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Siglo XIX > 1860-1869 > 1865

Santacilia comenta con Juárez la situación europea en sus repercusiones sobre México.
New York (diciembre), domingo 24 de 1865.

(Sr. Benito Juárez)

Mi querido padre y amigo:

Ninguna hemos recibido de usted después de la que nos vino hace una semana con fecha 12 del pasado, anunciándonos que al siguiente día se pondría usted en marcha para la capital del estado.

Nuestras cosas siguen bien y hay, según parece, grandes y fundadas esperanzas dé que continúen mejorando cada vez más.

El Congreso suspendió sus sesiones con motivo de las pascuas y volverá a reunirse el 5 del entrante.

Entonces se presentará el dictamen de la comisión sobre las proposiciones referentes a México y hay motivos para esperar que sea favorable bajo todos conceptos a la causa de ese país.

En primer lugar, preside esa comisión el Gral. Banks que es partidario decidido de la doctrina de Monroe y que desea además llamar la atención de los pueblos porque aspira, con falsos títulos, a la presidencia de la nación y en segundo lugar tenemos a la prensa toda que pide en coro y con voz animosa, una política enérgica para que desaparezca cuanto antes de México el fantasma del imperio sostenido por la intervención.

Mariscal escribe diciendo que Mr. Seward ha manifestado a la comisión de Relaciones Extranjeras, que dictamine lo que quiera respecto de la Francia, porque ya está el país preparado para todo, etc.

Si esto es cierto, las cosas no pueden estar mejor.

Por desgracia hemos recibido tantas buenas noticias de la legación, que luego han resultado falsas, que ya no nos atrevemos a creer nada que venga por aquel conducto.

Es verdad que ahora es Mariscal quien comunica la noticia y esto es algo consolador porque, en honor de la verdad, el amigo Nacho no se hace jamás las ilusiones que se hace Romero, cuando se trata de circunstancias favorables a la causa de la república.

Esperamos con ansiedad lo que sucederá en Europa si, como todos creen, proyecta Napoleón apoderarse de la Bélgica.

Basta echar una mirada sobre el mapa, para conocer que conviene extraordinariamente a Francia la adquisición de la Bélgica y para nadie es un misterio que los franceses todos, sin diferencia de partidos, desean la adquisición.

Que Napoleón la quiere también, lo prueba la conveniencia del imperio y el deseo de sus pueblos; pero no sabemos hasta qué punto será hacedero el proyecto y por eso esperamos con ansiedad las noticias del otro mundo.

¿Consentirá Austria en una incorporación de esa naturaleza, que tanto acercaría a sus fronteras la vanguardia del ejército francés?

¿Lo verán con indiferencia los pequeños estados alemanes, que tanto riesgo correrían en lo futuro?

¿Permitiría la Rusia, que Francia, que ya le robó la Saboya, le cogiere hoy la Bélgica, llegando de este modo a ser, con el tiempo, la primera potencia continental?

¿Permanecería tranquila Inglaterra cuando fue ella precisamente la que creó, por decirlo así, la nacionalidad belga?

Dicen que Napoleón cuenta con el apoyo de la Prusia; pero yo no acierto a comprender qué conveniencia puede reportar a esa nación el engrandecimiento, para todos peligroso, del imperio francés.

El hecho es que todos presienten y esperan grandes acontecimientos, porque todos dan por seguro que, muerto el rey Leopoldo, Napoleón, suceda lo que sucediere, procurará incorporar la Bélgica en el imperio francés.

Yo celebraría en el alma naturalmente, que Napoleón acometiese la empresa, porque aparte de lo mucho que nos convendría verle ocupado en ese negocio, la tentativa podría ocasionar una guerra europea que yo vería con verdadera celebración.

Poco me importa ya -tratándose de Europa- que triunfen los principios de Mazzini o que lleguen los cosacos hasta las márgenes del Sena; poco me importa la libertad de la Polonia, la independencia de la Hungría y la emancipación de la Irlanda.

Lo que anhelo, lo que pido, lo que quiero, es una guerra interminable en la que se derrame mucha, muchísima sangre europea y poco me importan los resultados.

En mis dos cartas anteriores, he mandado a usted cuantas noticias teníamos de México.

Parece indudable que Maximiliano se encuentra más que nunca falto de recursos y en una posición embarazosa de la cual no sabe cómo salir.

