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Siglo XIX > 1860-1869 > 1865

Instruye a Escobedo sobre cómo tratar a los traidores. Carta de Benito Juárez.
Chihuahua, 27 de marzo de 1865.

Mariano Escobedo
Monterrey

Ayer recibí la carta de usted de fecha 13 del corriente, no habiendo llegado aún a mi poder la que me dice me remitió el 11 de enero en Davis; pero ya el señor Romero me había anunciado que venía usted para esa frontera y esperaba yo saber su llegada por ese rumbo.

Ahora, por su grata citada del día 13, veo con suma satisfacción que en unión de los señores Gorostiza y Naranjo llegó usted a Monterrey, Laredo, comenzando desde luego a reorganizar las fuerzas para seguir batiendo a los traidores que en Coahuila y Nuevo León sostienen la intervención extranjera en nuestro país.

Muy oportuna ha sido la venida de usted, pues estamos en los momentos de aprovechar la escasez de recursos y de fuerzas francesas, que ya empieza a resentir Maximiliano, para ir recobrando la independencia de las localidades a fin de que nos den recursos para el aumento y organización del ejército que sobre la marcha iremos formando.

Aquí he logrado organizar un pie regular de las tres armas con que el señor Negrete ha comenzado las operaciones sobre el estado de Durango, que actualmente está ya el movimiento casi general, pues Mapimí, Cuencamé y San Juan de Guadalupe han tomado ya las armas contra los invasores.

Por Guanaceví amaga el general Carbajal; por Tamazula opera el coronel don Remedios Meza, y el señor Negrete, con el grueso de las fuerzas, marcha por el camino principal de Cerro Gordo y El Gallo para Nazas, donde se halla el enemigo principal de 700 franceses y algunos traidores.

De ese estado de Coahuila están pronunciados la Laguna de Matamoros y Viesca al mando del coronel don Jesús G. Herrera y la Villa de Parras al mando del comandante don Francisco Aguirre. Supongo que sabrá usted ya el triunfo que el coronel Rosales alcanzó el 22 de diciembre último sobre la fuerza francesa que desembarcó en Altata, del estado de Sinaloa, y el que en enero obtuvo el general Corona cerca de Mazatlán.

Estos golpes han desconcertado el plan enemigo, quien no ha podido salir de Mazatlán para ocupar todo el estado de Sinaloa y Sonora como lo tenía proyectado y espera nuevos refuerzos para seguir su conquista; pero esos refuerzos serán tardíos y es casi seguro que sean insignificantes porque, aunque haya sido cierta, como se dice, la ocupación de Oaxaca, tendrá el conquistador la necesidad de dejar allí una fuerte guarnición francesa que con las bajas que necesariamente ha tenido en el combate, quedará disminuida su fuerza útil con que debe contar para atender otras plazas amagadas del interior y para emprender la expedición sobre los demás estados de la frontera.

Hay otra circunstancia que debilita la fuerza del enemigo: es la orden que dio Maximiliano para disolver las fuerzas auxiliares que tenían los traidores. Esta medida y la separación de Márquez del mando del ejército ha disgustado a los traidores, de los que unos se han desbandado, otros se han retirado a sus casas, como Vicario; los más se han pasado a nuestras filas como Fragoso, Martínez, Valdez, Juan Chávez y otros.

No es remoto que algunos jefes de los que están con Mejía se nos pasen también, al menos los que están influidos por los conservadores y por el clero que están ahora disgustados con Maximiliano que los ha traicionado, adoptando a medias las Leyes de Reforma, porque creía que los verdaderos liberales éramos tan cándidos que nos habíamos de convertir en partidarios suyos sólo porque adoptaba algunas de nuestras Leyes de Reforma, sin advertir que aun cuando las adoptara todas, jamás conseguiría nuestra sumisión porque nosotros ante todo defendemos la independencia y dignidad de nuestra patria y mientras un extranjero intervenga con sus bayonetas en nuestros negocios y quiera imponernos su voluntad despótica, como lo intenta Maximiliano, jamás consentiremos en su dominación, le haremos la guerra a muerte y rechazaremos todas sus ofertas, aun cuando haga milagros.

Nosotros no necesitamos que un extranjero venga a establecer las reformas en nuestro país: nosotros las hemos establecido todas sin necesidad de nadie.

Sólo los llamados liberales moderados, los cobardes y los hombres sin dignidad y sin vergüenza, son los que ahora rodean a Maximiliano y aplauden sus disposiciones; pero esos miserables nada valen y a la hora en que la fortuna comience a abandonar a su amo serán ellos los que también lo abandonen para salir de rodillas al encuentro del nuevo vencedor; pero entonces será estéril el arrepentimiento por que la nación sabrá pedirles cuenta de la sangre que han derramado.

