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Siglo XIX > 1860-1869 > 1864

Prolijo informe de Maximiliano a Napoleón.
Chapultepec, diciembre 27 de 1864.

A V. M. el emperador Napoleón III

Señor, mi hermano:

Recibí con gran placer la benévola carta de V. M. y me apresuro a contestar a los importantes asuntos que incluye.

Yo esperaba que al llegar a México la regencia y la administración francesa que gozaban entonces de toda autoridad, no solamente hubieran desbrozado, sino preparado el camino de modo que me pudiese poner de inmediato a zanjar las grandes cuestiones de reforma y de reorganización del país.

Sólo puedo repetir a V. M. lo que Mr. Corta habrá debido reconocer: todo estaba por hacer.

1. La cuestión de los bienes del clero fue objeto de mis primeros estudios.

Siempre estuve resuelto a resolverla en el sentido liberal de los gobiernos europeos, pero, después de haber realizado diligencias personales ante el santo padre, después de haber obtenido la promesa de que con toda premura se delegaría un apoderado y haber recibido la noticia de su llegada, pensé que no sería conveniente resolver esta cuestión, en todo o en parte, sin la intervención del nuncio.

Este prelado ha llegado a México hace quince días y de inmediato ha sido enterado de mis intenciones; cuando yo tenga la seguridad oficial de que no posee facultades para tratar los importantes puntos dejados en suspenso por causa suya, publicaré los decretos de nacionalización y de revisión de las ventas fraudulentas ya realizadas de los bienes del clero.

Sólo quedarán, entonces, por reglamentar con la corte de Roma los artículos del concordato.

2. En cuanto a la organización administrativa, era indispensable una nueva división del imperio en departamentos; este largo y difícil trabajo acaba de ser terminado; no me queda más que poner en vigor el sistema administrativo elaborado por mi ministro del Interior y sometido al consejo de Estado.

3. La organización judicial, igualmente, está terminada.

Pero, antes de instalar los nuevos tribunales era necesario resolver la cuestión de los bienes del clero.

No puedo disimular que nuestros mejores y más honestos magistrados son los corifeos del partido clerical; una ruptura con el nuncio podía traer como consecuencia la desorganización de los tribunales apenas creados; por lo tanto, creí prudente esperar una solución que toca a su término.

Si bien es verdad que el partido del imperio se acrecienta día a día, no puede dejar de verse que la seguridad pública deja aún mucho qué desear puesto que ayer mismo recibí la noticia de la entrada del enemigo a Toluca, ciudad situada a pocas horas de México y que la emperatriz y yo visitamos apenas hace dos meses.

Por el momento, entonces, lejos de apresurarme a dictar una ley de reclutamiento para la organización de un ejército mexicano, he decretado el licenciamiento de los numerosos cuerpos indisciplinados, más nocivos que útiles y que arruinaban al país, autorizando a los soldados a volver a sus hogares; con esto devolvemos a la agricultura brazos tan necesarios y no se conservará más que la médula formada por la flor y nata de los oficiales y soldados voluntarios.

4. Antes de mi llegada al país, había creído que los capitales puestos a mi disposición por el empréstito mexicano bastarían para esperar la regularización de las finanzas del imperio.

Perdí esta ilusión y, después de haber constatado la falta de un especialista mexicano, hice un llamado a la abnegación de Mr. Corta quien abandonó la partida -espero que momentáneamente- en momentos en que su presencia se hacía más necesaria.

Esperando la llegada de una persona capacitada en finanzas, he tratado de reunir las informaciones que faltaban para presentar un presupuesto para el próximo ejercicio; sometido en este momento dicho presupuesto al examen del consejo de Estado, por una parte hace economizar al menos 10 millones de pesos y, por otra, promete notables aumentos en los ingresos.

Además, para asegurar el establecimiento de un banco franco mexicano, he delegado a París a los Sres. Bourdillon y Baron.

Todo me hace suponer que la banca ya está constituida; estos señores también debían elaborar con los Sres. de Germiny y Corta un proyecto de empréstito cuya necesidad es bien conocida.

Espero, además, llegar a finiquitar en forma amistosa la cuestión del ferrocarril de Veracruz a México, sin crearme demasiadas dificultades para el porvenir.

Por fin, es objeto de toda mi solicitud la instalación de un gobierno regular en Sonora bajo la simultánea protección de las banderas francesa y mexicana, que me permitirá apreciar en un porvenir bastante cercano los recursos de esta importante parte de mi vasto imperio.

En ese momento me encantará ver a Mr. Gwin y, con la instalación de dicho gobierno, atraer a los numerosos colonos estadounidenses que parecen no esperar más que su llamado para venir a buscar fortuna, agrupándose a su alrededor.

En cuanto a la reunión de un Congreso que tendría por objetivo provocar, por medio de un voto de confianza, la forma de conservar durante algunos años todavía un poder dictatorial, me permito hacer observar a V. M. que, en primer lugar, este voto de confianza ya me ha sido implícitamente otorgado por la gran mayoría de la población en el transcurso de mi última gira y, luego que, según la opinión de los mexicanos más liberales no es tiempo aún de poner en ejecución, con probabilidades de éxito, un proyecto que, en verdad, sería sancionado por Europa entera.

Cuanto más estudio al pueblo mexicano, más me convenzo que habrá que tratar de hacerlo feliz a pesar de él y sin su colaboración.

Termino esta larga carta rogando a V. M. me recuerde a la emperatriz y os renuevo la seguridad de los sentimientos de alta estimación y sincera y reconocida amistad con que soy el buen hermano de V. M. (Ver Nota 1)

Maximiliano

Nota:

1. Original en francés.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.