Le ha negado, como usted sabe, a entregar a Mr. Langlais el manejo de la hacienda pública y esto, según parece, ha disgustado muchísimo a Napoleón.

Hidalgo ha salido de París; dice que con licencia a causa de su salud; pero hay quien sospeche que ha sido echado por Napoleón; que está dado ya a mil demonios con los hombres y las cosas del archiduque alemán.

Todas las cartas de México están acordes en la pintura espantosa que hacen de la situación y otro tanto acontece con los que vienen de Mazatlán, San Luis Potosí, Tampico, etc., de manera que el descontento es general en toda la inmensa extensión del país.

Hoy publican los periódicos un telegrama de San Francisco, anunciando que hubo últimamente una revolución en México contra Maximiliano, etc.

La noticia viene en términos tan vagos, que es necesario esperar su confirmación.

También publican hoy los papeles una correspondencia de Brownsville, en que se dan muchas noticias de la frontera.

Remito a usted esa correspondencia para que lea las últimas notas cambiadas entre el general americano y el traidor (Tomás) Mejía.

Casi es incomprensible cómo no ha habido ya un rompimiento formal entre los imperiales y los yankees.

La verdad es que aquí todos creen inevitable una guerra con la Francia, si Napoleón no obra con muchísima prudencia, sacando cuanto antes sus verdugos de ese país.

La ventaja de la situación es que tendremos que llegar necesariamente y pronto, a una solución final, porque no es posible que sigan las cosas en el estado en que hoy se encuentran.

O Napoleón evita prudentemente la guerra con este país y en este caso sacará prontamente sus fuerzas, o insiste en sostener su obra y se declara, sin embozo, en contra de los americanos, en cuyo caso habrá guerra entre las dos naciones.

No hay término medio posible en las circunstancias críticas que venimos atravesando.

Han llegado las cosas a tal extremo, que el mismo gabinete de Washington no podrá, aunque quiera, evitar el choque que vienen preparando hace tiempo los acontecimientos.

Anuncian los papeles que el Gral. Logan renunció el nombramiento de ministro para esa República y añaden que inmediatamente fue nombrado un Mr. Campbell para aquel destino.

Si esto es cierto, el hecho es de grande importancia, pues demuestra que el gobierno está resuelto a tener un representante en la República Mexicana.

Por lo demás ya sabíamos que Logan pensaba renunciar, porque espera ser electo senador, y yo creo que nos conviene más en el senado que en Chihuahua.

Lo importante era que este gobierno nombrase un ministro para la República Mexicana y que hubiese escogido, para aquel puesto, a un hombre que acababa de hablar públicamente en contra de los franceses y de Maximiliano.

Sea quien fuere ese Mr. Campbell, lo que importa es que haya sido nombrado tan luego como se supo que Logan no admitía el nombramiento.

Esa insistencia tenaz de parte de Johnson hará muy buen efecto en Europa y, sobre todo, en París.

Esperemos, pues.

Ayer escribí nuevamente al Sr. Merodio por el vapor Manhattan, pues no tuve contestación ninguna a la carta que le escribí el 8 del pasado, enviándole la de usted.

También he vuelto a escribir a San Luis Potosí a fin de que don Blas Pereda mande cuanto antes a Margarita el dinero que tiene en su poder.

Veremos si encuentra un modo de hacerlo, cuando no hay transacciones comerciales ningunas ni cambios, por consiguiente, entre esta plaza y la de San Luis Potosí.

También el 8 del pasado escribí a Maqueo por conducto del Sr. Romero, pero aún no había tiempo de tener contestación.

El 22 del pasado volví a escribir a Maqueo y a Merodio, enviándoles el duplicado de la carta que usted me remitió.

La familia está buena.

Las niñas grandes, las cuatas y Beno continúan muy aplicados y estoy complacido de sus progresos.

Ya las muchachas pueden visitar sin intérprete a sus amiguitas americanas y esto sólo le indicará lo adelantadas que están en el inglés.

Esta noche estamos convidados todos a una cena de noche buena en la casa de un cubano que vive frente a nosotros y que tiene una familia muy recomendable.