Sólo con su propia sangre, o con la del enemigo en defensa de la independencia, podrán rehabilitarse los que han tenido la desgracia de traicionar a su patria; de manera que no basta que esos traidores, como Cortina y otros, digan y protesten que se separan de la intervención para que los admitamos en nuestras filas y mucho menos para que los consideremos con los empleos y grados que el gobierno legítimo les había concedido.

Es necesario que con hechos de armas y con toda o parte de sus fuerzas con que sirven a la intervención, contraigan un mérito verdadero y presten un servicio positivo a la causa nacional, para que sean desde luego considerados como súbditos del gobierno de la República y reciban de nuevo el empleo, grado o condecoración con que el gobierno los juzgue dignos. Esta explicación le servirá a usted de regla respecto de Cortina y demás traidores.

Bueno es echar un velo sobre lo pasado tratándose de los pueblos y ciudadanos pacíficos que han vivido bajo el yugo de la intervención y de los traidores; pero no respecto de los que han ejercido y aceptado mandos ni de los que con las armas en la mano han sacrificado a los defensores de la independencia. La ley de 25 de enero de 1862 indica claramente el modo de proceder contra éstos.

En cuanto a los ricos que han auxiliado a la intervención o que han aceptado algún mando, como los Sánchez Navarro de ese estado de Coahuila, deben ser confiscados sus bienes como lo manda expresamente la ley.

Ahora es la oportunidad de que se destruya el monopolio que esos hombres tienen, de inmensos terrenos, con perjuicio de la agricultura y de los pueblos de ese estado. Estos terrenos podrán venderse a precios equitativos y emplear sus productos en el mantenimiento de nuestras fuerzas, o darse algún lote a nuestros jefes, que con tanta constancia sostienen la causa nacional.

He hecho a usted todas estas indicaciones, tanto respecto de la situación que guarda el enemigo como de lo que debe hacerse con los traidores, para que sepa a qué atenerse.

Mando a usted el nombramiento de general en jefe de las fuerzas de esos estados de Coahuila y Nuevo León, facultándolo ampliamente para que pueda usted obrar reorganizando esos estados, levantando y organizando nuestras fuerzas y hostilizando y batiendo al enemigo; no sólo para libertar esa parte de la frontera, sino para llevar la guerra a otros estados que siguen bajo la opresión.

Trabaje, pues, con toda la actividad que corresponde, y para que los trabajos de usted sean eficaces y den resultados sólidos y permanentes cuide de no colocar en los destinos a hombres que se hayan manchado con la traición, aun cuando muestren arrepentimiento y protesten enmienda. Harto se hace con dejarlos vivir en paz en sus casas.

También le va a usted el nombramiento de gobernador y comandante militar de Nuevo León. Repito a usted que no coloque a ninguno de los hombres que han defeccionado y que allí sirven al enemigo, aun cuando hayan sido de los nuestros.

Quiroga, Vidaurri y Juan Guerra, que han sido la causa de los males de ese estado, que trabajaron por la intervención y que hicieron una guerra a muerte al gobierno legítimo del país, por favorecer al enemigo extranjero, deben sufrir todo el rigor de la ley.

Don Gregorio Galindo, que se vino a presentar al gobierno después de la derrota que sufrió en ese estado, en el mes de diciembre último, es el gobernador y comandante militar de Coahuila nombrado por el gobierno. Mientras vuelve se le da usted facultad para que nombre provisionalmente a alguna persona que se encargue del gobierno para que lo ayude.

Escoja una persona que sea activa y que tenga devoción por nuestra causa. Se me ha asegurado que el señor don Jesús Carranza, vecino de Cuatro Ciénegas, es persona que ha trabajado y trabaja decididamente por nuestra causa, haciendo algunos gastos de su bolsillo.

Vea usted, pues, si él puede ejercer el mando y en el caso de que haya alguna otra persona a quien usted crea conveniente nombrar, entonces puede encomendársele al señor Carranza por lo menos la jefatura política del distrito de Monclova. En fin, obre usted como mejor convenga y ocupe a gentes de convicción y lealtad.

Por conducto del mismo señor Carranza o por el del coronel don Jesús González Herrera, de la Villa de la Laguna puede usted mandar su correspondencia a esta ciudad, sobre lo que le recomiendo mucho, pues conviene que estemos en relación incesante para saber lo que ocurra de importancia en ésa y en toda la República.

Procure usted a todo trance establecer un periódico y póngase en relaciones con los amigos de los estados vecinos para que le den noticias del interior, que espero me comunique.

(Benito Juárez)

Fuente:

Juárez. Semblanza y Correspondencia. Fondo de Cultura Económica.
México. Primera edición, 1997.
http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/fondo2000/vol2/22/htm/libro57.htm