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Siglo XIX > 1860-1869 > 1865

A pesar de la prisión de Porfirio Díaz la línea de oriente continúa en actividad.
Washington, diciembre 30 de 1865.

Ciudadano Matías Romero,

Enviado extraordinario y ministro Plenipotenciario de la República Mexicana en Washington

Ciudadano ministro:

Estoy comisionado por el ciudadano general en jefe de la línea de oriente de la república (Ver Nota 1) para informar a usted y por su respetable conducto al supremo gobierno nacional, con el fin de que se sirva remediarlo del inminente peligro en que se encuentran los estados que la componen de ser simultáneamente invadidos por el enemigo y batidas con terribles ventajas las fuerzas que están resueltas a defenderlas hasta el último trance.

Como era de esperarse en la presente estación, el viaje ha sido dilatado y por tal motivo hasta hoy es cuando tengo el honor de presentar a usted la comunicación que le dirige el ciudadano general en jefe de la línea de Oriente, así como la que suplico a usted se sirva enviar al supremo gobierno.

Después de la pérdida de Oaxaca en febrero de este año y la prisión del ciudadano Gral. Porfirio Díaz, que ejercía el mando en jefe de la línea, hubieran quedado los estados de oriente en la más peligrosa acefalía si el buen sentido que anima a los ciudadanos gobernadores de Veracruz, Tabasco y Chiapas no hubiera acudido a precaver las funestas consecuencias de esa especie de disolución en que quedaban -por no estar previsto el caso de que faltara en ellos el único representante del gobierno supremo-, restableciendo un centro de autoridad y formando un pacto de defensa común, que desde luego empezó a ejercer su poderosa influencia disipando la funesta impresión que había causado el revés sufrido en Oaxaca.

La elección que el supremo gobierno hizo del jefe que debía sustituir al ciudadano Gral. Díaz, tan de conformidad con la que acababan de hacer los estados coaligados, a toda satisfacción de sus habitantes, aumentó la confianza que siempre se ha tenido en el acierto del primer magistrado de la república, e hizo que sin notarse siquiera pasaran esos estados de su situación provisional al orden legal que bien pronto quedó restablecido.

Antes y después de la disposición suprema, se ha procurado incesantemente la reconstitución de la línea de Oriente y, si bien no se ha logrado integrarla, no por eso se ha dejado al enemigo en pacífica posesión de los muy pocos puntos que ocupa.

El estado de Veracruz ha recuperado su otra mitad que se llama de Barlovento, organizando sus fuerzas bajo el mismo pie de moralidad y disciplina en que han estado las de la línea de Sotavento a las órdenes del ciudadano Gral. García, logrando de este modo rechazar al enemigo cada vez que ha osado invadirla y, además, tomar la iniciativa sobre el camino de Perote hasta las puertas de Jalapa.

El importante cantón de Zongolica, centinela avanzando a inmediaciones de Orizaba, arrojó a la guarnición austriaca que lo oprimía y se reincorporó al estado de que siempre ha sido parte -Veracruz-, abriendo una lucha sostenida con la guarnición de Orizaba, que no puede ver tranquila a tan corta distancia una fuerza de leales defensores de la República.

La posición de Zongolica hace muy importante su reincorporación y ha venido a ser como el complemento de la línea del norte, que corre paralela al camino de Veracruz a Orizaba y que mantiene la guerra con actividad.

La barra de Alvarado está en poder del enemigo, sostenida por dos vapores de guerra franceses y, aunque sólo dista ocho leguas de la ciudad de Tlacotalpan, nunca ha dejado de ser ésta la residencia del cuartel general y de las autoridades del estado.

De vez en cuando ha sido visitada por los vapores que guarnecen a Alvarado; pero el sistema de defensa adoptado no da lugar al enemigo para lucir impunemente, como acostumbra, la superioridad de sus embarcaciones de guerra y su artillería.

La barra de Coatzacoalcos, a ocho leguas de Minatitlán, hace diez meses que está abandonada por el enemigo, no pudiendo ni siquiera bloquearla, porque es bastante peligrosa por mar y muy accesible por tierra a las fuerzas constitucionales.

El escarmiento que en este punto ha recibido no lo ha podido olvidar.

El resto del estado está a las órdenes de su gobernador y comandante militar, dando las mayores pruebas de patriotismo y procurando hacer cuantos esfuerzos sean necesarios para la defensa nacional.

