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Siglo XIX > 1880-1889 > 1884

Testimonio del general José María Rangel.
La Paz, julio 20 de 1884.

Señor general Francisco O. Arce,
gobernador del estado de Guerrero Bravos

Señor general de mi aprecio y distinguido amigo:

Me favorece la grata de usted, fecha 21 del mes próximo pasado, que tengo el gusto de contestar, relativa a la cuestión López.

Ya un buen amigo mío, de México, había tenido la bondad de solicitar mis letras, en aclaración de las diversas citas que de mí se han hecho; mas preferí guardar silencio sobre un punto que me parece ha llegado a hacerse bastante enojoso y delicado y que tan desagradables consecuencias puede ocasionar entre respetables jefes del ejército, dignos por mil títulos de toda estimación y respeto.

Hoy, que he sido directamente interrogado por usted en su apreciable referida, no puedo menos de contestar con la franqueza y lealtad que de mí espera, que son de todo punto ciertas las citas que, usted en su carta de 15 de mayo y el señor coronel Rincón Gallardo en la de 5 de junio, hacen de mi persona; con la única salvedad de que los favorables conceptos con que en lo general me honran y califican y refieren mi conducta en esa vez, son debidos exclusivamente a la bondad de ustedes y no a mis escasos méritos, ni a la importancia de la comisión que se me confió, la cual, a mi juicio, no tenía nada de peligrosa.

Los hechos de que fui actor o testigo, pasaron de la siguiente manera: El 14 de mayo de 1867, en presencia de usted como general en jefe de la 2ª división del Norte y del jefe accidental de mi brigada señor coronel Rincón Gallardo se me comunicaron por el coronel de mi cuerpo don Basilio Garza instrucciones reservadas para recibir y conducir a nuestro campamento a un jefe de la línea enemiga, que debía salir esa misma noche por el Convento de la Cruz.

El señor coronel Rincón Gallardo agregó a esas instrucciones la orden de que nombrara inmediatamente 25 hombres de un cuerpo al mando de un oficial de confianza, para que me sirvieran de escolta y a la vez de escuchas.

Pocos minutos después estaban listos, no los 25 hombres por no haber considerado necesario ese número, sino 15 solamente y el oficial nombrado, que lo era el subteniente Vicente de Cigarán, me pedía órdenes en presencia de ustedes.

El señor coronel Rincón Gallardo me hizo notar que el citado oficial le parecía demasiado joven y que como la comisión era en sí bastante delicada, nombrase otro que prestara mayor seguridad al buen éxito.

Con ese motivo designé, para jefe de la escolta, en sustitución del subteniente Cigarán, al teniente Benigno Galicia, hoy 1° ayudante del batallón de zapadores.

La comisión fue desempeñada en los términos que se me ordenaron.

A las once de la noche, poco más o menos, recibí al coronel imperialista don Miguel López, después de habérseme anunciado por su mozo de estribo y lo conduje a presencia de mis superiores.

Al volverlo a su fortificación en la madrugada del día 15, me indicó que era probable tuviese necesidad de volver a nuestro campamento, suplicándome estuviera pendiente para recibirlo.

Así lo hice, recabando al efecto las órdenes de mis jefes y en la noche del propio día 15 verificó, en las mismas condiciones y a la misma hora aproximadamente, aunque sin anunciarse ya por su mozo, como la noche anterior, otra salida.

Estando él en nuestro campo recibimos la orden de alistarnos sigilosamente para la ocupación del Convento de la Cruz, cuya ocupación empezamos como a las tres de la mañana, marchando en el grupo que iba a la cabeza de la columna el referido López, en unión de los señores general Vélez, el coronel Rincón Gallardo y algunos ayudantes.

En el primer punto que tocamos se dio a reconocer López con el centinela y él en persona principió a recoger las armas de la guardia a la que sorprendimos dormida.

Del mismo modo y con ligeras diferencias fueron ocupados todos los puntos del panteón, huerta y Convento de la Cruz.

Ignoro, por lo demás, si la conducta de López fue el resultado de sus entrevistas con el general en jefe o si fue inspirada por la situación del momento.

Ignoro asimismo si al obrar de tal suerte, obraba López por cuenta propia o por ajena cuenta.

Lo que sí es un hecho, constante ante multitud de testigos, es que él nos introdujo a la plaza, dándose a reconocer como jefe de día y él también quien nos dirigió en la ocupación de ella.

Espero, con lo expuesto, haber satisfecho los deseos de usted y me suscribo como siempre suyo afectísimo amigo y seguro servidor.

José María Rancel  

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.