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Siglo XIX > 1860-1869 > 1866

Escobedo resuelve entregar a Cortina la situación de Matamoros.
Charco Escondido, diciembre 19 de 1866.

Señor Presidente don Benito Juárez

Muy señor mío y respetable amigo:

Con esta misma fecha doy cuenta oficial al señor ministro de la Guerra, de la nueva sublevación del coronel Canales, ocurrida en este mismo punto de donde se separó con su fuerza.

Aunque temía yo este contratiempo, no era fácil evitarlo de un modo absoluto y recurrí a cuantos medios pudo sugerirme la prudencia y el conocimiento que tengo de esta gente de la frontera.

Entre esos medios estaba el de poner a Cortina a retaguardia o Canales, cuyo carácter de militar hube de conservarle, porque su fuerza compuesta de bandidos que no obedecen a otro jefe, era fuerte todavía y, con la que tengo, apenas me bastaba para custodiarlo de lejos, dejar guarnecida la ciudad de Matamoros y conducir a Monterrey el gran tren de guerra que tanto debe servirnos en la campaña del interior.

Por otra parte, Canales, fuera de la plaza de Matamoros, que era mi objeto principal, quedaba privado de los grandes elementos con que allí contaba para conservarse todavía más fuerte y por mayor tiempo.

Así pues, luego que tuve conocimiento de esa defección, destaqué a Cortina para que procurase disolver a los rebeldes, al mismo tiempo que parte de mi fuerza a las órdenes del general Rocha les corta el paso por el camino de Vaquería y otra, al mando de Naranjo, expediciona en combinación con estos jefes, hasta ver si se logra aniquilar a Canales.

Yo quedo en expectativa para ir obrando según las eventualidades que se presenten me indiquen las medidas que debo tomar.

El entendimiento se resiste a creer, señor presidente, pero es fuera de toda exageración, que en este punto de la frontera y principalmente en Matamoros, todas las clases de la sociedad se compongan de bandidos, de tal manera perniciosos, que nulifiquen toda fuerza extraña.

Los comerciantes, los propietarios, los artesanos y hasta los fondistas están de tal modo habituados a especular en el desorden, que todos y cada uno de ellos provocan y fomentan la deserción, intrigan para formar querellas y favorecer resueltamente los motines.

Si a esto se agregan las enfermedades propias del clima y la perspectiva que se ofrece a los desertores al otro lado del Bravo, donde por falta de brazos hallan con la impunidad seguros y buenos jornales, ya podrá usted tener la medida de lo muy difícil que ha llegado a ser el mantenimiento del orden.

Creo, por lo mismo, que la situación allí encomendada al general Berriozábal tiene forzosamente que ser muy transitoria, si queremos que no se concluya la escasa aunque buena fuerza que pude dejarle.

Aquí todo buen cálculo se estrella; la gente es en extremo belicosa y su valor indisputable saben explotarlo a favor de sus desiertos, donde se hace imposible seguirla si no es con numerosísima fuerza reglada y bien mantenida.

Todas estas razones me han decidido a emplear contra tal gente sus mismos elementos en obvio de mayores embarazos para el gobierno en estas solemnes circunstancias y, por lo pronto y, dejando a Berriozábal que haga todo lo que pueda, he pensado que, si las eventualidades lo exigen, Cortina quede dueño de la situación; ya porque es el único que puede disputar con ventaja la influencia a Canales, ya porque irá al puerto con un título legal.

Verdad es que el gobierno no percibirá nada de la aduana de Matamoros, que hoy mismo no produce un peso ni lo producirá en algunos meses, porque no puede haber entradas mientras duren las desconfianzas del comercio; pero en cambio Cortina podrá mantener expedita la comunicación con el interior y favorecer el escaso comercio que, aunque poco, produzca algo en el interior para medio auxiliar nuestras primeras atenciones.

Otra consideración no menos grave me impulsa a dejar a Cortina y es que sirva de obstáculo a los orteguistas, cuyos incesantes trabajos pudieran darnos un resultado siniestro, pues que (González) Ortega, Negrete, Prieto, Poucel y otros muchos que ahora están en Bronswille, no perdonan trabajo para desmoralizar a la guarnición.

Aun en los días en que yo estuve allí movieron todos los resortes posibles para desmoralizar mi fuerza.

Cortina, colocado y sostenido por el asentimiento del gobierno, será para esos hombres una barrera y ya esto es un bien en las circunstancias.

Si fuera posible realizar algún otro expediente que el curso de los acontecimientos me presente o que se me ocurra de nuevo o que la casualidad me lo facilite, lo aprovecharé sin duda.

Pero si usted, con la relación expuesta piense otra cosa, sírvase comunicármelo para obrar como se me prevenga.

Como cuando ésta llegue a poder de usted, tal vez el señor licenciado don León Guzmán lo haya encontrado; a él me remito sobre los sucesos anteriores.

Conservése usted sin novedad y cuente con la adhesión y afecto de su obediente servidor y amigo que besa su mano [q. b. s. m.].

Mariano Escobedo

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.