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Siglo XIX > 1860-1869 > 1865

Porfirio Díaz pide a Godoy informe a Juárez sobre sus primeros triunfos.
Cuesta de Santa Rosa, diciembre 30 de 1865.

Sr. don José A. Godoy,

Cónsul de México en San Francisco, California

Muy apreciable amigo:

Recibí su favorecida de 17 de noviembre último que contesto, dándole las más cumplidas gracias por todas las noticias que en ella se sirve darme, lo mismo que por la felicitación que con motivo de mi evasión me hace en la misma tan llena de los cumplimientos que constituyen su carácter eminentemente amable.

Satisfecho este cumplimiento con mucho gusto de mi parte, voy a mi vez a informar a usted de lo que ha pasado a mi salida de la Providencia a la fecha.

A mi paso por Tixtla se recibió allí la noticia de que una columna fuerte de 700 hombres austriacos y traidores de las tres armas, se habían apoderado de la villa de Tlapa y seguía por ese distrito internándose en el estado de Guerrero, como a la vez una columna con más visos de formalidad amagaba por Mezcala y el Gral. Jiménez, encargado de aquella línea, no podía distraerse ni distraer sus fuerzas ocupadas en el río, tomé yo algunas fuercesitas de Chilapa y la indiada de la montaña armada a la fronda y con esta miscelánea acudí al auxilio del comandante de Tlapa que con su guarnición se defendía en las montañas sin abandonar el territorio de su distrito.

Reunidos, como llevo dicho y cuando comenzaban mis operaciones sobre la plaza de Tlapa, el enemigo que ha pensado con más juicio que antes, se ha retirado restituyendo a Puebla las fuerzas austriacas que formaban la columna y dejando las traidoras a las órdenes de Vizoso en los límites del distrito.

Ocupé Tlapa y comencé a retirar algunas fuerzas, tanto porque así lo exigía el estado más que indigente de nuestras rentas, como porque con dicha providencia inspiraba confianza a Vizoso que se me estaba poniendo a muy buena medida, hasta que, partiendo de Tlapa rápidamente el día 3 del corriente y empleando también su noche, me encontré el 4 a la diana a las puertas de Comitlipa, cuartel del repetido Vizoso, sin que éste hubiese sospechado que yo había puesto un pie fuera de Tlapa.

Como era natural, supuesta la felicidad de los primeros pasos, le destrocé cuanto allí tenía, le quité el armamento, cornetas, parque y algunos caballos; le hice 61 muertos recogidos en el acto.

Habiéndose avisado después de haberse recogido más cadáveres en los bosques, de 24 prisioneros, a más tres oficiales que fueron pasados por las armas y cinco heridos; por mucha fortuna de Vizoso no pudieron nuestros caballos alcanzarlo, porque los traidores, no siendo tan honrados como nosotros, están mucho mejor montados.

Después de esta operación, hice una marcha de flanco hacia Acatlán con objeto de proteger a un jefe liberal que debía reunírseme con 50 caballos; verificada esta reunión en el día designado y sin inconveniente alguno volví a Tlapa, a donde llegué el día 8; el 11 volví a salir, dejando en aquella villa todas las fuerzas pertenecientes al estado de Guerrero que me acababan de servir y tomando sólo el mío, es decir, lo creado con los despojos que el enemigo me dejó el 1º de octubre en Tulancingo y el 4 del corriente en Comitlipa, emprendí mi marcha para Silacayoapan atravesando las montañas y sin tocar pueblos durante tres días con objeto de sorprender a una corta guarnición que allí había; llegué a Silacayoapan sin haber logrado la sorpresa porque el enemigo tiene, sin duda, muy buenos agentes; permanecí allí seis días y, dejando restablecidas las autoridades y la guardia nacional del Distrito, me dirigí al de Tlaxiaco con mi fuerza que sólo consta de 100 caballos y 100 infantes.

En Tlaxiaco comencé a practicar lo mismo, pero a dos días de residencia y trabajo de organización, se me presentó a corta distancia una columna austro traidora, cuádruplo mayor que mi miniatura y les desocupé la villa; retirándome hasta este punto que es todavía territorio del mismo Distrito y gastando en mi marcha de Tlaxiaco acá que habrá 15 leguas, nueve días, pues no he querido andar sino exactamente lo que anda el enemigo en la tímida persecución que nos hace, es decir, conservar la distancia que nos separa.

Por último, llevamos tres días de estar a pie firme cada uno en su puesto y, si yo recibo los auxilios que espero de Jamiltepec sin que el enemigo lo sienta, como procuro que sea, le haré salir de vacilaciones y volviendo a la iniciativa seguiré mi propaganda en los pueblos del estado.

Durante las operaciones que he referido, el coronel Segura y teniente coronel López Orozco verificaban la ocupación y restablecimiento de autoridades en el distrito de Juquila cuya maniobra les había prevenido de antemano; dicha operación fue practicada sin inconveniente.

Habrá usted fijado la atención en que son muy pocos los elementos que pongo en acción, pero no puede ser de otro modo, no cuento con recursos, estoy haciendo actualmente lo que refiere la Biblia: tengo que crear hombres, armas y dinero con la eficacia de mi palabra, porque los pueblos se plegan como una sensitiva al primer toque y los patriotas más o menos acomodados que se multiplican a millares en las poblaciones, que derraman patriotismo en los cafés y que nos escriben cartas que abundan en fe y buenos deseos, a todo están listos con tal que se miente su nombre en los negocios públicos, que no se exija de ellos un centavo, ni un servicio por insignificante que sea.

Ya verá usted que con estos colaboradores progresamos, pero nos costará mucho trabajo y tiempo.

A esto también se agrega que, dondequiera que hay algún elemento que poner en acción y para ello se cuente con hombres superiores a los descritos antes, es decir con hombres de acción, tenemos la desgracia de que en el acto brotan dos o tres entidades igualmente influyentes e insufriblemente celosas entre sí, que se ocupan de pelearse, de difamar y hasta de destrozarse unas y otras sin hacer nada de provecho; esto es las más veces y cuesta mucho trabajo que no suceda.

Suplico a usted que haga llegar esta carta a conocimiento del ciudadano presidente y de nuestro ministro en Washington a quienes por ahora no puedo escribir, porque me interesa que sepan mi verdadera situación y comprendan que si pudiera recibir de ellos algún auxilio pecuniario y de armas, mis progresos serían incalculablemente mayores.

Deseo que usted se conserve bueno, que me escriba muy a menudo y con minuciosidad sobre todo lo relativo a política de nuestro país y que me mande con toda franqueza como a su verdadero y sincero amigo que atento b. s. m.

Porfirio Díaz

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.