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Siglo XIX > 1860-1869 > 1865

Santacilia envía a Juárez una larga carta que enlaza dos años.
New York, domingo, diciembre 31 de 1865.

(Sr. Benito Juárez)

Mi querido padre y amigo;

Escribí a usted hace tres días por conducto del Sr. Ramírez y dos días antes lo había hecho largamente por conducto del Sr. Romero, dándole, como siempre, las noticias más importantes que teníamos por acá.

Las que hoy tengo que comunicar son de bastante interés y acaso estén llamadas a influir de una manera importante en las cosas de ése país.

Mr. Seward, según aseguran los papeles, saldrá en estos días con su familia para La Habana, desde donde se dirigirá al Río Grande, según unos y, según otros, a Veracruz.

Sea cual fuere el punto a donde encamine sus pasos, su salida, en estos momentos, llama muchísimo la atención y nadie acierta a imaginar lo que en realidad se propone al separarse temporalmente de la capital.

Creen algunos y Mr. Plumb es uno de ellos, que ya Mr. Seward no vuelve o, lo que es lo mismo, que deja de una vez la cartera de ministro.

Es tan buena la suposición que yo francamente no me atrevo a aceptarla, aunque, a decir verdad, tampoco sé cómo explicarme el viaje de ese hombre cuando acaba de reunirse el Congreso y cuando puede éste pedir explicaciones sobre la marcha que ha seguido el gobierno en sus relaciones con las potencias extranjeras.

¿Será que Mr. Seward, temiendo la discusión del Congreso, huya del puesto para no verse lanzado vergonzosamente por la opinión?

¿Será que quiera paralizarlo todo con su ausencia, porque siga conservando en el extranjero su carácter de ministro de Relaciones?

Pero yo no sé hasta qué punto satisfaría Mr. Johnson las exigencias del Congreso, diciendo que nada puede responder porque está ausente su secretario.

Como quiera que sea, yo creo que la ausencia de Mr. Seward puede hacernos mucho bien, porque la presencia de ese pícaro viejo en Washington siempre puede causarnos un gran mal.

Cuando menos y esto es bastante, no estará allí para influir en los senadores, haciéndoles partícipes del miedo que él tiene a Luis Napoleón.

Dan por seguro los papeles que hay un arreglo entre Francia y los Estados Unidos, por el cual se compromete Luis Napoleón a sacar sus fuerzas y los Estados Unidos se comprometen a no meterse con Maximiliano, es decir, que dejarán a éste con sus austriacos y belgas y el amor de un pueblo, para que se sostenga si puede y si no que haga lo que mejor le parezca.

Esto sería magnífico.

Maximiliano sin el apoyo de la Francia y, sobre todo, sin el dinero francés, sucumbirá sin remedio, sea cual fuere la cantidad numérica de aventureros que pretendan sostenerlo en el trono.

Que salga de México la bandera francesa y el imperio desaparece, porque nadie, absolutamente nadie, ni el mismo Maximiliano, tendrá fe en la duración de la farsa, cuando ésta no esté sostenida, por los pesos, las bayonetas y el prestigio de la Francia.

Todos empiezan a creer que se trata seriamente de sacar el ejército francés.

Yo tengo por sistema no acoger las buenas noticias, porque los chascos me hacen mucho mal.

Hace mucho tiempo que nadie nos escribe de la legación.

Como salieron fallidas las profecías de Romero sobre (el) Mensaje de Mr. Johnson y parte de Grant, yo creo que ya no quieren largar prendas y hacen perfectamente.

Nosotros aquí no creemos ya ninguna noticia que nos viene de la legación, porque la experiencia nos ha demostrado que por ese rumbo jamás viene la verdad.

Ni siquiera sé si Romero recibió una carta que le escribí hace siete días, acompañándole otra para usted.

Según me dijeron anoche Navarro y Baz, Romero escribió a Plumb diciéndole que estaba muy contento de una entrevista que tuvo con Mr. Seward.

¡Qué lástima que ese pícaro espere para contentarnos el momento casi de embarcarse para el extranjero!

Acaso Romero diga a usted lo que tanto le contentó en su visita al ministro de Relaciones.

Parece que, por ahora al menos, no piensa Napoleón en robarse la Bélgica.

El heredero del trono lo ocupó pacíficamente y el primero que le escribió fue el emperador de los franceses.

Siempre pensé que la cosa no era tan fácil, para que luego la acometiese Luis Napoleón.

Van varios impresos que le recomiendo; todos tienen algo de interés.

Ha venido de Minatitlán el Gral. Baranda y ayer salió para Washington; viene en busca de armamento.

Al llegar a esta ciudad encontró cartas que le vinieron por la vía de Veracruz.

En una de esas cartas, fechada el dos de este mes, le anuncian que (Pérez) Figueroa derrotó completamente a 500 austriacos en Cuicatlán.

Ha venido asimismo, según me dijo el Dr. Navarro, un comisionado de Escobedo que hace buenas recomendaciones de los generales americanos que están en la frontera.

