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Siglo XIX > 1860-1869 > 1866

Ignacio Altamirano, en campaña, toma Cuautla.
Cuautla, Morelos, diciembre 22 de 1866.

Señor Presidente de la República, don Benito Juárez
Donde se halle

Mi respetable amigo y señor:

Consecuente con lo que dije a usted en mis dos anteriores fechadas en Guerrero y que debe usted haber recibido por la vía de Nueva York, pues la recomendé al señor Fuentes y por el conducto del señor Godoy, he entrado a la Tierra Caliente y he entrado triunfando, como habrá usted visto por los periódicos de México que, aunque mintiendo en los detalles, convienen en el fondo.

He aquí la verdad: el señor Jiménez no obtuvo por fin permiso de don Diego para atacar a Iguala, porque el pobre don Diego no conoce la situación y hoy se avergonzará de su timidez.

Por eso no pude atravesar el Mescala con 3,000 hombres y, resuelto a venirme aunque fuera con uno, entusiasmé a varios compañeros, obtuve facultad del señor Jiménez para mandar sus caballerías y a la cabeza de 300 caballos atravesé atrevidamente por las orillas de Iguala, hice un camino tortuoso y oculto al enemigo y el día 12 de éste, cuando menos lo pensaba, caí sobre el jefe de la brigada del Sur, el famoso Abraham Ortiz de la Peña, que escoltaba un convoy de dinero, parque y montajes de pieza y en las cercanías del pueblo de Ixtla, le ataqué, lo derroté, le tomé toda su infantería prisionera, le quité el convoy, menos el dinero que iba en oro y que pudo salvarse - eran $10,000 y él se escapó herido de una estocada y atravesó a toda brida por San Gabriel.

Por supuesto yo mandé la acción y cargué a la cabeza de mis surianos.

Tuve un solo muerto y dos heridos.

Él tuvo al teniente coronel imperialista Piña, el capitán Figueroa, el francés Frangué, confesados por él en La Sociedad del 21 de éste, es decir, de antier (ver nota), y además otros dos franceses llamados Soulas y Martucci y más diez soldados.

Quité 79 fusiles, mosquetes, sables, etc., trece mulas cargadas de parque, ocho con montajes y ocho con equipajes.

Las cruces y medallas de Peña, entre las que está la de la legión de honor que Forey le puso por orden de Napoleón por sus hazañas de Atlixco, están en mi poder y se las guardo a usted como un regalito.

Al día siguiente la plaza de Jojutla y la de Tlaquiltenango me abrieron sus puertas.

El 14 me atacó Carranza con 400 hombres en un punto escabroso llamado los Hornos y cuando él pensaba batirme, porque traía buena infantería, mandé desmontar a mis surianos y batirse como infantes, rechazándolo y haciéndole muertos, con lo que él quedó confuso, aterrado y contramarchó con violencia, no parando hasta Iguala.

Todo el tercer distrito del sur de México estaba en poder del imperio, pues su jefe, el general Leyva estaba en Guerrero y no contaba sino con 50 hombres; pero yo lo llamé y con mi sola presencia han evacuado las guarniciones traidoras las plazas de Jonacatepec, Tetecala, Yautepec y ésta, cuyos vecindarios han levantado las actas de adhesión al gobierno legítimo de la República.

Nos falta Cuernavaca que batiremos Leyva y yo dentro de tres o cuatro días y la tomaremos, pues yo tengo una brigada de caballería fuerte de 800 hombres y Leyva tiene ya infantería.

Yo hago que mis dragones se batan como infantes, en todo caso.

Así es que por esta parte el imperio extiende su poder a nueve leguas de México, porque alentados con mi apoyo, se levantaron en Tlalmanalco y antier fue ocupado por nosotros Chalco.

El norte del Ajusco está en nuestro poder y hemos mandado tirotear Tlalpan, en donde O'Horan se salvó merced a la superchería de contar que estaba en pláticas con Riva Palacio.

Dentro de poco yo mismo tirotearé las garitas y echaré a O'Horan si se atreve a resistirme.

La cosa es atrevida porque Tlalpan está cerca de México; pero yo tendré entonces como 3,000 hombres y veremos cómo combinamos con Riva Palacio y otros.

Hoy más que nunca necesito que me haga usted favor de enviarme, si es posible, mi nombramiento de gobernador del Distrito Federal y si también es usted bueno conmigo, mi ascenso a categoría superior a mi coronelato para que no haya escrúpulos en la obediencia de los coroneles Figueroa, Malo, Fragoso, Roldán, Plata, Meraz y otros que operan allí y que no siempre son ordenados, habiendo Malo saqueado a Yautepec y a Tlayacapan, cosa que tuvimos que contener y que mucha nos ha apesadumbrado.

En cuanto a mi conducta es tal, que todo el mundo se me ha presentado y más he hecho con mi trato que con mis armas.

Ya doy a usted el parte y al cuartel general de la división del Sur, a pesar de que nada me ha dado para esto, sino al contrario.

Quería yo que me sujetara usted a Riva Palacio o a cualquiera otro jefe.

El portador es hombre de toda mi confianza y puede usted hablar con él para que le describa esto, pues reúne a su inteligencia, la lealtad y el conocimiento local perfecto.

Con él sírvase usted contestarme y por conducto de Riva Palacio.

Ya ve usted que cumplo mi palabra y que hago lo que puedo.

Desearé que quede usted contento de mí.

Que pronto esté usted en México para tener el placer de darle un abrazo.

Entretanto reciba usted mi leal afecto.

Ignacio Manuel Altamirano

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Nota de Jorge L. Tamayo: Es ayer, la carta está fechada en 22.