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Siglo XIX > 1860-1869 > 1869

Juárez creador de la escuela de segunda enseñanza para mujeres.
Casa de usted, noviembre 15 de 1869

Señor don Benito Juárez
Ciudadano Presidente:

Algunas razones de grave importancia me determinan a distraer, por un momento, la atención de usted de los difíciles e importantes negocios en que de continuo se ocupa para el bienestar y prosperidad de la nación, mas yo creo que el que ahora voy a tratar es uno de los más dignos de su consideración.

Señor, uno de los monumentos más bellos, característicos del gobierno ilustrado, filantrópico y político de usted, será la fundación de la escuela secundaria o preparatoria de niñas y con ella, la educación de la mujer. Esto es hoy de grande importancia en los países civilizados y de ello es la nación vecina la prueba más evidente de esta verdad.

La marcha progresiva y vigorosa de sus pueblos es debida indudablemente, en su mayoría, a la ilustración, actividad y aptitud de las mujeres.

A usted, señor Presidente, estaba reservado el dar este paso atrevido y difícil en nuestra sociedad, a través de las preocupaciones que por desgracia la dominan todavía. Brillante es sin duda y sus resultados serán de incalculable trascendencia.

Pero aún no está hecho todo, solamente se ha dado el primer paso y lo que falta, siendo de suma importancia para la consecución de la idea, no es ciertamente de difícil realización, ni de gran valía para el erario.

Cuando usted tuvo a bien encomendarme la organización de la escuela, en lo cual recibí mucha honra, formulé un proyecto con el presupuesto y reglamento respectivos, ambos correspondientes, hasta donde era posible, a las altas miras que usted se proponía; éstos pasaron muchos trámites, grandes dificultades y sufrieron diversas modificaciones; aun llegué a desesperar del resultado, por lo cual me determiné a plantearlo como se me proponía y no como era debido, con la firme resolución dé estudiar todas sus dificultades, exigencias y modificaciones más urgentes, nacidos, sin duda, del estado actual de la sociedad y esperar la oportunidad de dirigirme a usted para someterlas a su sano juicio.

Creo llegado el momento; la escuela está planteada, las alumnas han aprovechado satisfactoriamente, han pasado los primeros exámenes pero todo esto con mil dificultades de toda clase, provenientes de las primeras causas que para lo sucesivo no sería posible allanar sin las reformas que propongo.

Y, al tiempo de enviar al ministerio del ramo la nota que por circular pidió a las escuelas nacionales para formar la memoria sobre instrucción pública que debe mandar al Congreso, en vez de esta nota que verdaderamente se refiere a los gastos erogados, número de alumnas y sus adelantos respectivos, formé una memoria de todos mis apuntes cuidadosa y concienzudamente formadas y la mandé al señor ministro, mas ¿quién me asegurará que ha llegado a sus manos?

Sé que el señor Iglesias es uno de los mejores servidores y colaboradores de usted, tanto por su adhesión, actividad y notoria instrucción, como por su patriotismo acreditado y que, por lo mismo, coadyuvará en cuanto le sea posible al feliz resultado que deseamos; mas, como para que estos ocursos lleguen a noticias de las autoridades competentes tienen que pasar varios trámites y sufrir además las modificaciones que les imprimen las influencias o miras particulares de que están animadas las personas encargadas de su conducción, desconfío mucho del éxito y temo, por lo mismo, señor Presidente, ver frustradas por segunda vez las buenas disposiciones de usted en favor de este grandioso plantel y mis tareas para secundarlas.

Por tanto, me atrevo suplicar a usted se sirva tratar este asunto con el señor ministro, de la manera que sea más natural y conveniente, a fin de que esto se arregle y si, como me han asegurado, la memoria no ha llegado a sus manos sino sólo una ligera noticia, que el señor ministro se sirva exigirla y enterarse y si usted cree oportuno que yo concurra con él y en presencia de usted tengamos una conferencia para que verbalmente explane mi memoria y la funde con la exactitud que requiere y no permite mi escrito, tenga usted la bondad de decírmelo y me acompañará mi hermano Ignacio, pues, por mi parte, estoy dispuesta a no omitir ningún paso que sea conducente para la solución de un asunto tan importante.

Como el tiempo que queda para este arreglo es perentorio y tal vez se necesita de la sanción del Legislativo, a lo menos en la parte relativa al presupuesto y la reforma de la ley sobre el plan de estudios, por ser uno de los puntos más esenciales, allí sobre todo será combatida la citada memoria por todas las razones que usted conoce, si de antemano no va apoyada por la primera autoridad.

Señor Presidente, si usted se digna ocuparse de este negocio, como lo espero de su acreditada eficacia e interés por la mejora y adelanto de sus pueblos, creo que con su inmediata intervención quedarán allanadas mil dificultades que hasta aquí han sido insuperables.

Una de las principales es la monta del presupuesto que, para la plantación de la escuela, no ha excedido de $9 000 y que para su completa organización y comprendiendo, como ahora propongo, toda la instrucción del bello sexo, no llega a importar ni la mitad del presupuesto de la escuela preparatoria.

La idea benéfica y civilizadora de la educación de la mujer es debida a usted exclusivamente, en cuyas manos está confiado su porvenir.

De usted es la gloria y a usted sólo toca inmortalizarla, pero el tiempo vuela, señor, y es necesario no desperdiciarlo.

La chispa ha cundido y aunque los resultados materiales serán progresivamente obra del tiempo, la moral ya está iniciada, la combaten las preocupaciones y la contraría la oposición -porque grandioso es en sus consecuencias- y por lo mismo es necesario no abandonarlo a sus propias fuerzas.

Por lo expuesto y con el conocimiento que la experiencia ha dado a usted de los hombres, comprenderá que mi lenguaje es sincero.

Un sentimiento de gratitud por su gobierno y el deseo que siempre he alimentado de ser útil a mi patria y particularmente a mi sexo, me han inspirado esta resolución que espero acogerá usted benignamente y de la que no dudo obtener el mejor resultado.

Deseo a usted felicidades como su adicta y atenta servidora que respetuosa besa su mano.

María de Belem Méndez y Mora

[Nota autógrafa de Juárez]

Que por mis ocupaciones no había podido contestar esta carta, pero en cuanto ha sido posible, se han obsequiado sus deseos por el ministerio de Justicia, como le ha indicado el Sr. Iglesias.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.