Esperamos con el mayor interés, como debe usted comprender, lo que dirán los jefes que mandan fuerzas al recibir los decretos sobre la cuestión presidencial, etc., pues si bien es verdad que la nación en masa acogerá con gusto esas disposiciones, también es cierto que no son, ni fueron nunca, los soldados, los representantes genuinos de la opinión y podrían algunos, por malas pasiones y por disgustos personales, oponerse a las medidas salvadoras dictadas por usted.

Por fortuna no tenemos ya de esos soldados serviles de la época de Santa Anna y los jefes liberales que mandan fuerzas tienen bastante patriotismo y comprenden, naturalmente, las circunstancias críticas en que se encuentra colocada la nación.

Aquí hay más de 40 mexicanos y exceptuando cuatro -que nada valen- todos los demás -¡todos!- están por sostener las disposiciones del gobierno.

Lo natural es que eso mismo suceda en todo el País, a juzgar por lo que escriben de todas partes.

Muchos de los buenos amigos del gobierno han creído que fue imprudente el decreto relativo a (González) Ortega, pues temen que éste, indignado y furioso, se lance a hacer una barbaridad que acaso no hubiera hecho si en otros términos se le hubiese nulificado.

La verdad es que si (González) Ortega tuviese elementos para luchar lo haría aun cuando no se hubiese expedido el decreto; pero no tiene elementos, en mi concepto y tendrá que devorar en silencio su despecho y su pesar.

Procuren mandarnos cuanto antes todas las comunicaciones que reciban de pueblos, gobernadores, generales, etc., que vayan acogiendo favorablemente los mencionados decretos, a fin de que salgan en los papeles de esta ciudad.

Deseo saber positivamente -porque es asunto de grandísima importancia- en cuáles puntos fijan por fin los franceses sus acantonamientos militares o, lo que es lo mismo, cuántos estados dejan en poder de los nuestros que puedan proporcionar recursos de hombres y dinero a las armas republicanas.

Los periódicos de Europa aseguran que se está formando a toda prisa la legión extranjera compuesta de suizos, austriacos, franceses, etc., para que vayan a México y salga cuanto antes el ejército francés.

Poco nos debe importar la cantidad numérica de soldados aventureros, porque ese cuerpo heterogéneo y mosaico de nacionalidades y pasiones diversas, jamás hará nada en ese país.

Que se vaya la bandera francesa con su prestigio tradicional y sus tropas disciplinadas y que vengan fuerzas colecticias; éstas sucumbirán o se pasarán a otras filas.

Mucho dudo yo que Maximiliano consienta en quedarse, cuando le dejen solo, con la legión extranjera, sin las bayonetas y sin el dinero del imperio francés.

El Sr.Vicuña y Makena, enviado de Chile y persona notable por todos conceptos, ha empezado a publicar un periódico titulado La Voz de América y me ha ofrecido sus columnas para cuanto quiera intentar respecto de México y de Cuba.

Ya debe usted comprender que aprovecharemos el ofrecimiento.

Basta por ahora; tenemos un día delicioso; cae nieve desde anoche y empieza a llover en estos momentos, reinando una oscuridad digna de las catacumbas.

Mi María está divina y es el encanto de cuantos la conocen.

Habla muchas palabras en inglés y en español, las usa alternativamente, haciendo una mescolanza como la que debió haber en la célebre torre de que nos habla la escritura.

Hasta mañana que seguiré mi interminable conversación con honores de crónica contemporánea.

Martes, diciembre 26 de 1865

Ayer publicó el Herald los párrafos que le acompaño relativos a Porfirio y a las fuerzas de Escobedo.

No sé por supuesto, hasta qué punto serán ciertas esas noticias.

Es indudable que Napoleón Boyer, el jefe de estado mayor de Bazaine y el secretario de la legación francesa en Washington se fueron hace algunas semanas por el Scotia para Europa, con pliegos importantes de Bazaine y de Montholon.

Ya dije a usted que Barrés se marchó para Europa; ahora debo agregar que Masseres que redacta la Era se vuelve a este país a continuar redactando el Courrier des Etats Unis.

¿Significaría algo esa salida de tantos interesados en sostener el imperio?

El tiempo lo dirá.

Ésta va hoy por Romero.

Pasado mañana, como de costumbre, escribiré a usted por Ramírez.

Supongo que llegaría usted a Chihuahua el 21 o 22 del pasado.

Yo tengo ganas de recibir carta de usted fechada en aquella ciudad.

Sin más por ahora, me repito de usted hijo y amigo afectísimo.

Santa

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.