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1901
Ya nada se respeta en esta época de oprobio. Las autoridades subalternas, aleccionadas por el general Díaz en la escuela de las monarquías, tratan de imitarle y por eso no es raro tropezar a cada paso con caciquillos que fustigan con la arbitrariedad los derechos del hombre. Hace algunos días el señor don Magdaleno Martínez, miembro del Club Liberal Ignacio Zaragoza de Cuencamé, Durango, fue citado para que compareciese ante el jefe político de dicho partido. Compareció el señor Martínez, quien en sorpresa recibió la notificación de que se le había sentenciado a un mes de arresto, por el delito de haber hablado de las autoridades. A este atropello no se le dio ningún barniz de legalidad. No se presentó al acusador ni se determinó el concepto por el que se castigaba al señor Martínez. Para hacer más repugnante la arbitrariedad, se condujo dos o tres veces al señor Martínez a la casa del jefe político, donde se le injurió villanamente, con el estilo soez de la gente de plazuela. En uno de esos actos fue donde se descubrió la verdadera causa de las vejaciones que se han cometido en la persona de don Magdaleno Martínez. Este señor había encontrado a la esposa del jefe político rezando en compañía de cinco o seis personas más en un lugar de las orillas de la población. El señor Martínez relató a otras personas lo que había presenciado, y una de ellas corrió a contárselo al jefe, quien en definitiva ordenó al señor Martínez que callara. La audacia del jefe político no se conformó con las molestias inferidas a un ciudadano, sino que lo amenazó, diciéndole que "tenía órdenes expresas del gobierno de mandar indirectamente a todos los liberales a las fuerzas federales, y que tan pronto como en la prensa se publicase alguna noticia relativa a él, (el jefe) lo pondría en la cárcel así como a todos los liberales". La baladronada del jefe político no nos extraña, porque ya estamos acostumbrados a presenciar en todo momento la inmoral rebeldía de todas las autoridades. Al pueblo se le puede hacer callar por el terror, sin pensar que el terror provoca la ira, y que los espíritus fuertes, cuando se consideran ultrajados, se sienten robustecidos por la indignación para responder con la protesta viril a los abusos de los magnates. El jefe político de Cuencamé debe ser destituido de su empleo, ese hombre es peligroso para la tranquilidad pública porque no refrenda sus impulsos y sufre arrebatos que pueden hacer peligrar la paz que tanto preocupa a los césares. El hombre digno no permite que se le abofetee, y se defiende y cuando se le quiere someter a la fuerza, tendrá que emplear su fuerza también, la del derecho, que es superior a la fuerza bruta de los tiranos. Estaremos pendientes de lo que pretende hacer el jefe político de Cuencamé, para denunciar sus abusos, pero antes de que intente siquiera cometerlos, debe destituírsele, porque con su presencia, en el puesto que indignamente ocupa, se ultraja al tan alabado progreso, que dicen los serviles hemos alcanzado bajo la inepta y desastrosa administración monárquica del presidente Díaz.
Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.
Fuente: Obras Completas de Ricardo Flores Magón. REGENERACIÓN (1900-1901) Segunda Parte. |