Supongo que también viene en busca de armamento.

Añade Navarro que ese comisionado trae encargo de verse con Carbajal y que éste se ha llegado a recibirle.

¡Siempre nuestras cosas!

Ha llegado a ésta el amigo Quintero.

Como éste estaba con cierto carácter oficial, pues era agente de los confederados, ha podido estar en Matamoros con los franceses, etc. y dice que el disgusto es general entre los invasores, porque conocen ahora que fueron engañados y que el país no quiere la monarquía.

De hoy a mañana llegará el vapor Veracruz que debió salir de aquel puerto el 21 del que acaba. Veremos qué nos trae y si ya sabemos algo del amigo Porfirio.

En una de mis anteriores hablé a usted de cierto párrafo publicado aquí anunciando que los amigos de González Ortega en México, es decir, en la capital, protestaban contra la continuación de usted en el poder, etc.

Yo creí, francamente, que aquello era obra de los imperialistas, porque no podía imaginar que tal cosa la hubiesen hecho los mexicanos liberales.

Pues bien, me engañé como un tonto; el párrafo fue escrito por Villalobos que -entre paréntesis- está bastante enfermo hace muchos días.

Vicario sigue hecho un energúmeno y hace recaer toda la culpa, de lo que se ha hecho, en el amigo don Sebastián.

Esos pobres diablos esperaban medrar bajo la égida protectora de Chucho y, naturalmente, están furiosos al ver desvanecidas sus ilusiones.

La verdad es que hay aquí más de 40 mexicanos y que sólo cuatro desaprueban los decretos del ocho del pasado.

El hecho no puede ser más elocuente.

Veremos si, por el vapor que se espera de Veracruz, tenemos ya contestación del Sr. Merodio, a quien escribí desde el ocho del pasado, haciéndolo por segunda vez el 23 del mismo mes.

Entre los impresos que le acompaño, le recomiendo el parte publicado en el Periódico Oficial del imperio, relativo a la comunicación que dirigió desde Rioflorido al comandante Billot, el Gral. don Manuel Ruiz, presidente de la Suprema Corte, anunciando que se separaba de usted, etc., etc., etc.

Eso no necesita comentarios.

¡Año Nuevo!

Enero 1º de 1866

El nuevo año empieza perfectamente.

¡Dios quiera que continúe del mismo modo!

Los periódicos anuncian hoy el espléndido triunfo alcanzado por los chilenos sobre los españoles, en el primer encuentro que tuvieron la Covadonga y la Esmeralda.

Los peruanos se preparaban a declarar la guerra a España y todo anunciaba que aquella pobre nación tendría que sucumbir.

Van los impresos para que lea usted los pormenores de esas importantes y sabrosas noticias.

Hoy dicen que la ausencia de Seward será de pocas semanas y añaden que su viaje no tiene ninguna significación política, etc.

Va un editorial del Herald para que vea usted cómo especula este papel al ocuparse del viaje en cuestión.

De todos modos y sea lo que fuere, siempre es muy extraño, cuando menos, que se ausente en estos momentos el ministro de Relaciones.

Dicen algunos papeles que Mr. Stanton, el ministro de la Guerra, irá a Londres en lugar de Mr. Adams, que es ahí ministro de este País.

Si esto sale cierto, la cosa es grave y, entonces, el viaje de Seward significa algo, porque él y Stanton estaban de acuerdo en política.

Si salen los dos, es porque el Presidente quiere seguir otro camino.

Naturalmente, aquí nos perdemos en conjeturas teniendo que imaginar lo que consideramos más lógico y como para ello necesitamos consultar los periódicos y éstos jamás están de acuerdo, porque cada papel representa naturalmente los intereses de su partido, es muy difícil que podamos dar con la verdad y saquemos consecuencias exactas de los acontecimientos.

No sucederá lo mismo con Romero y Mariscal, que como viven en la Corte y han de tener buenas relaciones con los senadores, diputados, empleados, etc., sabrán a qué atenerse, sin estar como nosotros, atenidos a lo que anuncian el telégrafo y los papeles.

Anoche vino a visitarnos el comisionado de Escobedo; es un escocés que apenas habla pero que parece animado de los mejores deseos acerca de nosotros.

Yo ya, tratándose de europeos, ni de Garibaldi me fío, después de lo que nos ha dicho Lamartine.

Toda la familia está buena.

Hoy es el gran día de este país; el día en que se visitan todos los amigos.

Yo he tenido la precaución de fingirme algo indispuesto para quedarme en casa y pasar el día jugando con mi María, que es el ídolo de mi alma, la vida de mi corazón.

Hay en las calles una cuarta de nieve y está lloviendo.

¡Hermoso día para visitar aquí, donde las distancias son inmensas!

Enero 2

Cierro esta carta para mandarla por conducto de la legación.

Nada tenemos de nuevo.

Aún no llega el vapor Veracruz.

Todos estamos buenos y mi María sigue tan preciosa como siempre.

Estoy loco con ella.

¡Que el cielo me la conserve!

Suyo siempre.

Santa

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.