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Siglo XIX > 1860-1869 > 1869

Manuel Z. Gómez con toda franqueza emite su opinión sobre los sucesos de San Luis Potosí.
Querétaro, diciembre 26 de 1869

Señor Presidente don Benito Juárez

México

 

Mi respetable amigo y señor:

 

Dirigí a usted hoy un telegrama anunciándole el extraordinario que mandan los empleados de San Luis (Potosí), acompañando la acta levantada por las fuerzas federales en la que protestan en contra de la orden que han recibido de restablecer las autoridades locales depuestas por virtud del movimiento del día 15 y comunican también que se les exigirán por la fuerza los fondos que tengan.

 

Yo tenía previsto mucho de lo que ha pasado y escribí con fecha 22 y el 23, a las tres de la mañana, al jefe de Hacienda, Carlos Margain, para que procurara que su cuñado Pancho Aguirre se precaviese de las instigaciones que suponía estarían ejerciendo el licenciado Paz, García Granados, Toledo y otros enemigos conocidos de la administración; pero cuando llegó mi carta ya fue tarde, ofreciéndome sin embargo Margain enseñársela a su cuñado y poner él mismo todos los medios posibles por conseguir mi objeto.

 

Ahora escribo con más extensión también para Pedro Martínez y no me olvidaré de manifestarles el cuidado que deben tener con la cooperación que les han ofrecido de Zacatecas.

 

El movimiento local, señor Presidente, me parece un hecho consumado; tratar de hacer restablecer las cosas al estado que guardaban, lo considero peligrosísimo y mucho más después del acta levantada.

 

No queda, pues, más remedio que eliminar los elementos de trastorno general mezclados en aquella revolución y eso, por ahora, me parece fácil, después ya habrá serios compromisos y no tendrá ya cabida la razón en el ánimo de los pronunciados.

 

Yo tengo por cierto que las mismas manos que impulsan al Congreso general para que exija del gobierno que reponga con las fuerzas federales a las autoridades locales destituidas en San Luis, son las que han mandado agentes para promover la desobediencia a esas autoridades y lo que me admira es que haya representantes bonachones que se dejen embaucar y sirvan de instrumento a revolucionarios ambiciosos que todo lo esperan de un trastorno, sea el que fuere, porque con él piensan poder ocupar puestos que jamás desempeñarán en bien de la república.

 

Que se estrellen pues esos trabajos en San Luis, quedando tal como está la cuestión local, ya que no es posible hacer que ésta retroceda sin grave peligro de comprometer la paz general.

 

Aquí iba de mi carta cuando recibí la contestación a mi telegrama.

 

Mis opiniones o, más bien dicho, mis acciones políticas, pertenecen todas al gobierno y respeto, por lo mismo, cuanto el gobierno determine.

 

Todo, todo lo hecho en San Luis ha sido malo y principalmente la acta levantada por los militares. Pero ¿se puede retroceder? ¿Por la reposición de la Legislatura conviene comprometer la tranquilidad pública?

 

¿Por ella debe también el gobierno comprometer la fidelidad de buenos servidores que, desgraciadamente, han recibido insultos mil de la misma Legislatura por quien se les ordena que derramen su sangre y agasajos y consideraciones mil de aquellos a quienes tienen que combatir?

 

No dudo que se dará a estas cuestiones la mejor solución; no dudo que el gobierno tendrá presente las relaciones de los otros jefes de la 3ª división, las del coronel del 7º que marchó para San Luis, las del general Aguilar, etc.

 

Yo veo con dolor que es gravísima la cuestión de San Luis, la veo sacrificada con la de este estado y halagada, mimada por los constantes enemigos del orden y creía que sólo podía combatirse bien y pronto, obligándola a declarar los secretos que encierra y que, estoy seguro, desconocen muchísimos de los que la han adoptado.

 

Ni Aguirre, ni Pedro Martínez, ni Ontañón ni otros, sin los que nada valdría la revolución de San Luis, piensan por hoy desconocer al gobierno general y sólo sí tienen la convicción de haber sido justo el levantamiento contra la Legislatura de aquel estado.

 

Por esto me parecía que, si no la estricta justicia, sí la conveniencia y la tranquilidad pública aconsejaban dejar las cosas en San Luis en el estado que guardan, si se adquieren garantías de que no se avanzará a más.

 

Inútil me parece decir a usted el aliento que con aquel suceso ha tomado aquí la cuestión Cervantes. El gobierno sabe bien que todo hay que variar en la resolución y que, sin embargo, ésta no puede aplazarse, porque la misma acefalía en que se encuentra el estado servirá de pretexto para proclamar cualquier cosa en consonancia con San Luis.

 

De cualquier manera, señor Presidente, puede usted estar seguro que mi grano de arena se pondrá al lado del gobierno, porque abomino todo movimiento revolucionario y estoy convencido que jamás tendremos paz si seguimos bajo el imperio de los pronunciamientos.

 

Tal lo ha sido el de San Luis, pero ya que ha tomado proporciones colosales y puede cortarse circunscribiéndolo a la cuestión local, así me parece que debe quedarse para evitar mayores males; pero, repito, que en todo caso soy de usted adicto y obediente servidor.

 

Manuel Z. Gómez

 

[Nota autógrafa de Juárez]

 

Enterado y que no es posible transigir con los sublevados, sacrificando los principios legales.

 

Fuente:

 

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.