inepto y que debe ser destituido del empleo que no sabe desempeñar.

Pero hay otro motivo más para esa destitución, y es el de que, según vehementes sospechas que tenemos, el procurador Alvarez se permitió tomar el nombre del señor ministro de justicia para asegurar al juez Beltrán, por medio de su agente Cicero, que dicho alto funcionario le había dado la CONSIGNA de que se negara la libertad bajo caución al señor González. Y decimos que este procurador tomó el nombre del señor ministro don Justino Fernández, lo que indujo al juez a negar la libertad referida, porque tenemos, hasta ahora, en buen concepto a este funcionario, a quien no creemos capaz de seguir el mal ejemplo de Baranda. Creemos que el señor ministro Fernández abrirá sobre este particular una averiguación, si en definitiva es cierto que el procurador Álvarez ha tomado el nombre de dicho ministro, complicándolo en un enjuague que el público calificará, debe destituirse desde luego, sin misericordia de ningún género, a esa ineptitud encaramada en un puesto que no merece.

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. REGENERACIÓN (1900-1901) Segunda Parte.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón en colaboración con Jesús y Enrique Flores Magón.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2004. pp.1169-1171.