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Siglo XX > 1900-1909 > 1901

Artículo 750. A los reservistas
Regeneración, t. II, núm. 57, 7 de octubre de 1901

 

Continúa la formación del reyismo, partido vergonzante que quiere imponer a su ídolo por medio de la fuerza.

Ya hemos dicho (1) que se están instalando clubes de reservistas que llevan por nombre Bernardo Reyes. En esta ciudad acaba de fundarse uno que no lleva ese nombre, pero en cambio ha otorgado el nombramiento de presidente honorario al general Bernardo Reyes.

Hasta el cansancio hemos dicho que la institución de segunda reserva del ejército no es más que el pretexto para organizar un partido político, el reyismo.

Los jóvenes que efectivamente sean patriotas deben huir de esta institución porque servirán de instrumentos inconscientes para elevar al general Reyes a la Presidencia de la República.

A primera vista, parece que sólo se trata de ejercitar a los jóvenes de buena voluntad en el arte de la guerra; pero investigando detenidamente dicha institución, vemos que detrás de ella está la ambición de Bernardo Reyes para ocupar la primera magistratura del país.

Los que todavía ven en el general Reyes al futuro presidente, deben fijar su atención en la serie de artículos que llevamos publicados bajo el título de "El general Bernardo Reyes", y después de leerlos con detenimiento comprenderán el inmenso duelo que afligiría a nuestra infortunada patria si tal hombre llegase a tan elevado puesto.

No cesaremos de llamar la atención de los reservistas acerca del desastroso hecho, que consiste en que ellos creen que trabajan para la defensa de la patria, cuando en realidad sólo servirán de escalón al general Reyes, si antes no se apartan de tan funesta institución. Sucederá, si insisten en permanecer afiliados a esa institución, que en lugar de medir sus armas con cualquier extranjero enemigo de la patria, harán uso de esas armas y de sus conocimientos en el arte de la matanza para decapitar a sus hermanos, que preocupados por la salud y decoro de la nación se opondrán tenazmente a que Bernardo Reyes suba al poder.

Los reservistas, si son efectivamente patriotas, deben organizar clubes liberales, como ya varias veces lo hemos dicho. El peligro de la pérdida de nuestra nacionalización no estriba de que carecemos de conocimientos en el arte de la guerra, sino que no tenemos ciudadanos. Los clubes liberales tienen por objeto principal formar en cada hombre un ciudadano, para que no permita nuestro pueblo la embrutecedora tiranía de la sotana, de esa maldita sotana que ha procurado a nuestra dolorida patria tantos amargos días de luto, porque el clero católico para la República significa la infamia y la traición.

Los clubes liberales prestan un gran servicio a la patria. Ellos educan al pueblo para que no se deje fanatizar de los frailes, ni tiranizar de los déspotas. Los clubes liberales trabajan por el restablecimiento de la moralidad administrativa, porque comprenden que uno de nuestros mayores males es la implantación de una monarquía vergonzante, como la que tenemos, en un pueblo que debería ser libre, porque nuestros padres dieron su vida por nuestra libertad; nuestros padres dieron gustosos su tranquilidad porque nosotros, sus hijos, nos viéramos libres de la corrompida clerecía y la disolvente dictadura.

En suma, los clubes liberales trabajan por la reconquista de los derechos del hombre, arrebatados por la dictadura del general Díaz unida al nefando clero católico, como lo demuestra el entronizamiento de los traidores que no desdeñaron ayer dirigir sus golpes al corazón de nuestra patria, y hoy, gracias a la funesta política de Porfirio Díaz que los sostiene, come el pan de la nación sin ruborizarse de que no hace mucho tiempo, no satisfechos con los odiosos déspotas de México, trajeron un extranjero para que la deshonra de la patria fuera completa, para acabar de remachar nuestra ignominia.

¿Comprenden los reservistas el peligro a que está expuesta la patria si continúa entronizando el despotismo que sostiene el corrompido clero católico que es el vehículo de la traición?

Un gobierno como el que tenemos, que sin ambages se adhiere al clero, no hará otra cosa que labrar la desgracia de la patria. Nada bueno podemos esperar de la actual dictadura. Y el reyismo lo que intenta es que la dictadura pase a manos de Bernardo Reyes.

Los reservistas, como ya lo hemos dicho, son hombres de valor o al menos presumen serlo, porque se ejercitan para jugar la vida en los combates. Si, pues, son hombres de valor, ¿por qué no se congregan en clubes liberales para trabajar por el respeto a nuestras instituciones democráticas, atropelladas por la autocracia de Porfirio Díaz? El que arriesga la vida, fácilmente arriesga su tranquilidad. En los clubes liberales no se compromete la vida, a lo sumo, y eso porque ni a Díaz ni a Reyes les hacen gracia las manifestaciones democráticas, pueden perder la tranquilidad, pero no la vida, porque los liberales alzaríamos nuestra voz para impedir cualquiera atentado de la tiranía, y la que, por otra parte, nos teme y respeta en virtud de que no se juega impunemente con un león.

Cada día aumenta el número de clubes liberales, y ese desarrollo siempre creciente y siempre firme de los adeptos a las sagradas doctrinas democráticas impide que el gobierno ejercite represalias. La unión de los clubes hace respetable al Partido Liberal.

Ven los reservistas que no corren peligro alguno instalando clubes liberales, si es que por cobardía política no lo hacen. No corren peligro, porque los liberales reunidos en clubes, no permitimos que la tiranía atropelle los derechos de los ciudadanos.

Apártense, pues, del reservismo y trabajen por la felicidad de la nación. Formen ciudadanos educando al pueblo en sus derechos y obligaciones, y déjense de servir de escalón a Bernardo Reyes.

La patria quiere ciudadanos y no soldados que sean máquinas.

 

(1)   Véase el artículo 743.

 

Nota Bene: Véase la nota del editor de las Obras Completas de Ricardo Flores Magón aquí.

 

Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. REGENERACIÓN (1900-1901) Segunda Parte.
Artículos escritos por Ricardo Flores Magón en colaboración con Jesús y Enrique Flores Magón.
Jacinto Barrera Bassols INTRODUCCIóN, COMPILACIÓN Y NOTAS. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2004. pp.1160-1163.