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Siglo XIX > 1870-1879 > 1871

Se desea que Porfirio Díaz designe un delegado en la ciudad de México.
México, noviembre 4 de 1871.

Sr. Gral. don Porfirio Díaz
Oaxaca

Muy apreciable amigo y señor:

A medida que la situación avanza y que se dibujan más alarmantes sus perspectivas, los elementos morales y materiales de la capital se ponen de punto para concurrir a la grande obra que traen entre manos los amigos de la libertad constitucional; pero, al mismo tiempo que esto sucede, se hace sentir aquí la falta de un centro organizador que utilice esos elementos y esté al acecho de ciertas oportunidades preciosas, pero pasajeras, que pueden conducir a importantes resultados por tener lugar ellas en este gran centro de opinión, de publicidad y de influencia moral.

En materia de importancia, tienen sin duda la precedencia los trabajos y las combinaciones que se desarrollan en el oriente de la república, pero ellos tendrán doble eficacia secundados por aquí por combinaciones análogas. Éstas a su vez pueden dar gran fomento e impulso a los esfuerzos que hacen por allá los directores de nuestra gran empresa.

En ningún sentido presentan tanto interés los trabajos de que esta capital puede ser teatro, como en el de explotar el crédito de la revolución que no es ya despreciable y que será mucho mayor a medida que avancen los sucesos.

Los especuladores audaces y aventurados no se hallan por todas partes; México es un terreno abundante en ese fruto y quizás es este el único lugar en donde puede encontrar sus primeros recursos el movimiento insurreccional naciente.

Además, las mismas combinaciones con que por aquí nos brindan las circunstancias, la conquista de ciertos elementos materiales que se ponen al alcance de nuestra mano, exigen recursos en cierta escala y éstos no se han creado aquí, ni siquiera se ha pensado en la manera de obtenerlos.

Todas estas consideraciones cuyo desarrollo traspasaría los límites de una carta y que tal vez sería ocioso por la perspicacia y sensatez de la persona a quien ésta va dirigida, pusiera de manifiesto la conveniencia, la necesidad, la urgencia apremiante de que la insurrección nacional tenga aquí una representación seria.

Abundan en la capital personas cuya lealtad, experiencia y circunspección están plenamente acrisoladas y, por añadidura, pudieran dárseles instrucciones minuciosas y ponerse a su acción limitaciones y cortapisas que evitaran los inconvenientes a que suelen dar lugar esta especie de delegaciones.

Pero la de que se trata ha llegado a ser una verdad reconocida, por cuantos siguen con interés y con solicitud patriótica el curso de los grandes sucesos que han comenzado a producirse en nuestra política.

Mucho se podría acortar el camino a los que han emprendido la noble tarea de restaurar en México la libertad y la moralidad; mucho se ahorraría al país de sangre, de trastornos y de anarquías, si en razón oportuna se aprovechan por aquí las oportunidades que comienzan a presentarse para secundar y coronar, tal vez con un triunfo decisivo, la patriótica iniciativa que se ha tomado por el rumbo de oriente.

La idea a que arriba se alude, una vez realizada, vendría a cortar un mal que aquí estamos palpando y es el de que muchas personas ansiosas para allegar sus esfuerzos a los de los restauradores de la moral y de la libertad, acuden por hábito a éste que ha sido siempre el centro de las combinaciones y de los trabajos políticos y, no hallando la representación viva de la revolución iniciada, la toman por una entidad quimérica, dudan en cuanto a sus perspectivas de tiempo y caen en un desaliento que se propaga de una a otra persona con deplorable rapidez.

Una pequeña semilla arrojada en buen terreno, basta para producir una gran cosecha; la breve indicación que precede, fructificando en la grande inteligencia a quien va dirigida, dará sin duda los resultados a que anhelamos por aquí los obreros de la futura situación.

Estas indicaciones van enteramente conformes con las ideas de nuestro común amigo don Trinidad García, quien desea que esta carta se tenga como suya.

Por encargo especial de los amigos de la frontera, acompaño a usted la adjunta, pues me encargan especialmente la haga llegar a sus manos y le recomiende su pronta contestación.

Como en lo sucesivo podría haber inconveniente de que las cartas vinieran con mi nombre, le suplico a usted se sirva rotularlas a la Sra. doña Ramona Hornero de Hermoza y enviarlas por el mismo conducto que reciba usted ésta.

Ruego a usted me ponga a los pies de mi apreciable comadre; dé mis afectuosas memorias a Justo y usted reciba el aprecio de su compadre y amigo que le desea prosperidades.

Felipe (Buenrostro)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.