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Siglo XIX > 1860-1869 > 1869

Grave problema electoral surge en Yucatán.
Mérida, noviembre 23 de 1869

Señor don Benito Juárez

México

 

Muy apreciable y respetado señor:

 

Creo de mi deber poner en conocimiento de usted cuanto ha ocurrido, hasta hoy, en las elecciones de los poderes de este estado.

 

Como el Sr. don José A. Cepeda fue el que con más empeño me instó a aceptar la candidatura para gobernador, expresándome que don Manuel Cirerol se había comprometido a desistir de sus aspiraciones, juzgué conveniente, antes de publicar mi aceptación, tener una entrevista con aquel señor; en ella me renovó las protestas que anteriormente me había hecho y me manifestó la disposición en que se encontraba de apoyar mi candidatura.

 

Luego que la prensa publicó mi aceptación, el Sr. Cirerol, olvidando sus compromisos, redobló sus esfuerzos para triunfar en la lucha electoral. Con este fin y con el carácter de vicegobernador, procedió a practicar una visita oficial a todos los pueblos del estado.

 

Entretanto el Sr. Cepeda observaba en todos sus actos una conducta enteramente ambigua, dando lugar a la exaltación de las pasiones. Sin embargo, continuaron los preparativos electorales y todo anunciaba un éxito satisfactorio.

 

Pero el día de la elección, que fue el 7 del corriente, cuando ya las mesas estaban legalmente instaladas en esta capital por los que sostenían mi candidatura, el Sr. Cepeda y el Sr. Cirerol, acompañados de varios oficiales y empleados y seguidos de una turba armada de garrotes, pistolas y puñales, salieron a caballo a recorrer las calles y a atropellar escandalosamente todas las mesas electorales, haciendo que los partidarios del Sr. Cirerol las fuesen ocupando sucesivamente.

 

De aquí resultaron multitud de heridos y la prisión de cuantos pretendieron oponerse a semejante atentado. Los policías que el jefe político había organizado, con aprobación del gobierno, para conservar el orden, al pretender cumplir con sus deberes fueron violentamente desarmados y reducidos a prisión por el mismo Sr. Cepeda.

 

Esta capital ha quedado asombrada por el escándalo y tropelías que antes y después de las elecciones se han cometido por las mismas autoridades superiores.

 

A pesar de todo, en los demás distritos donde no se ha hecho sentir inmediatamente su intervención personal, se han verificado pacíficamente las elecciones, con una notable mayoría de 23, 000 votos a mi favor.

 

Para hacerla desaparecer, los señores Cepeda y Cirerol procedieron a destituir a varios jefes políticos y comandantes militares que se negaron a apoderarse de los documentos electorales para falsearlos y nombraron a otros, que se han prestado como instrumentos ciegos de sus arbitrariedades.

 

No obstante esta conducta, los escrutadores electos en la mayor parte de los distritos para el escrutinio de la elección de diputados al Congreso, fieles a sus convicciones, se mantuvieron con firmeza obligando a las autoridades al empleo de la fuerza armada.

 

Con el fin de obrar más expeditamente, el Sr. Cirerol se encargó el día 13 del actual de los mandos político y militar y desde luego ordenó a sus agentes que por medio de la fuerza impidiesen la reunión de los escrutadores que le fuesen contrarios y redujesen a prisión a los que se mostrasen enérgicos en el cumplimiento de sus deberes, hasta conseguir, por todos los medios posibles, que sólo quedasen los que, intimidados, se prestasen a hacer su voluntad.

 

Estas órdenes fueron fielmente cumplidas en los distritos de Motul y Tixkokob en donde fungen, como jefe político y comandante militar el padre y el hermano del Sr. Cirerol y en los demás distritos electorales, con excepción de los cuatro de Izamal, Valladolid, Tizimín y Espita a donde llegaron tarde sus ayudantes.

 

Estos, sin embargo, para consumar el atentado en todas partes, violando las garantías constitucionales, han procedido a catear las casas particulares con la pretensión de apoderarse de todos los documentos electorales.

 

El Sr. Cirerol, por medio de sus agentes, ha amenazado de tal forma a las imprentas de esta capital, que ninguna se atreve a publicar escrito alguno que se refiera a los últimos acontecimientos, por cuya causa ha dejado de publicarse el periódico Los Pueblos que sostenía mi candidatura.

 

Yo comprendo y me explico fácilmente la conducta observada por el Sr. Cirerol, tan contraria a sus ofertas y compromisos, pero lo del Sr. Cepeda es para mí y para todos un misterio inexplicable.

 

Si después de mi aceptación, cambió de intención y se resolvió a apoyar al Sr. Cirerol, sobrado tiempo tuvo para prepararle el terreno pacíficamente sin crearse dificultades para verse en el caso de apelar a medidas violentas y de colocarse en la extrema situación de dar el escándalo con que ha sorprendido a todos los habitantes del estado.

 

En vista de estos antecedentes, es de creer que la mayoría de 23 mil votos que obtuve, por unos 4 000 que obtuvo el Sr. Cirerol, en nada hará cambiar nuestra situación. Falseada ya la elección de diputados y colocados los Sres. Cepeda y Cirerol en el terreno de las arbitrariedades, no omitirán medio alguno para llegar al término que desean, es decir la elevación del Sr. Cirerol al gobierno del estado.

 

Esta conducta, observada por las primeras autoridades, ha excitado profundamente la indignación pública y es de temer que, más o menos tarde, estalle la guerra civil que hasta este momento hemos logrado evitar, interponiendo al efecto, el respeto que se debe al supremo gobierno nacional, que tan solícito y deferente se ha mostrado en favor de nuestro estado.

 

Acaso he importunado demasiado las atenciones de usted con esta extensa carta, pero he creído de mi deber exponerle la verdad de los hechos que han ocurrido, con el exclusivo objeto de corresponder a las honoríficas consideraciones que se ha servido dispensarme.

 

Espero sus órdenes y tiene la complacencia de repetirse su amigo y atento seguro servidor que besa su mano.

 

Agustín O'Horan

 

Fuente:

 

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.