El estado de Tabasco, después de haber lanzado al enemigo con una intrepidez asombrosa, a principios de este año, ha tenido algún descanso para poderse reparar de los quebrantos que le ocasionó la sangrienta lucha que sostuvo.

No ha desmayado en acumular nuevos elementos de defensa.

Ha disciplinado fuerzas y cada día crece su entusiasmo y decisión.

El enemigo ha respetado su imponente actitud.

Un punto limítrofe del estado de Campeche y la villa de la Frontera en la barra de Grijalva -con dos vapores de guerra- es todo lo que ocupa el enemigo, constantemente hostilizado.

El estado de Chiapas, después de exterminar algunas contraguerrillas de traidores que talaban su territorio, encontrando abrigo cada vez que se veían acosados en la de la república vecina de Guatemala -que posteriormente se los negó-, no ha tenido ninguna otra invasión.

En este estado también ha sido muy marcada la resolución con que han peleado sus hijos, dignos defensores de la sagrada causa nacional, hasta arrojar de su suelo al último de sus enemigos.

Hoy se conserva limpio de esa plaga y se apresta a rechazarla cuantas ocasiones vuelva a presentarse.

En el estado de Oaxaca se ha llevado la guerra hasta donde ha sido posible, vista la escasez de recursos y la destrucción que sufrieron sus elementos de defensa en la última campaña.

Una fuerza de cerca de mil hombres, que ha dado varias derrotas al enemigo y se ha metido en el estado de Puebla, ocupa la sierra y hostiliza al enemigo sin parar.

Esta será la base de las operaciones que en lo sucesivo se emprendan para la completa recuperación del estado.

De Puebla y Tlaxcala no ha sido posible ocuparse.

Sin embargo, en ambos estados hay patriotas que no dejan las armas ni un instante y en el segundo su gobernador constitucional está en campaña con una fuerza regularizada.

Completamente derrotado el enemigo, que llegó a ocupar casi todo el territorio de los tres primeros estados, desde principios de este año, después de haber experimentado lo que puede un pueblo decidido cuando defiende su independencia, no se ha vuelto a presentar sino muy raras veces y esto para recibir nuevas derrotas, lo cual le ha hecho considerar muy peligrosa y difícil la campaña de la Tierra Caliente, como llama a dichos estados.

Debido a esta especie de terror que se le ha infundido, los pueblos han tenido algún sosiego y, sin desatender el sagrado objeto que les ocupa, han podido en medio de la guerra verificar, en el tiempo marcado por las leyes, sus elecciones de diputados al congreso general y cuerpos militares.

El general en jefe de la línea, persuadido de lo conveniente que es, ha procurado conservar, aun en el estado de sitio riguroso, las autoridades del orden judicial que ejercen sus funciones con entera independencia.

Esta garantía y todas las demás que disfrutan los habitantes de la línea, hace que, sin excepción, se conserven adictos a la causa y contribuyan con todas sus fuerzas a defenderla.

La admiración y respeto que en todos los estados de oriente se profesa al ciudadano Benito Juárez por la constancia y decisión con que ha sabido sostener el decoro nacional, hará que se considere su permanencia en el espinoso puesto que ocupa como la mejor garantía del triunfo de la causa de México, disipando los temores que había empezado a ocasionar la idea de su separación.

Por este ligero bosquejo podrá usted ver el espíritu de que están animados los buenos hijos de los estados de oriente, que no han dejado ni por un momento de combatir la odiosa intervención francesa y el llamado imperio que de ella ha nacido.

No se les puede pedir más sacrificios; han peleado con valor y decisión, sin recursos y, aunque hasta ahora han podido salir triunfantes, cada día tienen menos elementos de defensa y menos medios de proporcionárselos.

Así pues, ciudadano ministro, concluyo suplicando a usted se sirva atender a las necesidades de la línea de oriente, manifestadas por su general en jefe en la comunicación que tengo el honor de poner en manos de usted, no dudando que hará cuanto esté de su parte para enviar los auxilios que se le piden y que tanto se necesitan, a fin de que no sean estériles los esfuerzos que hacen los buenos hijos de México en defensa de su nacionalidad e instituciones republicanas.

Tengo el honor de protestar a usted las seguridades de mi respeto y aprecio.

Independencia y Libertad, Washington, diciembre 30 de 1865.

Pedro de Baranda

Nota:

1. Gral. Alejandro García.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.